SIBELIUS EN SU SITIO

FICHA DEL CONCIERTO

Orquesta Sinfónica de Barcelona y Nacional de Cataluña. Coro Académico masculino de Helsinki. ARI RASILAINEN, director, TUIJA KNIHTILÄ, soprano, JUHA UUSITALO, barítono. Obras de Jean Sibelius. Lunes 14 de diciembre. XXI Temporada de grandes conciertos de Otoño del Auditorio.

No es casualidad que las obras de Jean Sibelius hayan estado bastante presentes en esta temporada de otoño del Auditorio, en este 2015 se cumple el 150 aniversario de su nacimiento pero más allá tenemos que decir que en los últimos años Sibelius se ha ido consolidando como uno de los músicos mas interpretados en las salas de conciertos de entre los de la primera mitad del siglo XX; su camino personal, ajeno a lo que se movió en Viena con su segunda escuela y mas pendiente de encontrar un nuevo camino para el sinfonismo desde un uso valiente y muy estudiado de la tradición parece que ha encontrado con facilidad su lugar en la historia de la música y no sólo en los libros, sino como decimos en la sala de conciertos. El concierto que vamos a comentar tiene la virtud de juntar la que es probablemente la pieza mas interpretada del compositor su “Finlandía” con el estreno de un obra de juventud pero que nos muestra a la perfección el genio del finés.

 

FINLANDIA MAS ALLÁ DEL FOLKLORE

Durante muchos años se ha extendido el mito (fácil por otro lado) de que el poema sinfónico Finlandia opus 26 es una descripción del país natal de Jean Sibelius, al que amó tanto. Se ha solido decir  que en las notas de esta famosa partitura el autor quiso reflejar el frío y la nieve, los maravillosos lagos, los bosques ancestrales, el vuelo de los cisnes, la aurora boreal,… en fin, las bellas e imponentes imágenes del país finlandés.

Hoy en día y con los datos en la mano tenemos que decir que no había nada de eso en las intenciones de Sibelius y que por lo tanto no se le debería animar al público a que busque ese tipo de imágenes en la escucha de la obra, mas que nada porque no está ni siquiera en la inspiración de nuestro compositor. Finlandia opus 26 nació como música para introducir el cuadro final de una representación de cuadros “vivientes” de temática histórica, dentro de una obra más grande denominada Música para las celebraciones de la prensa JS.137.  Este preludio orquestal, llamado originalmente “Suomi herää” (“Finlandia despierta”) se inspiraba en la historia del siglo XIX finlandés, y de manera abstracta reflejaba el sentimiento de opresión ante la dominación rusa en su primera parte y el deseo de independencia y el llamamiento a la liberación en la segunda.

Finlandia encuentra pues su inspiración mas bien en un sentimiento patriótico abstracto y no en el país propiamente dicho. Es evidente que hay mucho del país en la música pero nunca una descripción directa. Finlandia, su país, está detrás de toda la obra de Sibelius, y en otras obras incluso más directamente que en ésta. Lo está en el ánimo, en el espíritu, en la melodía y el ritmo que recogen la entonación y la cadencia del finés… Pero siempre de una manera abstracta.

Debemos comprender la idea del programatismo, de la inspiración extramusical que tenía nuestro compositor: a pesar de que Sibelius es autor de gran número poemas sinfónicos, género con el que se sintió especialmente identificado, lo cierto es que la mayoría de ellos tiene un carácter bastante abstracto. Aunque desde joven manifestó una fuerte tendencia por unir música y elementos del mundo real, pocas de sus obras programáticas tienen un esquema literario exacto que seguir. La mayoría de ellos promueven una simple sugerencia, un carácter, una imagen, una atmósfera, un motivo general…

 Así sucede en Una saga opus 9 (su primer poema sinfónico), o como Tapiola opus 112 (el último), una idea abstracta que deja campo libre a la imaginación, mientras que la composición en sí se desarrolla bajo exigencias puramente musicales, desde arquitecturas más o menos libre (como en Una saga) o más estrictas (la variación en Tapiola).

Sólo La ninfa del bosque opus 15, Lemminkäinen opus 22 (en especial Lemminkäinen en Tuonela) y La hija de Pohjola opus 49 tienen un esquema literario aunque, como ya hemos dicho, ninguno lo está en detalle, al menos al nivel que pueden estarlo algunos de los grande poemas sinfónicos de Richard Strauss como Así habló Zarathustra opus 30 o Don Quijote opus 35.

