LA BANDA “ON FIRE”

FICHA DEL CONCIERTO

Banda Sinfónica del Conservatorio Superior de Música de Aragón. Fernando Arias, chelo. Miquel Rodrigo, director. Obras de Gulda, Barnes y Reed. Domingo 5 de febrero.

Es toda una tradición ya la presencia de la banda sinfónica de nuestro Conservatorio Superior de Música de Aragón en el ciclo de Introducción a la Música y tan tradicional como su presencia es que los programas que monta su director Miquel Rodrigo sean de todo menos aburridos; la capacidad de innovar y sorprendernos de este director que tanto ama nuestra tierra parecen no tener final y les tengo que reconocer que a la hora de realizar estas notas suponen un esfuerzo suplementario en acercarse y conocer nuevas músicas para contárselo y que disfruten del concierto en plenitud.

GULDA: ¿EL PIANISTA DE MOZART O EL TRANSGRESOR?

La referencia primera que muchos melómanos podemos tener de Friedrich Gulda es la de uno de los pianistas que nos enseñaron a amar a Mozart con grabaciones como la del concierto para piano y orquesta nº 21 con la Filarmónica de Viena y Claudio Abbado, una auténtica referencia en la que el pequeño pianista con su eterna  kipá desgrana la música del genio de Salzburgo con una combinación perfecta de respeto por lo escrito e impulso creativo allí donde puede haberlo.

Friedrich Gulda, tras alcanzar la excelencia en sus interpretaciones como la que hemos comentado y otras de Bach, el propio Mozart y Beethoven, acabó su carrera renegando del ambiente que rodeaba le protocolo de la música clásica e interesándose por el jazz, aunque con el tiempo acabaría teniendo la misma actitud frente a este estilo. En su madurez, Gulda mantenía una relación de amor-odio con ambos estilos, con su público, con el establishment musical y con la crítica. Bueno, con la crítica la relación era sólo de odio. Fruto de estos sentimientos ambiguos, sus conciertos combinaban interpretaciones de obras clásicas con improvisaciones jazzísticas y piezas propias en las que se inclinaba hacia la clásica o hacia el jazz, muchas veces con la simplicidad y la inmediatez de la música pop flotando en el ambiente. Todo ello aderezado con su peculiar atuendo y sus charlas con el público entre pieza y pieza.

Y el concierto que escucharemos en la primera parte de este concierto es toda una declaración de intenciones de quien es el propio Gulda. Friedrich Gulda en este Concierto para chelo y orquesta de viento parece que ha decidido mofarse a gusto no sabemos de sí mismo del público o de las instituciones musicales, dejándonos una pieza cargada de efectos chocantes, en la que resuelve todo tipo de detalles sorprendentes, con un colofón alla marcia, entre un estilo de marching-band de Sousa o una sugerencia de la Suite de jazz de Shostakovich. Continuos altibajos en lo que parecerá ser una obra ciclotímica, en la línea de su carácter y personalidad. Gulda, genial pianista, optó en un momento por probar dentro de latitudes muy ajenas, con devaneos dentro del jazz. Añadimos aquí dos apuntes biográficos significativos del autor: Gulda anunció su muerte, obviamente simulada, para volver en un acto provocador que llamaría Fiesta de Resurrección, en el Rockhaus de Salzburgo, interpretando un Mozart electrónico, rodeado de las chicas que se había traído de Ibiza. Una rabieta y un berrinche a consecuencia de una mala crítica recibida, asunto por el que demandaría al Alcalde de Viena y al Ministro de Cultura para que retirasen la licencia al comentarista. De la experiencia salió escaldado por lo que como personal venganza, devolvió todas las medallas y condecoraciones recibidas. Gulda era sencillamente Gulda.

Al final y tras un personaje tan peculiar, es toda una experiencia curiosa escuchar este concierto, uno nunca sabe hasta qué punto Gulda nos está tomando el pelo o está tomándose en serio su propia música. A lo largo de la obra, el autor juega con referentes como la música pop (en la obertura, con una batería que ya no vuelve a aparecer), la herencia romántica, el folclore, el clasicismo (el minueto de aires hispánicos, marcado por una guitarra que recuerda a Rodrigo) o la música de marching bands  como en el final alla marcia, que hace pensar en Sousa o en el Shostakovich de las Suites de jazz. En resumen una pieza que hoy puede sorprendernos y resultarnos muy divertida a la vez y que desde luego, y por otro lado, pone en jaque a cualquier chelista que se acerque a ella. (La estreno, no sin reticencias, un grande del chelo recientemente fallecido como es Heinrich Schiff)En este concierto la oiremos en manos de un estupendo y energético chelista como es Fernando Arias, joven profesor del propio conservatorio superior.

ESTO ES AMÉRICA

Y parece que estamos en el tramo más americano de todo el ciclo ya que tras oir música de cine, mayoritariamente norteamericana, el domingo pasado, en este concierto tenemos una segunda parte con obras de dos de los compositores para bandas mas importantes de Estados Unidos. Tenemos que decir que la vida de las bandas de música en Estados Unidos es enorme y está relacionada a muchas instituciones tanto militares como académicas y esto genera un fuerte movimiento de compositores que escriben para ellas en un lenguaje al final bastante cercano a lo que oimos en el concierto anterior, es decir a la música de cine.

