ENCUENTROS AL PIANO

FICHA DEL CONCIERTO

Orquesta de la Universidad Alfonso X el sabio. Leonel Morales, piano, Leonel Morales-Herrero, piano. Andrés Salado director. Obras de B. Quetglas, F. Chopin, D. Shostakovich y P.I. Chaikovski. Domingo 26 de febrero. 

El concierto de este domingo está cargado de interés por muchas cosas y para empezar por un programa original tanto en su construcción como en muchas de sus obras. Empezaremos por un estreno de un joven compositor español y en la segunda parte tendremos música para teatro/cine muy poco interpretada en concierto de uno de los grandes genios de la música del pasado siglo Dimitri Shostakovich. Por otro lado como plato fuerte tendremos dos de los conciertos de piano mas conocidos del repertorio interpretados en un curioso duelo de pianistas por un gran pianista consagrado como es Leonel Morales y por su hijo, Leonel Morales-Herrero que empieza una carrera nada desdeñable. Todo ello servido por una joven agrupación que viene dirigida además por uno de los nombres que mas suenan entre los jóvenes directores españoles…. Como ven cabe de todo en este concierto menos el aburrimiento.

ESTRENO MALLORQUÍN.

Muchas veces es dificil ponerse a hablar de una obra sin conocer su circunstancias y a su compositor; por ello las veces en que tengo oportunidad creo que lo mejor es que sea el propio compositor quien nos hable de su obra y eso es lo que ha pasado con el joven compositor mallorquín Bernat Quetglas a quien escribimos y que amablemente nos habló de su obra que abrira este concierto, que por cierto supone el estreno en su version orquestal. Le dejamos la palabra a Quetglas.

El Regne enmig del mar

Poema sinfónico escrito en 2015 para banda sinfónica en motivo del 50 aniversario de la Banda Municipal de Palma. A día de hoy se estrena la versión para orquesta sinfónica de esta obra programática en la que se describe la batalla que tuvo lugar en Mallorca en la Guerra de Sucesión a principios de siglo XVIII. Así pues es una pieza con fuertes raizes en la isla de la que procede el compositor. Estos lazos se evidencian por el hecho de que se usan melodías folclóricas que se cantaban por parte de los isleños durante las batallas que tuvieron lugar entre 1700 y 1715 en la isla como parte del material compositivo de la pieza. Dichas melodías son, por supuesto, tratadas con una visión moderna en esta obra que, a pesar de relatar el fracaso de los mallorquines en la batalla, pretende transmitir la esperanza con la que se debe renacer de las dificultades cuando la voluntad existe.

Bernat Quetglas

bernat-quetlas

PRIMERO CHOPIN

El singular duelo pianístico comenzará con el autor romántico para piano por excelencia. Hay que empezar diciendo que el conocido como Concierto para piano y orquesta No. 1 que oiremos en este concierto es, en realidad, el segundo concierto compuesto por Chopin. Fue publicado en 1833 en Leipzig pero escrito seis meses después que el No. 2, publicado en la misma ciudad en 1830. Chopin contaba 20 años cuando lo terminó y esa juventud, esa frescura encarnada en un romanticismo desenfadado, son patentes a lo largo de toda la obra. Sin embargo, estos primeros conciertos, cuyas partituras llevaba Chopin en su maleta cuando se trasladó a París desde su Polonia natal, han sido siempre criticados por su gran diferencia de calidad entre la orquestación (“fría y casi inútil” para Berlioz) y la parte solista para piano, que evidencia su maestría en la escritura para este instrumento.

El primer movimiento, “Allegro mestoso”, sigue el modelo prefijado de la sonata clásica aún cuando Chopin despliega en él toda su inventiva con gran libertad. La introducción orquestal nos acerca a los temas principales del movimiento, el primero más dramático y un segundo más cantable. Ambos serán después retomados con mayor brillantez por el piano (el único protagonista de la obra), con ese matiz melancólico tan genuino de Chopin.

El segundo movimiento, Romance (Larghetto), nace de la inspiración que le producen al compositor las óperas de Vicenzo Bellini, especialmente Norma. En palabras del propio Chopin, este movimiento debía “producir la misma impresión que si la mirada se posara sobre un paisaje que amamos, que despierta en nosotros bellos recuerdos”. Se trata de una música plácida y en efecto evocadora, no exenta de la melancolía anterior pero que contrastará con el marcado ritmo del tercer movimiento. No obstante, siempre encuentra un hueco el lado más melódico de Chopin. Se cierra así una obra de juventud, pero que ya concedió a su autor gran fama entre los melómanos de Varsovia y sentaría las beses para el mayor dominio del lenguaje musical que obtendría durante sus años en París, y que daría como resultado algunas de las obras más originales del romanticismo.