Sibelius quiere invitar a quien escucha su obra a partir de esa sugerencia con la que él mismo se ha inspirado, pero no trata de contarnos historias concretas ni evocar escenas o paisajes específicos a través de la música. Incluso su inspiración ha podido cambiar durante la redacción de las obras. Así ocurrió con Lemminkäinen opus 22, algunos de cuyos temas musicales proceden del proyecto de una ópera, jamás desarrollada cuyo héroe era otro personaje del Kalevala, Väinämöinen, o sus planes también kalevalianos para Luonnotar que se transformaron en La hija de Pohjola. Esto demuestra que en nuestro compositor el componente puramente musical prevalece siempre ante el programático.

 Finlandia opus 26 en su versión original no se escribió como poema sinfónico, sino como parte de una música escénica orquestal. También la música incidental es un género de inspiración extramusical, aunque dicha evocación se produce simultáneamente al hecho propiamente musical. Cuando decidió separar la obra de su contexto para que tuviera una vida en la sala de conciertos, Sibelius la denominó “poema sinfónico”. Con ello reconocía que ese elemento ajeno, ese programa (“Finlandia despierta”) completaba su significado. Pero en realidad bien podría haberlo denominado “obertura”, “preludio”, “impromptu” (tal y como llamó inicialmente a su Canción de primavera opus 16, que después sería redefinida al igual que Finlandia opus 26 como poema sinfónico aunque no tiene programa), o cualquier otra etiqueta para una pieza orquestal aislada.

 Aquí está la clave del origen de este falso mito: la denominación. Prescindiendo de intentar profundizar en la dimensión de lo programático en el ideal artístico de Sibelius, alguien, en un momento de fértil imaginación, pensó que si la pieza se llama “Finlandia” y es un poema sinfónico, debía contar alguna historia sobre Finlandia, y como esta no está clara, tal vez nos describiera al propio país de los mil lagos…

 Posiblemente esta interpretación se produjo en la época, aunque probablemente fuera de su país natal, donde se entendía bien la dimensión política de la obra. En cualquier caso en el momento de sus estrenos y expansión inicial, bajo el clima de exaltación nacionalista en las que nacieron, muchas obras de nuestro autor fueron analizadas bajo el esquema de un programa espúreo y ajeno al autor. Muy destacado es el hecho de la interpretación patriótica que se hizo de las dos primeras sinfonías, compuestas en efecto bajo el conflicto del Manifiesto de Febrero, pero concebidas por el autor en términos y problemas puramente musicales. Kajanus afirmaba que la Segunda Sinfonía narraba la resistencia finlandesa frente al dominio ruso. Hecho bastaste singular si pensamos en que justamente su inspiración venía de otro lugar: compuesta en gran parte durante un viaje por Italia, se emplearon bocetos de otras obras inacabadas, como la melodía de unas piezas pianísticas para niños en el primer tiempo, una escena de Don Juan así como la figura de Cristo en un oratorio jamás realizado para el segundo…

No es sorprendente pues que en algún momento surgiera la idea de aplicar a esta pieza, tan popular y exitosa, un contenido concreto. El problema viene cuando dicho contenido se ha mantenido ligado a la obra aún hoy en día, fuera del público más subjetivista de la época y fuera del mayor conocimiento y difusión de la que goza el autor hoy en día. Se ha perpetuado por el hecho de lastrar informaciones en las que no se revisa la fuente. Se ha perpetuado cuando el desconocimiento del autor ha impedido una revisión, máxime en algunos sectores intelectuales y en determinados países que han tratado con nulo aprecio a nuestro compositor. Bastaba con copiar lo que otros habían dicho. La falta de información, la dejadez y lo atrevido de la ignorancia han hecho resto.

Finlandia opus 26 de Jean Sibelius no describe Finlandia. Aunque se llame “Finlandia” y se defina como “poema sinfónico” no describe al país. No hay ni lagos, ni auroras boreales, ni nieve, ni hielo ni cisnes en la obra. Por supuesto eso no impide que el oyente pueda evocar esas imágenes poéticas en su mente. Es algo que sucede con mucha de la música de Sibelius aun la más abstracta, e incluso al oyente más informado. Ciertamente que hay algo mágico en esa música que nos acerca a la naturaleza de aquel lejano país, un poder de evocación único. No deja de ser un verdadero misterio.

KULLERVO: DEL MITO A LA MÚSICA

Nos encontramos con Kullervo ante una pieza cuyas circunstancias compositivas fueron bastante completas y conviene conocer un poco estas circunstanias de cara a valorar una obra de esta complejidad. Para empezar ni su forma musical está del todo clara;  “Kullervo” opus 7 para soprano, barítono, coro masculino y orquesta fue definido como sinfonía en origen, aunque a veces se le considere un conjunto de poemas sinfónicos por su carácter programático. Estamos ante una sinfonía programática y dramática, como el “Romeo y Julieta” de Berlioz, aunque al adoptar esta forma nuestro autor fue bastante revolucionario (aún Mahler no habría escrito sus sinfonías con voz humana). Aparte de este singular carácter, también sus orígines son ciertamente únicos.

