UN DIRECTOR Y UN PROGRAMA

FICHA DEL CONCIERTO

Orquesta sinfónica del Conservatorio superior de música de Aragón. Juan Luis Martínez, director. Obras de J. Adams. S. Barber, A. Copland y A. Borodin. Domingo 5 de marzo.

Son infinitos los factores que pueden influir a la hora de confeccionar un programa y no son los mismos en cada orquesta. No pueden ser los mismos criterios los de una orquesta profesional en gira que los de una orquesta estable en su sede habitual, ni los de una orquesta que cobrará solo en base a la taquilla que genere su concierto o los de una orquesta contratada con un caché cerrado. Es bueno que el aficionado conozca un poco esta casuística para saber porqué nos encontramos con un programa o con otro y parar saber si las cosas están mejor o peor programadas. Si comento esto es porque me parece que el programa de este concierto está especialmente bien diseñado; lo vamos a razonar y a explicar también el porqué del acierto.

Para empezar tenemos que decir que el concierto de este domingo esta protagonizado por una formación académica que debe combinar el realizar programas interesantes para el público con que estos tengan interés pedagógico para los estudiantes/intérpretes y para el centro. ¿Qué puede conllevar eso? Pues una configuración mas grande de la plantilla para puedan participar músicos de mas secciones, obras de estreno de los alumnos de composición, especial atención a repertorios menos tocados, medir la propia dificultad técnica de las obras para que sea exigente pero no desmedida en base al nivel de los estudiantes… Todo esto hay que tenerlo en cuenta a priori, y sin duda está mas que pensado en este programa que tenemos delante.

Pero dentro de estos criterios pueden ser muchísimas las obras programadas y se podría perfectamente caer en hacer obras de las más repetidas pero aquí tenemos un factor que hace que esto no sea así. Desde hace mas de 10 años, la orquesta sinfónica de nuestro conservatorio superior está dirigida por uno de los directores mas inteligentes del panorama nacional, que ha mimado a la par los aspectos académicos de su trabajo y el repertorio elegido de modo que, visto con la perspectiva de estos años, se ha pasado por grandes obras de distintos periodos siempre de mucho interés y con una exquisita sabiduría se han combinado obras de pleno repertorio, con la presencia de grandes profesores del centro que han actuado como solistas y con obras también menos tocadas por nuestros lares pero también de gran interés. Si uno repasa los programas que Juan Luis Martínez ha confeccionado a lo largo de todos estos años se da cuenta de inmediato que detrás hay un gran pedagogo y un gran músico que ha mimado al público de Zaragoza sin ir nunca por el camino mas fácil y abriendo siempre huecos a nuevos e interesantes repertorios… Y el programa de este domingo es una muestra más de esta perspectiva.

AMÉRICA EN EL SIGLO XX

Ahora que ya estamos bien metidos dentro del siglo XXI, a la hora de analizar la historia de la música del pasado siglo sin duda uno de los factores a destacar es la incorporación plena del continente americano no solo a la interpretación sino también al repertorio de la llamada música clásica y la primera parte del concierto nos propone un apasionante recorrido por músicas de este continente de la pasada centuria.

Si tuviéramos que dar algunos rasgos de la música norteamericana del pasado siglo creo que lo primero que tendríamos que decir que, al igual que el propio país es su música es hija de muchos padres, bebe sin complejos de muchas influencias y quizás no se plantea paradigmas estéticos tan cerrados como lo hicieron las llamadas vanguardias europeas; Un sano eclecticismo podría definir esa música que para nada es ajena ni a la tradición europea, ni a las músicas de origen popular o folklórico pero que tampoco desdeña aportaciones de las vanguardias. Y todo ello esta presente en las tres obras de la primera parte del concierto.

