EL INCANSABLE SIR JOHN

FICHA DEL CONCIERTO.

Concierto de la Orquesta Revolucionaria y Romántica.Ann Hallenberg, mezzo-soprano Sir John Eliot Gardiner, director. Obras de Beethoven y Berlioz. Martes 28 de octubre. XX Temporada de Grandes Conciertos de Otoño

EL INCANSABLE SIR JOHN

Gardiner

Para algunos entre los que se encuentra quien firma estas líneas este es uno de los conciertos del año en Zaragoza, a la espera de lo que nos traiga la primavera por repertorio, intérpretes y sobre todo por dirección este concierto promete una tarde de esas que quedan en la memoria de los melómanos. Y sobre todo como decíamos un nombre marca el concierto, el de Sir John Elliot Gardiner. Bastaría decir que para muchos es el director mas interesante y mas completo para la música de Bach en las últimas décadas; seguro que hay quien discuta esta afirmación prefiriendo versiones más rigoristas y centroeuropeas del cantor de Leizpig, pero aquí ya la cosa va en gustos y yo soy de los que piensa que dentro de los criterios de interpretación historicista han aportado tanto los países periféricos (precisamente con Inglaterra a la cabeza) como los del nucleo centroeuropeo. En concreto Gardiner ha sido un defensor de una visión profundamente humana de la figura de Bach, mas allá del fervoroso creyente, Gardiner ve y nos hace ver a un genio de una sensibilidad humana profundísima que muestra por ejemplo en sus lecturas de las pasiones. Pero Gardiner es mucho más que Bach y en este concierto tendremos la prueba palpable. Su Mozart tiene auténticas grabaciones de referencia como los conciertos con pianoforte con Malcom Bilson. Algunas de sus grabaciones operísticas son también auténticas referencias como sus Bodas de Fígaro, o sobre todo su Rapto en el Serrallo que nunca hasta ese momento había sonado tan vivo y tan turco. Además en el haber de Gardiner hay que destacar que es un director que sabe elegir las voces muy bien (cosa que no todos sus colegas británicos historicistas pueden decir lo mismo dada cierta tendencia a esas voces perfectamente utilizadas pero pequeñas y con timbres no muy gratos). Pero Gardiner tampoco se paró en Mozart y quiso seguir con el repertorio romántico y hacer llegar el movimiento historicista hasta es punto y eso es justo lo que nos espera en este concierto que está enmarcado dentro de la gira del XXV aniversario de la Orquesta Revolucionaria y Romántica, justo la agrupación que Gardiner creó para este repertorio y con la que se ha dedicado especialmente a los dos compositores que nos trae este martes a Zaragoza, Beethoven y Berlioz.

DE HÉROES ROMÁNTICOS

En el Siglo V antes de Cristo, Gaio Marcio Coriolano combatió en la guerra contra los Volscos, conquistando la ciudad volsca de Corioli en el 493 a. C. A causa de su despotismo y por haber prohibido la distribución de trigo a la plebe, fue exiliado de Roma. Ante el exilio, Coriolano decide unirse a los Volscos, proponiendo a éstos levantarse en armas contra Roma. En su ataque a Roma, Coriolano fue detenido junto a las puertas de la ciudad por su propia madre, Veturia, y por su mujer Volumnia, quienes le convencieron para que se retirara. Sin embargo, el final no fue feliz, pues esta retirada fue interpretada por los Volscos como una traición y por ello, condenaron a muerte a Coriolano. Evidentemente, a los Volscos, sólo les interesaba la figuraba del general romano en tanto en cuanto fuera éste la llave para la conquista de Roma. Esta es la explicación del nombre de esta Obertura Coriolano, op. 62, que fue compuesta en 1807 por Ludwig van Beethoven. La obra fue escrita para la tragedia de Heinrich Joseph von Collin. La estructura y temas de esta obertura, siguen de una forma muy general a la obra. El tema principal, en do menor, representa de forma oscura, la parte en que Coriolano decide invadir Roma, y la suavidad del tema en mi bemol mayor, representa el ruego de su madre para que se abstenga de hacerlo.

