LA JONDE EN SU CASA

FICHA DE LOS CONCIERTOS.

Conciertos de la JONDE, Joven Orquesta Nacional de España. Pablo Villegas, guitarra, José Ramón Encinar, director. Obras de Blardony, Sor, Rodrigo y Tchaikovski. Sábado 10 y domingo 11 de enero.

Como una saludable costumbre la JONDE  (Joven Orquesta Nacional de España) visita Zaragoza  todos los eneros para su doble cita de sábado por la tarde (temporada de otoño) y domingo por la mañana (Ciclo de Introducción a la Música).  Como también viene siendo habitual se dan dos programas diferentes con alguna obra en común pero con alguna otra obre diferente. En este caso dos composiciones de autores españoles de carácter bien diferente que preludian respectivamente en sábado y domingo a un programa de auténticos clásicos populares, con el concierto de guitarra más conocido de todo el repertorio y una de las sinfonías favoritas del gran público. Y todo viene servido por este lujo que es esta orquesta formada por lo más granado de los jóvenes músicos del país, que tienen muy a gala tocar en esta orquesta que tiene ya una trayectoria de 25 años y que ha visto pasar a muchos de los músicos españoles que hoy se baten el cobre en las grandes formaciones profesionales de toda Europa. Nadie duda que esta orquesta tiene algo especial, que es una de las grandes orquestas jóvenes a nivel internacional y que desde luego ha visto crecer la música en nuestro país y ha visto, en lo que nos toca, aumentar la presencia de músicos formados en nuestra tierra en sus atriles, lo cual supone un orgullo más.

 RIGUROSO ESTRENO

El concierto dela JONDE del sábado, dirigida ambos días por José Ramón Encinar,  comenzará con  el estreno de la obra de Sergio Blardony  ‘La trayectoria de la sombra’, con la participación de la actriz Susi Sánchez como recitadora. Escrita para actriz, corno inglés solista, orquesta y electrónica, la pieza toma textos del poemario Otro año del mundo (Ediciones La Palma, 2014) de Pilar Martín Gila.  Como se trata de un estreno absoluto no nos queda mas que referirnos a la trayectoria del propio compositor y a tomar información de su propia web www.sergioblardony.com

Sergio Blardony nace en Madrid en 1965. Ha recibido prestigiosos galardones de composición como el Primer Premio SGAE, el Primer Premio “Ciutat de Tarragona” o el Premio “Joaquín Turina”. Posee un extenso catálogo de más de setenta obras, para casi todos los géneros, desde música para un instrumento, hasta obras orquestales, corales o de contenido escénico. Su formación compositiva es principalmente autodidacta, aunque asistió a clases de composición y análisis con compositores como Helmut Lachenmann, Luis de Pablo, Javier Darias, Enrico Fubini, Heinz-Klaus Metzger, Rainer Riehn o Carmelo Bernaola, destacando su especial relación de cuatro años con José Luis de Delás en el Aula de Música de la Universidad de Alcalá de Henares. Su visión compositiva le lleva a trabajar intensamente con los intérpretes. Tal es el caso de numerosas obras con el saxofón como protagonista, que ha trabajado junto a Andrés Gomis, Ricardo Capellino o Jesús Núñez, para flauta, junto a Monserrat Montalvo o Félix Conde, para clarinete, en colaboración de Francisco Antonio García o Florian Popa, o para piano con Jean-Pierre Dupuy.  Es impulsor de proyectos culturales de diversa índole, empresariales, de edición, educativos… También posee conocimientos de programación informática, especialmente en lenguajes dirigidos al entorno internet. Con esta trayectoria es evidente que estamos ante un compositor de su tiempo no ya solo en los lenguajes sino también en los instrumentos que utiliza en su trabajo.

Y UNA INTERESANTE RECUPERACION

El concierto del domingo se abre con una obra española del siglo XIX, sin duda oímos poco repertorio español de este siglo y esto nos puede permitir descubrimientos tan agradables como este, una música directa, bien compuesta y efectiva hija del clasicismo que su autor supo usar con inteligencia. Hablamos de Fernando Sor.  Famoso sobre todo como guitarrista, pero que fue también compositor y profesor. Su nombre se cita también como Ferran Sors.  Desde luego si alguien conoce y valora el trabajo de Sor, son precisamente los guitarristas ya que su obra creativa y didáctica para este instrumento contribuyó a revalorizar la guitarra en la primera mitad del siglo XIX, pero en su época destacó también como autor de música para teatro, ballet y canciones representativa del  tardo clasicismo o del prerromanticismo europeo.

