EL VIRTUOSO EN SU SALSA

FICHA DEL CONCIERTO

Ara Malikan y la Orquesta en el Tejado. Obras de Sarasate, Paganini, Brahms, Piazzolla, Rachmaninov, Elgar y otros. Ciclo de Introducción a la Música, Domingo 18 de enero. 11.30 horas.

Los historiadores de la música habitualmente hablan poco de la relación de la música popular con la llamada “música académica” o “clásica” y el error es palmario, los límites entre estos dos tipos de música normalmente son más difusos de lo que parece y la clásica bebe con mucha frecuencia de fuentes populares y folclóricas. Por lo tanto todo aquello que sirva para quitar etiquetas y hacer disfrutar de la música bienvenido sea. Y en esta línea el violín ha sido un instrumento de una versatilidad brutal, que puede pasar de sonar en torno a una hoguera en una fiesta balcánica a los salones mas refinados, así que en este concierto vamos a acercarnos a la música de manera natural, sin muchos prejuicios, sin dejarnos engañar pero si seducir por una puesta en escena diferente que rompe el esquema del concierto ordinario para poner en el centro no al compositor sino al intérprete, que se convierte en una especie de médium que filtra toda la música haciendo que pase de ser de sus compositores a ser suya y a convertirla en una fiesta cargada de vida, hacer música así no es nada nuevo pero tampoco hace falta. La figura del violinista virtuoso que hace girar todo el espectáculo alrededor de su figura es vieja pero Ara Malikian la sabe adaptar al día de hoy y con ella engancha hoy al público como lo hiciera en su momento Sarasate, pasando así de ser una figura del mundo de la “clásica” a una figura popular en general. Pero quiero cerrar esta introducción con una cita de Sarasate precisamente:

“¡Un genio! ¡He practicado catorce horas diarias durante treinta y siete años, y ahora me llaman genio!”

Pablo Sarasate

Nada se regala en esta vida y Malikian para ser lo libre que hora es en un escenario lleva detrás muchas horas de trabajo. Tocar el violín con esa naturalidad y comodidad y poder jugar con él como lo hace es fruto de décadas de esfuerzo y dedicación, y eso no se debe olvidar.

PROGRAMA SIN CERRAR “MA VIRTUOSO” DE PAGANINI A SARASATE

Sabemos ya, que el propio Malikian nos explicará con su verbo locuaz las obras que irá tocando y que no habrá un programa cerrado 100% y eso está muy bien y aquí nos vamos a acercar un poco a las obras anunciadas como base que son un recorrido libre y divertido por el violín y la música romántica en general. Salvo Piazolla toda la música que se nos presenta es del siglo XIX y encaja muy bien con un concepto muy de ese siglo y que Malikian reencarna muy bien el de virtuoso.

Parece ser que la cita de este domingo empezará con Nicolo Paganini, veremos como ciertas figuras del violín no están tan lejos en sus maneras de actuar. Niccolò Paganini nació en Génova el 27 de octubre de 1782 y fue  violinista, violista, guitarrista y compositor, considerado entre los más famosos virtuosos de su tiempo, reconocido como uno de los mejores violinistas que hayan existido, parece documentado que tenía oído absoluto e implementó técnicas de arco expresivas y nuevos usos de técnicas de staccato y pizzicato. En su Génova natal empezó a estudiar la mandolina con su padre con cinco años. Con siete años comenzó a tocar el violín. Hizo su primera aparición pública a los nueve años y realizó una gira por varias ciudades de Lombardía a los trece. No obstante, hasta 1813 no se le consideró un virtuoso del violín. Tuvo como maestros a Giovanni Servetto y Alessandro Rolla. Con dieciséis años era ya conocido pero no digirió bien el éxito y se convirtió en un jugador que continuamente se emborrachaba. Una dama desconocida lo salvó de esta silenciosa y perjudicial vida para llevarlos a su villa en donde aprendió a tocar la guitarra.

