ALGO MÁS QUE UNAS MANOS GRANDES

FICHA DEL CONCIERTO

Concierto de Leonel Morales, piano. Obras de Rachmaninov. Miércoles 5 de junio. XVI Ciclo de Grandes Solistas Pilar Bayona.

ALGO MÁS QUE UNAS MANOS GRANDES

Las obras de Rachmaninov suelen estar en los programas de todo pianistas que se precie. De él se ha dicho que fue el último de los románticos europeos, capaz de componer (y tocar) para el piano obras de una intensidad y complejidad endiablada. De hecho, en cualquiera de sus obras más conocidas, los dedos de ambas manos se someten a un estrés considerable no solo por la amplitud con la que deben separarse para abarcar escalas “imposibles”, sino porque la intensidad de la percusión de las teclas también es muy exigente.

 Aunque conocido a nivel mundial por el Concierto para piano núm. 2 y por su rapsodia sobre un tema de Paganini, Sergéi Rachmaninov ha tendido a ser relegado por algunos historiadores al papel de simple epígono del romanticismo y, en particular, de Piotr Ilich Chaikovski, compositor por el que siempre profesó una profunda admiración. Sin embargo, ello no es obstáculo para que su música tanto al piano como una buena parte de su obra orquestal sea una de las más apreciadas por intérpretes y público, por su singular inspiración melódica y su emocionada expresividad.

 Rachmaninov nació en el seno de una familia de terratenientes, debió su temprana afición musical a su padre y a su abuelo, uno y otro competentes músicos aficionados. A pesar de sus extraordinarias dotes para la interpretación al piano, la composición fue desde el principio el verdadero objetivo del joven Rachmaninov. No obstante, su carrera en este campo estuvo a punto de verse truncada prematuramente por el fracaso del estreno, en 1897, de su Sinfonía núm. 1. Este revés sumió al compositor en una profunda crisis creativa, sólo superada a raíz del Concierto para piano núm. 2, cuyo éxito supuso para él el reconocimiento mundial.  La revolución soviética puso fin a esta etapa, provocando su salida, junto a su familia, de Rusia. Suiza primero y, a partir de 1935, Estados Unidos, se convirtieron en su nuevo lugar de residencia. Si en su patria había dirigido sus principales esfuerzos a la creación, en su condición de exiliado se vio obligado a dedicarse sobre todo al piano para poder subsistir.

La carrera de virtuoso pianista que llevó a cabo desde entonces, junto a la profunda añoranza de su país, fueron dos de las causas que provocaron el notable descenso del número de obras escritas entre 1917 y 1943, el año de su muerte: sólo seis nuevas composiciones vieron la luz en ese lapso de tiempo, cuando en los años anteriores lo habían hecho casi cuarenta.

La música de Rachmaninov es pues sin duda todo un reto para los virtuosos pero pocas veces como en este concierto nos encontramos antes un monográfico con su obra. Me atrevo a decir que este concierto puede ser la prueba de que la obra del ruso es mucho más que la obra de un virtuoso… Y si hay alguien que no se quede convencido tras la escucha del concierto pues le invito  escuchar por ejemplo su seguda sinfonía, probablemente la más popular del ruso, que se interpreta con cierta asiduidad y que se inscribe con gran maestría y facilidad melódica en la mejor tradición romántica.

DE FORMATOS E INSPIRACIONES

Se ha hablado mucho de la herencia de Tchaikovski en la obra de nuestro compositor pero quedarse allí sería simplificar y se nos ocurre apuntar dos nombres que suelen ser compañeros del ruso en los programas de los pianistas, casando con ellos a la perfeccion, hablamos de Liszt, con el que sin duda comparte el sentido del virtuosismo, ese sentido de llevar al límite las posibilidades técnicas y expresivas del piano pero también de Chopin con quien comparte dos cosas: el sentido libre de la forma musical (en este concierto antes de una sonata oiremos melodías, preludios, momentos musicales y hasta un vals) y la facilidad para la melodía, para desarrollar temas a veces simples pero de una belleza directa que es fácilmente entendida por el público, rasgo este que también comparte con Tchaikovski en efecto.