Sor, nació el 13 de febrero de 1778 en Barcelona, hijo de un comerciante de ascendencia francesa con intereses musicales. Sin estudiar solfeo, aprendió de niño la técnica de la guitarra y el violín. Con 10 años ingresó en la escolanía y la orquesta del monasterio de Montserrat bajo la tutela de Anselm Viola, esa gran cantera de músicos ya desde entonces, y allí estudió armonía y contrapunto. Hacia 1795 abandonó el monasterio iniciando en Barcelona una carrera militar, además de realizar estudios superiores de matemáticas. En esos años conoció la obra práctica y teórica del guitarrista Moretti y acudio con frecuencia a las funciones de ópera en el Teatro Principal. Su primera ópera Il Telemaco nell’Isola di Calipso se estrenó en 1797.

En 1800 se instala en Madrid como oficial del ejército, y pronto consigue la protección de la Duquesa de Alba y traba conocimiento con personajes como la famosa cantante Isabel Colbrán, Dionisio Aguado, etc. A la muerte de la Duquesa entra al servicio del Duque de Medinaceli, hasta que en 1804 es nombrado administrador real en Andalucía y se instala en Málaga, ciudad donde desarrolló un activa vida musical. En esos años compuso varios boleros y piezas para guitarra muy difundidas como manuscritos; las primeras ediciones impresas se publicaron en París en 1811 por Salvador de Castro y Gistau. En Andalucía se encontraba cuando estalló la Guerra de la Independencia; compuso numerosos himnos y canciones patrióticas como Venid vencedores, cantado por el ejército español en su entrada en Madrid el 23 de agosto de 1808. En 1810 Sor juró fidelidad a José Bonaparte por lo que, tres años después marcharía como muchos otros afrancesados, a un exilio en Francia.

En París gozó de la popularidad que sus canciones tenían gracias a las ediciones publicadas en el Journal de Musique Étrangère pour la Guitare ou Lyre. En 1815 intentó sin éxito lograr un puesto de compositor en la capilla musical del rey de Francia y se trasladó a Londres, ciudad con más oportunidades musicales y que contaba con una nutrida colonia de exiliados españoles. Allí, además de como compositor y guitarrista, destacó como maestro de canto y autor de arias italianas. En esos años publicó siete colecciones de Arias italianas para voz y piano que obtuvieron mucha popularidad, y compuso música para ballet: La Foire de Smyrne, Le Seigneur Généreux, o Cenerentola, que le llevó al Bolshoi de Moscú y a una gira por toda Europa. En 1825, tras la muerte del zar Alejandro, la marcha fúnebre compuesta por Sor con tal motivo, fue interpretada en el funeral celebrado en San Petersburgo; igualmente compuso el ballet Hercule et Omphale para la coronación de Nicolás I. De la docena de ballets que compuso, sólo se conservan cuatro: Cenerentola, Alphonse et Léonore, Hercule et Omphale y Le Sicilien ou L’Amour peintre.

En 1826 regresó definitivamente a París dedicándose casi exclusivamente a la guitarra, como profesor, concertista y compositor; fruto de todo ello es un Método de guitarra, cuatro libros de estudios, doce dúos para guitarra y varias fantasías, variaciones y danzas para ese instrumento. Falleció el 10 de julio de 1839 y fue enterrado dos días después en el cementerio parisino de Montmartre.

En medio de todo esto Sor, había contraído matrimonio en 1823 con la bailarina Felicité Virginie Hullin y esto junto al propio hecho de estár en la ciudad de la danza por excelencia como es Paris fue quizás lo que provocó su interés por la música de ballet. Compuso varios, pero su gran encargo fue sin duda el ballet del cual oiremos hoy la obertura, “Hercule et Omphale” estrenado en la otra gran ciudad mundial de la danza en el XIX, San Petersburgo, para la coronación del Zar Nicolás I. Sor compone una obra siguiendo todos los cánones que cabe esperar de él en una obra de este tipo y el resultado es una obra amable, de muy buena factura, con un uso muy inteligente de aspectos contrapuntísticos y que sin duda tiene mucho de homenaje a un músico al que admiraba (como no) Sor, hablamos del propio Mozart.

 EL CONCIERTO DE TODOS LOS CONCIERTOS.

