EL PIANISTA DE LOS CONCURSOS Y EL SINFONISTA DEL BALLET.

FICHA DEL CONCIERTO

Yulianna Avdeeva, piano, Chaikovsky Symphony Orchestra. Vladimir Fedoseev, director. Obras de Chopin y Chaikovski. XVII Ciclo de Grandes solistas Pilar Bayona. Jueves 22 de mayo.

No nos debe extrañar que en un ciclo de grandes intérpretes aparezca un concierto con orquesta. Creo que se conoce a un gran pianista cuando se le disfruta en solitario pero también en alguno de los grandes conciertos para piano y orquesta del repertorio…. Y no todos valen para todos los repertorios; hay pianistas muy grandes que disfrutan igualmente tocando con orquesta que en grupos de cámara como solistas (en Zaragoza quien mayores muestras ha dado de esto ha sido quizás la gran maria Joao Pires) pero hay otros que no sirven para hacer música de cámara o con orquesta… la vida del pianista es solitaria y hay quien interioriza demasiado esto y sólo es capaz de dar lo mejor de si en solitario delante del piano (recuerdo una visita con orquesta de uno de mis pianista favoritos que en solitario hace volar que tocó en una visita un concierto de repertorio con orquesta y aquello no fue un desastre pero anduvo cerca).

Queríamos afirmar con esto que es importante también conocer a los grandes haciendo música en compañía y más si es con uno de los grandes conciertos de repertorio de un gran virtuoso como es el que oiremos en este concierto, el primer concierto para piano de Chopin, prototipo del pianista/compositor romántico por excelencia. Y la gana aun interés si la pianista que lo va a tocar viene con el titulo más deseado de todos los concurso de piano del mundo, el del concurso Chopin de Varsovia.  Se trata de un concurso tan importante que hasta un pianista eliminado logró hacer carrera con el escándalo por su eliminación del mismo… Entre los nombres de los ganadores auténticos mitos del piano que por cierto han pasado en todos los casos por este ciclo: Maurizio Pollini, Marta Argerich o Kristian Zimerman e incluso entre los segundos premios encontramos nombres de tanto peso como el de Mitsuko Uchida o Vladimir Ashkenazy. El concurso se celebra en Varsovia desde 1927 y a partir de 1955 se estableció que tuviera una periodicidad quinquenal. Fue fundado por el pianista, profesor y compositor polaco Jerzy Żurawlew en homenaje al gran compositor polaco Fryderyk Chopin y a su instrumento predilecto, el piano. Es éste uno de los muy pocos concursos consagrados a un solo compositor. El tribunal está compuesto por tres grandes pianistas convocados para la ocasión, así como profesores prestigiosos. El concurso posee dos fases o pruebas eliminatorias, en las que, en la primera hay ochenta concursantes (debiendo realizar cada uno una audición que no sobrepase los veinte minutos), accediendo a la prueba final sólo doce de ellos. Cada fase comporta una lista de obras chopinianas que deben ser ejecutadas obligatoriamente, siendo en la final uno de sus dos conciertos para piano. La edición del año 1980 ha sido la más polémica de la historia del este concurso, dado que algunos componentes del jurado, entre éstos la ganadora de la edición de 1965, la pianista Martha Argerich, quien incluso llegó a dimitir como miembro de tal tribunal en este momento, demostraron una gran indignación ante la eliminación injusta del pianista croata Ivo Pogorelich en la semifinal del concurso.

En esta ocasión nos visitará su última ganadora (2010), la rusa Yulianna Avdeeva después de que ya nos hayan visitado los dos anteriores, el polaco Rafał Blechacz y el chino Yundi Li que ganó en el año 2000 despues de que dos ediciones quedaran desiertas y lo hará tocando el concierto con el que alcanzó el premio hace ya cuatro años…. Sin duda es un lujo oir este concierto por quien ha ganado tal premio y encima en una compañía tan notable como la de Vladimir Fedoseev.

De Chopin en general hay mucho escrito ya en este blog dedicaremos un comentario al concierto nº 1 en cuestión, no exento de cierta polémica entre los propios compositores.  Curiosamente, el Concierto para piano y orquesta No. 1  que oiremos, es, en realidad, el segundo compuesto por Chopin. Fue publicado en 1833 en Leipzig pero escrito seis meses después que el No. 2, publicado en la misma ciudad en 1830. Chopin contaba 20 años cuando lo terminó y esa juventud, esa frescura encarnada en un romanticismo  de gran sensibilidad, son patentes a lo largo de toda la obra. Sin embargo, estos conciertos, cuyas partituras llevaba Chopin en su maleta cuando se trasladó a París desde su Polonia natal, han sido siempre criticados por su gran diferencia de calidad entre la orquestación (“fría y casi inútil” para Berlioz) y la parte solista para piano, que evidencia su maestría en la escritura para este instrumento.