Beethoven encontró este tema apropiado en esta tragedia de Coriolano de su amigo Heinrich von Collin. La obra de Collin había sido estrenada en 1802, y había sido representada con frecuencia durante los tres años siguientes. El público la conocía bien. Se la revivió para una sola representación en abril de 1807, específicamente con el fin de reunir la música de Beethoven y la pieza teatral de Collin.

La Obertura no es, en verdad, programática como tal y hay que evitar los excesos que en esa línea se han hecho (incluida la otra obra de este concierto que ha sido habitualmente asociada al destino). La Sinfonía Pastoral es lo más cercano que llegó a la música instrumental descriptiva. Pero frecuentemente se inspiraba en el carácter de una persona en particular, especialmente si esa persona era un héroe. De este modo, la Sinfonía Heroica no es un retrato musical de Napoleón, sino más bien el resultado de la identificación del compositor con el carácter titánico del francés. De forma similar, la música de Egmont revela más acerca del compositor que del héroe de Goethe.

Beethoven conocía el legendario personaje Coriolano no solamente por el tratamiento que le había dado Collin, sino también por el relato de Plutarco sobre el general romano y por la obra de Shakespeare, Coriolano. El drama de Collin se refiere al general exiliado, que se une a los Volscos, enemigos tradicionales de Roma y marcha contra su propia gente. Los Volscos sitiaron Roma y los romanos, desesperados, enviaron una delegación a Coriolano, encabezada por su madre y su esposa. El orgullo y la determinación del general finalmente fueron vencidos por los ruegos de su madre. Cede y retira sus fuerzas, incurriendo así en la ira de los Volscos. Por último es llevado al suicidio.

Beethoven sentía afinidad por las cualidades de osadía, individualismo, orgullo y temeridad de Coriolano; conocía la soledad del individuo que no está dispuesto a ceder ante nadie; sin embargo, comprendía el poder de la persuasión femenina para minar todas esas nobles cualidades. La lucha entre el amor y el patriotismo debe haber tenido un significado muy especial para el compositor, que valoraba mucho ambas cualidades. Asimismo, Beethoven comprendía la alarma y la humillación de una ciudad sitiada y obligada a suplicar al enemigo: Viena acababa de caer ante los franceses.

El conflicto entre orgullo y amor en la figura trágica de Coriolano corresponde al contraste de los dos temas principales de la obertura, que es ora impetuosa, ora lírica. El espíritu impetuoso queda proclamado de inmediato, cuando las cuerdas tocan una nota única seguida por un breve acorde orquestal tuerte y un silencio dramático. Obsérvese cuan estridentemente disonante es el acorde breve cuando se repite este gesto, mientras las trompetas y los timbales reiteran obstinadamente sus notas del acorde anterior, a pesar del cambio de armonía. El final suave de la obertura significa la muerte del héroe. En resumen, nada mejor que un héroe revolucionario y romántico para abrir el concierto de esta orquesta.

EL BERLIOZ MÁS LÍRICO

La segunda obra es si romántica, pero de ese romanticismo nada revolucionario y nos presenta a Gardiner en uno de sus compositores fetiches y como buen conocedor de voces nos presenta este ciclo de canciones con una voz que promete ser muy interesante.

Por desgracia son pocas las obras de Berlioz habituales en las salas de concierto y teatros de ópera, pero desde luego este ciclo de Las Noches de Estio es una de las obras que si suele estar presente de vez en cuando y que se agradece un montón de oir. En el ciclo  Les nuits d’été (Op. 7), Berlioz puso música a seis poemas de Théophile Gautier, escritor, poeta y periodista romántico que era vecino de Berlioz en París. En un principio fueron caciones para voz (mezzosoprano o tenor) y piano. Posteriormente el compositor orquestó las seis canciones dando así lugar al primer ciclo importante de canciones orquestales.

