DEL CONCIERTO A LA SINFONÍA

FICHA DEL CONCIERTO

Al Ayre Español, Eduardo López Banzo. Obras de Vivaldi y C. Ph. E. Bach. jueves 11 de diciembre 2014. XX Temporada de grandes conciertos de otoño.

El título de esta entrada de este blog puede ser tan evidente como confuso pues viendo el programa lo primero que podemos ver es que todas las piezas de la primera parte responden al nombre concierto y todas las de la segunda se llaman sinfonía. Pues bien, lo primero que tenemos que decir es que vamos a acercarnos a un momento, la primera mitad del siglo XVIII donde las dos formas estaban ya comenzándose a definir pero donde estos nombres pueden no significar lo que harán décadas más tarde, de hecho, lo primero que tenemos que decir es que no hay ni un solo solista en los conciertos de Vivaldi en la primera parte a pesar de ser todo “concerti”, pero antes de entrar en materia no pueden faltar en este caso unas notas sobre los protagonistas de este concierto. Una vez más (y que sean muchas) Eduardo López Banzo nos presenta un programa sorprendente que seguro que viene cargado de ese “plus de entusiasmo” que añade Eduardo a sus, por demás, excelentes interpretaciones. En este caso López Banzo (y el Auditorio al programarlo) nos permiten la que practicamente va a ser la única aproximación a la obra de un músico de cuyo nacimiento hace en este 2014 trescientos años, hablamos del quinto hijo del gran Johann Sebastian, Carl Philippe Emmanuel Bach. Además nos permitimos añadir que es de esperar que la mejor introducción a este repertorio nos la ofrezca durante el concierto el propio Eduardo que últimamente no deja de ilustrarnos sobre su trabajo en sus presentaciones en el auditorio, lo cual es muy de agradecer, y por último añadir que aun tendrán mas fortuna quienes puedan asistir al ensayo abierto organizado por Heraldo de Aragón que la tarde de antes del concierto va a tener lugar y para la que Eduardo ha contado con el apoyo de una de las personas que escribe en esta ciudad sobre música con más criterio y conocimiento como es Antonio Lasierra, en todo caso aquí daremos un marco general que seguro que en el ensayo y el concierto es mejorado, ampliado y concretado de forma excelente.

VIVALDI FIJANDO LA FORMA CONCIERTO

A finales del siglo XVII, los compositores se aplicaron en una nueva forma musical, el concierto, que les posibilitaba desarrollar todo tipo de contrastes y tonalidades, y agrandar la extensión de la obra a la que se podía dividir en movimientos autónomos. Una de las más afortunadas variantes de la nueva forma fue el concerto grosso en cuya estructura definitiva tuvo gran parte Antonio Vivaldi (1678-1741), quien supo aprovecharse de los frutos sembrados por sus predecesores, entre ellos Corelli, en entradas anteriores se puede encontrar análisis y definiciones sobre el concepto concerto grosso, asi que no ahondaremos aquí en él.

En general, los conciertos del maestro veneciano son atractivos por la frescura de sus melodías, su vigor rítmico, su hábil tratamiento del colorido solístico y orquestal y la claridad de su forma, sin duda todos estos factores hacen esta música especialmente cercana a un músico como Eduardo López Banzo. Más de la mitad están dedicados al violín (uno o varios) y otros muchos a instrumentos de viento. Habitualmente presentan el esquema tripartito allegro-lento-allegro y alternan los tutti orquestales con el solista, manteniendo una cierta tensión entre ambos y siempre destacando la personalidad dominante del protagonista y su virtuosismo frente al grupo orquestal. Los que oiremos hoy sin embargo no son conciertos que busquen ese contraste entre uno o varios solistas y el tutti, son conciertos en los que el solista es el “ripieno” es decir el propio conjunto instrumental y esa es la gran novedad de estas piezas respecto a los tantísimas veces tocados conciertos con solista (entre los cuales las famosas 4 estaciones son los más tocados).