En una reciente entrevista con el compositor aragonés José Perís Lacasa que fue para quien firma esto un momento de aprendizaje maravilloso el maestro de Maella me comentaba como la forma concierto no había sido nunca una forma arraigada en la música española y como ese nombre “concierto” había sido evitado por algunos de los grandes como Falla (Noches en los Jardines de España). El dato es este y por lo tanto no deja de ser irónico que la obra musical española que mas se toca en el mundo (o la mas conocida al menos) sea un concierto, el archi famoso Concierto de Aranjuez del Maestro Joaquin Rodrigo.  De este concierto se han hecho innumerables arreglos y ha inspirado cosas estupendas y horrendas, entre las estupendas, como no citar que está en la base de uno de los estandars de jazz mas tocados, el famoso Spain de Chick Korea y de las abominciones, mejor no hablar. El caso es que nos encontramos frente a una obra escrita en pleno S. XX, pero ajena a las corrientes que venían de Viena o París, y más bien pendiente de reutilizar un pasado musical propio rico y bastante desconocido en la fecha en que Rodrigo compuso este concierto.

Por suerte aquí podemos ir a las palabras del propio Maestro Joaquin Rodrigo sobre porqué compuso esta obra, asi que a ellas nos vamos:

Porqué y cómo se hizo el Concierto de Aranjuez, por Joaquín Rodrigo

En Septiembre de 1938, pasaba yo por San Sebastián camino de Francia. (…) El Marqués de Bolarque nos reunió a comer a Regino Sainz de la Maza y a mí. Se comió bien, y no se bebió mal; el momento era propicio a las fantasías y audacias. (…) De pronto, Regino, con ese tono entre voluble y resuelto que tan bien le caracteriza, dijo:

-Hombre, has de volver con un concierto para guitarra y orquesta- Para enternecerme, añadió con voz patética: -es la ilusión de mi vida- y, para hacerme, como ahora se dice, la pelotilla, continuó: -Eres el llamado a hacerlo, algo así como ‘el elegido’.

 

0082Joaquín Rodrigo, hacia 1938       Apuré dos vasos seguidos del mejor Rioja, y exclamé con el tono más convencido del mundo:

 

-¡Hombre, eso está hecho!.

 

La escena se me ha quedado muy grabada, porque aquella noche constituyó un grato recuerdo en mi vida, y un momento de sosiego en aquellas (horas) nada tranquilas para España y amenazadoras para Europa.

 

Recuerdo también -no sé por qué, todo lo referente al Concierto de Aranjuez se me ha quedado grabado en la memoria-, que una mañana, dos meses después, hallándome de pie en mi pequeño estudio de la Rue Saint-Jacques, en el corazón del barrio latino de París, y pensando vagamente en el Concierto, pues yo me había encariñado con la idea a fuerza de juzgarla difícil, oí cantar dentro de mí el tema completo del ‘Adagio’ de un tirón, sin vacilaciones, y… en seguida, sin apenas transición, el del tercer tiempo. Rápidamente me di cuenta de que la obra estaba hecha. Nuestra intuición no nos engaña en esto…

Si al Adagio y al Allegro final me condujo algo así como la inspiración, esa fuerza irresistible y sobrenatural, llegué al primer tiempo por la reflexión, el cálculo y la voluntad. Fue el último tiempo de los tres; terminé la obra por donde debí haberla empezado.

El Concierto de Aranjuez fue compuesto en París, en la Rue Saint-Jacques nº 159, en 1939. De nuevo en París, el matrimonio Rodrigo se plantea el retorno definitivo a España, cuando el país estuviera por fin en paz. El 1 de abril de 1939 terminaba la guerra civil española. Rodrigo recibió una carta de Manuel de Falla en la que le proponía un puesto de Catedrático de Música en la Universidad de Granada o de Sevilla. Por su parte, Antonio Tovar le ofreció un puesto en el Departamento de Música de Radio Nacional, en Madrid. Y optaron por la segunda oferta. El 3 de septiembre, dos días después de estallar la Segunda Guerra Mundial, cruzan la frontera española. Apenas sin equipaje, traían consigo el manuscrito en braille del Concierto de Aranjuez.

 Y UN GLORIOSO CANTO DEL CISNE SINFÓNICO

Pocas obras han dado pie a lecturas tan extramusicales y cercanas al mito romántico que la sexta de Tchaikovski. En su época fue muy laureado, tanto en su país como en el resto del mundo. El zar Alejandro III le concedió la Gran Cruz de San Vladímir, que lo reconocía como compositor oficial, y más aún, le dio su amistad. Además, varios críticos entre ellos el compositor francés Saint-Saëns, lo declararon el más genial de los compositores rusos. Su Sinfonía No.6 en si menor, Patética, Op.74, tiene mucho de testamento. Acerca de ella, Tchaikovsky escribió:

La quiero como no he querido nunca a ninguna de mis partituras… No exagero, toda mi alma está en esta sinfonía.