Los títulos de las seis canciones son:  Vilanelle (Canción campesina); Le spectre de la rose (El espectro de la rosa); Sur les lagunes: Lamento (En las lagunas); Absence (Ausencia); Au cimetière: Clair de lune (En el cementerio: Claro de luna); y L’île inconnue (La isla desconocida).

Berlioz dedicó el ciclo, en su versión para voz y piano,  a Louise Bertin, hija del editor del Journal de débats, publicación en la que el músico colaboraba.  La primera canción que orquestó fue la cuarta, Absence,  para que la cantara Marie Recio, que era su amante y con la que se casó años más tarde, tras la muerte de su primera esposa, la famosa actriz Harriet Smithson. Años más tarde orquestó el resto de las canciones para su publicación en 1856. Es en su versión orquestal estas canciones, dedicadas todas ellas a cantantes,  adquieren más plenitud  y belleza y pueden incluirse entre las creaciones más importantes de Berlioz.

Las seis canciones de amor son muy diferentes entre sí. Las cuatro centrales son lentas, y la primera y la última, rápidas.  La primera, Vilanelle, es un canto a la primavera de carácter ligero, sencillo y delicado. El espectro de la rosa, dedicada a la contralto Gotha Anne-Rose Falconi, a la que le músico había escuchado en Londres, nos presenta una melodía sugerente y cálida que bien puede evocar el calor del verano. La canción, introducida por solos de violonchelo, flauta y clarinete,  habla de una joven a la que se le aparece el espectro de una rosa que ella llevó en el baile de la noche anterior. En las lagunas, que en un principio se tituló Lamento: La canción del pescador, que dedicó al cantante de Weimar Feodor Milde, es una melancólica melodía cuyo acompañamiento nos recuerda el movimiento de las olas. Para la cantante  Madelaine Nottès, que interpretó el papel de Margarita en el Faust de Berlioz en 1853, fue la dedicatoria de Ausencia, una canción en la que se pide el regreso de la amada. En el cementerio, a la luz de la luna: es una melodía de profunda tristeza y desasosiego dedicada al tenor Caspari.  Y cierra el ciclo, una canción de espíritu mucho más alegre y exótico, La isla desconocida, dedicada a Rosa von Milde. El título original del poema de Gautier era Barcarola y Berlioz puso a la melodía ritmo de canción veneciana.

Dejamos aquí las letras de las canciones en su original y en traducción española.

Villanelle

Quand viendra la saison nouvelle,

Quand auront disparu les froids,

Tous les deux nous irons, ma belle,

Pour cueillir le muguet aux bois.

Sous nos pieds égrenant les perles

Que l’on voit, au matin trembler,

Nous irons écouter les merles

Siffler.

Le printemps est venu, ma belle;

C’est le mois des amants béni;

Et l’oiseau, satinant son aile,

Dit ses vers au rebord du nid.

Oh! Viens donc sur ce banc de mousse,

Pour parler de nos beaux amours,

Et dis-moi de ta voix si douce:

Toujours!

Loin, bien loin égarant nos courses,

Faisons fuir le lapin caché,

Et le daim, au miroir des sources

Admirant son grand bois penché;

Puis chez nous, tout heureux, tout aises,

En paniers, en laçant nos doigts,

Revenons, rapportant des fraises

Des bois.

 

Le spectre de la rose

Soulève ta paupière close

Qu’effleure un songe virginal!

Je suis le spectre d’une rose

Que tu portais hier au bal.

Tu me pris encore emperlée

Des pleurs d’argent de l’arrosoir,

Et, parmi la fête étoilée,

Tu me promenais tout le soir.

O toi qui de ma mort fus cause,

Sans que tu puisses le chasser,

Toutes les nuits mon spectre rose

A ton chevet viendra danser;

Mais ne crains rien, je ne réclame

Ni messe ni De Profundis.

Ce léger parfum est mon âme,

Et j’arrive du paradis.