Así la pieza que abre el programa es una pieza que rompe con la imagen del Rachmaninov virtuoso y nos acerca a esa otra imagen del grandísimo melodista que encuentra un tema de relatica simpleza y con esa misma simpleza lo desarrolla, así esta ‘melodie’ op. 3 es de una pureza melódica lejana de cualquier exceso que busca el contacto directo con el oyente; tal es su efectividad que existe una versión orquestal que suele ser un encore relativamente interpretado.

Y si la primera pieza nos acerca a la relación de Rachmaninov la segunda lo pone fácilmente en relación con la otra influencia que hemos apuntado, la de Franz Liszt, pero curiosamente no por la via del virtuosismo sino por la via de las adaptaciones y transcripciones. En este caso Rachmaninov compone sobre la triste y maravillosa composición de Kreisler, Liebesleid (penas de amor), compuesta para su opereta Sisi, sobre la infortunada emperatriz austriaca. Como decimos aquí Rachmaninof hace una obra por completo al estilo de Liszt, coge la melodía de Kreisler y juega con ella utilizando los recursos que le ofrece el piano y un pianista virtuoso.

Los ‘Seis momentos musicales, Op. 16’, es una serie de piezas para piano solista fueron compuestos por el compositor ruso entre octubre y diciembre de 1896 y son un grupo de seis obras separadas que reproducen formas musicales características de periodos musicales anteriores como el nocturno, la canción sin palabras, la barcarola, un virtuoso estudio y el tema con variaciones, como vemos algunas de ellas son herederas directas ya en el nombre del lenguaje chopiniano-

Las piezas consideradas individualmente han sido descritas como «verdaderas piezas de concierto, siendo más apreciadas en el escenario con un piano de cola». A pesar de ser compuestas como parte de una serie, cada pieza puede ser interpretada individualmente como un solo de concierto con sus propios temas y ambientes. Abarcan una amplia variedad de temas desde una sombría marcha fúnebre presente en el número tres al majestuoso canon del número seis, los Moments Musicaux (su título original en francés) constituyen tanto una revolución en el género como un vuelta a la composición para piano solo de Rajmáninov.

 En una entrevista que el compositor concedió en 1941, Rajmáninov afirmó, «lo que intento hacer, al transcribir mi música, es decir de manera directa y simple lo que mi corazón siente al componer». A pesar de haber compuesto los Momentos Musicales por encontrarse en apuros económicos, las piezas resumen su saber en la composición para piano hasta ese  momento ya maduro de su creación. El Andantino empieza la serie con una larga y reflexiva melodía que se desarrolla hasta alcanzar un rápido clímax. La segunda pieza, el Allegretto, es la primera de las pocas de la serie que revelan su maestría en la técnica pianística entendida esta como virtuosismo. El Andante Cantabile es un contraste entre las dos piezas que la rodean, explícitamente denominadas marcha fúnebre y lamento. El Presto obtiene su inspiración de varias fuentes, entre las que se encuentran los Preludios de Frédéric Chopin, sintetizadas en una explosión de intensidad melódica. La quinta pieza de la serie, denominada Adagio sostenuto, es un respiro en forma de barcarola, antes del final Maestoso, que concluye la serie con una gruesa textura en tres partes.