El Concierto para piano y orquesta No. 1 se estrenó en el Teatro Nacional de Varsovia el 11 de octubre de 1830 en un recital en el que el propio Chopin se hizo cargo del piano, cediendo la dirección de la orquesta a su amigo Tytus. Los anuncios que publicitaron el estreno no dudaban en calificar la partitura como “obra de un genio”.

SHOSTAKOVICH, SHAKESPEARE Y LA IRONÍA

Una de las cosas que convierte en grande a Shostakovich es haber sabido moverse con perfecta facilidad tanto en el mundo de la música incidental y para la escena como en el campo de la llamada “música pura”, sin referente. Por mucho que estuviera en la órbita soviética Shostakovich es un compositor del siglo XX y por eso no nos debe extrañar que escribiera tanto para la escena como para el cine; de hehco, oyendo mucha de su música (y de la de Prokofiev) uno entiende de donde bebe constantemente (y muchas veces con escasa imaginación) la música del cine.

En concreto sobre ese texto clave en la historia de la literatura como es Hamlet, Shostakovich tuvo la ocasión de escribir en dos ocasiones, en primer lugar para el teatro en 1932 y para el cine en 1970.

Shostakovich supuestamente describió la producción de Hamlet de Nikolai Akimov en 1932 como “la más escandalosa, dicen, en la historia de Shakespeare” (Testimonio, Las Memorias de Dmitri Shostakovich, según lo relacionado y editado por Solomon Volkov, página 83), y, según toda la información que tenemos, no estaba exagerando. Con todos los personajes borrachos la mayor parte del tiempo, con Polonius como el personaje principal, con una corte corrupta y decrépita al borde de la decadencia terminal, la producción de Akimov era apenas apropiada para su tiempo y lugar – la Rusia previa al terror Stalinista – Y fue rápidamente censurada y prohibida. Todo lo que queda de la producción es la música de Shostakovich. Esta música está mejor representada por la suite de 15 números que Shostakovich recopiló de su música incidental completa. La música es en su esencia satírica: las formas de música popular de la época son parodiadas en los números de baile como “Chase” y “The Feast”; La pompa y circunstancia de las música de la corte se parodia en números como la Introducción y la “Marcha de Fortinbras”; Las emociones sinceras son parodiadas en “La canción de Ofelia” y la Canción de cuna; E incluso el canto de Dies Irae es parodiado en “Réquiem”. Escrita para la gran orquesta, la música de Shostakovich parece coger la esencia de la parodia y la burla descarnada de la producción de Akimov. 30 años mas tarde Shostakovich volverá a Hamlet, en este caso para una versión cinematrográfica. En 1964, coincidiendo con la celebración del 400 aniversario del nacimiento de William Shakespeare, la Unión Soviética, a través de los estudios Lenfilm, proyectó una grandiosa superproducción basada en esta célebre tragedia. Sin escatimar medios económicos y artísticos, el veterano Grigori Kozinstev (Don Quijote, La nueva Babilonia) volvió a ponerse tras las cámaras para realizar una de las mejores versiones cinematográficas de Hamlet. Una versión galardonada con el Premio Especial del Jurado en el Festival de Venecia y alabada por el mismísimo Sir Laurence Olivier, para la música no podía faltar el mas venerado internacionalmente de los compositores sovieticos que además en un extraño gesto que de nuevo hizo correr rios de tinta, se había afiliado al partido comunista. Política aparte el genio de Shostakovich a la par que su ironía brilló tanto en la versión teatral como en la cinematográfica.

EL GRAN CONCIERTO PARA PIANO

Y justo de la Unión Soviética nos vamos a Rusia para visitar al que sin duda es el más europeo y universal de los compositores rusos, Piotr Illich Chaikovski. Y de Chaikovski oiremos su primer concierto para piano, probablemente el concierto de su género más conocido y tocado del repertorio; pero justo podemos decir que con esta obra ha pasado como con algunas obras… creo que el público en un momento dado nos saturamos de oírlas (recuerdo una final del concierto Pilar Bayona en la Sala Mozart donde sonó dos veces en una noche) y desaparecieron en buena medida de las salas de conciertos; por ello ahora, pasados unos añitos de esa saturación sin duda es un gran acierto programar este concierto que nos hará redescubrir la belleza directa y el virtuosismo elegante del mismo,.

Aunque como hemos dicho, hoy es considerada por muchos como la máxima expresión del concierto romántico, en la fecha de su composición, en 1874 esta pieza causó más de un quebradero de cabeza a Tchaikovski. Cuando tocó el primer movimiento frente a su gran amigo y mentor Nicolai Rubinstein con la esperanza de conseguir su aprobación, la reacción del que había sido el funddor del conservatorio de Moscú fue demoledora. Rubinstein afirmó que estaba “escrita de forma incompetente” y exigió a Tchaikovsky una serie de cambios si quería que él la tocara. El compositor, permaneció en sus trece, se negó en redondo y buscó a otro pianista para el estreno. Poco después Rubinstein interpretaba el concierto por toda Europa y suplicaba a Tchaikovsky que le confiara la première del siguiente. Así lo hizo, pero Rubinstein murió antes del estreno. Sirva esta anécdota como lección de humildad a cuantos intervienen, intervenimos, en ese proceso de comunicación maravilloso que el la música.

