LA SONATA: EL GÉNERO Y SUS CIMAS

FICHA DEL CONCIERTO

Concierto de Sergei Yerokhin, piano. Obras de Beethoven, Chopin y Prokofiev. XVI Ciclo de grandes solistas Pilar Bayona. Lunes 23 de septiembre.

Si hay una forma que ha acompañado la historia de la literatura pianística como ninguna otra desde sus orígenes hasta la actualidad es la sonata; en el barroco se prefiguro, en el clasicismo tomo sus señas de identidad y el romanticismo le llevó a su cima y la disolvió paralelamente. A partir de Haydn y Mozart la forma clave en la historia del repertorio para piano será la sonata, primero tripartita, luego cuatripartita y siempre  entendida como un conjunto de varios movimientos,  cada uno de los cuales desarrolla uno o varios temas. Esa podría ser una definición muy laxa de lo que es una sonata, pero que al ser así de amplia da cabida a prácticamente toda la literatura que bajo ese nombre se ha editado y sin duda a las tres sonatas que componen el valiente  programa de Sergei Yerokin; tres sonatas que son tres cumbres de la literatura pianística capaces de poner en jaque al mejor de los maestros y que, dentro de esa dificultad presentan perfiles bien distintos: la Hammerklavier de Beethoven es una de las cimeras del ciclo más importante de sonatas de la historia del piano, cumbre e inicio de su disolución a la vez.  La de Chopin es una sonata de un compositor “enemigo” de la forma cerrada que sin embargo logra “encerrar” en este marco formal los borbotones de inspiración melódica sello de la casa. La de Prokofiev es un ejemplo de una de las músicas mas serias y contundentes del siglo XX escritas para piano. Como vemos un programa coherente, serio y que demuestra la ambición y solvencia de quien lo afronta.

BEETHOVEN EN SU ESTADO MAS PURO

El concierto de Yerokin se abre con la Sonata op. 106, también conocida como la Hammerklavier de Beethoven. Se trata de una obra que roza lo legendario, temida por todo pianista mucho antes de enfrentarse a ella. Y hay razones para ello. Cuando envió el manuscrito al editor, Beethoven escribió: “Aquí tienes una sonata que mantendrá ocupados a los futuros pianistas durante cincuenta años.” Con una duración  aproximada de 45 minutos, es la sonata mas larga del ciclo del de Bonn. Y, claramente, tanto desde el plano emocional como desde el  técnico una de las más exigentes para el intérprete. En resumen, un auténtico “tour de force” se mire por dónde se mire. Wagner llegó a decir que obras como la 106 sólo tienen significado en sí mismas, haciendo casi imposible toda interpretación. El germen dramático de la sonata reside en la relación entre las dos tonalidades centrales de la obra: si bemol mayor y si menor. La primera, luminosa, heroica, militar, mientras que la segunda, llamada por Beethoven la tonalidad negra, es oscura, íntima, desesperada. Ya en la reexposición del primer movimiento se plantea de manera sorpresiva y violenta un conflicto que necesitará de todo el resto de la obra para resolverse. Cada movimiento posterior manifiesta la tensión de diferente manera.

El Scherzo utiliza al si bemol mayor de forma rítmica y sincopada; la parte central, en si bemol menor, es lírica y misteriosa; y la coda desnuda el conflicto alternando octavas forte en si bemol y octavas piano en si natural. El corazón emocional de la sonata es el Adagio. De dimensiones que serán comunes en Bruckner o Mahler, se trata del movimiento lento más largo que Beethoven haya escrito para piano, al durar, en general, más de diecisiete minutos. Compuesto en fa sostenido menor, parece haber prevalecido aquí lo sombrío y oscuro. Los niveles de tristeza y angustia que se alcanzan aquí han llevado a que este movimiento fuera caracterizado como “el punto culminante del dolor beethoveniano” (Nagel) y comparado con “un corazón destrozado, una ferviente plegaria, un inmenso poema trágico y sombrío que alcanza la más sublime expresión patética” (Lenz). El genio dramático que fue Beethoven queda demostrado en la introducción del último movimiento. En este fragmento, el compositor parece pensar en voz alta, planteándose cómo seguir luego de semejante adagio. Tantea, como si estuviera improvisando, y apela a la polifonía en busca de una estética adecuada. Prueba una y otra vez con recursos reminiscentes a Bach pero siempre desiste.

Luego, casi milagrosamente, encuentra la solución en lapolifonía, pero en una polifonía reinventada, transformada y vigorizada. Parecería que el compositor hubiera tenido que matar a su padre musical (Bach) para poder encontrar su camino. Esta resolución técnica, sumada a la tonal (entre si bemol y si becuadro) generan una verdadera explosión de música contrapuntística. Y la euforia de la fuga final excede al piano, al pianista, a la sala, al oyente, a todo: es irradiación de energía pura. Nada menos que eso pudo haber cerrado esta obra monumental.