Mon destin fut digne d’envie,

Et pour avoir un sort si beau

Plus d’un aurait donné sa vie;

Car sur ton sein j’ai mon tombeau,

Et sur l’albâtre où je repose

Un poète avec un baiser

Écrivit: “Ci-gît une rose,

Que tous les rois vont jalouser.”

 

Sur les lagunes

Ma belle amie est morte,

Je pleurerai toujours;

Sous la tombe elle emporte

Mon âme et mes amours.

Dans le ciel, sans m’attendre,

Elle s’en retourna;

L’ange qui l’emmena

Ne voulut pas me prendre.

Que mon sort es amer!

Ah! sans amour s’en aller sur la mer!

La blanche créature

Est couchée au cercueil;

Comme dans la nature

Tout me paraît en deuil!

La colombe oubliée

Pleure et songe à l’absent;

Mon âme pleure et sent

Qu’elle est dépareillée.

Que mon sort est amer!

Ah! sans amour s’en aller sur la mer!

Sur moi la nuit immense

S’étend comme un linceul,

Je chante ma romance

Que le ciel entend seul.

Ah! comme elle était belle,

Et comme je l’aimais!

Je n’aimerai jamais

Une femme autant qu’elle

Que mon sort est amer!

Ah! sans amour s’en aller sur la mer!

 

Absence

Reviens, reviens, ma bien-aimée;

Comme une fleur loin du soleil,

La fleur de ma vie est fermée

Loin de ton sourire vermeil!

Entre nos coeurs qu’elle distance!

Tant d’espace entre nos baisers!

O sort amer! ô dure absence!

O grands désirs inapaisés.

D’ici là-bas que de campagnes,

Que de villes et de hameaux,

Que de vallons et de montagnes,

A lasser le pied des chevaux!

 

Au cimetière (Claire de lune)

Connaissez-vous la blanche tombe,

Où flotte avec un son plaintif

L’ombre d’un if?

Sur l’if une pâle colombe,

Triste et seule au soleil couchant,

Chante son chant:

Un air maladivement tendre,

À la fois charmant et fatal,

Qui vous fait mal

Et qu’on voudrait toujours entendre;

Un air comme en soupire aux cieux

L’ange amoureux.

On dirait que l’âme éveillée

Pleure sous terre à l’unisson

De la chanson,

Et du malheur d’être oubliée

Se plaint dans un roucoulement

Bien doucement.

Sur les ailes de la musique

On sent lentement revenir

Un souvenir.

Une ombre, une forme angélique,

Passe dans un rayon tremblant,

En voile blanc.

Les belles de nuit demi-closes

Jettent leur parfum faible et doux

Autour de vous,

Et le fantôme aux molles poses

Murmure en vous tendant les bras:

Tu reviendras!

Oh! jamais plus près de la tombe,

Je n’irai, quand descend le soir

Au manteau noir,

Écouter la pâle colombe

Chanter sur la pointe de l’if

Son chant plaintif.

 

L’île inconnue

Dites, la jeune belle,

Où voulez-vous aller?

La voile enfle son aile,

La brise va souffler.

L’aviron est d’ivoire,

Le pavillon de moire,

Le gouvernail d’or fin;

J’ai pour lest une orange,

Pour voile une aile d’ange,

Pour mousse un séraphin.

Dites, la jeune belle,

Où voulez-vous aller?

La voile enfle son aile,

La brise va souffler.

Est-ce dans la Baltique?

Dans la mer Pacifique?

Dans l’île de Java?

Ou bien est-ce en Norvège,

Cueillir la fleur de neige,

Ou la fleur d’Angsoka?

Dites, la jeune belle,

Où voulez-vous aller?

Menez-moi, dit la belle,

À la rive fidèle

Où l’on aime toujours!

Cette rive, ma chère,

On ne la connaît guère

Au pays des amours.

Où voulez-vous aller?

La brise va souffler.

 

 

 

 

Villanella

Cuando llegue la estación nueva,

cuando hayan desaparecido los fríos,

los dos nos iremos, bella mía,

para coger los lirios en el bosque.

