DE EXOTISMOS MÁS O MENOS CERCANOS

 FICHA DEL CONCIERTO

Senandoah Conservatory Symphony Orchestra. Jan Wagner, director. Obras de Ravel, Tamberg y Rimski Korsakov. Domingo 9 de marzo XXXIV Ciclo de Introducción a la música

Vuelve la música sinfónica al Ciclo de Introducción a la Música y lo hace con un programa completamente diferente al último puramente sinfónico que disfrutamos… si la Orquesta de nuestro conservatorio superior nos acercó a la forma sinfónica más pura y centro europeo ahora nos enfrentamos a “otras centralidades” a esas “periferias” tan contactadas y maravillosas como son Rusia y Francia con una parada nada mas y nada menos que en la Estonia actual

RAVEL Y ESPAÑA (UNA VEZ MÁS)

La Alborada del Gracioso  es una obra compuesta originalmente para piano por  Ravel en  el año 1905 y orquestada por él mismo en 1918. Rhené-Baton dirigió el estreno con la Orquesta Pasdeloup el 17 de mayo de 1919, en París. Ravel fue miembro de un grupo bohemio de artistas conocido como Le Club des Apaches. Fue en esta atmósfera apasionada de ideas y sensaciones opuestas, durante estas horas abarrotadas en las que todo valía su peso en riqueza y dignidad, cuando adquirieron forma las obras de Ravel, silenciosamente, en su alma paciente y heroica.

Los Apaches, que se formaron en 1902, estaban fuera de la corriente artística principal. El nombre que estos promotores de la vanguardia eligieron para su club es un término de la jerga francesa que quiere decir “mocetones pendencieros”. No les gustaban las óperas de Wagner, que eran tremendamente populares en París. En cambio, admiraban Pelléas et Mélisande de Debussy.

Los Apaches mantenían reuniones semanales y asistían juntos a los conciertos. Como deseaban poder tocar la música hasta altas horas de la noche, el compositor Maurice Delage alquiló una cabaña en un lugar de recreo, lejos de cualquier casa, cuyos ocupantes pudieran sentirse perturbados. En sus reuniones, los miembros del club tocaban y comentaban la música nueva, leían poesía y discutían sobre sus puntos de vista hasta altas horas de la noche. Ravel a menudo se quedaba, una vez terminadas las reuniones, durmiendo en un catre.

El poeta Léon-Paul Fargue escribió la siguiente descripción de Ravel durante esos primeros años en los Apaches:

Se reunía con nosotros en nuestros cafés y en nuestros vagabundeos por París, y compartía nuestro entusiasmo y locuras del momento. Como nosotros, estaba decidido a asistir a toda presentación de Pelléas, hasta el final… Parecía que todo estaba por hacerse, inventarse y que todo el mundo lo sabía, que eso estaba en el aire. Éramos felices, cultos y agresivos, especialmente en los conciertos, donde nunca dudábamos de demostrar, con el rostro enrojecido y el mentón levantado como un puente levadizo, la justicia ardiente y espontánea de nuestra opinión.

Fue en esta atmósfera apasionada de ideas y sensaciones opuestas, durante estas horas abarrotadas en las que todo valía su peso en riqueza y dignidad, cuando adquirieron forma las obras de Ravel, silenciosamente, en su alma paciente y heroica. Aquí no era cuestión de fracaso o de mediocridad, de búsqueda de favores o de corrupción, de música para salones o para bares, o de música del tipo que complace al sentimentalismo de moda. Sólo de obras, en el más puro sentido del término… Este hombre, que era profundamente inteligente, versátil, preciso y tan erudito como era posible ser, y que hacía todo con una facilidad que era proverbial, tenía el carácter y las cualidades de los artesanos, y no había nada que le gustara más que ser comparado con uno de ellos. Le gustaba hacer cosas y hacerlas bien. Todo lo que salía de su cerebro, sin importar las reservas que los críticos puedan haber tenido sobre su inspiración, lleva el sello de la perfección, de una cierta perfección. El sabía que una cosa -un poema, una novela, un cuadro, un jardín, una relación amorosa o una ceremonia- todos esos sucesos o dramas pueden tener lo que se llama “terminación”, para emplear un término usado en el taller. Y su pasión era ofrecer al público obras que estuvieran “terminadas” y pulidas en el máximo grado.

En 1905 Ravel escribió un conjunto de cinco piezas para piano conocido como Miroirs (“Espejos”), cada una de las cuales está dedicada a un miembro diferente de los Apaches. La cuarta pieza, Alborada del Gracioso, fue para M. D. Calvocoressi, el crítico en gran medida responsable del interés que sentía el grupo por la música rusa. El pianista Ricardo Viñes, otro Apache, tocó el estreno en 1906. Años más tarde, después que los Apaches ya se habían separado, Ravel orquestó tan sólo este único movimiento.