 Pero veamos brevemente el contexto de composición de esta obra. En el otoño de 1896, el estado financiero de Rajmáninov era precario, agravado por un robo que sufrió en un viaje en tren realizado con anterioridad. Presionado durante un largo tiempo, tanto por la falta de recursos económicos como por aquellos que esperaban la conclusión de su primera sinfonía, «se apresuró a componer». El 7 de diciembre le escribió a Aleksnadr Zatayevich, un compositor ruso que conoció antes de componer la obra, diciéndole, «Me apresuro para obtener el dinero que necesito para una fecha en concreto… Esta presión financiera perpetua es, por un lado, bastante beneficiosa… para el día 20 de este mes tengo que haber acabado seis piezas para piano».Rajmáninov completó las seis entre octubre y diciembre de 1896 y fueron todas dedicadas a Zatayevich. A pesar de las duras condiciones, la obra muestra clara evidencia de su temprano virtuosismo y establece un ejemplo de la calidad que tendrán sus obras futuras.

 Los Seis Momentos Musicales fueron bien recibidos por los críticos. Mientras componía su primera sinfonía, Rajmáninov no tenía tiempo para componer obras para piano solo y los Moments son considerados como su vuelta a la composición de madurez. Aunque son revolucionarias y grandilocuentes en estilo, retienen el carisma de sus primeras obras, tal y como menciona la pianista Elizabeth Wolff: «Comparten las características de sus primeras obra, densas, ricas en contrapunto, altamente cromáticas, de estilo nacionalista conmovedor, de sentimientos profundos y, por supuesto, excepcionalmente difíciles para el pianista». Interpretaciones posteriores de la obra revelarían que Rajmáninov había escondido un ritmo sutil y vitalidad que emergían de las largas frases melódicas, llevando más allá su aclamación como una música asombrosamente complejo. Los Moments van más lejos al «confirmar lo que es inexplicablemente inherente al genio», con «exquisitas melodías, maravillosos cambios cromáticos, ‘milagrosamente breves’», así como manteniendo «un sentido de contraste y variedad que permita a cada miniatura ser una obra por su propio mérito al igual que complementar la obra en ambos sentidos». Aunque se desconoce si las consecuencias financieras de la obra le permitieron recuperar el dinero robado, la reacción emocional sería pronto olvidada durante los siguientes años por el catastrófico estreno en 1897 de su trabajo de dos años enteros: la Sinfonía n.º 1 (Op. 13, 1895).

PRELUDIOS LIBRES Y POR FIN UNA SONATA

Y la segunda parte empieza todavía en ese espíritu de obras libres, que como decíamos formalmente emanan de Chopin. Rachmaninov compuso al igual que Chopin dos series de preludios los opus 23 y 32 que en este caso escucharemos mezclados y en selección de ambos números de catálogo. Los dos ciclos resultan ser unas obras apasionadas, de enorme brillantez, poderosas, delicadas, en ocasiones de enorme intensidad, en otras avasalladoras de una intensidad que atrapa con enorme fuerza al corazón, alternando nostalgia ardiente con sueños del pasado, sutileza y delicadeza al extremo en muchas otras. Amor, sentimientos, dulzura, pasión, brillantez. Todo ello podrán encontar en estas breves pero maravillosas obras de cierta reminiscencia en Chopin pero de Rachmaninov puro, romanticismo extremo, límites de la percusión del piano, virtuosismo, y melodismo elevado a un grado extremo de belleza.

 Y para terminar una sonata, como no. Al igual que los músicos que lo influenciaron como Liszt y Chopin, Rachmaninov a pesar de usar las formas libres en varios momentos se sintió atraído por la forma sonata que en este caso en una primera visión mantiene una estructura bastante clásica de tres tiempos siendo el interior lento frente a sendos allegros que abren y cierran la obra. Rachmaninov  había compuesto su Primera Sonata en Dresde en 1907,  basada en una poderosa combinación de la estrategia compositiva de las miniaturas tal y como las hemos escuchado en el resot del programa con el poder expresivo de las grandes formas; el resultado fue una larga obra en tres movimientos de rígida estructura. Esta Segunda Sonata fue compuesta al término de la cantata Kolokola op. 35 en su casa de Ivanovka, a finales del verano de 1913. Este fue un año agitado: la familia Rachmaninov se había instalado en Roma durante el invierno para que Sergei descansara de las giras del año anterior y pudiera concentrarse en Kolokola, los niños enfermaron de tifus y la familia buscó atención médica en Berlín, tras lo que regresaron a su casa de campo. El 30 de noviembre se estrenó Kolokola en San Petesburgo bajo la dirección de Rachmaninov, quien tres días después estrenó la Segunda Sonata en un concierto en Moscú; la obra fue publicada en París por Gutheil.