En 1801 compuso más de veinte obras en las que combina la guitarra con otros instrumentos. De 1805 a 1813 fue director musical en la corte de Maria Anna Elisa Bacciocchi, princesa de Lucca y hermana de Napoleón. En 1813 abandonó Lucca y comenzó a hacer giras por Italia, donde su forma de interpretar atrajo la atención de quienes le escuchaban. En 1828 fue a Viena, más tarde a París y en 1831 a Londres. En París conoció al pianista y compositor húngaro Franz Liszt, que, fascinado por su técnica, desarrolló un correlato pianístico inspirado en lo que Paganini había hecho con el violín. En 1833 en la ciudad de París le encargó a Héctor Berlioz un concierto para viola y orquesta; el compositor francés realizó Harold en Italia, pero Paganini nunca la interpretó. Renunció a las giras en 1834.

Fue además tutor del violinista italiano Antonio Bazzini, a quien motivó para que iniciara su carrera como concertista. Su técnica asombraba tanto al público de la época que llegaron a pensar que existía algún influjo diabólico sobre él, porque a su vez su apariencia se notaba algo extraña y sus adelantos musicales eran una verdadera obra de arte. Se decía que en la mayoría de sus apuntes aparecía una nota extraña la cual decía «Nota 13». Podía interpretar obras de gran dificultad únicamente con una de las cuatro cuerdas de violín (retirando primero las otras tres, de manera que éstas no se rompieran durante su actuación), y continuar tocando a dos o tres voces, de forma que parecían varios los violines que sonaban. Además en la mayoría de sus espectáculos usaba la improvisación. Esto indica lo cercano que estaba su arte al mundo del espectáculo. Sus obras incluyen veinticuatro caprichos para violín solo (1801-1807), seis conciertos y varias sonatas. Además creó numerosas obras en las que involucraba de alguna manera a la guitarra, exactamente 200 piezas. Como curiosidad se dice que, estiradas, sus manos medían cuarenta y cinco centímetros. Esto se le atribuye a que padecía de Aracnodactilia, quizás generada por sufrir del Síndrome de Marfan, aunque la creencia popular dicta que la extraordinaria longitud de sus dedos se debía a las horas dedicadas a la práctica del violín. También se le encontraron en la casa cinco violines Stradivarius y dos Amati. Su salud se fue deteriorando por un cáncer de laringe que le hacía perder la voz a pasos agigantados y el tratamiento con mercurio que realizaba por recomendación de su médico para tratar la sífilis; murió en Niza el 27 de mayo de 1840. Como ven todo un personaje cuya historia está ya a mitad de camino entre la realidad y el mito pero un cierto concepto de espectáculo buscando el “mas difícil todavía” igual nos empieza a dar pistas de las fuentes de como se gesta este espectáculo del que estamos hablando.

Y la otra figura clave que también figura por duplicado en el programa es la de Pablo Sarasate, uno de los músicos españoles mas conocidos y más interpretados de la historia. Habar de  Sarasate (1844-1908) es hablar uno de los más considerados y reputados virtuosos españoles, reconocido fuera de nuestras fronteras.

Para acercarnos a su figura tenemos que decir que la vida musical de Sarasate cobra sentido en el marco de la música española pero también de la francesa. De ésta porque en Francia estudió y celebró sus conciertos más famosos, con los que se dio a conocer en el resto de Europa; y, en el caso de la música española, porque solía viajar a España durante los sanfermines para dar conciertos multitudinarios.

Sarasate fue un niño prodigio en el violín. Su carrera comenzó en el momento en el que la Condesa de Espoz y Mina decidió becarle para que estudiase en Madrid. Su siguiente paso fue Francia, donde triunfó como intérprete a costa de sus estudios de composición, que abandonaría definitivamente para consagrarse al violín. Es en ese país donde se desarrolló toda su vida profesional y donde cultivó la amistad de compositores de la relevancia de Saint-Säens, Bizet, Lalo o Massenet entre otros.

Su fama como violinista queda mas que probada en numerosas reseñas periodísticas de la época, en publicaciones como The Musical Times, que reseñó sus éxitos en EEUU durante diferentes años, como el concierto celebrado en el Saint James Hall, en 1891, y donde se recoge su triunfo junto con su pianista acompañante, Madame Berthe Marx.  También contemporáneos suyos, como el violinista y profesor Carl Flesch transmitieron su reconocimiento de la técnica y el estilo de Sarasate como violinista. Pero también podemos encontrar críticas adversas, como la que realiza Andrea Della Corte.

Fue, además, uno de los primeros virtuosos que grabó sus interpretaciones en gramófono.