Dicho de otro modo, el título significa “Serenata Matinal del Bufón”. En la comedia española, un gracioso es un bufón similar al tonto de las obras de Shakespeare. Ese bufón ayudaba a los músicos a interpretar una alborada, una serenata que un enamorado daba a su amada, todavía dormida.

REVOLVIENDO EN ESTONIA.

Puede parecer increíble que el uso de un instrumento pueda parecer políticamente incorrecto o incluso censurable pero por  desgracia así ha sido en algún momento de la historia, y ese no podçia ser otro que el terror stalinista. Eino Tamberg es un compositor estonio, pero hay que recordar que Estonia era parte de la Unión Sovietica y como tal sufrió todas las vicisitudes y contradicciones que en el caso de otros compositores han hecho correr ríos de tinta. La obra que se nos presenta en este concierto es una de sus obras mas populares donde destaca en buena parte la música para el teatro y justo le sirvió para ganar el por  entonces prestigioso sexto Festival Mundial de la juventud y los estudiantes y esto provocó que esta obra fuera interpretada tanto en países del este como occidentales y lanzara asi la carrera internacional del compositor fallecido tan solo hace 4 años. Es curioso porque el compositor declaró que no tenía ninguna intención de recuperar esa forma del barroco llamada concierto grosso, el simplemente quería componer un concierto y eligió como solistas un grupo de vientos por la intención rítmica que le quería dar a su obra y entonces recordó el viejo nombre barroco de los conciertos con varios solistas y decidió usarlo.  Curiosamente el carácter de la obra más que barroco es neoclásico, no está lejos del Shostakovich más académico y comparte con el esa contradicción tremenda de por un lado tener que agradar al régimen y por otro lado verse encorsetado en unos clichés que les aprietan por todos lados, la solución tampoco parece alejada del propio Shostakovich: tensión poco contenida e ironía dando una sensación en algunos momentos de pura ansiedad. Como detalles curioso está el uso del saxo que un año después de la composición de la obra fue prohibido por el régimen soviético… debe ser que es un instrumento cargado de libertad.

EL EXOTISMO MAS BRILLANTE

Sheherezade es una suite orquestal de 1888, inspirada en Las mil y una noches. Consta de cuatro movimientos: El mar y el barco de Simbad, El cuento del príncipe Kalender, El joven príncipe y la joven princesa y el último movimiento en el que se suceden el Festival de Bagdad, El mar y El barco se estrella contra las rocas. Existen dos temas musicales principales: el vigoroso del sultán y el tierno solo de violín de Sheherezade. La plantilla orquestal se compone de dos flautas, flautín, dos oboes, dos clarinetes, dos fagotes, cuatro trompas, dos trompetas, tres trombones, tuba, arpa, timbales, batería y cuerdas.

El tema musical que inicia el primer movimiento representa supuestamente al dominante sultán Schahriar; este tema está construido con cuatro notas de la escala de tonos enteros descendente. Pero pronto (después de unos pocos acordes en los maderas reminiscentes del inicio de la obertura Sueño de una Noche de Verano de Felix Mendelssohn), oímos otro de los temas que aparece en cada movimiento; éste representaría a la narradora de la historia misma, Scheherazade, la esposa del sultán, que logra el éxito al conmoverlo con sus historias. Es una melodía arrebatadora y sensual en un solo de violín, acompañada por el arpa. Ambos temas, en cierto modo tratados como leitmotivs.

Scheherezade, la partitura más popular e importante del músico ruso es una alfombra mágica que nos transporta al mundo de Las mil y una noches y sus viejas historias orientales de tradición oral (Alí Babá, las aventuras de Simbad, y similares), en parte difundidas por Europa gracias a las populares traducciones de Sir Richard Burton. Es una preciosa pieza, una fiesta para los propios músicos de la orquesta que gozan de numerosas oportunidades de intervención. Su vitalidad, el poder de atracción de sus melodías y su formidable orquestación son impresionantes. Fue estrenada en San Petersburgo en 1889 y aunque su autor no quería ceñirse a un programa muy definido, hay títulos que evidencian episodios de mares, príncipes, fiestas y hasta el naufragio del barco que se estrella sobre las rocas. Existen unas notas unidas a la partitura en las que se pueden leer detalles sobre el contenido general. El compositor explicaba que el sultán Schahriar, convencido de la falsedad de las mujeres, se propuso acabar con cada una de sus esposas tras pasar con ellas la noche de bodas. Fue la bella Scheherezade quien salvó su vida amenizando las veladas del tirano durante mil y una noches con interesantes cuentos que excitaban la curiosidad del esposo. Si la sultana imbrica la narración de forma que no decaiga el interés del marido, Rimsky-Korsakov logra un objetivo igual, haciendo que todo proceda de un motivo generador de diferentes temas.