Bajo nuestros pies desgranando las perlas

que se ven por la mañana temblar,

iremos a escuchar a los mirlos

silbar.

La primavera ha llegado, bella mía;

es el mes por los amantes bendecido;

y el pájaro, satinando su ala,

dice sus versos al borde del nido.

¡Oh! Ven pues a este banco de musgo,

para hablar de nuestros hermosos amores,

y dime con tu dulce voz:

¡Siempre!

Lejos, bien lejos, extraviando nuestros pasos,

hagamos huir al conejo escondido,

y al gamo, inclinado en el espejo de la fuente

admirando su gran cornamenta;

luego, en nuestro hogar, felices y contentos,

apretando nuestros dedos,

volveremos, trayendo canastas de fresas

del bosque.

 

El espectro de la rosa

¡Levanta tu párpado cerrado

que roza un sueño virginal!

Soy el espectro de la rosa

que tú llevabas ayer en el baile.

Me cogiste cubierta de perlas,

fuente de llanto argénteo,

y, en la fiesta estrellada,

me paseaste toda la noche.

¡Oh tú, que de mi muerte fuiste causa,

sin que puedas ahuyentarlo,

todas las noches acudirá a bailar a tu almohada

el espectro de la rosa!

Pero no temas nada, pues no reclamo

ni siquiera una misa ni De Profundis.

Este ligero perfume es mi alma

y vengo del paraíso.

Mi destino fue digno de envidia,

y por tener un destino tan bello

más de uno habría dado su vida;

pues en tu pecho tengo mi tumba,

y sobre el alabastro donde reposo

un poeta con un beso

escribió: “Aquí yace una rosa

que todos los reyes envidiarán”

 

Sobre las lagunas

Mi bella amiga ha muerto,

lloraré siempre;

ella se lleva a la tumba

mi alma y mis amores.

Al cielo, sin esperarme,

ella ha regresado;

el ángel que se la llevó

no quiso llevarme.

¡Qué amarga es mi suerte!

¡Ah, sin amor irse a la mar!

La blanca criatura

está acostada en el ataúd;

como en la naturaleza

¡todo parece de luto!

La paloma olvidada

llora y sueña con la ausencia;

mi alma llora y siente

que está descabalada.

¡Qué amarga es mi suerte!

¡Ah, sin amor irse a la mar!

Sobre mí la noche inmensa

se extiende como un sudario,

canto mi romance

que únicamente escucha el cielo.

¡Ah, qué bella era,

y cuánto la amaba!

Nunca amaré

a una mujer tanto como a ella

¡Qué amarga es mi suerte!

¡Ah, sin amor irse a la mar!

 

Ausencia

Vuelve, vuelve, amada mía;

como una flor lejos del sol,

la flor de mi vida está cerrada

lejos de tu sonrisa bermeja.

¡Entre nuestros corazones, qué distancia!

¡Tanto espacio entre nuestros besos!

¡Oh, suerte amarga! ¡Oh, dura ausencia!

¡Oh, grandes deseos insatisfechos!.

De aquí y de allá, cuántos campos,

cuántas villas y aldeas,

cuántos valles y montañas,

¡hasta cansar los pies de los caballos!

 

En el cementerio (Claro de luna)

¿Conocéis la blanca tumba

donde flota con sonido lastimero

la sombra de un tejo?

Sobre el tejo una pálida paloma,

triste y sola en el sol del ocaso,

canta su canto:

una melodía enfermizamente tierna,

a la vez que encantadora y fatal,

que te hace daño

y que querrías siempre escuchar;

una melodía como el que suspira a los cielos,

el ángel del amor.

Parece como si la desvelada alma

llorase bajo tierra

al unísono de la canción;

como si de la desdicha de estar olvidada

se compadeciera en un arrullo,

muy tenue,

sobre las alas de la música.

Se nota lentamente volver

un recuerdo.

Una sombra, una forma angelical,

pasa sobre un rayo trémulo,

con velo blanco.