Pocos compositores han visto restituida su fama tan tardía y prontamente como Antonio Vivaldi. Durante casi dos siglos permaneció su producción en el olvido y desde mediados del siglo XX su música fue situada entre los más altos estadios de la creación artística. Este temporal olvido propició un halo de leyenda alrededor de la figura del compositor, más o menos fundamentado en los escasos datos de su biografía que conservamos. Fue un hombre singular, sin duda, pues, siendo clérigo, no ejerció como tal, y nunca sabremos si porque realmente estaba enfermo de asma, como él apuntaba en sus frecuentes excusas, o porque no le satisfacían las obligaciones que la vida religiosa le imponía. Denostado con frecuencia por los propios músicos, fue admirado por otros muchos. Como maestro de capilla en el Pio Ospedale della Pietá, tuvo a su cargo, durante prácticamente la totalidad de su vida, una orquesta de jóvenes muchachas que despertó la admiración de cuantos visitaron la mágica y cosmopolita Venecia del XVIII, ciudad en la que la vida musical era tanta, que un talento excepcional como el del Cura Pelirrojo hubo de batirse con firmeza para que su producción tuviese el eco que realmente merecía.

Hoy pueden atribuirse a Vivaldi cerca de setecientas cincuenta obras, tanto vocales como instrumentales. Desgraciadamente, muchas de sus óperas son desconocidas en nuestros días, bien porque se han perdido, bien porque no tenemos de ellas más que algún dato casual. Pero esta ingente producción musical nos da una idea de la capacidad creadora de este compositor en un mundo en el que los cantantes, compositores, músicos y empresarios tuvieron un papel tan dominante en la vida pública, que marcaron todo el desarrollo musical posterior de la cultura occidental.

Se atribuye a Luigi Dallapiccola la famosa frase según la cual Vivaldi escribió quinientas veces el mismo concierto que, siendo ingeniosa, no es válida, pues al escuchar su música, sorprende la riqueza imaginativa del compositor que publicaba en grandes colecciones de curiosos títulos: La Stravaganza, L’Estro Armonico, La Cetra… Los conciertos que oiremos en este concierto son un ramillete de obras de una gran frescura que nos abrirán los oídos al casi inconmensurable universo de la música de Vivaldi.

EL HIJO Y EL ORIGEN DE LA SINFONÍA

Se podría escribir novelas y hacer películas sobre la atormentada vida del hijo de un genio que se da cuenta que nunca alcanzará la gloria ni el genio de su padre, pero esto sería una vez mas ver la historia de la música con las gafas del siglo XIX, que contra lo que pueda parecer se usan aún mucho más de lo que parece y de repente te encuentras análisis de la obra de Bach o Mozart hijas del concepto romántico de genio que lo primero que hacen es alejar a los compositores de su entorno estético e histórico, para hablar de la grandeza de estos compositores, nada mejor que ponerlos en su entorno, ver y conocer su humanidad y saber para quién y por qué escribieron; una vez hecho esto podemos hablar de Carl Phiippe Emmanuel no como “un hijo de Bach” sino como un compositor muy interesante fruto de una coyuntura social, musical y estética diferente a la de su padre, que desarrolló su talento con bastante acierto y que nos ha dejado un buen ramillete de obras que desde luego merecen ser escuchadas en concierto, y para muestras los botones que oiremos en este concierto.

No obstante hay que decir que Carl Philippe fue el hijo más famoso de Johann Sebastian Bach y lo fue tanto por ser autor de obras musicales muy interesantes y por la redacción de un tratado sobre la ejecución moderna del clave. Además tenemos que decir que su legado es esencial para comprender el desarrollo de las formas musicales preclásicas por ser uno de los principales fundadores de la innovación de la forma-sonata y un músico influyente de su época, que impuso esta forma musical en substitución de la antigua suite de danzas como esquema general de la música para instrumentos. Además, fue un prestigioso intérprete de clave en la corte prusiana.

