VUELVE TOULOUSSE

FICHA DEL CONCIERTO

Orquesta Sinfónica del Capitolio de Toulousse, Yulianna Avedeeva, piano, Tugan Sokhiev director. Obras de Mendelsshon, Chopin y Tchaikovski. Martes 14 de abril.  XXI Temporada de Grandes Conciertos de Primavera del Auditorio de Zaragoza.

VUELVE TOULOUSSE

Las relaciones de nuestra ciudad con las capitales del sur de Francia existen y son innegables pero sin duda son un elemento que se debería potenciar y parece ser que hablando de música  la cosa empieza a normalizarse pues empiezan a ser algo mas habituales las visitas de esta orquesta que hace de la ciudad francesa una auténtica capital cultural capaz de afrontar cualquier proyecto con una de las orquestas mas importantes del pais, tanto por su trayectoria como por su presente en el que Tugan Sokhiev se está consolidando desde Toulosse como uno de los grandes directores a seguir en las próximas décadas; nos toca pues, estar muy atento a lo que pasa en esta ciudad y con esta orquesta y esperamos poder seguir haciéndolo como en este concierto, es decir con una presencia habitual de la centuria tolosana en nuestro auditorio.

REPITE MENDELSSOHN

No nos debe extrañar que repitamos una obertura que sonó ya esta misma temporada dentro del ciclo de otoño, como hemos venido explicando se trata de una obra importante pues marca casi el nacimiento de la obertura de concierto, que tiene algo que ver en la paternidad del poema sinfónico.

‘Las Hebridas’, también conocida como ‘Las Gruta del Fingal’ es nombrada como obertura pero una de las cosas que la hace importante en la historia es que es uno de los primeros casos en que se compone una obertura como pieza de concierto meramente independiente, realmente no abre ninguna obra por lo que podemos decir que abre el camino a lo que será a obras como la ‘Obertura Trágica’ de Brahms que seguirán esta línea de piezas sinfónicas breves en un solo tiempo pero que tampoco tienen ese referente literario que cabe esperar en un poema sinfónico.

 Al cumplir veinte años y animado por su padre,  Mendelssohn viajó a Gran Bretaña en abril de 1829 en un viaje que tenía carácter profesional ya que  realizó una serie de conciertos promocionales que fueron muy bien acogido por el público inglés, pero que tuvo algo también de viaje romántico de fascinación y encuentro con la naturaleza..En julio se dirigió hacia Escocia, donde conoció  al escritor Walter Scott, símbolo literario escocés por excelencia y autor de Ivanhoe o de La Novia de Lamermoor (base de la Lucia de Donizetti). Escocia fascina sobremanera a Mendelssohn inspirándole para la composición de su Sinfonía nº 3 “escocesa” que terminaría trece años más tarde. En los numerosos escritos que realizó mientras se alojaba allí comentó el paisaje brumoso, las nieblas y sombras que inundaban todo hasta la desolación. Allí también oyó historias sobre una famosa “cueva musical” situada en una isla cercana.  Parece ser que el 7 de agosto, junto con su amigo, el escritor Karl Klingemann, Mendelssohn visitó un archipiélago, llamado Las Hébridas, situado en la costa oeste formado por más de 500 islas en busca de esa cueva; cuando llegó a la isla de Staffa,  su imponente “Gruta de Fingal” lo sobrecogió.

 Cuando Mendelssohn visitó el archipiélago, una melodía se dibujó en su mente. Melodía que enviaría por carta a su hermana Fanny con el siguiente texto: “Para lograr que comprendas hasta qué punto me han afectado las Hébridas, te envio lo siguiente, que vino a mi cabeza allí.”

 Al día siguiente, visitó la conocida Gruta de Fingal que, en tiempos de Mendelssohn, era un cueva marina de basalto de 11 metros de altura y 60 de profundidad (en la actualidad tiene 20 de alto y 82 de profundidad). Su techo abovedado, el movimiento de las olas chocando contra sus paredes y el eco,  generaban melodía mágicas en esa catedral natural. Mendelssohn  parece ser que quedó fascinado con su visión y los sonidos sobrecogedores y esa melodía que había compuesto cobró mayor sentido. La melodía, de 21 compases, fue escrita en formato pianístico y sería ésta la melodía germen con la que Mendelssohn compondría su famosa Obertura de Las Hébridas.