El primer movimiento, “Allegro mestoso”, sigue  aun el modelo prefijado de la sonata clásica aunque hay que decir que Chopin despliega en él toda su inventiva con gran libertad. La introducción orquestal nos acerca a los temas principales del movimiento, el primero más dramático y un segundo más cantable. Ambos serán después retomados con mayor brillantez por el piano (el único protagonista de la obra), con ese matiz melancólico tan genuino de Chopin.

El segundo movimiento, Romance (Larghetto), nace de la inspiración que le producen al compositor las óperas de Vicenzo Bellini, especialmente Norma. En palabras del propio Chopin, este movimiento debía “producir la misma impresión que si la mirada se posara sobre un paisaje que amamos, que despierta en nosotros bellos recuerdos”. Se trata de una música plácida y en efecto evocadora, no exenta de la melancolía anterior pero que contrastará con el marcado ritmo del tercer movimiento.

El último movimiento lleva por título Rondo (Vivace) y nos traslada a la tierra natal de Chopin, Polonia. Se trata de un movimiento que exige gran virtuosismo por parte del intérprete y que evoca una danza local de ritmo impetuoso llamada krakoviac en la que, no obstante, siempre encuentra un hueco el lado más melódico de Chopin. Se cierra así una obra de juventud, pero que ya concedió a su autor gran fama entre los melómanos de Varsovia y sentaría las beses para el mayor dominio del lenguaje musical que obtendría durante sus años en París, y que daría como resultado algunas de las obras más originales del romanticismo.

El Concierto para piano y orquesta No. 1 se estrenó en el Teatro Nacional de Varsovia el 11 de octubre de 1830 en un recital en el que el propio Chopin se hizo cargo del piano, cediendo la dirección de la orquesta a su amigo Tytus. Los anuncios que publicitaron el estreno no dudaban en calificar la partitura como “obra de un genio”.

EL REY DEL BALLET

Decíamos en una entrada de este blog dedicada a la música incidental  que un criterio para reconocer la buena musical incidental era ver cuales de estas músicas habían tenido vida independiente de la obra a la que en principio estaban destinadas a acompañar. Evidentemente este criterio vale para las músicas nacidas para acompañar a la danza, podríamos dar nombres de algunos de los ballets clásicos que se siguen bailando en los grandes teatros del mundo pero de cuyas músicas a nadie se la ocurriría hacer un concierto, pues bien las músicas que acompañan al concierto de Chopin representan todo lo contrario una música de un grandísimo compositor que han tenido una gran vida fuera del ballet. Hablamos de Tchaikovski, obviamente. El concierto se abrirá con uno de los valses más bonitos jamás escritos (obvia decir que esta es una opinión subjetiva) basado en una melodía tan sencilla como efectiva acompañada de la habitual pericia orquestadora del gran compositor ruso; aparte es un vals muy relacionado con el cine. Al decir esto muchos pensarán en Disney y es inevitable pero a algunos igual les viene el mismo recuerdo el de esa película tan española que fue Camino de Javier Fesser que ganó 6 Goyas en 2008 y cuya escena final estaba completamente ambientada por este vals.

Y en la segunda parte oiremos una suite, arreglada por el propio Fedoseev del “ballet de los ballets” del Lago de los Cisnes; su romántico argumento y la maravillosa música de Tchaikovsky lo han convertido en el ballet más representado en todo el mundo y han permitido también que su música suene en concierto con cierta frecuencia; eso si, sus azarosos inicios no hacían presagiar esta fama posterior. Poco después de la Pascua de 1875, el director del Teatro Imperial de Moscú, Vladimir Begichev, invitó a Tchaikovsky a componer la música para un ballet por la suma de 800 rublos. El argumento era de Vladimir Begichev y un tal Geltser, que fundamentaron la base de la historia en una leyenda teutónica titulada “Der Schwanensee”. Era el tipo de cuento de hadas que tanto gustaba a los rusos y no resulta chocante que también hiciera las delicias del propio Tchaikovsky.

A pesar de ello, no comenzó a trabajar en el ballet inmediatamente. En el momento del encargo estaba ocupado en la Tercera Sinfonía en Re mayor y, sabiamente, decidió no interrumpir la composición pasando el verano en Ussovo terminándola. Eventualmente, en agosto prestó atención al nuevo trabajo, inspirada creación que manaba de él como un río ruso en plena crecida y en el transcurso de pocas semanas completó dos actos. En una carta fechada el 22 de septiembre y dirigida a su amigo Rimsky-Korsakov, el compositor decía: La Dirección de la Opera me ha encargado que escriba la música del ballet “El Lago de los Cisnes”. Acepté la obra particularmente porque deseo el dinero, pero también porque hace tiempo que quería probar mi mano en este tipo de música.

Tchaikovsky siguió trabajando en la partitura, a la que incorporó algunas piezas pertenecientes a un breve ballet escrito para los niños de su hermana Mme. Alexandre Dadidov -cuando estuvo con ellos en 1871 en su casa de Verbovka- y el dúo de amor del último acto de la malograda “Undine”, su segunda ópera, para el “pas de deux” de Odette y Sigfied en el Acto II.