Este Concierto para piano y orquesta No. 1 de Tchaikovsky destaca por la originalidad del lenguaje en el que está escrito, que se distancia del convencionalismo imperante en la Rusia de la época y explora la vertiente más personal de su talento como compositor. Aunque el marcado carácter sinfónico de la partitura y su gran intensidad dramática llaman poderosamente la atención, no son un reflejo de los sentimientos del artista quien, por entonces, disfrutaba de unos años felices en su vida. Tchaikovsky consigue transmitir esa impactante sensación a través de la relación que establece entere instrumento solista y la orquesta. Mientras que en otros conciertos ésta última se limita a acompañar al piano, aquí ambos chocan frontalmente, como si pelearan por llevar las riendas del discurso musical.

El primer movimiento de la obra (un allegro non troppo e molto maestoso) arranca con una impetuosa y larga introducción (106 compases) que se desarrolla en torno a una de las más reconocibles melodías de todo el repertorio clásico que la mayoría de melómanos serán capaces de tararear. Cuenta una leyenda que , Tchaikovsky se la pudo escuchar tocar a unos músicos callejeros ciegos en la ciudad ucraniana de Kamenka, cerca de Kiev. Se trata, sin duda, del pasaje más célebre de la obra y, aunque no reaparece de la misma forma en ningún otro momento, encierra en sus dramáticas y apasionadas notas todo el material melódico que el compositor irá desarrollando a lo largo del concierto apoyándose en distintas melodias muy populares en la época. Esta conexión entre toda la obra no es, sin embargo, evidente y sólo un análisis muy pormenorizado de la partitura ha revelado estos secretos.

El resto de este primer movimiento, que está escrito siguiendo el esquema de la sonata, gira en torno a dos nuevos temas, uno de ellos procedente del folclore ucraniano y el otro de raíces netamente románticas. Entre ambos confieren a la batalla entre la orquesta y el piano todo su dramatismo y apasionamiento, pero la tradicional angustia de otras obras de Tchaikovsky nunca hace acto de presencia. Muy al contrario, la estructura juega con bastante libertad a contraponer casi improvisadamente secciones lentas y rápidas con el objetivo de crear un efectismo que suprime cualquier posible sentimentalismo en el espíritu de la música. Hay mucha teatralidad, pero nada de tragedia.

El Andantino simplice, Prestissimo provoca que toda la grandilocuente energía desplegada en el primer movimiento, se transforme en este segundo en dulce tranquilidad. Una flauta abre el primer pasaje con la tierna melodía principal, que domina todo el movimiento, otorgándole un carácter nostálgico que contrasta con el apasionamiento anterior. El toque optimista corre a cargo de una bailable canción popular francesa de la época, apropiadamente titulada Il faut s’amuser, danser et rire (“Hay que divertirse, bailar y reírse”) cuya melodía es citada en la sección intermedia del movimiento. Finalmente, en la recapitulación, resurge la melodía principal, que cierra el movimiento con un lirismo casi nostálgico, en fuerte oposición a la alegría anterior.

En el Allegro con fuoco, las referencias populares que salpicaban los dos primeros movimientos no hacen sino acrecentarse. El movimiento se inicia con una galopante danza tradicional ucraniana a la primavera a la que sucede un tema estrechamente vinculado a una canción tradicional rusa. Como contraste, un tercer tema, nuevamente romántico y esta vez con un importante componente lírico. La complejidad y espectacularidad de este tercer movimiento nos devuelve al principio del concierto, cerrando así el círculo de una obra genial, tan breve (poco más de treinta minutos) como intensa, plagada de detalles e inmensamente entretenida. Creo que el dibujo que hemos dado de este concierto no basta para entender el porqué se ha convertido en una de las piezas mas interpretadas de la música romántico, sólo se me ocurre una cosa mas para convencer a nuestros lectores de ello, lanzarse a la escucha del mismo para quien no lo conozca o volverlo a escuchar sin prejuicios para quien ya lo conozca

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Una respuesta a “ENCUENTROS AL PIANO

  1. Maravilloso concierto el del domingo, la interpretación de los pianistas me ha encantado, ha sido un placer oir tocar el piano, o mejor acariciarlo, especialmente por Leonel Morales, igualmente en la segunda parte de un pianista tan joven.
    Y que decir del regalo que nos hicieron a cuatro manos, simplemente fantástico, asi es como gusta pasar la mañana del domingo, saludos.

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