Durante su estancia en Berlín (1889-90), Jean Sibelius pidió a su hermano que le enviara una copia del Kalevala. Con ocasión de un concurso de composición donde las normas requerían el empleo de esta lengua finesa, es el propio Christian quien le sugiere utilizar el texto de Lönnrot: “es una vergüenza que tengas tan poco tiempo, de otra forma podría, por ejemplo, componer un ciclo coral sobre algún episodio del Kalevala o similar. También intentaré conseguir algunas canciones populares y danzas finesas para ti”.

Estos temas folclóricos se reflejan en el Allegro para septeto de metal JS.25, una de las poquísimas obras de Sibelius que emplean directamente melodías populares. La segunda de éstas es la siguiente canción, que dos años más tarde reaparecerá entre los bocetos de Kullervo.

El 21 de diciembre de 1890 asiste al estreno en Viena (donde permaneció entre 1889 y 1890) de la revisión final de la Tercera Sinfonía de Bruckner, que influye significativamente en lo que será su Kullervo. Sin duda Sibelius estará muy atento en la “aparición brumosa” del tema inicial, su carácter elemental y generador, así como diversos detalles de la orquestación. Sin embargo el mundo espiritual de Bruckner apenas tiene que ver nada con Sibelius: lo que toma del compositor austriaco sobre todo son aspectos técnicos en torno a la unidad y coherencia intramusical. Pero no se puede dudar que la influencia de Bruckner en el primer movimiento de su sinfonía kalevaliana es notable.

Otra de las mayores influencias sobre la obra es, a parecer de quien les escribe, la de la Primera Sinfonía (en re menor, opus 21) del compositor noruego Christian Sinding (1856-1941). Sinding formó parte del círculo de artistas nórdicos al que se unió Sibelius durante su estancia en Berlín. Se ha hablado en varias ocasiones de cómo su quinteto con piano opus 5 (1882-85), que Sibelius escuchó en esa época, estimuló un trabajo similar, su propio quinteto con piano JS.159, una de las composiciones más ambiciosas de aquella época. No disponemos de datos sobre si Sibelius conocía o no la sinfonía del noruego, que precisamente había completado en 1890 en su versión original, pero se adivinan muchos elementos del Kullervo en ella: su carácter modal, la alternancia repentina entre modos (mayor, menor, antiguos…), la transformación motívica dentro de un tiempo y cíclica entre distintos movimientos, algunos detalles de la orquestación como los pedales, los temas agudos de la cuerda acompañados por obstinati de los metales graves… en fin, son muchas las similitudes para ser coincidencia, en especial entre los respectivos primeros movimientos. Cierto es que algunos elementos pueden encontrarse en una influencia mutua de Bruckner, pero el indudable sabor “nórdico” de la obra de Sinding podría haber atraído a Sibelius si efectivamente conoció la partitura. Por desgracia aquí simplemente lanzamos la hipótesis, espero contar en algún momento con la opinión de algún estudioso al respecto.

En invierno de 1891, nuestro autor se embarca en lo que será su dirección definitiva del estudio de folclore finés: su incorporación a la esencia del estilo sin acudir a la cita o a la imitación. En una de las canciones con texto de Runeberg que después formará parte de su opus 13 (la número cinco), “Drömmen”, emula la fórmula de la canción kalevaliana en cinco tiempos, sólo que la adapta al tres por cuatro, manteniendo sus características últimas dos notas largas. En realidad el texto nada tiene que ver con su referencia la rima ancestral, lo que nos desvela cómo Sibelius va buscando su propia identidad sin tener en cuenta la forma musical.

En febrero de ese año realiza diversos planes para una sinfonía “finesa”, basada quizá en temas folclóricos. Lo cierto es que los primeros esfuerzos musicales parecen tomar una dirección no querida, y abandona el primer proyecto tras trazar dos movimientos, que en las semanas siguientes – se desconoce exactamente cuándo – serían terminados como Obertura en Mi Mayor JS.145 y Scène de ballet JS.163, (los primeros ejemplos de su música orquestal). Sin duda superan en fantasía a su habilidad en cuanto a forma y sobre todo en cuanto a su orquestación, pero son piezas realmente extraordinarias si pensamos que Sibelius no había escrito antes nada parecido. El mismo tema folclórico del Allegro JS.25 aparece de forma menos evidente en la Obertura, obra visionaria dentro de su propia trayectoria, puesto que adelanta muchos momentos de Kullervo y Karelia. Estas piezas sin embargo no utilizan, aparte de ese tema, melodías auténticas: en esos momentos Sibelius ya ha asumido que su carácter finés está en el espíritu, no en la recreación sublime del folclore.

