LOS DOS GRANDES AMERICANOS

FICHA DEL CONCIERTO

Orquesta Sinfónica de la Radio de Colonia, Wayne Marshall, piano y dirección. Obras de Gershwin y Bernstein. Concierto de Clausura de la XXI Temporada de Grandes Conciertos de Otoño del Auditorio. Lunes 1 de febrero.

Sobre el papel puede extrañar que una orquesta alemana se presente con un programa completamente norteamericano pero se me ocurren dos razones por las que no debe ser así. Para empezar porque la orquesta en cuestión es una orquesta de “la radio” es decir una de las orquestas alemanas nacidas en el entorno radiofónico que tienen como finalidad primera la popularización de la música y en especial los repertorios menos habituales en su tierra y la obra de compositores actuales, en segundo lugar porque la pareja Gershwin/Bernstein están ya absolutamente integrados en el repertorio sinfónico por derecho propio. Si en el primero cabe reconocer el mérito de llevar al mundo sinfónico la música popular norteamericana y mezclar con inteligencia el mundo del jazz y la clásica, con el segundo estamos ante uno de los grandes genios musicales del pasado siglo, director de referencia en muchos de los grandes compositores y a la vez compositor él de una amplia variedad de obras que transitan también desde lo popular hasta un lenguaje sinfónico de gran riqueza.

 DE NUEVA YORK A HOLLYWOOD

La primera parte del concierto nos presenta dos obras del gran compositor George Gershwin que con un lenguaje bastante diferente la una a la otra nos acercan a ese lenguaje tan propio de la Norteamérica del siglo XX, un lenguaje que supo beber de todas las tradiciones posible y con ellas construir algo con señas de identidad muy potentes a pesar de su origen tan mestizo; vamos que la música norteamericana es buen reflejo de la personalidad de su país.

Pero hablemos de una calle que le da bastante sentido a toda esta primera parte. Broadway es una concurrida calle de Manhattan, la isla en la que se fundó Nueva York, una ciudad que poco a poco fue creciendo y se extendió por otras zonas como el Bronx o Brooklyn, que son nombres de barrios neoyorkinos que conocemos, sobre todo, por las películas, recordemos que estamos ante la ciudad más cinematográfica del mundo.

En un tramo de Broadway se encuentran, aun hoy,  la mayor parte de los teatros de Nueva York y allí se produjeron desde los años veinte cientos y cientos de comedias musicales, dando lugar a un estilo característico que se ha exportado por todo el mundo. Pues bien, en aquellos teatros  que hoy siguen renovados y abiertos, trabajó ya  George Gershwin, un joven nacido en Brooklyn que tenía una especial facilidad para componer melodías pegadizas y que contó con la inestimable ayuda de su hermano Israel (Ira) que escribía las letras. Juntos formaron una pareja artística y cosecharon muchos éxitos.

Hay que destacar no obstante, que George tenía mucho interés por los músicos “serios” europeos como Ravel, Prokofiev o Stravinsky, así que, allá por 1928 hizo un paréntesis en su carrera para viajar a Europa y aprender de los clásicos y de los modernos compositores y de ahí ese americano en París que abre el programa..

George Gershwin no tuvo una formación académica convencional. A pesar de ello, es uno de los compositores norteamericanos más reconocidos por sus canciones, comedias musicales, por sus obras sinfónicas (como la Rhapsody in Blue  que oiremos hoy) y por su ópera Porgy and Bess. Su música tomó elementos del jazz que fueron combinados con la música europea y con algunos elementos de la música tradicional judía.

A mediados de los años veinte del siglo pasado, Gershwin era ya un músico de éxito en los Estados Unidos. La razón de su popularidad estaba en sus comedias musicales y, sobre todo, en el éxito de su Rhapsody in Blue. Entre 1924 y 1934, por ejemplo, ganó más de un cuarto de millón de dólares por los derechos y la explotación de esa obra. Dejó  Brooklyn y se trasladó a Manhattan a un lujoso apartamento y empezó a interesarse por el arte y a frecuentar los círculos literarios. Sin embargo, quiso incorporar nuevas pautas a su labor compositiva.