Empezaremos por las “Chairman Dances”, danzas del presidente que el compositor John Adams. Estas danzas fueron originalmente escritas de forma independiente por Adams en 1985 y luego las incorporó a ese peculiar encargo para la ópera de Huston que fue su ópera Nixon en China, en la que trabajó con en “enfant terrible” del teatro de esos años, Peter Sellars sobre un libreto de Alice Godman. Para hablar de Adms lo primero que hay que decir es que se trata de uno de los compositores mas conocidos de los últimos 30 años y que sus obras de tocan hoy con cierta frecuencia en todo el mundo. En buena medida esto es así porque podemos hablar de un compositor que si bien bebe de una de los lenguajes mas en boga en los últimos años como es el minimalismo (siempre que se habla de él se ponen como referentes a John Cage o Philipp Glass), no desdeña otras influencias mas populares; él siempre ha dicho que en su casa convivían con naturalidad Mozart y el jazz, y eso se nota en su música. Oiremos esta obra que es una de las que mas se interpreta hoy en día y que tiene mucho de esos distintos mundos que marcan la personalidad de este compositor. Todo un acierto abrir el concierto con esta pieza reciente, que no es ajena a la vanguardia y que por otro lado es relativamente “fácil de escuchar”

Después seguiremos con otro compositor al que también podríamos calificar (o casi) como uno de esos compositores “de una obra”. Es verdad que la música de Samuel Barber tiene mas obras que se interpretan con cierta frecuencia pero ninguna lo hace tanto como la que oiremos en este concierto, su famoso adagio para cuerdas. En este caso creo que estamos ante una de esas obras que han llegado a ser famosas gracias a su utilización en el cine. En este caso, una película fundamental sobre la guerra del Vietnam como es Platoon (1986) de Oliver Stone es la culpable de este universal conocimiento de la obra, aunque hay que decir que otro genio del cine como David Lynch ya la había utilizado 6 años antes en su inquietante El hombre elefante.

El adagio en cuestión hoy es una de las piezas mas conocidas del repertorio y es curioso porque el propio compositor la sacó de un cuarteto de cuerdas propio, quizás dándose cuenta de las posibilidades de esta música al ser adaptada para un conjunto de cuerdas mayor. La obra fue estrenada en su momento por el mítico Arturo Toscanini y ya desde entonces pasó al repertorio y no hay antología de tiempos lentos clásicos que no la incluya. Al final lo que tenemos es una obra de una simpleza maravillosa, tan sencilla como triste y que funciona a la perfección. La línea melódica fundamental es larga y flota con total libertad entre las voces como si se tratara de un coro de cuerdas (el propio compositor hizo una versión coral con la letra del Agnus Dei), el desarrollo de la obra se mueve siempre ahí y engancha al oyente con una eficacia total mientras pone en jaque la sensibilidad y la sutileza de cualquier orquesta y director. Al final es imposible no acabar la escucha de esta pieza con una sensación agridulce entre un nudo en el estómago y una serena aceptación de una realidad algo desoladora.

 La música de Aaron Copland está mas presente de lo que parece en la vida cotidiana de los estadounidenses y obviamente no solo en sus salas de concierto. Su fanfarria para el hombre común es casi tan omnipresente como música del Día de la Independencia como el himno nacional. La América de Copland es rural, de alguna manera más manejable para la psique de los norteamericanos que la Historia de West Side de Bernstein (aunque Copland y su música son tan producto de la ciudad como Bernstein). El ballet de Copland Rodeo es una celebración del Oeste americano y al final pone música a una imagen importante que los americanos tienen de si mismos.

Pero el encargo de Rodeo vino, sorprendentemente, de los famosos ballets rusos de Monte Carlo, para lo que sería un proyecto completamente clásico, con la música de Copland y la coreografía y escenografía de Agnes de Mille. El ballet aseguró un puesto a la danza dentro de la vida musical propia norteamericana y tuvo éxitos impresionantes en todas su presentaciones en los grandes escenarios de Estados Unidos empezando por su estreno en el Metropolitan Opera House.

La historia del ballet tiene lugar en Burnt Ranch, donde una “Cowgirl” se encuentra compitiendo con las chicas de la ciudad por llamar la atención de los vaqueros locales, especialmente al jefe Wrangler . Buckaroo Holiday estalla como una manada de caballos salvajes. Rápidamente cambia a una melodía suave con laque la chica se presenta ante su vaquero galán, pero enseguida ella se pone en ridículo tratando de montar un toro bronco (puro rodeo) y siendo rapidamente derribada. La canción popular americana “If He’d Be a Buckaroo by His Trade” es citada en un solo de trombón por Copland en esta danza. El día de fiesta alegre termina con tanto vigor como comenzó.

Corral Nocturne es una pieza anhelante y melancólica. La tristeza de la Cowgirl es interpretada por Copland cuando cita la balada “Sis Joe”. En este movimiento se nos quiere presentar a la mujer del oeste, la heroína que prevalece contra las más duras circunstancias de la violencia y el narcisismo de los hombres.