En abril empieza a escribir nuevos esbozos para su sinfonía, y ya es entonces cuando parece decidido a tomar el tema del Kalevala. El 18 de ese mes escribe a Aino y le anota un tema que servirá de introducción a su “Kullervo”:El tema deriva del tema folclórico anterior, y se relaciona como hemos dicho con la Obertura JS.145. Será una protoforma del verdadero tema inicial de Kullervo, llevado sin embargo al modo menor natural (eólico), y extendido considerablemente. Y será el único vínculo más o menos directo con una melodía tradicional de toda la obra.

En ese momento ya tiene claras algunas cosas: que su sinfonía tendrá cinco movimientos, el primero en forma sonata, seguido de un movimiento lento y después una marcha.

Durante esa primavera el compositor desarrolla sus motivos, y tiene muchas nuevas ideas que plasmar en esbozos. Enseña el tema y los esbozos a uno de sus profesores vieneses, Robert Fuchs, que al parecer reaccionó positivamente. Muchos se han conservado en los manuscritos de la Universidad de Helsinki, principalmente distintas formas del tema principal. Sin embargo, nuestro autor se pone enfermo al final de la estación, y acude a uno de los más caros y exclusivos hospitales de la ciudad, arrastrando nuevas deudas a la familia.

En junio retorna a Finlandia definitivamente, y se va a vivir a la casa de su abuela en Loviisa. Tras muchos meses después de profundizar en su relación con Aino Järnefelt a través de cartas, ahora puede pasar mucho más tiempo con ella, a pesar de cierto recelo por parte de su padre. Es un verano muy feliz, que corresponde con un trabajo muy intermitente en Kullervo, como si al héroe trágico no le conviniera ese periodo de sentimientos positivos.

En noviembre dirige sus dos obras orquestales en Helsinki, pero implicado cada vez más en el Kullervo, el compositor parece distanciarse de sus primeras criaturas. Poco después se produce un hecho fundamental que marca tanto la sinfonía como el propio estilo musical de Sibelius: la cantante rúnica Larin Paraske, de la región de Ingria (actualmente en Rusia). Según se contaba en la época su memoria alcanzaba a conocer unos 32.000 versos, lo que lógicamente provocó la admiración y la exaltación de los círculos nacionalistas, en especial los karelianistas, que veían en Paraske el testimonio vivo del tiempo del Kalevala. Uno de sus mecenas, el pastor “Adolf Neuvius”, relata así el encuentro, que se produjo en Loviisa: “en aquel tiempo su cabeza estaba llena de ideas que culminarían el año siguiente en Kullervo y estaba ansioso por escuchar que las melodías rúnicas de Karelia eran así tal y como se cantaban de modo auténtico. Yo naturalmente estaba encantado de estar presente cuando se conocieron… él la escuchó con gran atención y anotó sus inflexiones y sus ritmos”.

A partir de diciembre se centra en la obra, de la que el primer movimiento parecía ya casi completo (la influencia de las melodías de Paraske parecen centrarse a partir del segundo tiempo). Ya piensa también en la escena amorosa de Kullervo y su hermana como el momento culminante de la obra, y concibe que será una gran melodía al unísono con acompañamiento rítmico en la parte grave, lo cual, aunque menos ambicioso, será el “motivo del éxtasis” del que hablaremos. En este momento las ideas parecen fluir naturalmente, pero al tiempo no han encontrado su lugar dentro de la composición, y aún hay muchas dudas sobre la forma final de los tiempos y la sinfonía completa: “hay mucho en la introducción de mi Kullervo que ha prendido en mi alma entera, pero otras cosas aún no están bien”.

Para el segundo tiempo dice tener la imagen del héroe del Kalevala como niño, y también como pastor junto a Ilmarinen. Piensa entonces en algo pastoral, pero también en una “canción de cuna”. Tras fijar definitivamente el primer tiempo, escribe a Aino: “ya tengo la canción de cuna. Es un tema que se intensifica a través de variaciones”. Los primeros bocetos curiosamente estarán en 5/4, compás que pasará al tercer tiempo. Mientras, concibe el final como la marcha en la que había pensado la primavera anterior.

Ya avanza que el tercer tiempo será un movimiento con texto, pero su primera idea fue utilizar un narrador, y tomar la forma de un melodrama, aunque tambien tuvo la alternativa de sólo contar con Kullervo y su hermana y confiar el resto a la descripción orquestal.

En enero de 1892 se traslada definitivamente a Helsinki, con sus dos primeros movimientos completados. Aún tardará en abandonar la idea del narrador, y en febrero aparece el coro, aunque en este estadio es mixto. Muestra sus ideas a su antiguo profesor Wegelius, el que apunta que tal vez las señoritas del coro pudieran sentirse avergonzadas del contenido del texto. No se puede asegurar, pero posiblemente esta es la razón por la cual Sibelius adoptará finalmente un coro exclusivamente masculino.