Sin embargo, esta resolución grandiosa y extrovertida no puede existir sin su contracara, de acuerdo con el patrón beethoveniano de pares opuestos que funciona casi fractalmente: se lo vio como el conflicto entre sólo dos notas (op. 106), entre dos movimientos (op. 54, 78 y 90) y ahora aparecerá al nivel de sonatas, ideando una suerte de “complemento” a la op. 106 con las últimas tres sonatas. “

La Sonata “Hammerklavier” fue la principal preocupación creadora de Beethoven durante 1817 y 1818. Con su composición aspiraba, como le dijo a su alumno Czerny, a producir la obra más grande de su especie. Ciertamente, hubo muy pocos, aparte de Hans von Bülow y Liszt, que se aventuraran a tocarla en público.

Con una duración próxima a los cincuenta minutos, es una de las sonatas más extensas que se hayan creado. Los tres primeros movimientos (incluyendo uno de los movimientos lentos de sonata más hermosos jamás escritos) conforman un laberinto lleno de tensiones, que se resuelve en una explosión de tonalidades en la apocalíptica fuga final, que es introducida por uno de los fragmentos más enigmáticos de toda la música de Beethoven.

“Ahora ya sé componer”. Éstas fueron las palabras de Beethoven cuando finalizó su sonata Hammerklavier. La sonata op.106 es la más extensa de las obras para piano de Beethoven (dura unos 40 minutos). Pienso que la más difícil de ejecución y no tengo dudas que la más moderna de todas las que compuso (siempre la comparo con el cuarteto op.131).

El genio de Bonn concibió la obra en su nuevo piano Broadwood. Su nombre original fue “Grosse Sonate für das Hammerklavier”. Estaba preocupado por entonces en recuperar el alemán en las indicaciones musicales en deprimento del italiano (¿será por ese odio a la “fiebre” Rossini?). De esta manera, se aferró en mantener el nombre del instrumento para el que estaba destinada su sonata op.106, hasta el punto que hoy seguimos llamándola Hammerklavier (clave de martillos o teclado de martillos). Beethoven la comenzó en 1817 y estuvo dedicado a ella todo el 1818. Nunca había tardado tanto en componer una sonata para piano.

Con estos datos, es obvio que estamos ante una maravilla de obra. Especialmente, el adagio-sostenuto es una autñentica cumbre. Un tema con variaciones, una de las especialidades del maestro. Sus juegos de tonos y modulaciones, la falta de un ritmo constante, la ausencia de la melodía… son sun duda fascinantes. Hay un recurso que Beethoven usa y que me llama mucho la atención, y es que cuando se adivina un pasaje de profundo lirismo (pudiendo recordar a Chopin o Bellini), nos encontramos con que de pronto se corta antes de llegar a su desembocadura lógica, sin duda es un recurso muy personal que logra dejar al oyente en un estado muy especial de agitación y que de algún modo bosqueja el inicio del fin de la forma sonata.

CHOPIN Y LA FORMA SONATA, UNA EXTRAÑA RELACION.

Como todos los románticos de la primera mitad del siglo XIX,Chopin prefirió las formas de corta o mediana duración, sin excesivos problemas estructurales, a las formas largas heredadas del clasicismo. Aun así, y desde muy temprana edad hasta la madurez, abordó la forma sonata en siete ocasiones. Cuatro de ellas, con el título bien destacado: Las tres Sonatas pianísticas y la de violonchelo y piano; en otras tres ocasiones, con el título del género: El Trío Op. 8 y los dos Conciertos para piano y orquesta.

La Sonata nº 2 en Si bemol menor, Op. 35, gira alrededor de su tiempo más célebre, la Marcha fúnebre, compuesta en 1837. Los otros movimientos los completó en 1839, tras el viaje a las Baleares, y fue publicada en 1840. De gran aliento trágico y perfección formal, el fragmento más audaz y admirable es sin duda el rapidísimo final, en fulgurantes tresillos en octavas de ambas manos que pasan ante el oyente como una ráfaga de viento.

A finales de 1836 o 1837, Chopin compuso la marcha fúnebre que vino a servir como el tercer movimiento y que supone el corazón expresivo de esta Sonata. Los tres movimientos complementarios crecieron de la sustancia emocional e implicaciones temáticas de la Marche funèbre dos años más tarde. Los movimientos de la Sonata, tanto internamente como en sus relaciones entre sí, circunscriben una enorme variedad de estados de ánimo y de técnicas, y Chopin fue acusado de nada menos que una autoridad como Robert Schumann de “unir a cuatro de sus niños más revoltosos.” Un análisis reciente, sin embargo, , ha refutado la opinión de Schumann, mostrando que los mismos balances y relaciones motívicas, armónicas y coloristas que caracterizan al un movimiento original de Chopin también son claves en los otros tres. Además, un erudito (Józef Chomiński) ha llegado a la conclusión de que la intención de Chopin en el Sonata fue menor para crear una conciencia del siglo XIX muy unida a la forma clásica, que podría haber querido servir como síntesis en cuatro movimientos de sus primeros logros como  compositor de teclado: el final, escrito íntegramente en octavas sin armonía de acordes en todo hasta los últimos compases, se asemeja a los Estudios y Preludios en su brevedad epigramática y material motívico , el Scherzo, relacionadosen su estructura con piezas de danza de Chopin y en su estilo y la estructura con los propios Scherzos independientes, utiliza como tema central una canción de ensueño en la forma de nocturno; la archiconocida  marchas fúnebre, es una auténtica heredera en el estado de ánimo y la técnica del movimiento lento  de la Heróica de Beethoven “, ya que también envuelve en una cantilena a modo de nocturno su sección central, el movimiento de apertura, después de unos compases de introducción, llena la forma sonata con un tema principal de tejido apretado construido a partir de un motivo saltarín y un gran melodía subsidiaria que habría encajado perfectamente en una balada.