Las hermosas noches a punto de cerrarse

lanzan su perfume débil y dulce

alrededor de ti,

y el fantasma de formas volubles

murmura extendiéndote los brazos:

¡tú Volverás!

¡Oh, nunca tan cerca de la tumba!

Sólo iré cuando la tarde caiga

bajo un manto negro,

para escuchar a la pálida paloma cantar

sobre la punta del tejo

su canto lastimero.

 

La isla desconocida

Decid, bella joven,

¿a dónde queréis ir?

La vela infla su ala,

la brisa va a soplar.

El remo es de marfil,

el pabellón de moaré,

el timón de oro fino.

Tengo por lastre, una naranja;

por vela, un ala de ángel;

por grumete, un serafín.

Decid, bella joven,

¿a dónde queréis ir?

La vela infla su ala,

la brisa va a soplar.

¿Tal vez, al Báltico?

¿Al mar Pacífico?

¿A la isla de Java?

¿O acaso, a Noruega,

para coger la flor de nieve,

o la flor de Angsoka?

Decid, bella joven,

¿a dónde queréis ir?

¡Llevadme, dice la bella,

a la orilla fiel

donde se ama siempre!

Esa orilla, querida mía,

nadie la conoce apenas,

pertenece al país de los amores.

¿A dónde queréis ir?

La brisa va a soplar.

 

LA SINFONÍA Y EL MITO.

Recuerdo cuando era niño a mi madre contándome la historia de cómo Beethoven estaba en su casa sin encontrar la inspiración y de repente alguien llamó a su puerta (toc toc toc tooc, me decían mi madre) y le vino de pronto la inspiración de esta archifamosa quinta sinfonía. Recuerdo esta anécdota como homenaje a quien me enseñó a amar la música (entre tantas cosas tan importantes como esa) y como muestra de la centralidad de esta sinfonía en el repertorio. Pocas obras en la historia de la música en todo el mundo son tan conocidas como esta quinta (en especial ese primer motivo) y eso crea un mito y unas expectativas muy altas cada vez que suena en directo ya que es una de esas obras de las que todo melómano tiene en la cabeza su versión ideal. Personalmente recomiendo no oir la sinfonía antes de venir precismente a este concierto, creo que puede ser positivo venir un poco “desnudos” a la misma.

La quinta sinfonía se estrenó de manera  un tanto desastrosa el 22 de diciembre de 1822 en una época en la que la mayoría de los conciertos de música sinfónica eran interpretados por aficionados para un público igualmente aficionado a la música. El programa incluía las sinfonías quinta y sexta, dos movimientos de una misa en do mayor, un aria vocal, el cuarto concierto para piano en el que tocaría el mismo Beethoven como solista y una fantasía para piano, coro y orquesta. El concierto duró alrededor de cuatro horas en un teatro con la calefacción descompuesta. La música demandaba mucha atención del público por su complejidad e innovaciones. Además, no hubo un solo ensayo con todos los músicos reunidos previo al concierto, quienes no mostraron mayor apoyo a Beethoven como director, pues les parecía que era muy exigente.

Pese a un estreno con tantas complicaciones, la quinta sinfonía de Beethoven se convirtió en el modelo a seguir para el resto de los compositores de música sinfónica. “Cuando Beethoven componía sus obras no sinfónicas, hacía música; pero cuando escribía música sinfónica, el mundo componía música a través de él”, dijo alguna vez Richard Wagner.

Hemos renunciado aquí a un análisis puramente formal de la obra ya que se puede encontrar en mil sitios y además preferimos callar a extender mitos sobre el origen del famoso tema de las cuatro notas. A este respecto resumiré en una frase mi opinión: esta obra me parece a glorificación mayor de la forma sonata en su formato grande, es decir en la sinfonía. Con eso, dejamos que la propia música tenga la centralidad que al final debe tener.

Para terminar la entrada en un concierto tan glorioso como este (al menos sobre el papel) no nos resistimos a poner un vídeo de Gardiner con su orquesta, un pequeño aperitivo con sabor a Berlioz de lo que nos espera el martes en la sala Mozart

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