 En el invierno de 1830, en Roma, Mendelssohn terminó la partitura titulada en un primer momento “La isla solitaria”. Esta composición tenía mucho contrapunto, no sonaba tal como el compositor la imaginaba, por lo que fue simplificada en una segunda versión más ágil en 1832 donde primaba más la insinuación que la evidencia. De propias palabras de Mendelssohn, “la obra debía volar, tener mar y gaviotas”. La versión definitiva recibió el nuevo nombre de “Las Hébridas” y el subtitulo de “La Gruta de Fingal” y se estrenó ese mismo año en Londres en un concierto dirigido por él mismo y donde también se estreno la obertura de “El sueño de una noche de verano”.

 La obertura de Mendelssohn  supone un avance dentro del género musical por dos motivos.Como decíamos de alguna manera  es de los primeros poemas sinfónicos, es decir, música que evoca algo extra-musical, en este caso, el paisaje escocés de Las Hébridas tratando de crear una atmósfera capaz de trasladar al oyente las mismas sensaciones experimentadas allí por el compositor. Como dice el musicólogo Marc Vignal  “Es el primer gran cuadro marino de la música romántica”. El otro motivo es que con esta obra, como hemos dicho Mendelssohn iniciará la moda de llamar obertura a obras que en realidad no son preludios de ninguna obra mayor, consagrando este género como un ente independiente.

 Sin duda La Obertura de las Hébridas se encuentra entre las grandes obras maestras de Mendelssohn, y la podemos considerar una obra completamente de madurez  teniendo en cuenta la temprana edad de su autor (23 años) cuando la compuso. El mismísimo Wagner, que era un reconocido enemigo musical de Mendelssohn, no puedo dejar de alabar la genialidad de la obra.

EL OTRO CHOPIN

Sin duda está siendo una buena temporada “chopiniana” en Zaragoza. Aparte de la inevitable presencia del compositor en los programas del ciclo de Grandes Intérpretes vamos a tener la oportunidad de oir sus dos conciertos para piano; si en enero oimos al potente y renovadamente juvenil Pogorelich junto a nuestra Sinfónica Goya, ahora nos llega el turno de oir a una de las últimas ganadoras del concurso que lleva el nombre del compositor y que se desarrolla en Varsovia… coronarse en el Chopin augura una carrera importante y sin duda Yulianna Avdeeva la va a tener.

Hay que empezar diciendo que el conocido como Concierto para piano y orquesta No. 1  que oiremos en este concierto es, en realidad, el segundo concierto compuesto por Chopin. Fue publicado en 1833 en Leipzig pero escrito seis meses después que el No. 2, publicado en la misma ciudad en 1830. Chopin contaba 20 años cuando lo terminó y esa juventud, esa frescura encarnada en un romanticismo desenfadado, son patentes a lo largo de toda la obra. Sin embargo, estos primeros conciertos, cuyas partituras llevaba Chopin en su maleta cuando se trasladó a París desde su Polonia natal, han sido siempre criticados por su gran diferencia de calidad entre la orquestación (“fría y casi inútil” para Berlioz) y la parte solista para piano, que evidencia su maestría en la escritura para este instrumento.

El primer movimiento, “Allegro mestoso”, sigue el modelo prefijado de la sonata clásica aún cuando Chopin despliega en él toda su inventiva con gran libertad. La introducción orquestal nos acerca a los temas principales del movimiento, el primero más dramático y un segundo más cantable. Ambos serán después retomados con mayor brillantez por el piano (el único protagonista de la obra), con ese matiz melancólico tan genuino de Chopin.

El segundo movimiento, Romance (Larghetto), nace de la inspiración que le producen al compositor las óperas de Vicenzo Bellini, especialmente Norma. En palabras del propio Chopin, este movimiento debía “producir la misma impresión que si la mirada se posara sobre un paisaje que amamos, que despierta en nosotros bellos recuerdos”. Se trata de una música plácida y en efecto evocadora, no exenta de la melancolía anterior pero que contrastará con el marcado ritmo del tercer movimiento. No obstante, siempre encuentra un hueco el lado más melódico de Chopin. Se cierra así una obra de juventud, pero que ya concedió a su autor gran fama entre los melómanos de Varsovia y sentaría las beses para el mayor dominio del lenguaje musical que obtendría durante sus años en París, y que daría como resultado algunas de las obras más originales del romanticismo.