 Aunque continuó componiendo obras para el teatro musical, lo hizo con un menor ritmo y le dio más importancia a la música de concierto. Tomó clases con compositores de ese ámbito como Rubin Goldmark, Riegger y Cowell. En el año 1928, como mencionamos anteriormente, se trasladó a Europa y fue recibido como una auténtica celebridad. Allí comenzó a escribir lo que posteriormente sería su poema sinfónico An American in Paris. Lo finalizó en Nueva York y fue estrenado, con extraordinario éxito, el 13 de diciembre de 1928 en el Carnegie Hall bajo la batuta de Walter Damrosch.

El programa nos presenta un interesante recorrido por lo que fue la música de este interesante compositor en sus diferentes facetas, empezaremos por la obertura de uno de sus musicales compuesto para el Broadway, seguiremos por su obra mas importante para las salas de concierto y acabaremos con una suite que reúne unos cuentos de sus temas que fueron utilizados en un montón de películas incluso mucho después de la muerte del compositor.

El musical Of Thee I Sing (que se podría traducer por “a ti te canto) es un perfecto ejemplo del trabajo de Gershwin en su época mas teatral, cuenta con letra del colaborador habitual del compositor, su hermano mayor Ira y fue estrenado en 1931 obteniendo el notable éxito de 441 funciones con un notable éxito también por parte de la critica que incluso provocó que este fuera el primer musical que ganara el prestigioso premio Pullitzer en la categoría teatral. No se sorprendan, el tema del musical era la política y una curiosa elección a presidente de los Estados Unidos. La obertura que oiremos hoy es una simple y efectiva pieza que nos anuncia por donde va a ir la acción y que en este concierto nos servirá para abrir boca.

Rhapsody in Blue es una composición musical escrita por Gershwin en 1924 para paino solo y banda de jazz, en la que se combinan elementos de música clásica con efectos de influencia jazzística.

 La obra fue estrenada el 12 de febrero de 1924 en el Aeolian Hall de Nueva York, en un concierto titulado “Un experimento en música moderna“, dirigido por Paul Whiteman y su banda, con el mismo Gershwin al piano. En esta rapsodia la palabra “blue“ se refiere tanto a los blues (como canción de este típico género musical americano) como al color azul (blue) que significa en inglés “triste, melancólico“. La versión para piano y orquesta sinfónica fue arreglada por Ferde Grofé en 1946.

 El famoso director Paul Whiteman escuchó a George Gershwin y lo invitó a componer una pieza sinfónica de jazz, para tocarla junto con otros estrenos de compositores modernos en un concierto que daría próximamente con su orquesta.

 A George se le olvidó por completo el encargo, hasta que una mañana apareció en un anuncio del periódico la noticia de un concierto de jazz a cargo de Paul Whiteman y su orquesta, destacando que la obra central del programa sería una composición sinfónica escrita por George Gershwin, quien lo supo cuando leía esa mañana las noticias. No pudiendo eludir el compromiso, George creó en tres semanas su Rhapsody in Blue.

 Paul Whiteman terminó la ejecución en medio de febriles aclamaciones y aplausos; los cronistas aceptaron el veredicto del público, supremo juez, y sus comentarios aparecieron llenos de alabanzas para el joven compositor de 25 años.

 El éxito de la Rhapsody in Blue fue fulminante y pronto se interpretó en América y Europa, constituyéndose en página indispensable en el repertorio de las más famosas orquestas sinfónicas. Esta obra influyó notablemente en compositores europeos y estadounidenses, que comenzaron a utilizar en sus obras melodías y patrones rítmicos del jazz, que por fin se había vuelto “respetable”. El éxito no hizo olvidar a Gershwin sus numerosas lagunas técnicas, por lo que prosiguió sus estudios musicales con la intención de enriquecer su estilo y abordar metas más ambiciosas. Más adelante, hizo su propia orquestación de Rhapsody in Blue y compuso sus Preludios para Piano.

¿Hubiera escrito Gershwin una Rhapsody in Blue distinta, diferente si hubiera contado con tres meses en lugar de con tres semanas? A veces, las prisas no son malas.

