PERO AL FINAL…..MOZART Y CHOPIN

FICHA DEL CONCIERTO

Recital de Lang Lang, piano. Obras de Mozart y Chopin. XVI Ciclo de Grandes Solistas Pilar Bayona, jueves 3 de octubre.

Lang Lang, Piano

La verdad es que es difícil recordar un fenómeno mediático tal en el mundo del piano como el de Lang Lang. Intentando hacer memoria  me han venido dos nombres a la cabeza, de dos pianistas muy diversos, grandes del teclado y que representan otras maneras de ser un mito del piano. El primero es Glen Gould, tan querido como odiado pero que sin duda fue un fenómeno mediático quizás mas relacionado con el mundo del disco que con el mundo de la actuación en directo; hoy todavía se encuentran sus extravagantes (que me perdonen sus fans) versiones de Bach en todas las tiendas de discos y son muchos los aficionados que escuchan sólo a Gould.  El otro pianista mítico que se me ocurre es alguien que tocó en Zaragoza un par de veces en la madurez de su arte, un auténtico mito del piano; hablamos de Sviatoslav Richter, genio excéntrico que viajaba con su piano y tocaba con partituras en la semioscuridad pero que con esa actitud (y sobre todo con su impresionante pianismo) levantaba pasiones entre los melómanos.  Bien, analicemos frente a estos dos mitos del pasado el mito Lang Lang….  Un primer asunto que lo diferencia es su origen… viene del país más poblado del mundo ajeno en principio a la tradicion  occidental de la música clásica pero que lleva décadas dejando claro su interés por esta música que es occidental. Tema aparte es la gestión de su proyección pública a nivel mundia,l que está mas cerca del mundo del deporte que de la tradicional promoción de un pianista… apariciones para marcas deportivas multinacionales, juegos olímpicos, conciertos multitudinarios retransmitidos por Internet…. Y allí está la figura que en su autopromoción se declara como “uno de los mejores intérpretes de música clásica del mundo” lo que nos provoca a muchos aficionados a nombrar un montón de nombres que pensamos superiores. En esta gira se insiste mucho en el contacto con el público vía internet y que las redes sociales son importantísimas para captar nuevo público… Todo es verdad, vivimos un nuevo mundo en muchos aspectos y desdeñarlo al hablar de música sería un error, pero, al final quienes acudan al concierto de Lang Lang lo que van a oír es a un pianista delante de su instrumento tocando dos grandes del piano: Mozart y Chopin… y eso, por encima del marketing, es la esencia del trabajo que practica Lang Lang y allí es donde habría que juzgarle.

MOZART: PIEDRA DE TOQUE

Sin duda la obra de Mozart para piano, entre sonatas, conciertos y otras obras es el primer gran corpus de la historia escrito para este instrumento que se popularizaba y crecía en los años en los que Mozart expandía su genio por el mundo. El piano ocupa pues sin duda un lugar central en la extensa producción de Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791), y no solo por las 18 so­natas que compuso de las que hoy oiremos dos ejemplos, sino también por el centenar aproximado de composiciones destinadas al teclado: variaciones, fugas, pie­zas misceláneas y arreglos de todo tipo, aparte de las ya mencionadas participaciones en los géneros de cámara o como solista en los conciertos. Sin embargo, justo el corpus de sonatas destaca como un grupo singular que, desde el siglo XIX, forma parte regular del repertorio de todos los pianistas. El éxito histórico de estas obras radica en la naturaleza misma de la música: para el apren­diz son piezas de una dificultad asequible que le proporcionan ejemplos para desarrollar su técnica interpretativa. Pero la sen­sación de facilidad que transmite la escritura mozartiana no se corresponde con la realidad de una música que, como conoce el pianista profesional, exige grandes dosis de delicadeza y clari­dad en su ejecución.