Además, esta obra contiene notas enigmáticas. En el primer movimiento escribe: «Quejas, dudas, lamentos y reproches contra xxx»; en el siguiente «… ¿Tengo acaso que echarme en brazos de la fe?». Otra indicación sugiere que se trata de una «total entrega al destino… al insondable decreto de la Providencia». Toda la sinfonía parece representar el final de una vida, una lucha inútil contra una muerte inexorable. Las melodías descendentes se suceden una tras otra en una decadencia paulatina, mientras el hilo conductor, ese «motivo del destino», esa apoggiatura desgarrada, va reapareciendo en cada movimiento para acercarnos un poco más a lo inevitable. La obra acaba en un decrescendo casi infinito, hasta que el último eco de sonido se extingue.

La obra se estrenó a finales de Octubre de 1893, dirigida por el propio autor. El 6 de Noviembre murió, a la edad de 53 años. El zar ruso declaró: «Tenemos muchos duques y barones, pero un solo Tchaikovsky».

Como vemosChaikovski murió en San Petersburgo tan solo nueve días después del estreno de su Sexta Sinfonía, la Patética. Fue enterrado en el Cementerio Tíjvinskoye en el Monasterio de Alejandro Nevski, cerca de las tumbas de sus compañeros compositores Aleksandr Borodín, Mijaíl Glinka, Nikolái Rimski-Kórsakov, Mili Balákirev y Modest Músorgski. Debido a la innovación formal de la Patética y el contenido emocionalmente incontenible en sus movimientos centrales, la obra fue recibida por el público con silenciosa incomprensión durante su primera interpretación. La segunda interpretación, dirigida por Nápravník, tuvo lugar 20 días después en un concierto memorial89 y fue aceptada de manera más favorable.90 La Patética desde entonces se ha convertido en una de las obras más conocidas de Chaikovski.

La muerte de Chaikovski ha sido atribuida tradicionalmente al cólera, contraído con mayor probabilidad al beber agua contaminada durante varios días antes.91 Sin embargo, algunos han elaborado teorías en base a un supuesto suicidio. De acuerdo con una variación de esta teoría, se le impuso una sentencia de muerte en un «tribunal de honor» por un compañero de la Escuela Imperial de Jurisprudencia de San Petersburgo, como reprobación por la homosexualidad del compositor. Esta teoría no demostrada salió a la luz por la musicóloga rusa Aleksandra Orlova en 1979, cuando emigró a Occidente.1 Wiley afirma en el New Grove (2001), «La polémica acerca de la muerte [de Chaikovski] puede que haya llegado a un punto muerto… Estos rumores, por culpa de su fama, tardaron en extinguirse… Con respecto a la enfermedad, existen problemas con las pruebas que no ofrecen ninguna esperanza de hallar un resultado satisfactorio; la confusión de los testigos; sin tener en cuenta los efectos a largo plazo del tabaco y el alcohol. No sabemos cómo murió Chaikovski. Puede que jamás lo descubramos…

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2 Respuestas a “LA JONDE EN SU CASA

  1. ¿Sería posible incluir en el blog, tras los conciertos, información sobre las “propinas” musicales que tocan en los mismos? Lo sugiero porque normalmente ni siquiera se entiende el nombre de las piezas que tocan en los bises cuando lo dice el director de la orquesta, al menos no desde mi butaca, y ya ocurría lo mismo el año pasado. Disfruto muchísimo con estos conciertos, pero no tengo tantos conocimientos musicales como para identificar esos maravillosos “extras” con los que los músicos y los directores tienen a bien obsequiarnos. Muchas gracias.

  2. El sábado 10 hubo cuatro propinas.
    El guitarrista Pablo Villegas dio la “Gran jota de concierto” de Francisco Tárrega y un tango no identificado (quizás el “Tango en skaï” del tunecino Roland Dyens). Pueden encontrarse fácilmente ambas piezas en You Tube.
    La orquesta dio también dos propinas: “Obertura festiva” de Dmitri Shostakovich y un arreglo orquestal de “Vocalise” de Serguéi Rajmáninov.

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