¿LOS CLÁSICOS DEL SIGLO XX?

FICHA DEL CONCIERTO

CINEMA SYMPHONY ORCHESTRA, Dmitry Nozdrachev. Música de bandas sonoras de varios autores. XXXIV Ciclo de Introduccion a la Música. Domingo 19 de enero

¿LOS CLÁSICOS DEL SIGLO XX?

Hay quien sin reparos afirma de una manera categórica que las música clásica del siglo XX es la música compuesta para el cine. Bueno, desde aquí no podemos por menos que poner en cuestión esta afirmación por varias cosas. Para empezar es muy discutible que la “música para cine” tenga una unidad como tal, cabría habría hablar de multitud de lenguajes aunque la mayoría de quienes afirman eso lo hacen pensando en cierto tipo de música de cine muy concreta: la asociada a las grandes superproducciones de Hollywood.. ahí podríamos encontrar mas elementos comunes y sí se podría hablar probablemente de una unidad de estilo. Pero ni aun así nos atreveríamos a decir que esa es la música clásica del siglo XX, no por nada sino porque se han escrito muchas más cosas y porque no todo en la historia de la música del cine es igual de interesante. Pero dicho eso si que podemos decir que el cine supone la gran novedad en la historia de la música en el siglo XX, supone un nuevo arte al que acompañar que se une así a la nómina de la literatura, el teatro, la danza… y dicho esto no nos cabe duda que no se puede obviar toda la música compuesta para el cine que en muchos casos es gran música. Nos permitiremos aplicar un criterio, tan arbitrario como otro cualquiera para valorar la música de cine… el año pasado decíamos que una música incidental (escrita para acompañar una obra de teatro) era buena si podía sostenerse y tener vida independientemente de la obra teatral en cuestión; para el cine podemos aplicar exactamente el mismo criterio: una banda sonora es buena (como música) si se sostiene su interpretación alejada del propio film… y como muestra, pues unos cuantos botones, todo el ramillete de bandas sonoras que se tocarán en el concierto de este domingo; no sólo gozaremos de su interpretación sin imagen sino que además podríamos tararear o silbar muchas de ella, que ya están en el imaginario musical colectivo a nivel mundial.

NADA NACE DEL AIRE…

Vamos a hablar un poquito de música del cine de como se hace de donde bebe. Es curioso lo rápido que ha sido el siglo XX en música y la diferencia de parámetros y músicas que han ido creciendo, hemos hablado mucho en anteriores entradas de este blog, de como en Estados Unidos se produjo esa mezcla entre lo popular y lo académico para dar nacimiento a su propia música sinfónica… pero por simplificar podemos decir que el camino que siguieron los compositores del cine fue otro…¿Saben de donde beben muchos de los compositores clásicos del cine de Holiwood? Pues en buena parte de la música romántica y postromántica europea… ya comentamos la semana pasada al oir una obra de Gustav Holst como nuestro compositor de hoy Williams había bebido de su obra pero si miramos un poco más en profundidad podremos incluso decir que la música de cine norteaméricano bebe en buena parte de la música rusa de inicio del siglo XX.

A pesar de que el cine soviético no ha gozado de tanta popularidad como las otras artes, contó en sus películas con la participación de los compositores más relevantes de su tiempo y si, muchas de las películas duermen en el limbo de los justos, las bandas sonoras han sobrevivido en forma de suites o se han reconvertido en forma de melodías populares.

 Dentro de la idiosincracia soviética, la música para el cine reunía todos los condicionantes de un comportamiento “ortodoxo”: el compositor quedaba subordinado a una estructura mayor, era una herramienta estupenda para la propaganda de la ideología comunista y exigía un lenguaje sencillo y al alcance del pueblo. Es por esto que los compositores más cuestionados por el régimen fueran los que más se afanasen en escribir música para el cine. Además, el trabajo en la industria del cine era uno de los mejores pagados dentro de la estructura económica soviética y permitió a los músicos gozar de unos ciertos privilegios: tanto Shostakovich como Schnittke se compraron sus primeras casas en el centro de Moscú gracias al cine.

