LA COHERENCIA EN EL CLASICISMO

FICHA DEL CONCIERTO.

Orquesta Sinfónica del Conservatorio Superior de Música de Aragón. Bernardo Cifres, trompa. Juan Luis Martínez, director. Obras de Haydn y Mozart. Martes 11 de noviembre. XX Temporada de Grandes Conciertos de Otoño.

Mentiríamos si no dijéramos que algo si echamos de menos los años en los que la Orquesta del Conservatorio Superior con Juan Luis Martínez a la cabeza nos presentaba en sus programas obras de gran formato del periodo romántico y postromántico, fueron grandes años con grandes versiones de los Mahler, Berlioz, Shostakovich, Franck etc… y como hoy en día sería fácil decir que fueron grandes años pues por suerte allí están las grabaciones en directo sin trampa ni cartón y que no dejan lugar a dudas y hay que decirlo con rotundidad: en los últimos años la conjunción entre el Auditorio y la Sinfónica del CSMA con Martínez al frente ha dejado la mejor época en la historia de Zaragoza en lo que a producciones propias sinfónicas se refiere, asi fue ratificado por todo aquel que vino de fuera con criterio y lo vio; por poner un nombre pondremos el de Juan Antonio Vela del Campo (recuerdo hablar con él, emocionados ambos, tras una Escocesa de Mendelssohn de disco).

Hoy en día también en el Conservatorio Superior parecen haber pasado las “vacas gordas” pero se ha logrado en cierta medida hacer del vicio virtud y plantear programas que exigen menos plantilla pero con un nivel de exigencia mayor incluso que el repertorio anterior (desde luego mas expuesto) y centrado sobre todo en el clasicismo y el primer romanticismo. En esa línea el programa que nos presentan esta vez es ejemplar. Sin duda un programa Haydn Mozart no es nada nuevo, pero si lo es combinar dos piezas más “típicas” en concierto , un concierto de Mozart y una sinfonía de Haydn, con dos piezas que tienen en común un carácter oscuro que los enlaza con ese movimiento tan cercano al clasicismo que es el strum und drang (tormenta e ímpetu en traducción literal)y que encima nos acercan ambas al conocimiento de cómo concebían ambos compositores su relación con el mundo y con la espiritualidad.

HAYDN DESDE EL CAOS (ORDENADO).

El Oratorio “La Creación” fue compuesto entre 1796 y 1798, lo que supone un período insólitamente largo para lo que eran los procesos creativos de Haydn. Podemos decir sin miedo que  “La Creación” es  una de las grandes obras musicales de la Ilustración, junto a “Die Zauberflöte”, la Sinfonía “Coral” y la “Missa Solemnis”. También posiblemente sea la más grande afirmación del genio de Haydn, por fin libre de servidumbres.

La obra, de grandes dimensiones,  se divide en tres partes que celebran la creación de la Naturaleza inanimada, la fauna y flora y la del ser humano. El libreto fue eleborado por el Barón von Swieten (activo intelectual austriaco y futuro protector de Beethoven) a partir de un extenso poema de un cierto Thomas Linley Sr., que anteriormente había rechazado Händel. La riqueza del lenguaje es inagotable, haciendo uso del estilo Sinfónico vienés pero también de giros barroquizantes (empezando por la estructura de recitativos y arias) y anticipando el gusto Romántico por la relación entre Naturaleza y hombre. La narración está a cargo de tres Arcángeles: Rafael (bajo), Gabriel (soprano) y Uriel (tenor), apareciendo Adán y Eva en la última sección.

Para abrir el Oratorio Haydn escribió el elaborado Preludio, “La Representación del Caos” que oiremos en este concierto. Escrito en do menor, describe los primeros tiempos del Génesis, cuando todo era oscuridad y desorden sobre la tierra, con una escritura de armonías suspendidas que evita las cadencias en los finales de frase. Von Swieten sugirió la progresiva transición hacia la Luz, primero con recitativo del bajo (aún en do menor) y luego con una intervención del coro. Desde el ppp inicial, se produce el cambio a do mayor (“Licht”) un glorioso fff que suscitaba aplausos del público en época de Haydn.

MOZART: EL REY (TAMBIÉN) DE LA TROMPA.

Dichosos aquellos instrumentistas para los que Mozart compuso conciertos, asi lo podríamos afirmar. La centralidad de Mozart en el repertorio para solista y orquesta es indudable, no hay corpus concertístico comparable en calidad y cantidad al del salzburgués y desde luego dichosos son aquellos que tocan un instrumento para el que Mozart compuso, sino que se lo digan a clarinetistas, flautistas, como no pianistas e incluso los violistas están encantados por tener una joya como la concertante para violín y su instrumento. Y curiosamente junto a los pianistas, los violinistas y los flautistas, los trompas son unos de los mas afortunados a este respecto, ya que Mozart compuso 4 conciertos para ellos; y hemos dicho afortunados, pero eso si, son afortunados los trompas excelentes, porque las partituras mozartianas son tan maravillosas como endiabladas de tocar; es decir preparémonos para un ejemplo de virtuisismo de otros de los grandes profesores que tiene nuestro conservatorio superior, en este caso Bernardo Cifres, uno de los solistas de la orquesta de Les Arts que sí conoce esta tierra y sabe lo que es trabajar aquí desde hace años.

