STRAUSS Y LA GRAN JONDE

FICHA DEL CONCIERTO

Joven Orquesta Nacional de España. Clara Andrade, flauta. Cristobal Soler, director. Obras de J.L. Turina, J. Ibert y R. Strauss. Domingo 14 de enero de 2018 XXXVIII Ciclo de Introducción a la música

Un año mas la Joven Orquesta Nacional de España visita Zaragoza y lo hace con un programa modélico que recoge tres obras que marcan su trabajo: La primera un acercamiento a la música de compositores españoles actuales (en este caso muy cercano a la propia orquesta)., la segunda lucir el trabajo de la JONDE mediante un músico español ex miembro de la orquesta que actúa como solista y la tercera enfrentar a los jóvenes músicos con una obra grande del repertorio que, con el trabajo adecuado, tendrá una versión de primerísimo nivel que el público podrá disfrutar. Estas son las claves a la hora de presentar un programa de tanto interés como el que disfrutaremos esta semana en el XXXVIII Ciclo de Introducción a la Música que cumple a la perfecció con el dobre objetivo de hacer crecer a los jóvenes músicos y que el público podamos disfrutar de un gran concierto.

EL COMPOSITOR EN CASA

Por si alguien no lo sabe José Luis Turina es el compositor que desde hace ya unos años lleva haciéndose cargo de que la JONDE siga siendo uno de los proyectos estrella del Ministerio de Cultura. Este trabajo callado, del que no se ve detrás de la escena pero tan necesario no puede ni debe hacer callar su trabajo creativo que le hace ser uno de los compositores mas destacados de su generación.  El gran problema de muchas obras que se estrenan en la actualidad es su dificultad de tener, segundas, terceras, o mas interpretaciones y que acaben incorporándose con normalidad al repertorio; por suerte la obra que abrirá el concierto, la Fantasía sobre un tema de Alonso Mudarra es un ejemplo justo de lo contrario pues se ha ido incorporando al repertorio con cierta normalidad y en el concierto comprobaremos el motivo.

Como solemos hacer en estos casos, nos referiremos al propio compositor para hablar de su obra y traemos aqui el comentario sobre la ‘Fantasía sobre una fantasía de Alonso Mudarra’ que el propio José Luis Turina expone en su web http://www.joseluisturina.com :

Esta obra fue compuesta en la primavera de 1988 por encargo de la Orquesta Sinfónica de Tenerife, que, recién formada en su segunda etapa, quería presentarse en Madrid incluyendo en su programa el estreno de un encargo hecho a un compositor español. Los responsables de la Orquesta de Tenerife me pidieron una obra brillante y de lucimiento para la orquesta en general, y, sobre todo, para su sección de metales, de extraordinaria calidad, en particular. Además, querían que la obra recreara de alguna forma la música del Renacimiento español, en la línea de una serie de obras que se compusieron por aquél entonces (“Villanesca” y “Abestiak”, de Bernaola, la “Música para una inauguración”, de Bertomeu, y especialmente, el “Tiento de primer tono y Batalla imperial”, de Cristóbal Halffter.
Yo elegí la música de un compositor del siglo XVI: Alonso de Mudarra. Concretamente, escogí la que seguramente es su obra más conocida: la “Fantasía X”, para vihuela, que lleva el curioso subtítulo de “que contrahaze la arpa a la manera de Ludovico”. Esta fantasía contiene una serie de notas disonantes, llamadas falsas en la época, que debían sonar sumamente extrañas para sus contemporáneos, y que por eso mismo la hacen tan sugestiva para los oídos de hoy, para los que la disonancia es algo habitual.
En mi “Fantasía” sobre esa fantasía, la música de Mudarra se mezcla con la mía, alternándose una y otra en secciones separadas y, al mismo tiempo, impregnándose la una del sabor de la otra. Así, en las citas de la “Fantasía” de Mudarra, la orquestación destaca todavía más lo áspero de las disonancias originales, mientras que el lenguaje de las secciones que enmarcan aquéllas resulta suavizado al dejarse penetrar de sonoridades renacentistas, sólidamente consonantes, de inequívoco sabor modal.
La partitura, dedicada a mi hijo Guillermo, fue estrenada en el otoño de 1989 por la Orquesta Sinfónica de Tenerife bajo la dirección de Víctor Pablo Pérez. Dada su brillantez y su rápida comunicabilidad con el oyente desde la primera audición no es de extrañar que sea mi obra orquestal más interpretada, habiendo sido grabada en CD en tres ocasiones, la última de ellas en 2007 por la Orquesta Filarmónica de Málaga dirigida por Aldo Ceccato.