Apenas quedan dos meses para el estreno cuando ha completado su majestuoso tercer movimiento y ya ha preparado materiales para los ensayos. Los otros dos tiempos ni siquiera están del todo definidos. Pero entonces el compositor piensa en una idea, sacada del texto del Kalevala, aunque de manera algo incorrecta y literal: Kullervo acude a la guerra, con un entusiasmo progresivo. Lo cierto que esto le sirve para retomar su idea de la marcha, y el propio Sibelius escribe entusiasmado la pieza en unos diez días., aunque pronto le somete a profundas revisiones (siguiendo ya una de las características del estilo compositivo de Sibelius, su creatividad desbordada seguida de la revisión autocrítica y exhaustiva posterior).

Para el final Sibelius ya ha decidido la presencia del coro desde el momento en que aborda su composición. Inicialmente el estreno está previsto para el 11 de abril. Pero para entonces la obra no estaría lista. Mucha de su música es un caos en la partitura, aunque para el autor la obra está perfectamente en su cabeza. Los ensayos empiezan a pesar de que aún quedan muchas cosas por definir.

“Quedaban sólo unos pocos días para el concierto” – relataría más tarde Jukka Rautio, que formaría parte del coro del estreno -. “Dudábamos de que pudiéramos aprender nuestras partes, Pero el director del coro nos tranquilizó, diciendo que el joven compositor mismo haría ensayos especiales con nosotros. Esto elevó nuestra autoestima. Y vino. ¡Sus ojos estaban encendidos! Era ese fuego de la inspiración del que hablan los poetas. ¡Y hablaba finés!”. En efecto, la situación era bastante precaria, incluso durante los ensayos Sibelius parecía estar revisando constantemente su obra.

Sibelius dirigiría el concierto. Para ello contó con apoyos excepcionales, ya que eran muchos los que intuyeron la magnitud del estreno. La Orquesta de Helsinki se reforzó con numerosos músicos. En muchas ocasiones se tenía que dirigir a ellos en alemán, ya que la mayoría procedían del norte de Alemania (lo que provocó la dificultad para entender qué era aquello del 5/4 que el compositor había escrito al principio del tercer tiempo, ante la sonrisa del autor).

Emmy Ackté y Abraham Ohjanperä, primeras figuras de la Ópera de Helsinki, interpretarían las partes solistas de la que era la primera de muchas obras de Sibelius que cantarían. Para el coro se tuvo que reunir un grupo enorme a partir del Coro de Ayudantes de Parroquia de Helsinki, del coro de estudiantes de la Escuela de Órgano y del Coro Universitario (el YL).

Era el 28 de abril de 1892, en la Universidad de Helsinki. Con 26 años Sibelius se enfrenta por primera vez al la gigantesca composición que cambiaría para siempre su vida y la de Finlandia.

TEXTOS

3. Kullervo ja hänen sisarensa

Kuoro:Kullervo, Kalervon poika,
sinisukka äijön lapsi,
hivus keltainen korea,
kengän kauto kaunokainen
läksi viemähän vetoja,
maajyviä maksamahan.

Vietyä vetoperänsä,
maajyväset maksettua
rekehensä reutoaikse
kohennaikse korjahansa;
alkoi kulkea kotihin,
matkata omille maille.

Ajoa järyttelevi
matkoansa mittelevi
noilla Väinön kankahilla,
ammoin raatuilla ahoilla.

Neiti vastahan tulevi,
hivus kulta hiihtelevi
noilla Väinön kankahilla,
ammoin raatuilla ahoilla.

Kullervo, Kalervon poika,
jo tuossa piättelevi,
alkoi neittä haastatella,
haastatella, houkutella:

Kullervo:
Nouse, neito, korjahani,
taaksi maata taljoilleni! […]

Sisar:
Surma sulle korjahasi,
tauti taaksi taljoillesi!

Kuoro:
Kullervo, Kalervon poika,
sinisukka äijön lapsi,
iski virkkua vitsalla,
helähytti helmivyöllä.
Virkku juoksi, matka joutui,
tie vieri, reki rasasi. […]

Neiti vastahan tulevi,
kautokenkä kaaloavi
selvällä meren selällä,
ulapalla aukealla.

Kullervo, Kalervon poika,
hevoista piättelevi,
suutansa sovittelevi,
sanojansa säätelevi:

Kullervo:
Tule korjahan, korea,
maan valo, matkoihini! […]

Sisar:
Tuoni sulle korjahasi,
Manalainen matkoihisi!

Kuoro:
Kullervo, Kalervon poika,
sinisukka äijön lapsi,
iski virkkua vitsalla,
helähytti helmivyöllä.
virkku juoksi, matka joutui,
reki vieri, tie lyheni. […]

Neiti vastahan tulevi,
tinarinta riioavi
noilla pohjan kankahilla,
Lapin laajoilla rajoilla.