Por otro lado, la música para películas les servía de laboratorio para otros proyectos y muchas de las melodías eran reutilizadas más adelante en otras obras.La música para estas obras estaba inspirada habitualmente en música floklórica o en cantos revolucionarios. Del mismo modo, estas melodías populares se vuelven a utilizar en su música sinfónica convirtiéndose en uno de los elementos más característicos de la música soviética en el siglo XX.

 Shostakovich, probablemente el sinfonista más importante del siglo XX,  comenzó a trabajar como pianista de un cine mudo y, según cuenta la leyenda, le echaron porque se reía tanto con las películas que muchas veces se olvidaba de tocar. Compuso 36 bandas sonoras de películas. Shostakovich escribía una música sencilla y poco elaborada en sus películas. Consideraba que la música en el cine no debía acompañar la acción sino encumbrarla y darle una nueva dimensión. Es por eso que, muchas veces su música contrasta con la imagen.

Cuenta su hija Galina: “Cada vez que le encargaban a mi padre la música de alguna película, recibía una especie de plan de trabajo que incluía una relación de las escenas cinematográficas y su duración. Y aquella vez se marchó a Bolshevo, dejándose en Moscú la hoja del plan de trabajo. Tuvo que llamar a casa; encontré el papelito en su escritorio y me puse a dictar: “Bien, ¿ya lo tienes anotado? Trolebús en una calle de Moscú: seis minutos… Silencio blanco: tres minutos…” Lo del “silencio blanco” (una estepa nevada) le divertía especialmente porque decía: “¿Cómo quieres que exprese musicalmente ese “silencio blanco”?”. Simple modestia nos atrevemos a decir, sólo hay que escuchar el segundo movimiento de su concierto número dos para piano para saber cómo debe sonar una estepa nevada.

Otro de los autores claves de esta época en la Unión Sovietica fue Sergei Prokofiev que a pesar de haber escrito solamente seis bandas sonoras, son las más populares, sobre todo por su asociación con el gran genio ruso del cine Sergei Eisenstein para el que escribió las bandas sonoras de “Alexander Nevski” e “Iván el Terrible” (1944) . Frente a la música de Shostakovich o de Schnittke, la escritura para el cine de Prokofiev es mucho más elaborada y profunda. Es por esto que sus bandas sonoras han sobrevivido muy bien al paso del tiempo como suites de concierto.

Pero damos ya el salto a Estados Unidos donde no obstante entre los primeros grandes compositores para bandas sonoras podemos destacar nombres de origen europeo que o bien beben de las fuentes que acabamos de citar o bien al menos comparten raíces con ellos, de estos años 30 caben citar a Dimitri Tiomkin, Franz Waxman o un poquito más tarde Bernard Herman o un pelín más tarde a Bernard Hermann. Los tres son de origen europeo y del último de ellos ya hablamos aquí en le primera concierto para citar su famoso tema de la ducha de psicosis..

Una vez Max Steiner explicó; “En aquella época, en las películas dramáticas se usaba la música únicamente cuando lo exigía el guión. Entre los productores, directores y músicos dominaba siempre el miedo a que les preguntaran de dónde salía la música. Por eso no ponían nunca música, a menos que pudiera explicarse por la presencia de una orquesta, fonógrafo o radio, que ya estaba especificado en el guión”. Productores y directores “empezaron a añadir un poquito de música aquí y allá para acompañar escenas de amor o secuencias mudas”.Al principio, la música se ajustaba a la acción de modo bastante burdo, y se tomaba de los archivos musicales. En 1933, con la película King Kong, Max Steiner demostró lo que se podía llegar a hacer con una partitura original totalmente sincronizada con las imágenes del film.

SON TODOS LOS QUE ESTÁN

El programa que se nos propone en esta ocasion recoge un buen número de entre las bandas sonoras mas interesantes. Respecto a los compositores, podemos dibujar con el programa un panorama de los compositores más importantes de entre los que han trabajado para la gran industria del cine a partir de mitad del pasado siglo. Así podemos decir que no están todos los que son (resultaría imposible en un sólo concierto) pero si son todos los que están, asi que hablaremos un poco de los más importantes entre los que componen el programa.