José Luis Turina

LA REINA DEL VIENTO

Pocos negarían el titulo de reina de los vientos a la flauta, uno de los instrumentos mas antiguos que existen y cuya presencia en la música occidental ha sido una constante sin embargo no son tantas las ocasiones que tenemos de disfrutar de la flauta como instrumento solista. Hoy será uno de esos días y lo haremos de la mano de una de las grandes flautistas de su generación, Clara Andrada que sabe tanto lo que es estar en el primer atril de flauta de alguna de las grandes formaciones europeas como el hacer una importante carrera de solista.

Andrada tocará uno de esos conciertos que es favorito de los intérpretes que sabes que aunan dificultad y brillantez y que nos acercará de paso a un compositor francés del pasado siglo que bien merece la pena ser escuchado aunque solo fuera por este concierto.

Nos vamos pues a la primera mitad del siglo XX y dentro del contexto francés  la figura de Jacques Ibert se perfila como la de un músico, sobre el papel secundario respecto a grandes creadores de su generación como Poulenc, Milhaud o Honegger –con quien colaboró estrechamente–. Sin embargo, es reconocido como uno de los compositores más sólidos de su época. A lo largode su vida ostentó cargos al frente de importantes instituciones musicales como la Academia Francesa de Roma o L’Opéra-Comique. Tiene un amplio catálogo que incluye varias óperas, música de cámara, música para el cine, sinfónica y concertante.
A pesar de todo podemos decir que la mayor parte de su obra permanece casi en el olvido. Una de las pocas obras que se ha mantenido en el repertorio es este concierto para flauta. La razónno es otra sino que se trata de uno de los mejores conciertos que para este instrumento sehan compuesto en todo el siglo xx.
Ibert compuso el concierto entre 1932-33 y lo dedicó al flautista francés Marcel
Moyse. Está estructurado en los tres movimientos de rigor. El primer movimiento
sigue la forma sonata con un primer tema compuesto por una modulante
melodía, casi un moto perpetuo de la flauta a base de semicorcheas. El segundo
es a la par lírico como inquietante con esos marcados cromatismos que generan
indeterminación tonal. Una indeterminación que parece repetirse en el inicio del
“Andante” central. Podemos dividirlo en cuatro secciones. La primera de ella marcada
por la taciturna melodía de la flauta que monopoliza toda la parte. La segunda
sección comienza con una leve alteración dinámica en los metales. El omnipresente
pianísimo pp se rompe con un mezzopiano mp. La flauta establece breve diálogos
con el resto de las maderas: fagot, clarinete, oboe… En la tercera de las secciones
la flauta entona una melodía de construcción similar al tema principal del primer
movimiento que se convierte aquí en acompañamiento del violín solista que se
convierte en el protagonista del pasaje. El clima lírico vuelve en la cuarta sección
que cierra el movimiento.
Tres acordes en staccato inician el “Allegro scherzando”final, estructurado en
forma tripartita AbA’. Esos tres acordes van interrumpiendo el alegre y ligero canto
de la flauta a lo largo de la sección inicial. La sección central está constituida por un
evocador moderato en el que la flauta expone una melodía con bellos giros modales
que nos recuerdan a los impresionistas. En la tercera sección destaca la cadencia de
la flauta en la más pura tradición concertística, antes de la coda final.

EL POEMA SINFÓNICO POR EXCELENCIA

Pocas obras en la historia de la música tienen un inicio tan conocido como el del Poema Sinfónico Así Hablaba Zaratustra de Richard Strauss. El compositor bavaro es sin duda la gran figura posromántica de la música alemana junto con Richard Wagner pero a diferencia de este logró dejar no solo un maravilloso legado operístico sino un buen número de piezas orquestales donde sin llegar a cuestionar abiertamente la tonalidad si que explora la posibilidades de la orquesta como instrumento hasta límites increibles. Su música suena con asiduidad en los atriles de las mejores orquestas del mundo y desde su sinfonía alpina a óperas maravillosas como Ariadna en Naxos, Salomé o esa delicia que es El Caballero de la rosa son obras de auténtico repertorio, pero ninguna obra ha legado a la popularidad que su reflexión musical sobre ese texto clave del siglo XX que es el Zaratustra Nietzscheano. Kubrik le dio una popularidad a Strauss inimaginable, pero dándole la vuelta tenemos que decir que el cine de Kubrik sin la música no sería lo mismo y 2001 debe una buena parte de su popularidad al acierto de incluir de modo acertadísimo el inicio de este poema sinfónico.