El Concierto para piano y orquesta No. 1 se estrenó en el Teatro Nacional de Varsovia el 11 de octubre de 1830 en un recital en el que el propio Chopin se hizo cargo del piano, cediendo la dirección de la orquesta a su amigo Tytus. Los anuncios que publicitaron el estreno no dudaban en calificar la partitura como “obra de un genio”.

Y EL GRAN TCHAIKOVSKI

Tchaikovski es sin duda un compositor algo “Guadiana” de vez en cuando desaparece unos años de la programación para luego volver hasta el punto de tener Tchaikovski para ratos; eso si, nunca desaparecerá del todo y eso pasa por dos motivos: para empezar porque guste o no es uno de los grandes y lo es por muchas cosas: por haber encontrado un estilo propio dentro del romanticismo, por haber creado escuela,  por su inspiración melódica casi inagotable, por su talento orquestador, por sus influencias mozartianas convertidas en ardor romántico….y la otra razón es consecuencia de la primera…,. el público lo adora y llega a él de una manera tan directa que puede pasar que se aplaudan todos los movimientos de algunas de sus obras.

Estaá documentado que Tchaikovsky empezó a componer su Sinfonía Nº 4 la Op. 36, en marzo de 1877, justo dos meses antes había acabado su desastroso y efímero matrimonio que casi lo lleva al suicidio. Al momento de esta restauradora y curativa separación, aparece al mismo tiempo otra mujer que entraría en su vida, aunque de un modo absolutamente diferente, incluso asombroso, incluso bizarro, pues ningún lazo romántico les unió de alguna manera y ni siquiera el contacto físico. La rica viuda terrateniente Nadezhda Filaretovna von Meck comenzó una larga y fecunda relación epistolar con el compositor y le legó un sueldo anual que lo liberó de preocupaciones financieras. Fué a ella a quien Tchaikovsky le dedicó la Sinfonía Nr.4 y a quien el compositor confió su programa. El primer movimiento, después del leitmotiv “del destino”, está en forma sonata con un melancólico influjo en el primer tema presentado por las cuerdas. Su carácter algo parecido a un vals es un dueto en el segundo movimiento con los acordes que atormentan al autor (frecuenta), representados por el clarinete y secundado en ecos tristes por el resto de las maderas. Pero, como Tchaikovsky escribió, “el destino despiadado nos despierta … nos hundimos en su nada “, y luego de un scherzo aparentemente juguetón e inocente a cargo de las cuerdas en pizzicato, la tensión del leitmotiv del principio regresa en la conclusión, imbuida en el ropaje de una fanfarria triunfal y llega a un punto culminantemente aterrador hacia el final del movimiento, justo antes de la coda final que cierra triunfalmente la obra… El hombre se impone a su destino. Tchaikovsky finalizó la Cuarta en diciembre de 1.877 y su gran Premiere se llevó a cabo en Moscú, el 22 Febrero de 1878, bajo la dirección de Nikolai Rubinstein.
El 23 de abril de 1878 Tchaikovsky volvió a Kamenka, donde permaneció cuatro meses. En octubre, a su vuelta a Moscú, dejó definitivamente su puesto en el Conservatorio, gracias al mecenazgo de la señora von Meck. La condición era que no debían verse jamás, y de esta manera mantuvieron una relación por carta que duró catorce años. Éstas cartas se conservan, y son de vital importancia para conocer las opiniones, impresiones y esperanzas del compositor. Se puede decir que los años de este mecenazgo y de esta singularísima relación vieron la etapa más productiva de la vida del compositor y de la creación de sus más grandes y memorables obras.
La Cuarta es una sinfonía programática, y esto se explica ampliamente en las extensas notas enviadas por el compositor a la Sra. von Meck. Al igual y en conjunto con los casos de las dos sinfonías numeradas que aun quedaban por componer, la 5ta y la 6ta, conforman una trilogía del destino, donde se exponen en terrenos y escenarios diferentes la permanente y vana lucha del hombre (el compositor) contra su destino. En la 4ta el triunfo es rotundo, en la 5ta hay un triunfo resignado y finalmente en la 6ta es derrotado y muere.

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