Kullervo, Kalervon poika,
hevoista hillitsevi,
suutansa sovittelevi,
sanojansa säätelevi:

Kullervo:
Käy, neito rekoseheni,
armas, alle vilttieni,
syömähän omeniani,
puremahan päähkeniä! […]

Sisar:
Sylen, kehno, kelkkahasi,
retkale, rekosehesi!
vilu on olla viltin alla,
kolkko korjassa eleä.

Kuoro:
Kullervo, Kalervon poika,
sinisukka äijön lapsi,
koppoi neion korjahansa,
reualti rekosehensa,
asetteli taljoillensa,
alle viltin vierietteli. […]

Sisar:
Päästä pois minua tästä,
laske lasta vallallensa
kunnotointa kuulemasta
pahalaista palvomasta,
tahi potkin pohjan puhki,
levittelen liistehesi,
korjasi pilastehiksi,
rämäksi re’en retukan!

Kuoro:
Kullervo, Kalervon poika,
sinisukka äijön lapsi,
aukaisi rahaisen arkun,
kimahutti kirjakannen,
näytteli hope’itansa,
verkaliuskoja levitteli,
kultasuita sukkasia,
vöitänsä hopeapäitä.

Verat veivät neien mielen,
raha muutti morsiamen,
hopea hukuttelevi,
kulta kuihauttelevi. […]

Sisar:
Mist’olet sinä sukuisin,
kusta, rohkea, rotuisin?
lienet suurtaki sukua,
isoa isän aloa. […]

Kullervo:En ole sukua suurta,
enkä suurta enkä pientä,
olen kerran keskimmäistä:
Kalervon katala poika,
tuhma poika tuiretuinen,
lapsi kehjo keiretyinen;
vaan sano oma sukusi,
oma rohkea rotusi,
jos olet sukua suurta,
isoa isän aloa! […]

Sisar:
En ole sukua suurta,
enkä suurta enkä pientä,
olen kerran keskimmäistä:
Kalervon katala tyttö,
tyhjä tyttö tuiretuinen,
lapsi kehjo keiretyinen.

Ennen lasna ollessani
emon ehtoisen eloilla,
läksin marjahan metsälle,
alle vaaran vaapukkahan.
Poimin maalta mansikoita,
alta vaaran vaapukjoita
poimin päivän, yön lepäsin.
Poimin päivän, poimen toisen:
päivälläpä kolmannella
en tiennyt kotihin tietä:
tiehyt metsähän veteli,
ura saateli salolle.

Siinä istuin, jotta itkin,
itkin päivän, jotta toisen;
päivänäpä kolmantena
nousin suurelle mäelle,
korkealle kukkulalle.
Tuossa huusin, hoilaelin.
Salot vastahan saneli,
kankahat kajahtelivat:
“elä huua, hullu tyttö,
elä mieletöin, melua!
ei se kuulu kumminkana,
ei kuulukotihin huuto!”

Päivän päästä kolmen, neljän,
viien, kuuen viimeistäki
kohenihin kuolemahan,
heitihin katoamahan,
enkä kuollut kuittenkana,
en mä kalkinen kaonnut!

Oisin kuollut, kuja raukka,
oisin katkennut, katala,
äsken tuossa toisna vuonna,
kohta kolmanna kesänä
oisin heinänä helynnyt,
kukoistellut kukkapäänä,
maassa marjana hyvänä,
punaisena puolukkana,
nämä kummat kuulematta,
haukeat havaisematta. […]

Kullervo:
Voi, poloinen, päiviäni,
voipa, kurja, kummiani,
voi kun pi’in sisarueni,
turmelin emoni tuoman!
Voi isoni, voi emoni,
voi on valta vanhempani!
Minnekä minut loitte
kunne kannoitte katalan?
Parempiolisi ollut
syntymättä, kasvamatta,
ilmahan sikeämättä,
maalle tälle tätymättä.
Eikä surma suonin tehnyt,
tauti oike’in osannut,
kun ei tappanu minua,
kaottanut kaksiöisnä.

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3. Kullervo y su hermana

Coro:
Kullervo, el hijo de Kalervo,
el muchacho de las calzas azules,
de cabellera rubia de lo más hermoso,
con calzado del más fino cuero,
se puso en camino para pagar su tributo,
para pagar las tasas de su tierra.

Cuando pagó su tributo,
las tasas de su tierra,
se ató rápidamente al trineo
sobre el trineo se montó,
comenzó su viaje de vuelta,
viajó por su país.

Conducía con enorme estruendo
seguía su feliz camino,
atravesando la llanura de Väino
antes de lo que pensaba.

Una muchacha apareció,
con su cabellera rubia,
atravesando la llanura de Väino
antes de lo que pensaba.