En el verano de 1931, después de terminar las Variaciones Corelli, Rachmaninov abordó la revisión radical de su Segunda Sonata, recortó largos pasajes de lucimiento pianístico, suprimió 120 compases y reescribió totalmente la obra simplificando la textura para evitar que “todas esas voces de movieran simultáneamente y no resulte tan larga”; asimismo, dotó de mayor unidad estructural a la obra, cuya primera versión inducía la impresión de tratarse de una fantasía en un único y libérrimo movimiento único. Rachmaninov entregó esta segunda versión a Gutheil para su publicación, que realizó inmediatamente y desde entonces esta ha sido la versión de referencia. Tras la muerte de Rachmaninov, Vladimir Horowitz realizó para su propio uso una tercera versión, híbrida de las dos del autor, que nunca se llegó a imprimir al parecer.

“Si bien las revisiones revelan mucho acerca de los cambios en el estilo del piano de Rachmaninov entre la década de 1910 y la de 1930 (al igual que las dos versiones del Primer Concierto muestran su evolución entre la década de 1890 y 1917), la Sonata tiene, a pesar de ello, mucho de producto de los años rusos maduros de Rachmaninov en el lirismo y en su expresión vehemente, muy diferente de su otra obra de 1931, las Variaciones Corelli.” La supresión de los pasajes virtuosísticos y la trasparencia estructural tienen mucho que ver, sin embargo, con la situación social tras la Gran Depresión y la reflexión sobre el sentido de la obra de arte y su transmisión, inducida por la New Deal. El reciente interés por la primera versión tiene, asimismo, un sentido ideológico y es consecuencia de la rehabilitación de la música como arte sensorial por parte de la post-modernidad. Hemos de tener presente que “Rachmaninov no fue Moderno ni modernista por naturaleza. Tanto los ritmos como las relaciones armónicas cromáticas, a menudo oblicuas [de la segunda versión] marcan la línea del horizonte para este músico no-iconoclasta y absolutamente sincero.”

En todo caso queda claro el interés de oir cualquiera de las dos versiones de la sonata dado que ambas provienen de lsa pura pluma creativa de Rachmaninov.

Empezabamos estas notas hablando del tamaño de las manos grandes de nuestro compositor y hemos querido demostrar a lo largo de las mismas que más allá del virtuoso Rachmaninov es un grandísmo compositor de música para piano y estamos seguros que el maestro Leonel Morales, auténtico especialista en el compositor ruso así lo ratificará con sus interpretaciones; pero ya que se acerca el verano y que este ciclo aborda su pausa para seguir en el próximo octubre nos permitimos acabar con una divertida broma musical…. Sería algo asi como… ¿Cómo tocar Rachmaninov si se tiene las manos pequeñas?… una divertida broma musical no exenta de una pizca de genio

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2 Respuestas a “ALGO MÁS QUE UNAS MANOS GRANDES

  1. Hola,
    Estuve en el concierto y, la verdad, me encantó. Sin embargo no sé el nombre de las piezas que tocó al final (no se le escuchaba hablar desde donde estaba yo), fuera de programa. Me preguntaba si me podrían decir los títulos.

    Gracias.

    • Eran dos piezas de Ernesto Lecuona. La primera, la “Malagueña” de la suite “Andalucía”. La segunda, la “Danza de los ñáñigos” de las “Danzas afro-cubanas”. Puede encontrarlas fácilmente en Youtube.

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