Hace ya más de ciento veinte años que, en 1896, Strauss compuso Así hablo Zaratustra, un poema sinfónico “libremente basado” en el libro de Nietzsche, que no obstante es bueno intentar escuchar desde un punto de vista estrictamente musical mas que literario. El poema sinfónico en su totalidad, mas que us relato en sí,  pretende ser un homenaje al genio de Nietzsche, que halla su mayor expresión en su libro Así habló Zaratustra”

Pero, por definición, un poema sinfónico tiene argumento literario y en el programa del día del estreno en Frankfurt, podía leerse la siguiente nota:

Primer movimiento: Salida del sol. El hombre siente el poder de Dios. Andante religioso. Pero el hombre todavía anhela. Se sumerge en la pasión (segundo movimiento) y no encuentra la paz. Se vuelve hacia la ciencia, y trata en vano de resolver los problemas de la vida en una fuga (tercer movimiento). Suenan agradables melodías de baile y se convierte en un individuo. Su alma se eleva hacia lo alto, mientras el mundo se hunde muy por debajo de él.

Tres movimientos que incluyen nueve secciones tocadas sin pausas, que toman su título del capítulo del libro de Nietzsche en que se inspiró Strauss, no todos muy ilustrativos para el que no lo conozca y recuerde.

I. Einleitung, oder Sonnenaufgang (Introducción, o Amanecer)

La inmensamente popular fanfarria que representa la salida del sol (Sonnenaufgang) (o al propio Zaratustra, o a la naturaleza, o a la fuerza creadora…) , surge de un tenebroso fondo de un Do bajo mantenido por los contrabajos, el contrafagot y el órgano. Al acabar, sólo queda el órgano y un abrumador Do mayor.

II. Von den Hinterweltlern (De los trasmundanos)

Los contrabajos en tremolo inician una transición a un lírico pasaje presentado por violas y violoncelos que va cargándose de tensión antes desvanecerse en la calma de una viola

III. Von der großen Sehnsucht (Del gran anhelo)

El arpa y las cuerdas agudas de los violines dan un brusco giro a la obra. La música parece suspenderse mientras sucesivas llamadas del corno inglés (5:46) recuerdan el motivo de la introducción, hasta que los contrabajos intervienen bruscamente (6:38) y arrastran a la orquesta a una enorme agitación -en la que de nuevo se escucha el motivo del amanecer, ahora en las trompetas (7:11)- que culmina con una aguda escala del piccolo.

IV. Von den Freuden und Leidenschaften (De las alegrías y de las pasiones)

Los violines y la trompa interpretan una apasionada melodía que se prolonga en las cuerdas solas hasta que los trombones interrumpen y hacen concluir el episodio  V. Das Grablied (La canción de los sepulcros)

Nuevo cambio de ambiente, en una escena de ansiedad y desconcierto que se inicia con las notas más agudas del concertino  y concluye con el grave sólo de un violoncelo

VI. Von der Wissenschaft (De la ciencia)

Los contrabajos inician en pianissimo una fuga recordando el tema principal, a la que se incorporan luego los violoncelos  y el fagot  y que incluye las doce notas de la escala cromática. El clima de expectante tensión que se ha creado se resuelve fructíferamente en las notas más agudas de los violines  y en unas wagnerianas flautas. De nuevo el tema de la introducción, ahora en el oboe señala el inicio de la parte final de esta conclusión, que recuerda al travieso y nada heroico Till Eulenspiegel.

VII. Der Genesende (El convaleciente)

En el centro de la obra, la fuga de la anterior sección se desarrolla frenéticamente hasta llegar a un clímax en fortissimo con el tema principal de la obra  y una espectacular pausa. Luego de unos compases muy apagados, la música se reanima y empiezan trinos en las maderas con una repetida frase del clarinete  y un diálogo entre el concertino y el violoncelo solista que de nuevo recuerdan a Till Eulenspiegel, hasta que una serie de unísonos y escalas de la cuerda marcan el final del episodio.

VIII. Das Tanzlied (La canción del baile)

Una vez más el tema principal, esta vez en la trompeta sobre trinos de las flautas, da paso a un vals que presenta el concertino  y desarrolla luego largamente toda la orquesta sin dejar de contar con el protagonismo del primer violín. A propósito de este baile, el crítico musical Herbert Glass escribió:

En “La canción del baile”, el feroz filósofo de Nietzsche, Zaratustra, se arranca con un vals. Algunos críticos pro-Strauss consideran que el compositor glorifica con esto la fuerza de la vida, mientras que los detractores lo señalan como un ejemplo de su miserable gusto. Con toda probabilidad, es a la vez indicativo del afecto de Richard Strauss por otro Strauss (sin parentesco), el mismo rey del vals, y de su sentido del humor (el de Richard), que incluía no tomarse a sí mismo tan en serio como lo hicieron sus oyentes.

IX. Nachtwandlerlied (La canción del noctámbulo)

El clímax del vals se va desvaneciendo al empezar a oírse las doce campanadas que marcan el inicio de una tranquila noche, en la que las notas agudas de los violines, las flautas y el piccolo (la humanidad, Till) se despiden con un Si mayor, mientras en las profundidades, las cuerdas graves (la divinidad) no deja de repetir el omnipresente Do bajo del motivo inicial de la obra.

 

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