Sin embargo, nunca disfrutó de éxito como compositor en España, donde era rechazada esta faceta suya entre otras cosas por no residir en este país. Pero, según señaló Leigh Henry en 1919, el hecho de que la producción de Sarasate no llegara a cuajar en España –como ocurrió también con la de otros compositores contemporáneos suyos- se debía a la tradición española iniciada con Morales, Victoria y Cabezón. El estilo de esta música renacentista habría conformado el gusto español en la sobriedad, de modo que poco podrían gustar sus obras, en las que, como veremos, primaban los juegos melódicos por encima de lo conceptual y lo austero.

Su producción consta de 54 composiciones de diferente calado que aún no han recibido un estudio profundo por parte de los musicólogos. Entre ellas podemos encontrar pequeñas piezas en las que se constata la influencia del folclore musical español, así como el tipo de obra predominante en los salones del momento: las fantasías sobre las óperas de otros autores.

Una de sus características más importantes es que no cambió de estilo a lo largo de  toda su producción que abarca 52 años, entre 1856 y el año de su muerte, 1908. Hay que señalar que, al ser uno de los primeros violinistas virtuosos que se hizo famoso, llega a generar un repertorio importante para su instrumento, al que colabora con su propia producción. En cuanto a ésta, poco analizada como ya hemos apuntado más arriba, algunos estudiosos de su obra la señalan como formada por excelentes composiciones para generar virtuosos del violín, aunque poco estimulantes desde el punto de vista compositivo. Hay que tener en cuenta que, en el momento en el que Sarasate escribe su producción, en Europa se está llevando a cabo un cambio en las coordenadas musicales, no sólo mediante la ruptura con el romanticismo, sino también con la introducción de nuevos estilos gracias a la obra de Falla, o de Debussy, por encontrar referentes que podrían estar más cercanos a él, y piezas como Verklärte Nacht  (Schöenberg, 1899), en la que ya se encuentran nuevos paradigmas compositivos muy lejanos a las propuestas de Sarasate a pesar de su contemporaneidad.

¿Qué podemos encontrar, entonces, en su obra? Virtuosismo como una de sus principales metas, si no la fundamental. Un exhibicionismo de salón que le lleva a formular piezas con una gran simplicidad de forma, pero melódicamente muy brillantes y destinadas a un público acostumbrado a dejarse fascinar por la forma externa más que por el contenido. Tengamos en cuenta que  Sarasate se desenvolvía en el mundo de la alta burguesía y para ella componía, en concreto para la burguesía francesa que frecuentaba los salones y los teatros, y que estaba al tanto de los últimos éxitos “comerciales” del divo de moda. Como ha señalado Luis G. Iberni, “aquí se comportó como casi todos sus colegas desde Thalberg o Liszt, entre los pianistas, hasta Ernst, Bassin, Wieniaswskio Vieuxtemps, sin olvidar al legendario Paganini, entre los violinistas”.

El tipo de piezas que podía interpretar se basaba en la transcripción de números de ópera, algo común en la época, junto con las piezas de evasión. En este contexto es en el que debemos situar su labor compositiva. En toda ella parece haber huido de cualquier elemento que pudiera otorgarle a su obra el calificativo de profunda, buscando un contrapunto a la música alemana del momento, en la que se destaca la profundidad tanto en la forma como en el contenido. Es decir, no utiliza grandes recursos armónicos, su armonía es elemental, y la forma es muy sencilla. Esto puede tener su explicación en dos circunstancias: por un lado, su carencia de estudios de composición, que, como comentamos al principio, no llegó a concluir dado su éxito como violinista y, por otro lado, la necesidad de dar al público una música manejable y efectista.

Otras características que encontramos en su estilo es una  especial preferencia por el manejo de tonalidades y juegos tonales cercanos, una enorme regularidad en las frases, y una orquestación en la que no hay juego de contrastes sino más bien una repetición de las melodías reservadas al violín. Hay que tener en cuenta que lo fundamental en su música es que el violín brille y, por tanto, el resto de la orquesta se limita a acompañar.

Y como avance al concierto de Malikian, dejaremos una interpretación suya de la famosa Danza Húngara nº 5 de Brahms. juzguen ustedes mismos.

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