Carl Philipp Emanuel, nació el 8 de marzo de 1747 en Weimar. Al comienzo estudió leyes en las Universidades de Leipzig y de Frankfurt an den Oder. Pero durante el mismo periodo (1731-38) estaba produciendo sus primeras composiciones bajo la asistencia de su padre. Después de completar su educación, recibió una invitación a la corte del Príncipe de Prusia, quien llegaría ser el rey Federico el Grande. Este monarca era también flautista y estaba configurando un entorno musical con varios de los compositores e intérpretes más notables de la época.

 Aunque Carl Philipp trabajó por treinta años para el rey, tuvo muchas razones para sentirse insatisfecho en su cargo. Por un lado, Federico estaba más preocupado de las hazañas militares que de asuntos musicales. Y por el otro, ignoraba las composiciones de Bach y prefería a otros músicos de la corte como Quantz, Nichelmann o los hermanos Graun. Insatisfecho en Berlín, Emmanuel postuló a distintos puestos en otras ciudades. Finalmente en 1767, cuando falleció Telemann, cantor y director musical en Hamburgo, Bach fue aceptado como su sucesor. Federico accedió después de varias peticiones de Emanuel y en marzo de 1768 el joven Bach tomó el cargo en Hamburgo, donde permanecería hasta el final de su vida.

 Entonces Carl Philipp se hizo bien conocido en todo Europa como “el Bach de Hamburgo” (para distinguirlo de su hermano Johann Christian “el Bach de Londres”). Junto con componer música para las cinco iglesias de Hamburgo, Carl Philipp inició temporadas de conciertos y publicó muchas de sus creaciones, incluyendo seis influyentes ciclos de piezas para teclado “für Kenner und Liebhaber” (para conocedores y amateurs). Ya famoso por su “Ensayo sobre el Verdadero Arte de Interpretar Instrumentos de Teclado”, Carl Philipp se interesó por la sinfonía y produjo diez obras (Wq.182-183), así como en la música coral, lo que culminó con el magno oratorio Die Auferstehung und Himmelfahrt Jesu (La Resurrección y Ascensión de Jesús, Wq.240).

 En adición a sus sustanciales contribuciones a la música, Carl Philipp se dedicó a proteger el legado de su padre. Lamentablemente tras la muerte de Johann Sebastián la mayoría de sus manuscritos fueron entregados a Wilhelm Friedemann. La negligencia del hijo menor condujo a que muchas partituras se perdieran. De hecho se dice que Johann Sebastián dejó cinco Pasiones y ambos hijos las repartieron, Carl Philipp se quedó con dos, San Juan y San Mateo, que son las que hoy conocemos, y Wilhelm Friedemann con tres, de las cuales solamente hay fragmentos de una.

 Lo mismo sucedió con los cinco ciclos de cantatas. Pero junto atesorar las partituras de su padre, Carl Philip fue el responsable de las únicas publicaciones con música de Johann Sebastián entre la edición de El Arte de la Fuga, publicada poco después de la muerte de éste, y las competentes ediciones de El Clavecín Bien Temperado que aparecieron en 1801. También dirigió obras de Johann Sebastián como el Credo de la Misa en Si Menor en Hamburgo en 1784 y publicó, hacia el final de su vida, una defensa del arte de su padre contra las desfavorables comparaciones con aquel de Haendel.

 Con todo Carl Philipp se preocupó de producir sus propias obras maestras y nunca se sintió empequeñecido por el aporte de su padre. Sabía que cultivaba un estilo distinto, con partituras muy sensibles y cambios impredecibles en dinámica, rítmica y modulaciones. En vez de tratar de competir con el estilo de su padre, o vagar entre distintos estilos como lo hizo Friedemann, desarrolló una estrecha relación con la respuesta emocional del público. Lamentablemente el siglo XIX se encargó de minimizar el aporte de Carl Philipp al compararlo sin razón con el de Johann Sebastián. De hecho solamente al final del siglo XX se comenzó a preparar una edición completa de sus obras. Carl Philipp emergió entre la sombra de su padre y concretó su propio mundo musical, reflejando todo un periodo y no, como muchos afirman, solamente una transición.

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