John Williams, el genio de la música cinematográfica, cumplió hace un par de años la redonda cifra de 80 años. Coincidiendo con ese cumpleaños llegaron a los cines dos películas compuestas por él: ‘War Horse’, de su amigo Steven Spielberg, y ‘Star Wars. Episodio I: La amenaza fantasma’, reestrenada ahora en 3D. Además ese mismo año tuvo dos nominaciones a los Oscar. Pocas personas han tenido tanta trascendencia como él en la historia del cine.

¿A qué suena una bicicleta que echa a volar? ¿Y las aventuras de un arqueólogo que huye de los nazis? ¿Y las fuerzas malignas de cualquier galaxia conocida? ¿Y la resurrección de los dinosaurios? ¿A qué suena Auschwitz? ¿Y el terrorismo de estado? ¿Y las trincheras de Normandía? ¿A qué suena una fiesta a la luz de la luna? ¿Y un aeropuerto cuando se queda vacío? Y un robo de un millón de dólares? Pues todo esto suena… a lo que John Williams diga. Porque este compositor ha puesto música a muchas de las películas más importantes de la historia del cine.

Nacido en Nueva York y criado en Los Ángeles, su carrera arrancó vinculada al jazz, como su padre percusionista, y al cine, como todo el mundo de su alrededor. De su paso por el Ejército donde dirigió una banda militar le queda el gusto por las marchas (ahí la conexión con Holst que comentábamos la semana pasada) y de sus trabajos como intérprete al servicio de los grandes compositores de Hollywood le quedó un minucioso conocimiento de los resortes de la música cinematográfica.

En sus primeras composiciones, firmadas como Johnnny Williams y en gran parte destinadas a la televisión, había mucho jazz y muchas ganas de comerse el mundo. No le importó demasiado cuando le encasillaron en películas de catástrofes como La aventura del Poseidón o Terremoto porque al mismo tiempo jugaba con la comedia en Cómo robar un millón y… o adaptaba a la gran pantalla un clásico musical del calibre de El violinista en el tejado, con el que ganó su primer Oscar.

La suerte terminó de sonreírle cuando a un director novato le sugirieron que buscara a John Williams para poner música a su debut cinematográfico. El principiante se llamaba Steven Spielberg y con “Loca Evasión” comenzó oficialmente una de las colaboraciones más fecundas de la historia del cine. “De no ser director, mi sueño siempre fue componer bandas sonoras, y esto se debe a mi admiración por John Williams”, confesaba Spielberg en una reciente entrevista.

Y, en efecto, todas sus películas menos una (El color púrpura, además del telefilm El diablo sobre ruedas) tienen música de John Williams: Tiburón, la saga de Indiana Jones, E.T., El imperio del Sol, Hook, Parque Jurásico, La lista de Schindler, Salvar al soldado Ryan, Inteligencia artificial, Múnich… Cada obra maestra del realizador lleva aparejada una genialidad del músico. Pero su carrera no termina, ni mucho menos, en la filmografía de Spielberg.

Un año después de romper esquemas con Tiburón, puso música a “La trama”, el canto del cisne de Alfred Hitchcock; y un año más tarde, un buen amigo de Spielberg le propuso emular a Richard Strauss para una arriesgada película independiente que ningún estudio de Hollywood quería financiar.

Se apagan las luces. Suena una fanfarria. La pantalla en negro. Unas sencillas letras azules rezan: “Érase una vez en una galaxia lejana, muy lejana…”. esa música que hemos oído en la primera parte. Como lo es la marcha que acompasa el pesado caminar de Darth Vader, la que festeja las victorias rebeldes y o la que describe el flechazo entre una joven reina y un prometedor caballero. En las seis películas que componen la doble trilogía de Star Wars la música de John Williams apenas deja de sonar.