Desde luego hay que decir que los cuatro conciertos y el rondó para trompa de Mozart  fueron determinantes para la aceptación de la trompa como instrumento solista. Las cinco composiciones para trompa escritas por Mozart fueron dedicadas al trompista Ignaz Leutgeb, de cuya vida, como de la de muchos instrumentistas del siglo XVIII, se sabe muy poco. Si sabemos que Leutgeb fue colega de Mozart en Salzburgo, donde en 1770 participaba como trompista de la orquesta de la corte. También que tuvo que tener cierta fama, pues viajó a París ese mismo año para presentar, con gran éxito, dos conciertos.

Siguiendo la tradición, el Concierto para trompa nº 3 KV 447 consta de tres movimientos rápido-lento.rápido, en este caso, Allegro, Romance (Larghetto) y Allegro con un carácter extrovertido y luminoso, connatural al carácter del instrumento y que como decíamos exige al instrumentista un nivel de precisión en todos los aspectos técnicos que en caso de ser solventados convierte la escucha en directo de este concierto en toda una experiencia.

MOZART Y LA MASONERÍA

Rios de tinta han corrido sobre las ideas religiosas de Mozart y desde luego lo que nadie puede negar es su total convencimiento con los ideales de la masonería, unos ideales que cabría explicar como religión laica basada en los principios de la Ilustración  y que desde luego están plasmados en unas cuantas obras de Mozart; el ejemplo quizás más evidente es la Flauta Mágica con ese personaje de Sarastro, absoluto ejemplo de la Iluminación masónica.

En este concierto oiremos una obra que ya desde el nombre nos deja claro su carácter masónico.  En Austria la masonería prosperaba bajo Joseph II: Haydn, Mozart y la mayoría de la elite intelectual eran miembros, como lo eran también numerosos miembros del gobierno y de la nobleza (entre ellos el príncipe Nikolaus Esterházy, protector de Haydn que era Venerable Maestro de la Logia de Mozart, La Esperanza Coronada). Antes de iniciarse en masonería, Mozart tuvo el encargo de poner música a varios textos masónicos: los poemas «An die Freude» y «O heiliges Band» y, sobre todo, el drama masónico «Thamos König in Aegypten», de T. Ph. Gebler (1773). El 14 de diciembre de 1784 Mozart era iniciado en la Logia Masónica vienesa “La Benevolencia” (“Zur Wohltätigkeit”). En dicha logia entablaría una fraternal y duradera amistad con Emmanuel Schikaneder, autor de numerosas letras de las partituras musicales de Mozart como, por ejemplo, “La flauta mágica”. El padre de Mozart, Leopoldo, siguió el ejemplo de su hijo y se unió a la logia en abril de 1785.   A partir de ahí se abre un amplio catálogo de músicas ceremoniales para los rituales masónicos que hoy en día se interpretan relativamente poco salvo la pieza que escucharemos en este concierto.   Mozart compuso esta pieza pieza con el nombre de “Musica masónica fúnebre” «Maurerische Trauermusik» (K. 477) que fue interpretada por vez primera en una ceremonia fúnebre en noviembre de 1785 en conmemoración de la muerte de dos masones; el Duque Georg August de Mecklenburg-Strelitz y el Conde Franz Esteráis von Galantha. Lo cierto es que, posteriormente, se ha empleado en la ceremonia del tercer grado de la masonería simbólica que desarrolla la leyenda del arquitecto del Templo de Salomón, Hiram, muerto por los tres malos compañeros y que resucita cuando se encuentra su cuerpo enterrado al pie de una acacia. El carácter de la obra está clarísimo y desde luego se sitúa, dentro del universo de Mozart, en las antípodas expresivas del concierto para trompa.

 

Y PARA TERMINAR A LONDRES

Y la segunda parte nos hace volver a Haydn, al Haydn que, siguiendo la estela de Händel, triunfo en Londres como músico comercial de la mano de ese visionario que fue Solomon que supo hacer popular la música de Haydn y hacer que triunfara.

Dentro de esta etapa, por encima incluso de “La sorpresa” y “El reloj”, la sinfonía de Haydn que más popularidad obtuvo en Londres fue ésta, en la que el músico recicló un movimiento completo de una partitura anterior, el Concierto para dos liras Hob. VIIh. 3, fechado en torno a 1786 y compuesto para Fernando IV, rey de Nápoles. Y es precisamente el citado movimiento, el segundo, Allegretto, al que debe su popularidad y su sobrenombre la obra. Siguiendo una moda muy de entonces, Haydn arregló este movimiento del concierto, en forma de lied, introduciendo en él con gran inteligencia la llamada “percusión turca” (compuesta por triángulo, platillos y bombo que Mozart utilizó también, por ejemplo, en El Rapto en el Serrallo), que reaparecerá en el cuarto movimiento, Finale, presto. El propósito del músico era crear un efecto espectacular, sin embargo, el público congregado para su estreno el 31 de marzo de 1794, lo tomó como un clamor guerrero contra Francia, con cuyo gobierno revolucionario se encontraba Gran Bretaña entonces en guerra. Las interpretaciones que veían soldados, cañonazos y campos de batalla fueron la orden del día (algo que suscitaría también no muchos años después la Heroica de Beethoven) e incluso Haydn fue censurado por quienes eran contrarios a la guerra, por suscitar tales sentimientos ardorosos en el público.

Más interesante aún que este segundo movimiento es el cuarto, con su inusual solo de timbal de un compás de duración y su prefiguración del desarrollo perpetuo.

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