Kullervo, el hijo de Kalervo,
frenó su trineo,
comenzó a conversar,
a hablar, a engatusar:

Kullervo:
¡Ven, muchacha, a mi trineo,
descansa entre sus pieles! […]

Hermana:¡Que entre la Muerte en tu trineo,
que la enfermedad se pose entre sus pieles!

Coro:
Kullervo, el hijo de Kalervo,
el muchacho de las calzas azules,
golpeó con el látigo a su corcel,
con su látigo de nudos lo atizó.
Brincó el caballo durante el viaje,
se tambaleó el trineo, el camino fue hecho. […]

Una muchacha apareció,
caminaba con zapatos de cuero
sobre toda la extensión del lago,
sobre el agua congelada.

Kullervo, el hijo de Kalervo,
ahí detuvo el trineo,
abrió en seguida su boca,
hablo de esta manera:

Kullervo:
¡Monta en mi trineo, hermosa,
orgullo de la tierra, y viaja conmigo! […]

Hermana:
¡Que Tuoni monte en tu trineo,
que Manalainen viaje contigo!

Coro:
Kullervo, el hijo de Kalervo,
el muchacho de las calzas azules,
golpeó con su látigo a su corcel,
con su látigo de nudos lo atizó.
Brincó el caballo durante el viaje,
se tambaleó el trineo, el camino acortó. […]

Una muchacha apareció,
con un broche metálico, y cantaba;
venía de la llanuras de Pohja,
de los anchos límites de Laponia.

Kullervo, el hijo de Kalervo,
frenó su caballo,
abrió en seguida su boca,
hablo de esta manera:

Kullervo:
¡Vamos, muchacha, a mi trineo,
querida, levanta mi manta,
comerás mis manzanas,
romperás mis nueces cómodamente! […]

Hermana:
¡Escupo, mediocre, a tu trineo
sí, a tu trineo, sinvergüenza,
bajo tu manta sólo hay frío,
dentro de tu trineo sólo oscuridad!

Coro:
Kullervo, el hijo de Kalervo,
el muchacho de las calzas azules,
a la muchacha arrastró al trineo,
dentro del trineo la tiró,
sobre las pieles la tumbó,
bajo la manta la empujó. […]

Hermana:
¡Suéltame del trineo,
deja a la chica enteramente libre,
que no oiga yo nada malo,
nada de de tu lenguaje soez,
o sobre el suelo me arrojaré,
reduciré el trineo a piezas,
quebraré tu trineo en virutas,
romperé tu maldito trineo en pedazos.

Coro:
Kullervo, el hijo de Kalervo,
el muchacho de las calzas azules,
abrió su cofre oculto,
crujió su decorada tapa,
le mostró toda su plata,
esparció las más escogidas telas,
calzado también, bordado de oro,
cinturones adornados con plata.

Pronto las telas la marearon,
la riqueza en novia la transformó,
la plata la destruyó,
el brillante oro la engañó. […]

Hermana:
Díme ahora tu ascendencia,
¿de qué raza valiente desciendes?
De raza poderosa según creo,
de gran padre vienes. […]

Kullervo:
No, mi raza no es poderosa,
ni grande ni pequeña,
estoy entre ambas,
el infeliz hijo de Kalervo,
muchacho estúpido y muy alocado,
chico sin valor, bueno para nada;
¡háblame ahora de los tuyos,
de qué raza valiente desciendes,
de raza poderosa quizá,
de gran padre vienes.! […]

Hermana:
No, mi raza no es poderosa,
ni grande ni pequeña,
estoy entre ambas,
la infeliz hija de Kalervo,
muchacha estúpida y muy alocada,
chica sin valor, buena para nada.

Cuando era una pequeña niña,
viviendo con mi cariñosa madre,
al bosque fui por bayas,
bajo la montaña busqué frambuesas,
en la llanura recogí fresas,
debajo de la montaña busqué frambuesas,
recogí por el día, de noche descansé.
Recogí un día, recogí otro día,
y el tercer día lo mismo,
pero el camino de vuelta no encontré:
en el bosque los caminos me llevaron,
y los senderos, al bosque.

Allí me quedé, rompí a llorar,
lloré un día, lloré otro día,
y aún un tercer día
cuando escalé una alta montaña,
al pico de la más alta.
Allí llamé y grité,
los bosques me respondieron,
y las llanuras devolvieron el eco:
“¡No llames, oh, niña sin sentido,
no grites, cabeza hueca!
¡No hay nadie que te escuche,
nadie en casa para escuchar tus gritos!”

Entonces pasó el tercer día, el cuarto,
el quinto, el sexto finalmente,
quise atentar contra mi vida,
de arrojarme a la destrucción,
pero lo que había intentado no lo consequí,
no podía, maldita, perecer.