El Lago de los Cisnes se estrenó un año más tarde, el 4 de marzo de 1876, en el famoso Teatro Bolshoi de Moscú. Sin embargo, por razones desconocidas e incomprensibles, su montaje fue realizado de forma desastrosa. La representación se preparó de forma apresurada en beneficio de una bailarína llamada Karpakova; la coreografía, compuesta por un cierto Julius Reisinger, era vulgar y carente de relación con la música, la escenografía y vestuario eran pobres. Por si fuera poco el director, un semiaficionado llamado Ryabov, se mostró como abrumado con la partitura, diciendo que jamás había visto nada tan complicado. Varios de los números, casi una tercera parte de la obra entera, fueron considerados indanzables y muchos de ellos reemplazados por otros de distintos ballets favoritos de los solistas.

Tchaikovsky sufrió su primera experiencia en el mundo del ballet, pero tomó todo ello con filosofía. A diferencia del período de preparación de sus óperas, se había mostrado sin su acostumbrada excitación nerviosa, casi esperando el fracaso. No obstante, no volvió a componer hasta el otoño de aquel año y en verano durante unas pequeñas vacaciones asistió al Festival de Bayreuth; obvio es decir que la música de Wagner no era precisamente la que más podía entusiamarle. Tchaikovsky parece ser que perdió todo interés por “El Lago de los Cisnes” después de su estreno y tampoco se tienen noticias del ballet.

En 1879 Mme. von Meck -su conocida mecenas y confidente- le escribió una carta en la cual decía que junto a élla se hallaba un joven músico francés llamado Claude Debussy, quién a su petición acababa de publicar su primera obra: una transcripción para dos pianos de una parte del ballet. Olav Hansen hizo una revisión y coreografió de nuevo la obra, presentándola en 1882 en el Bolshoi con mayor éxito que el obtenido en su estreno. Esto hizo que Tchaikovsky se tomara el suficiente interés como para considerar extraer una suite orquestal. Luego, en 1888, vio una representación del segundo acto que le complació y renovó su entusiasmo, durante una visita a la ciudad de Praga. Así, cuando al año siguiente Ivan Alexandrovich Vsevolzhsky, el influyente director de los Teatros Imperiales de San Petersburgo, le invitó a que compusiera otro ballet, se puso a trabajar en la nueva obra sin más dilación. El 15 de enero de 1890 se estrenaba en el Teatro Mariinsky “La Bella Durmiente”, con coreografía del gran Marius Petipa. Fue un éxito absoluto y en el término de los dos años siguientes se le volvió a hacer un nuevo encargo: “El Cascanueces”. Por fin, era reconocido como maestro de la música de ballet y Vsevolzhsky le pidió que revisara la partitura de “El Lago de los Cisnes” para hacer un nuevo montaje. El compositor prometió hacerlo, pero no vivió para llevarlo a cabo, murió el 6 de noviembre de 1893, pocos días después del estreno de la Sexta Sinfonía.

Reconociendo el ballet como obra maestra, Vsevolzhsky se hizo cargo del proyecto y envió la partitura con cualquier tipo de revisiones que el compositor hubiera hecho a Marius Petipa. Pero éste se hallaba ocupado en otro ballet y más adelante cayó enfermo por lo cual después de haber esbozado un plan general, confió el trabajo a su ayudante Lev Ivanov coreógrafo no menos inteligente que su celebrado maestro. No hubo tiempo de terminar toda la obra y a requerimiento de los Teatros Imperiales que deseaban rendir un homenaje a Tchaikovsky, el 29 de febrero de 1894 se representó solamente el segundo acto. En los meses siguientes Petipa reincorpóró los cortes y omisiones hechos en el estreno de 1877, coreografió conjuntamente con Ivanov, además de contar con la colaboración de Modest, hermano de Tchaikovsky, y del director Riccardo Drigo que adaptó tres piezas para piano del opus 72, e hizo algunas revisiones en la orquestación. Finalmente, el 27 de enero de 1895 tuvo lugar la representación completa de El Lago de los Cisnes en el Teatro Mariinsky de San Petersburgo, con la famosa bailarina Pierina Legnani en el doble papel de Odette-Odile.

  No nos debe extrañar que Fedoseev nos muestre su propia suite ya que raramente ha podido existir una obra musical tan alterada, enmendada, abreviada y manipulada como “El Lago de los Cisnes”. La mayoría de las alteraciones fueron determinadas por exigencias coreográficas o de montaje y, a veces, por la influencia del gusto musical del público. Con frecuencia cuando se hace el ballet se suele representar sólo el acto segundo, debido a la extensa duración de la obra completa y a la costosa presentación.

 Como regalo final de esta entrada dejamos a la estrella de la velada en el entorno en el que logró ese triunfo, en Varsovia, en el concurso Chopin en 2010.

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