Ese aire melancolico continúa en el vals del sábado por la noche, mientras Copland cita la canción “pintura vieja” y pinta una imagen del aislamiento de la vaquera, pero también nos da esperanza que su apuro es solamente temporal.

Hoe-Down comienza con dinamismo y carácter, señalando el renacimiento de la Cowgirl: de repente dejó a un lado sus viejas ropas de trabajo y reaparece como la chica más bonita de la habitación. Copland toma prestadas dos canciones de baile – “Bonyparte” y “McLeod’s Reel” – para ayudar ambientarnos y conducirnos a un final típico de un buen Western, ya que la chica encuentra a la persona adecuada para ella, no el temerario Wrangler en absoluto, sino otro Cowboy que ha mostrado a la chica su respeto, amabilidad y honor.

Al final, todo es bastante irónico, en realidad ya que dos neoyorquinos cuyas familias judías emigraron de Europa del Este – Bernstein y Copland – capturaron el alma de América, menos mal que nadie les contruyó un muro en ese momento.

LA SINFONÍA DE UN QUÍMICO

Y en la segunda parte nos vamos a un Alexander Borodin nació en la capital rusa, en San Petersburgo, en 1833, al parecer como hijo bastardo de un príncipe de Georgia, el príncipe Luka Gedianov y su amante Avodotya Antonova. Como era costumbre en aquella época, cuando ocurrían estas situaciones, el niño se registró a nombre de uno de los siervos del noble, Porfiri Borodin, de quién tomó el nombre y condición social. Alexander Porfirievich Borodin vivió con sus padres adoptivos hasta que pronto se separaron, pasando a vivir con su madre al casarse con un médico militar retirado. Poco antes de la muerte del príncipe, Borodin fue liberado de su condición de siervo.

Nuestro compositor recibió a pesar de todo una educación esmerada, en la que se incluía la música, para la cual mostraba una buena predisposición. Pero quizás por influencia de su padrastro también sintió la llamada de la ciencia. Así en 1850 ingresa en la Academia de Cirugía Médica de San Petersburgo, donde se interesó especialmente por la Química. En 1856 termina los estudios de Medicina, logrando el grado de Doctor en 1858 con su tesis titulada “Sobre la analogía del ácido arsénico con el ácido fosfórico en sus aspectos químicos y farmacológicos”. Trabajó en un hospital pero pronto marchó a Alemania para profundizar sus estudios. Aunque el título recibido fue el de Doctor en Medicina, nunca ejerció como médico y siguió mas pendiente de la investigación especialmente en el campo de la química. Estudió en la Universidad de Heidelberg en 1859, con Gustav Kirchoff y Robert Bunsen, descubridores del cesio y del rubidio. Entre sus compañeros encontramos a famosos científicos como Mendeleev.

Borodin realizó diversos viajes con sus amigos químicos, visitando entre otros lugares Paris e Italia, asistiendo también a diversos congresos. Con todo ello nos damos cuenta de la importancia de Borodin como químico

En 1861 Borodin conoció a una joven pianista rusa de 29 años, Ekaterina Sergeyevna Protopopova, enviada a Alemania para un tratamiento curativa de la tuberculosis. A su lado descubrió el repertorio de Chopin, Schumann y Liszt. La amistad entre los jóvenes se transforma en amor y durante una visita a Baden Baden se comprometen.

En el mes de octubre realizan un viaje a Italia, aconsejado para mejorar la salud de la muchacha donde sellan su amor. La idea inicial era dejar a Ekaterina en Pisa, pero la separación resultaba demasiado dolorosa. Por suerte conoció a dos químicos italianos, Lucca y Tassinari que le ofrecieron trabajar en su laboratorio. Esto le resultaba doblemente beneficioso, estar junto a su adorada y poder realizar sus experimentos científicos, en este caso el estudio de derivados fluorados. La ventaja que tenía Italia era que podía trabajar al aire libre incluso en invierno. Téngase en cuenta que debido a la toxicidad de los productos usados, en aquella época se tenía que trabajar fuera del laboratorio.

En Italia permaneció junto a su amada durante el invierno de 1861-62 y la primavera siguiente. Su trabajo se resume en la publicación “Contribución al conocimiento de los fluoruros y la síntesis del fluoruro de benzoilo”.