El éxito de la “Rapsodia en Blue”, mal traducida como “Rapsodia en Azul”, ya que no se refiere al color sino a un género musical derivado del jazz, fue fulminante y pronto se interpretó en América y Europa, constituyéndose en página indispensable en el repertorio de las más famosas orquestas sinfónicas. Esta obra influyó notablemente en compositores europeos y estadounidenses, que comenzaron a utilizar en sus obras melodías y patrones rítmicos del jazz, que por fin se había vuelto “respetable”.

 El éxito no hizo olvidar a Gershwin sus numerosas lagunas técnicas, por lo que prosiguió sus estudios musicales con la intención de enriquecer su estilo y abordar metas más ambiciosas. Más adelante, hizo su propia orquestación de “Rapsodia en Blue” y compuso sus “Preludios para Piano”.

 Gershwin logró aunar en su Rhapsody in Blue tres elementos fundamentales de la música de su país: la tradición popular pianística, el tratamiento armónico de la música del teatro de variedades y toda la atmósfera del blues afroamericano. Frecuentemente se suele clasificar a Gershwin como un sinfonista del jazz; tal planteamiento es tan simple como clasificar a Falla como un sinfonista del flamenco. Lo cierto es que Gershwin enraizó su música en la tradición de su país y aprovecho la riqueza rítmica, armónica y melódica que tuvo a su alrededor enfunción de una mayor y más moderna expresividad sinfónica. La obra no está concebida como un concierto para piano y orquesta, pues la función del piano, aunque de claro carácter solista, no sigue la línea concertante clásica, ya que Gershwin lo sitúa unas veces como solista y otras como mero acompañante.

La obra que cerrará esta primera parte nos acerca a una tercera faceta de nuestro compositor, que aparte de su trabajo de concierto y de su música para el teatro era obvio que se iba a ver seducido por el cine y así fue. En los últimos años de su vida el compositor se cambió de costa y se trasladó a Holliwood donde el cine musical estaba viviendo unos años dorados. Era absolutamente lógico que un compositor como él compusiera un montón no ya de bandas sonoras sino de canciones que tenían no ya un papel de acompañamiento sino un papel central en la historia, al modo en el que lo hacían las arias en una ópera, es decir, la acción se para y los protagonistas nos muestran sus sentimientos, esas canciones orquestadas por el efectivo Robert Russell Bennett forman una suite brillante.

BERNSTEIN Y EL MUSICAL

Si me preguntaran por versiones de referencia de algunos de los ciclos sinfónicos por excelencia del romanticismo sin duda acabaría saliendo el nombre del genial director Leonard Bernstein. Su ciclo de Mahler, por poner solo un ejemplo está entre los mas interesantes y su éxito como director no se dio solo en el ámbito americano sino que fue no solo respetado sino muy querido por las primeras orquestas europeas como la Filarmónica de Viena. Pues bien, este mismo inmenso director es a la vez un compositor que se mete en la música que su país le requería sin el mas minimo problema, y sus musicales hoy se siguen considerando clásicos del género aunque es verdad que como hoy veremos su trascendencia llega a lo sinfónico, e incluso de West Side Story el propio Bernstein llegó a grabar una versión con cantantes líricos con un joven José Carreras a la cabeza (que desde luego nos dejó la versión mas bonita jamás escuchada de esa preciosa canción que es “María”).

El origen de todo fue la comedia musical (el musical)  West Side Story que se estrenó en 1957 en Nueva York y alcanzó un gran éxito. El espectáculo partía de una idea original del coreógrafo Jerome Robbins(figura fundamental en ese momento), desarrollada en estrecha colaboración con el compositor Leonard Bernstein, el guionista Arthur Laurents, el letrista Stephen Sondheim, y el escenógrafo Oliver Smith.

El musical fue considerado  innovador en su momento porque aportaba aspectos mas potentes de los habituales en el género: por los bailes, que forman parte de la acción dramática; por la música muy variada de Bernstein (ritmos latinos, jazz, canciones de amor de gran belleza melódica…) y por la temática. Una de las canciones más famosas de esta obra es America, donde se contraponen las dos visiones de los emigrantes al llegar a Estados Unidos: la ilusión por la libertad, la modernidad y el consumismo, y por otro lado el desengaño ante la marginación racial y la pobreza. La puesta en escena de la canción America se sitúa en una azotea donde los miembros de la pandilla puertorriqueña Sharks y sus novias charlan sobre su vida en Estados Unidos.