 James Barnes es un compositor vivo ligado como docente la Universidad de Kansas, donde enseña a la orquestación, arreglos y composición siempre en el entorno de la música escrita para conjunto de vientos. En la  propia Universidad de Kansas, trabajó 27 años como director asociado de los conjuntos de viento. Sus numerosas obras para banda sinfónica y de concierto de la orquesta se han tocado en Tanglewood, la Sala Sinfónica de Boston, el Lincoln Center, el Carnegie Hall y el Kennedy Center en Washington DC (EE.UU.). Barnes ha recibido dos veces el “Premio de la Asociación Americana Bandmasters Ostwald” por su excelente música contemporánea para conjunto de viento. . Ha grabado tres álbumes de su propia música con la famosa Tokyo Kosei Wind Orchestra. Más recientemente, ha grabado un CD de sus trabajos con la holandesa Koninklijke Militaire Kapel. También ha compuesto bastante música para las cinco grandes bandas militares de Washington  y por ejemplo la banda de la Fuerzas Aéreas de Estados Unidos ha tocado recientemente su tercera sinfonía; esta actividad centrada en su país no le ha impedido un amplio reconocimiento internacional que le ha hecho viajar  y que se estrenen sus obras tanto en Asia como en Europa.

La obra que oiremos en este concierto, su  “Obertura Sinfónica” fue un encargo recibido justo para celebrar el 50 aniversario de la Banda de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos. Se le pidió a James Barnes que escribiera una pieza romántica, pero también sofisticada que sirviera de brillante apertura del concierto en honor a los 50 años de la banda. El propio Barnes contaba de este proyecto: “Yo había pasado mucho tiempo con este proyecto, pero luego, al final de enero de 1990, de repente me di cuenta de que realmente no me gustaba la música que había escrito. Tiré todo a la basura y comenzé de nuevo. El resultado es este Symphonic Overture, que he completado en aproximadamente 2 semanas. Espero que les guste. Una cosa es cierta: Esta versión es mejor que la primera “. En todo caso el carácter del compositor y la finalidad de la obra nos dan las claves de la obra en sí, una obra muy brillante al servicio del lucimiento de una gran banda.

Y para terminar el programa (que no el concierto seguramente) tendremos una nueva pieza de un compositor norteamericano, en este caso Alfred Reed, bastante reciente también ya que falleció en 2005. Reed nació en Nueva York y comenzó su formación musical con tan solo diez años. Durante la Segunda Guerra Mundial sirvió en el Ejército de la Fuerza Aérea. Tras su servicio militar, asistió a la Juilliard School of Music, estudiando con Vittorio Giannini, tras lo cual fue compositor y arreglista personal de primera para la NBC, a continuación, para la ABC. En 1953 se convirtió en el director de la Orquesta Sinfónica de Baylor, donde recibió la Licenciatura de Música en 1955 y el título de Maestro de Música en 1956.

La sinfonía que oiremos es fruto de un encargo del festival mas importante de bandas de música que existe en el mundo, el famoso festival de Kerkrade (en el por cierto Miquel Rodrigo consiguió su prestigiosa batuta de oro). La obra fue la pieza obligatoria para todas las bandas participantes en la edición del año 1993. Para llamarse “sinfonía” es una pieza mas corta de lo que estamos acostumbrados pues dura poco mas que un cuarto de hora. La sinfonía se inicia con una elegía, basada principalmente en un tranquilo ritmo que aparece por primera vez en las flautas como acompañamiento del tema principal en el oboe. Ambos motivos se desarrollan en diversos tonos, a veces mostrando un sentimiento triste como una especie de llanto, a veces con un fuerte carácter dramático.
El segundo movimiento ofrece un fuerte contraste con el primero. Es un agradable interludio  que se desarrolla a partir de un tema tranquilo y melodioso con un cierto sabor latinoamericano. Los colores sonoros mas cálidos de los instrumentos de viento y las suaves percusiones se ven reforzadas aquí por el arpa que a veces casi suena como una guitarra española acompañando las distintas melodías.
El tercer movimiento nos muestra de nuevo un contraste bastante potente con el segundo. Como su nombre indica se trata de una danza de origen italiano. La tarantella aquí es usada para que la banda luzca todas sus virtudes a modo de ejercicio virtuosístico, llevando la danza italiana casi hasta la fuga; al fin y al cabo no nos debe extrañar que se busque este carácter brillante y esta dificultad en la ejecución teniendo en cuenta que fue una obra destinada a ser tocada por las agrupaciones participantes en el concurso mas importante de bandas a nivel mundial. El hecho de que la banda de nuestro conservatorio toque esta obra nos debe dejar claro el nivel de su trabajo, que a veces está mas valorado fuera de nuestra tierra que entre nosotros…

Como siempre sabemos que el concierto no acabará aquí, Miquel Rodrigo, aparte de uno de los grandes directores internacionales en repertorio de banda es un gran recuperador del repertorio de temática aragonesa para vientos… seguro que el concierto acaba con una nueva y agradable sorpresa en esa línea…

Y hablando de sorpresas, por si alguien no quiere sorprenderse demasiado o quiere disfrutar previamente del concierto que abrirá la mañana, aquí les dejamos el vídeo del estreno de este concierto de Gulda que vale la pena por conocer la obra, por oír a un gran chelista como Schiff y por ver el genio y figura del propio Gulda, dirigiendo en este caso.


		
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