Mozart compuso sus sonatas para piano, en esencia, con cuatro finalidades: a) para sus conciertos como intérprete, una activi­dad presente desde su infancia hasta sus últimos años; b) como material docente para sus alumnas, entre las que abundaban las hijas de la clase acomodada; c) como regalo para agasajar a algún noble a cambio de una gratificación; y d) para venderlas a los editores, quienes rápidamente las ponían en circulación en un creciente mercado musical. El contexto y la función con la que fue concebida cada sonata pueden ser relevantes, como se explica en las siguientes notas al programa, para entender el perfil de una obra en particular.

Vistas en su conjunto, estas sonatas pueden agruparse en cua­tro colecciones. El primer grupo corresponde a las seis Sonatas KV 279 a KV 284 compuestas en Múnich a comienzos de 1775 cuando Mozart ya disfrutaba de una considerable fama. El se­gundo lo conforman las tres Sonatas KV 309, KV 310 y KV 311 escritas en Mannheim y París entre finales de 1777 y principios de 1779, un viaje que a la postre no cosechó los éxitos que espe­raba. El tercer grupo se enmarca en su etapa vienesa tras la de­finitiva ruptura con Colloredo a comienzos de los años ochenta (y no en la década anterior, como se venía creyendo), y se com­pone de las cuatro Sonatas KV 330 a KV 333. Tras la Sonata KV 457 de 1785, el último grupo de sonatas data de los años finales, 1788-89, comprendiendo las catalogadas como KV 533, KV 545, KV 570 y KV 576, en las que sintetiza su breve pero intensa ex­periencia en la composición sonatística para el teclado.

La primera colección de sonatas mozartianas, compuesta a comienzos de 1775, es vista como un ensayo de envergadura en este género (para un compositor que, no obstante, tenía ya una larga experiencia creativa). Esta circunstancia no impidió un cierto grado de exploración en la articulación de los movi­mientos, como ejemplifica la Sonata KV 282. Frente a la con­vención, la obra comienza con un “Adagio” con cuatro temas, que da paso a dos minuetos situados –también inusualmente¬ en la parte central, para terminar con un “Allegro” breve y fu­gaz, en sintonía con la concepción de miniatura que predomina en la colección.

La Sonata KV 310, compuesta en París en 1778, emana desde el comienzo un tono dramático de tintes casi trágicos. Las apo­yaturas del tema principal del “Allegro maestoso”, típicamen­te asociadas a un gesto irónico, se tornan aquí en elemento de efectos patéticos al combinarse con la disonancia. El acompa­ñamiento de este tema está formado, en su segundo compás, nada menos que por dos acordes de segunda superpuestos. El “Andante cantabile” proyecta una atmósfera sombría, mientras que el “Presto” final está inusualmente en modo menor, un ele­mento sólo compartido con la Sonata KV 457. La obra no logró conquistar a los parisinos, quienes seguramente verían en ella un exceso de contrapunto, tenido entonces como un rasgo in­telectual.

LA BALADA CUMBRE DE LA OBRA LIBRE EN CHOPIN

Hemos comentado muchas veces aquí que Chopin nunca fue muy amigo de las formas preestablecidas (aunque en la última entrada hablábamos justo de su segunda sonata que utiliza como gran forma pero que rompe muchos de los equilibrios internos de la misma) y por ello cultivó casi siempre las formas más  libres, donde podía transcribir con fidelidad el dictado de su sentimiento, que era cambiante y caudaloso pero siempre brillante (aún en sus pasajes más oscuros siempre queda un rescoldo de luz), estamos aquí ante el prototipo de artista romántica por excelencia y quizás Chopin lo representa como nadie. Así,  como sabemos escribió pocas sonatas y sí muchos valses y nocturnos, mazurcas, scherzos y sus impresionantes estudios, entre muchas otras. Pero se considera casi de modo universal que el mayor grado de perfección lo alcanzó en sus 4 baladas, obras que están en la cumbre de la literatura pianística universal y que desde luego son piedra de toque para cualquier pianista que quiera estar en el top mundial del instrumento;  pocos entre los grandes hay que no hayan grabado u ofrecido en concierto su versión de ellas, son piezas maravillosas que todo el mundo quiere hacer suyas.