Sí yo hubiera perecido, pobre maldita,
si yo hubiera muerto, infeliz,
el segundo año al que siguió aquel,
o el tercero en medio del verano,
hubiera brillado como una brizna de hierba,
como una adorable flor existiría,
o sobre el suelo como una baya maravillosa,
o incluso como un arándano escarlata,
entonces no hubiera tenido que escuchar estos horrores,
no habría conocido esta tristeza. […]

Kullervo:
¡Ay, infeliz este día,
ay de mí, de toda mi familia,
ay también de mi hermana,
la niña de mi madre a la que he ultrajado!
¡Ay de mi padre, ay de mi madre,
ay de vosotros, mis ancianos padres!
¿Con qué propósito me criásteis,
criado para ser tan maldito?
Bien feliz fuera
si no hubiera nacido ni crecido,
si nunca en el aire me hubiera fortalecido,
si nunca en el mundo hubiera entrado.
Erróneamente la muerte me ha salvado,
la enfermedad no actuó sabiamente,
porque ellas no cayeron sobre mí
cuando con dos noches no me destruyeron.
5. Kullervon kuolema

Kuoro:
Kullervo, Kalervon poika,
otti koiransakeralle,
läksi tietä telkkimähän,
korpehen kakoamahan.

Kävi matkoi vähäsen,
astui tietä jikkaraisen;
tuli tuolle saarekselle,
tuolle pailalle tapahtui,
kuss’ oli piian pillannunna,
turmellutemonsa tuoman.
Siin’itki hana nurmi,
aho armihin valitti,
nuoret heinät helliteli,
kuikutti kukat kanervan
tuota päan pillamusta,
emon tuoman turmelusta.

Eikä moussut nuori heinä,
kasvanut kanervan kukka,
ylennyt sijalla sillä,
tuolla paikalla pahalla,
kuss’ oli piian pillannunna,
emon tuoman turmellunna.

Kullervo, Kalervon poika,
tempasi terävän miekan,
katselevi, kääntelevi,
kyselevi, tietelevi,
kysyi mieltä miekaltansa,
tokko tuon tekisi mieli
syöä syylistä lihoa,
viallista verta juoa.
Miekka mietti miehen mielen,
arvasi uron pakinan,
vastasi sanalla tuolla:
“miks’en söisi mielelläni,
söisi syylistä lihoa,
viallista verta joisi?
Syön lihoa syyttömänki,
juon verta viattomanki.”

Kullervo, Kalervon poika,
sinisukka äijön lapsi,
pään peltohon sysäsi,
perän painoi kankahasen,
kären käänti rintahansa,
itse iskihe kärelle.
siihen surmansa sukesi,
Kuolemansa kohtaeli.

Se oli surma nuoren miehen,
kuolo Kullervo urohon,
loppu ainakin urosta,
Kuolema kovaosaista.

_____

5. Muerte de Kullervo

Coro:
Kullervo, el hijo de Kalervo,
con el perro negro a su costado,
condujo sus pasos a través de los árboles del bosque,
allí donde el bosque se espesaba.

Pero al poco de andar,
al comienzo de su camino,
cuando hubo alcanzado un trecho del bosque,
reconoció la mancha ante él,
donde él había seducido a la muchacha,
a la niña de su madre había deshonrado.
Allí la suave hierba estaba llorando,
la encantadora mancha lamentando,
la joven hierba gimiendo,
las flores de la llanura sollozando,
por la ruina de la muchacha,
por la destrucción de la niña de su madre.

Ni la joven hierba brotaba,
ni las flores de la llanura se expandían,
ni la mancha se cubría
donde la fechoría sucedió,
donde él había seducido a la muchacha,
a la niña de su madre había deshonrado.

Kullervo, el hijo de Kalervo,
desenvainó la afilada espada que llevaba,
la miró, la giró,
la cuestionó, la interrogó,
preguntó la opinión de la espada,
y la dispuso para abatirse,
para devorar su culpable cuerpo,
para tragarse su maligna sangre.
Entendió la espada su pensamiento,
entendió la pregunta del héroe,
y le respondió así:
“¿por qué no habría, si mi corazón lo desea,
por qué no debería devorar tu carne,
beber tu sangre tan maligna,
yo, que he comido carne de inocentes,
he bebido la sangre de aquellos que no pecaron?”

Kullervo, el hijo de Kalervo,
el muchacho de las calzas azules,
en el suelo agarró el mango,
en la llanura hundió la empuñadura,
volvió la punta contra su pecho,
sobre la punta se arrojó.
De este modo encontró la muerte que había deseado,
se condenaba a sí mismo a la destrucción.

He aquí que el joven hombre pereció,
murió Kullervo el héroe,
la vida del héroe acabó
murió el héroe infeliz.

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