Pero Borodin no olvidó la música, empleando su tiempo libre en la composición y las relaciones con otros músicos. Su prometida mejora y ambos pueden regresar a Rusia. Llegan a su patria el 20 de septiembre de 1862. Ekaterina vuelve a su hogar en Moscú, pero el trabajo de Borodin, que es nombrado asistente de la cátedra de Química Orgánica de la Academia Militar de San Petersburgo, los separa, pero su relación no se apaga con la distancia.
Un acontecimiento importante es su encuentro en el otoño de 1862 con Mily Balakirev. Entra en contacto con el famoso Grupo de los Cinco. Balakirev lo impulsa hacia la composición de más obras, entre ellas la de una sinfonía. Pero su trabajo como investigador en el campo de la Química, no le permite dedicar demasiado tiempo al papel pautado. Su sinfonía se desarrollará lentamente. El 17 de abril de 1863 Borodin se casa con Ekaterina. Un feliz matrimonio que solo la muerte del compositor los separará.

La “Sinfonía Nº 2 en si menor” se comenzó a componer en 1869, terminando el primer movimiento en 1871. Luego abandona su composición. En 1876 la Sociedad Musical Rusa le pide una nueva obra sinfónica. Entonces intenta recuperar la sinfonía que había dejado inacabada pero no consigue encontrar los movimientos primero y cuarto. Debe reescribirlos nuevamente. Por suerte encuentra los bocetos de los movimientos centrales. La obra contiene fragmentos pensados en un principio para “El Príncipe Igor”, que como se ha dicho estaba escribiendo conjuntamente. El 10 de marzo de 1877 se estrena bajo la dirección del director checo Eduard Napravník con poca fortuna. La obra fue revisada, interpretándose al año siguiente con gran éxito. La obra posee un fuerte carácter ruso. El primer movimiento allegro representa, según una conversación mantenida por el propio compositor con el idealista del grupo de los cinco, Stasov, a un grupo de guerreros en las estepas rusas. El primer tema de carácter oriental nos presenta a este grupo de guerreros en una danza salvaje. El segundo tema consiste en una melodía lírica presentada por los violoncelos y continuada por flautas y violines. La sección de desarrollo empieza con unos acordes prolongados que enlazan con una variación del tema principal. La reexposición presenta el primer tema en aumentación o sea con las notas más largas. El segundo tema es recordado por el oboe. La coda nos lleva a una aparente conclusión después de la cual termina con un recuerdo del tema principal.

El segundo movimiento es un scherzo. Consiste en un movimiento rítmico que se transforma en su segunda parte en una sugestiva melodía oriental. El trio es iniciado por el oboe y repetida su frase por el clarinete. Se trata de una melodía que nos recordará a las utilizadas en las danzas de “El Príncipe Igor”. Luego el motivo es tomado por la cuerda y pasa al viento. Finalmente se repite el scherzo terminando con una coda.

El andante empieza con una frase del clarinete seguida por otra muy melódica de la trompa. Se trata del tema principal de carácter popular ruso, que luego es tomado por el clarinete. Un segundo tema de carácter más dramático aparece y es finalmente presentado por toda la orquesta. Este tema con sus variantes ocupa toda la parte central del movimiento. Luego se repite el tema inicial. En la coda la trompa inicia su frase del primer tema enlazando con el último movimiento en un acorde final.

El último movimiento allegro, empieza con un ritmo ostinato o sea repetido. Sobre este ritmo aparece el primer tema de carácter enérgico y danzante. El segundo tema, más lírico, es presentado por el clarinete, pero pronto es arrastrado por el ritmo general. La sección de desarrollo se inicia con el motivo inicial en los metales. El movimiento llega a un punto culminante al final del desarrollo. Luego se repite el principio. La parte final se inicia con un nuevo ostinato y el recuerdo del tema principal al que lleva a la cadencia final.

En 1877 Borodin viaja a Weimar encontrándose con Liszt. En sus últimos años se dedica más a la música, pero muere repentinamente el 27 de febrero de 1887. La causa fue la ruptura de una arteria coronaria. Ocurrió durante la celebración de una fiesta en su casa. Durante la misma había interpretado al piano fragmentos de la sinfonía que estaba escribiendo, su tercera. Tenía planificados en su cabeza el resto de movimientos pero por desgracia no tuvo tiempo de plasmarlos en el papel.

 

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