El músico añadió a los movimientos las indicaciones de Preludio, Balada, Adagio y Finale pero, dado el carácter programático de la obra, no procedía calificarla de “sinfonía”. Dos asuntos conforman los cuatro movimientos de la exótica suite: uno robusto, el del sultán, que contrasta con la ternura del violín: la favorita que hila las maravillosas historias que cautivan al esposo.

En El mar y el barco de Simbad, la música comienza con la amenazante figura del sanguinario sultán en los trombones, tuba, maderas graves y cuerdas, tras la que, brillando entre ricos acordes del arpa, escuchamos la voz de Scheherezade en el violín solo, que comienza temblorosa la primera de las historias. El inmenso mar se manifiesta en grandes olas de parte de toda la orquesta. Navegamos en el barco de Simbad (flauta, oboe y clarinete) y vemos las velas hinchadas, el sol en las aguas, la calma del mediodía, una tormenta que aminora, y seguimos a la joven hilando la historia… El sultán se duerme y la esposa pospone su destino por un día.

El cuento del Príncipe Kalender se refiere a un príncipe que ahora es un monje mendicante que ha profesado votos de pobreza, castidad y humildad. Escuchamos su historia de parte del fagot. Es tímido, serio, aunque algo burlón. Las feroces fanfarrias del trombón y la trompeta nos arrastran a una escena de esplendor bárbaro y salvaje. Rimsky lanza luminosas masas de color como joyas brillantes procedentes de un cofre y el torbellino y la pompa de un solemne desfile nos sitúa en un ambiente opulento. Es la primera vida del príncipe cuando se rodeaba de gloria y poder. Hay cierta nostalgia hasta que el movimiento termina con un rimbombante crescendo.

La tercera parte, El joven príncipe y la princesa, es la sección más lírica. Una cautivadora canción de amor de los violines representa al joven, mientras que el clarinete habla por voz de la dama. Más tarde, el ritmo de la pequeña percusión añade un efecto picante a esta amorosa escena.

Termina la obra con la Fiesta en Bagdad. El barco de Simbad se estrella contra las olas. El Sultan entra en la alcoba y Sheherezade comienza la descripción de una fiesta oriental llena de vida y color en la que la orquesta ha de mostrar su capacidad virtuosa. Bailarines, trajes lujosos, perfumes… oriente en música. Retornan los temas de los movimientos anteriores, todos llenos de energía que mantiene el ritmo de la fiesta. Recordamos a todos los personajes de los relatos y finalmente, la orquesta nos transporta a la cubierta del barco de Simbad, ahora en medio de un terrible temporal de olas gigantescas que lo precipitan contra las rocas coronadas por la estatua de un guerrero. Finalmente se escucha la voz de Sheherezade que nos llama desde el fantástico mundo que ha creado y el Sultán habla de nuevo, pero suave y gentilmente, pues ha renunciado a su terrible propósito. El violín solo asciende a lo más agudo para terminar la suite en sereno y luminoso triunfo

Scheherazade es una nueva forma de composición, hasta cierto punto a medio camino entre la Sinfonía fantástica de Hector Berlioz (1830) y el poema sinfónico de Franz Liszt de 1854. Probablemente, debido a la trama en la que está basada, está más próxima al poema sinfónico, en el sentido de que es menos preciso que el de la Sinfonía fantástica. El compositor siempre se pronunció para evitar que se hiciera una lectura habitual programática, negando por ejemplo que los personajes evolucionen claramente y actúen, todo lo contrario de lo que escribió Antonio Vivaldi con los poemas adjuntos a Las cuatro estaciones, o de lo que hará Prokofiev en Pedro y el lobo, con los instrumentos que representan personajes con sus temas propios recurrentes. Rimski-Korsakov escribió así violentamente en Crónicas de mi vida musical:

Es en vano el buscar leitmotivs siempre vinculado a tales imágenes. Por el contrario, en la mayoría de los casos, todos estos aparentes leitmotifs no son más que materiales puramente musicales para el desarrollo sinfónico. Estos motivos pasan y se extienden por toda la obra, uniéndose sucesivamente y entrelazándose. Aparecen cada vez bajo diferente luz, mostrando cada vez distintas características y expresando nuevas situaciones, y corresponden cada vez a imágenes y cuadros diferentes.

En 1910, con la música de Scheherazade, Michel Fokine creó y coreografió un ballet para la temporada de los Ballets Rusos en París, con la escenografía y vestuarios de Léon Bakst. Destacaron en los papeles principales Ida Rubinstein y Vátslav Nizhinski. El ballet impactó por su cargada sensualidad y orientalismo.

 

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