Pese a su pasado jazzístico, John Williams es recordado por todos como músico sinfónico, de sonido ampuloso y vibrante, genio de los metales y amante de las cuerdas. Pero en su larga filmografía hay mucho más que rotundos solos de trompeta, hay conciertos para violín, sonatas de piano, piezas para big band, experimentos con instrumentos raros y exquisitas composiciones reservadas a los virtuosos.

El maestro ha forjado a lo largo de estos años colaboraciones más o menos estables con otros realizadores como Oliver Stone (Nacido el 4 de julio, JFK, Nixon) o Chris Columbus (Solo en casa, Quédate a mi lado, Harry Potter y la piedra filosofal). Su música ha sido la sintonía de los informativos de la NBC durante muchos años y ha puesto banda sonora a los Juegos Olímpicos de 1984 (Los Ángeles), Seúl (1988) y Atlanta (1996).

En 1993 anunció su retirada y, aunque por ahora no se ha llegado a producir como si fuera un torero aunque  es cierto que su actividad se ha ido reduciendo considerablemente. De hecho, hacía tres años que no se estrenaba ninguna película con música de John Williams hasta que este pasado 2011, acompañando a su alter ego Steven Spielberg, ha editado Las aventuras de Tintín: El secreto del Unicornio y War Horse (Caballo de batalla), recién etrenada en España

Por  sus dos últimos trabajos ha recibido sendas nominaciones a los Oscar. Y ya van 47, lo que le convierte en la persona viva con más candidaturas, sólo superado por Walt Disney (59). Sin embargo, tiene tan sólo cinco estatuillas: la ya mencionada adaptación de El violonista en el tejado y sus composiciones para Tiburón, La guerra de las galaxias, E.T. y La lista de Schindler).

Frías cifras incapaces de reflejar quién es John Williams: uno de los músicos más populares del siglo XX pero, sobre todo, el genio que supo interpretar la melodía de los sueños.

Pero quien escribe estas líneas les tiene que confesar una devoación particular dentro de los compositores que están en el programa por Herny Mancini. Mancini, fue un compositor muy popular, con una dilatada trayectoria que cosechó numerosos premios y reconocimiento. Para las generaciones más jóvenes bastaría decir que fue el creador de la música de ‘La pantera rosa’. Pero siendo honestos, Mancini merece un mayor recordatorio porque su estilo y su habilidad musical marcó una época.

Mancini, a pesar de ser más conocido por sus trabajos para comedias (y en especial por componer para Blake Edwards durante muchos años), fue capaz de experimentar con el terror, el suspense o el musical, alcanzó una gran popularidad en la década de los sesenta y setenta. Y al margen de las grandes bandas sonoras también compuso grandes canciones para películas inolvidables. Influenciado por ritmos latinos y, sobre todo, por el jazz. Sin olvidar temas para televisión, Mancini ganó 20 premios Grammy y logró 17 nominaciones al Oscar (alzándose en cuatro ocasiones con el premio).

Y es que Mancini consiguió convertirse en un compositor muy popular gracias su gran habilidad para adaptar sonidos, ritmos e influencias de cada época en la que trabajó. Precoz en su dedicación por entero a ser compositor para el cine, pasó algunos años ligado a Universal Pictures (a comienzos de los 50) donde trabajó a destajo, en más de 100 películas, aunque la mayoría de bajo presupuesto. Pero le sirvió para desarrollar su habilidad como compositor y arreglista, además de que supo alcanzar esa proximidad con el espectador de la época con composiciones y melodías pegadizas.

Como ven nos hemos quedado con los dos compositores más presentes en el programa, creemos que son los dos más significativos y además los mas opuestos entre si. Sobre el resto podriamos ponerles aqui su filmografía o su trayectoria, pero creemos que sería redundar y hemos preferido dejar las claves del género para abrir los oidos a un género que tan cerca tenemos., y más cuando el cine y su música volverán a estar presentes en este ciclo en pocas semanas.

Eso si, nos apetece dejarles un regalo, una debilidad, una delicia… creo que esta escena precisa de poca presentación…

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