El argumento pues no es sino una adaptación de  la historia de amor más clásica de la literatura,  el Romeo y Julieta, de W. Shakespeare, pero adaptada a los tiempos modernos. En Nueva York, dos bandas de jóvenes, los Sharks, inmigrantes puertorriqueños, y los Jets, estadounidenses de origen irlandés, son rivales y viven en disputas. El conflicto surge cuando María (Natalie Wood), hermana del jefe de la pandilla puertorriqueña, Bernardo (George Chakiris), y Tony (Richard Beymer), exmiembro de los Jets, se enamoran. Las dos bandas incitan a los líderes, Bernardo y Tony a pelearse, Tony no quiere pero se ve forzado a hacerlo e, involuntariamente, mata a Bernardo. Para vengarlo, Chino, el pretendiente de Maria, mata a Tony. Como en la obra de teatro de W. Shakespeare, las dos bandas acaban solucionando sus disputas con la muerte de los enamorados. El propio Bernstein se sio cuenta de la fuerza de la música que había compuesto y compuso la suite que escucharemos en este concierto.

Un año antes que West Side Story, Bernstein había estrenado en Broadway otro musical, esta vez concebido casi como una opereta pero si en la anterior la base literaria estaba en Shakespeare en este caso la base la ponía otro grande, del pensamiento en este caso como era Voltaire; de nuevo una actualización de un gran clásico le da a nuestro compositor la excusa perfecta para una gran partitura.

Candide fue originalmente concebida por Lillian Hellman como una obra con música incidental en el estilo de su obra precedente, The Lark. Bernstein, sin embargo, se interesó tanto por la idea que convenció a Hellman para hacerla como una “opereta cómica”; ella entonces escribió el libreto original para la opereta. Muchos letristas intervinieron en el espectáculo: primero James Agee (cuyo trabajo al final no se usó), luego Dorothy Parker, John Latouche y Richard Wilbur. Además, las letras de “I Am Easily Assimilated” las hicieron Leonard y Felicia Bernstein, y Hellman escribió las palabras de “Eldorado”. Hershy Kay orquestó todo salvo la obertura, que hizo el propio Bernstein.4

Candide se estrenó en Broadway como un musical el 1 de diciembre de 1956. Dirigieron la producción Tyrone Guthrie y Samuel Krachmalnick. Los escenarios y vestuario fueron diseñados por Oliver Smith e Irene Sharaff, respectivamente.4 Fue coreografiada por Anna Sokolow. Lo interpretaron Robert Rounseville como Cándido, Barbara Cook como Cunégonde, Max Adrian como el doctor Pangloss, e Irra Petina como la Anciana. Esta producción fue un desastre de taquilla, y solo estuvo en cartel dos meses con un total de 73 representaciones. El libreto de Hellman fue criticado en un artículo de The New York Times por ser demasiado serio:

Cuando Voltaire es irónico y tibio, [Hellman] es explícita y vigorosa. Cuando él da golpes rápidos como el rayo, ella da puñetazos. Allí donde él es diabólico, [ella] es humanitaria… el libreto… parece demasiado serio para el brío y el burlón lirismo de la partitura de Leonard Bernstein que, sin ser estrictamente del siglo XVIII, mantiene, con su alegre pastiche de estilos y formas pasadas, una cualidad de época.”

La obertura de Candide pronto ganó un lugar aparte en el repertorio orquestal. Después de una exitosa representación de concierto el 26 de enero de 1957, por la Orquesta Filarmónica de Nueva York bajo la batuta del propio compositor, pronto se hizo popular y fue interpretado por cerca de otro centenar de orquestas dentro de los dos años siguientes.5 Desde entonces, se ha convertido en una de las composiciones orquestales interpretada más frecuentemente por un compositor estadounidense del siglo XX.

Y para finalizar un regalo. Pocas veces podemos disfrutar de un compositor dirigiendo su obra y no siempre gran compositor y gran director son figuras que coincidan en la misma persona. Como en este caso si se da esa cuadratura del círculo, disfrutemos como preparación al concierto (o después para rememorarlo), del propio Bernstein dirigiendo las danzas sinfónicas que oiremos en este concierto de  West Side Story.

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