BALADA Nº1 EN SOL MENOR OP.23

Esta primera balada fue compuesta entre 1835 y 1836 y hay quien la considera la viva imagen del otoño. Quienes gustan de hacer comparaciones de la música con la naturales dicen que por momentos casi se pueden ver los montones de hojas removidas por el viento en sus melancólicas figuraciones. El pasaje de octavas que la abre, uno de los más reconocibles de la historia de la música, viaja desde un fundamental y básico Do hasta un interrogante fa#. Ni rastro de la tonalidad principal. Desde ese lugar extraño empieza a desgranar un canto triste pero de una belleza extrema, que se irá modelando y acrecentando con el desarrollo de la pieza. Poco a poco, escalas arrebatadas irán cobrando protagonismo hasta hacerse con él definitivamente en el impresionante final. Es sin duda la más lucida y heroica de las cuatro baladas, también la más bella. No es de extrañar que Roman Polanski la eligiera para terminar de destrozar al espectador en el momento cumbre de su obra maestra El pianista.

BALADA Nº2 EN FA MAYOR, OP. 38

La segunda balada fue escrita entre 1836 y 1839, es la más sencilla (en cuanto a estructura) de las cuatro, basada en la confrontación de un tema sosegado y campestre con otro diabólicamente enfurecido. El primero me evoca un amplio campo cubierto por la nieve, de ahí que la asocie al invierno. También el pasaje rápido tiene un color frío y cortante, muy invernal. Uno y otro toman la palabra alternativamente hasta desembocar en una calma reminiscencia del comienzo, más taciturna ya que cambia la tonalidad a La menor.

BALADA Nº3 EN LA BEMOL MAYOR, OP. 47

 

 Si queremos seguir con las metáforas sobre la naturaleza esta tercera balada, de 1841, encantadoramente poética y colorida,  podría representar la primavera. Presenta un largo tema introductorio que no vuelve a hacer aparición hasta el final, totalmente cambiado de carácter (de cálido y distendido a épico y espectacular). Entre medias, el bucólico tema central transita un sinfín de tonalidades y se va adornando y acelerando hasta conducir al archiconocido pasaje climático que trae de cabeza a todos cuantos tocan la pieza pero es de una belleza arrolladora. Desde ahí, una contínua acumulación de sonido pone la brillante y noble rúbrica de la pieza.

 

BALADA Nº4 EN FA MENOR, OP. 52

La última obra de este singular corpus data de 1842 y es la más larga y enrevesada de las cuatro. También la que más tarda en conquistar al oyente, quizá dada la madurez de su escritura y su complejidad estructural. Melódicamente remite a todas las anteriores, por lo que puede parecer a priori una mera repetición de ideas, cuando en realidad es una suma de todas ellas, un compendio mejorado, un perfecto broche. La pieza es siempre cálida y luminosa, puede emparejarse con el verano. Comienza con un tema similar al de la nº2 en modo optimista, para después remitir a la elegancia de la nº1 con menor carga melancólica. Según se desarrolla, aparecen capas de color que la emparentan con la nº3. Motivos de unas y otras se entrelazan pero ante todo la pieza mantiene una firme personalidad, siendo musicalmente la mejor de las 4

Pero como indica el nombre de esta entrada, tras todo el marketing el jueves por la tarde tenemos en el auditorio a un pianista, muy popular si, pero que deberá sentarte delante del piano y tocar nada más y nade menos que a Mozart y Chopin… la sombra de los pianistas que han tocado en esta sala (no volveremos a hacer la lista por enésima vez) es apabullante y Lang Lang en su regreso a Zaragoza deberá volver a refrendar porque está donde está, aquí y delante del piano. Como muestra final dejamos un ejemplo de su Mozart, que cada uno lo juzgue a su gusto.

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Una respuesta a “PERO AL FINAL…..MOZART Y CHOPIN

  1. Un comentario sobre el programa de mano. Se indica que a Lang Lang lo vieron más de cuatro billones de personas de todo el mundo en Londres. El asunto es que en la Tierra solo hay 7.000 millones de personas.
    Un saludo

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