Como vemos la polémica está servida y en el punto medio como tantas veces puede que esté la verdad. Sonata homenaje al clasicismo o pastiche surgido en torno a la marcha fúnebre, este es el dilema que no hace ninguna falta responder par disfrutar de la sonata como ha hecho el público en todo el mundo desde su creación.

UNA SONATA DE SU SIGLO

Lo primero que quiero decir de esta sonata nº 7 de Prokofiev, una de las mas importantes sonatas para piano del S.XX es que fue estrenada por uno de los pianistas mas destacados del pasado siglo, un personaje tan peculiar como fascinante al que el público de esta ciudad puedo disfrutar en dos ocasiones  fruto del empecinamiento de algún programador musical al que tanto debería agradecer esta ciudad.  Hablamos del genial Sviatoslav Richter. Uno de mis primeros recuerdos como melómano fue escuchar a este genio en el Teatro Coliseo, (actual Mango) donde finalmente tocó tras suspender el previsto recital en el Fleta (todos sabíamos entonces que en el Fleta no iba a tocar, se sabia que elegía muy bien los espacios donde tocaba). Hasta hoy he visto unos cuantos recitales de piano, de los más grandes, pero Richter era otra cosa…

Como Prokofiev fue un pianista formidable , no es de extrañar que dedicara gran parte de su producción a la música de piano . Nueve sonatas aparecieron a lo largo de su vida, aunque no uniformemente espaciadas . Las cuatro primeras ( 1907-1908 ) provenía de sus años de conservatorio , sin embargo todas fueron posteriormente re- escritas, seguidas de la quinta de 1923 (revisada en 1953 ) . Un paréntesis de dieciséis años separó esta quinta de las siguientes tres sonatas , esbozadas vez en 1939 y, a veces conocidas como las ” sonatas de guerra. ” De las nueve , esta séptima es de lejos la más conocida.

Prokofiev comenzó a trabajar en esta sonata en 1939 y terminó en 1942. Sviatoslav Richter dio la estrenó en concierto el 18 de enero de 1943 en Moscú. Glenn Gould caracteriza la sonata como ” construida para durar. … Con su oscilación esquizofrénica del estado de ánimo y su inestabilidad nerviosa de la tonalidad , es sin duda una pieza guerra. Está llena de esa mezcla única  tan “de Prokofiev” de lamentación agridulce , la intensidad en la percusión del piano y … lirismo ” .

La obra está plagada de contrastes violentos a partir de la primera página de la partitura . El tema de apertura aparece nervioso y  rozando ligeramente por encima del teclado, pero culmina en una figura  con golpes despiadados en el mismo. Sin embargo, incluso los contrastes dentro de todo el primer tema se convierten en un cambio colectivo para el segundo de carácter tranquilo y lírico ( Andantino ) . Gran parte de la tensión en este movimiento en forma pura de sonata se deriva de los contrastes a gran escala entre la inquietud de conducción del primer material y la suavidad del segundo . El movimiento central está marcado com Andante caloroso ( y ofrece de hecho un tema de gran dulzura insinuante en Mi mayor . Esto da lugar a una nueva sección ( Poco più animato ) que recuerda un poco la inquietud del primer movimiento. Después  la música crece a un clímax poderoso  y escuchamos un breve recordatorio del tema anterior suavemente lírico, poniendose así en yuxtaposición más fuerte con la dureza violenta del tercer movimiento , que se mueve inexorablemente hacia adelante con el poder aterrador de un gigante musical. En resumen otra auténtica cumbre de la sonata, forma que a estas alturas podemos añadir una característica más… su tremenda versatilidad estética y expresiva.. el menú pues tiene coherencia pero es más que variado.

Y nos permitimos un lujo, un pequeño regalo que se sale de la forma sonata y es una interpretación de Yerokhin de un nocturno de Chopin; con el pretendemos darnos un pequeño placer un avance de un pianista que pasó de arrasar en un buen número de concursos de piano a ir construyendo un pianismo más sereno y profundo, de bases muy firmes; el programa que presenta en su vuelta a la Sala Mozart es una buena muestra de ello.

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