TODAS LAS CARAS DE LA GRAN RUSIA

FICHA DEL CONCIERTO

Concierto de la Orquesta Sinfónica del Estado de Moscú. Boris Belkin, violín. Pavel Kogan, director. Obras de Rimski-Korsakov, Chaikovski y Mussorgski/Ravel. Temporada de Grandes Conciertos de Primavera, martes 28 de mayo.

TODAS LAS CARAS DE LA GRAN RUSIA

Personalmente me he cansado de luchar con los tópicos que nos plantean la música rusa como algo exótico…. Explicaba hace unos días, hablando de Bela Bartok, el gran violinista del Cuarteto Quiroga Cibrán Sierra que toda la gran música bebe del folklore y de la música tradicional porque es lo que se escucha en cada sitio y va de alguna manera inscrito en el “ADN colectivo” y eso es así no sólo para Bartok (o los músicos rusos en este caso) sino para Haydn o Beethoven. Por ello vamos a evitar en estas notas el habitual tono “exotizante” y hablaremos de gran música lo cual no nos va a ser nada difícil además teniendo en cuenta que, salvo la primera obra del programa, las dos restantes tienen un carácter marcadamente internacional tanto en su tono compositivo como sobre todo en su marcado carácter de “clásicos populares” que están entre las obras mas grabadas e interpretadas del repertorio a nivel mundial…amén de esto cabe afirmar que el carácter ruso de estas dos obras está más que tamizado; en el caso del concierto de violín de Chaikovski hablamos de uno de los principales conciertos para violín de la época romántica absoluto favorito de violinistas y público y en los ‘Cuadros de una exposición” nos encontramos ante una obra orquestada por un músico francés Ravel con una orquestación de tal éxito que hoy en día es mucho más interpretada esta versión que otras orquestaciones o incluso que el original para piano.

Quitemos pues apellidos, entrando así en pretendida contradicción con el título de este post y hablemos así de un gran concierto con dos obras que están dentro de ese repertorio que el aficionado disfruta oyendo en veladas sinfónicas en cualquier parte del mundo.

RIMSKI ENTRE LA ÓPERA Y LA MÚSICA SINFÓNICA

Quienes plantean, por espurios intereses, confrontaciones entre la música sinfónica y la ópera sin duda incurren en un error tan básico como inútil.. la música es una y el cuidado y  la atención a la misma debe ser todo uno y separar la ópera como un género aparte incomunicado con el resto es desconocer las circunstancias y los motores creativos de un sinfín de compositores… desde Mozart hasta, por ejemplo, Rimski Korsakov. La primera anécdota es que la mayoría de los lectores de este blog conocerán un fragmento de la ópera ‘El Cuento del Zar Saltán’ pero sin duda no sabrán que proviene de esta ópera. En este concierto tendremos la suerte de conocer otro fragmento orquestal de la misma, pero seguramente si le preguntamos a un aficionado medio por una obra de Rimski, junto quizás con Sherezade, la mayoría nos indicarán ‘El Vuelo del Moscardón’ conocido incluso por mucha gente sin saber ni como se llama. Pues bien, el famoso vuelo proviene de esta ópera de la que hoy no ecucharemos este fragmento (salvo que caiga fuera de programa) sino los ‘Tres Milagros’ otro fragmento de gran brillantez.

Cuando Nikolai Rimski-Korsakov llegó a la escena musical  de San Petersburgo, era evidente que  sólo existían unas pocas verdaderas óperas rusas. No había producciones teatrales privadas, y para estrenar era imprescindidble el permiso por parte de la Dirección de los Teatros Imperiales, y en el caso de Rimsky, la autoridad  encargada de esa aprobación en San Petersburgo era la compañía del Mariinsky. En el momento de su muerte, al contrario, había ya varios teatros de ópera privados interesantes en San Petersburgo y Moscú en competencia con las empresas oficiales del gobierno, y muchas óperas  “de cosecha propia” competían por la atención del público. En las compañías de ópera rusa, Rimsky-Korsakov logró imponer varias obras que fueron consolidadas como repertorio estándar hasta bien entrado el siglo XX.

Como miembro fundador del grupo  ruso de los compositores conocidos como “Los Cinco”, Rimsky trabajó arduamente para auto-educarse a sí mismo en el arte de la composición y la orquestación. Tuvo tanto éxito  en sus esfuerzos que llegó a considerarse como el más talentoso del grupo y como el primer verdadero sinfonista ruso. Y es en sus trabajos como sinfonista donde gran parte de su reputación internacional descansa. En las salas de conciertos, sus brillantes orquestaciones deslumbrantes son regularmente representados en tres obras – Sheherazade,  la obertura de la Gran Pascua Rusa  y el Capriccio Espagnol. En este caso ninguna de los tres son derivadas de o relacionados con sus óperas.

Pero Rimsky-Korsakov quería, sobre todo,  ser considerado y recordado como compositor de ópera, en un primer momento como un compositor de ópera nacionalista rusa, y más tarde en su vida, como compositor de ópera de renombre internacional. Escribió óperas que abarcan una gran variedad de estilos y temas: dramas históricos, óperas basadas en obras de Nikolai Gogol, cuentos de hadas, y epopeyas, entre otros. En sus óperas épicas, el compositor intentó a través de su música  llevar al pueblo al escenario, para convertirse, por así decirlo, en una parte de la acción dramática. En sus tres óperas de cuentos de hadas – El cuento del Zar Saltan, Kashchey el Inmortal y El gallo de oro hizo todo lo contrario. Quería mantener las cualidades místicas y mágicas de los cuentos, y que mejor manera de hacerlo, que manteniendo a la audiencia aislada de la acción, en el exterior mirando hacia la acción con una cierta distancia.

El cuento del Zar Saltan, de su Hijo el renombrado Principe Gvidon Saltanovich y de la hermosa princesa cisne es el título completo de la ópera  basada en un texto del mismísimo Alexander Pushkin. Rimsky escribió la ópera, coincidiendo con el centenario del gran poeta ruso, y el estreno se produjo el 3 de noviembre de 1900, en Moscú, dirigido por Mikhail Ippolitov-Ivanov.

En breves palabras  diremos que la historia gira en torno a tres hermanas, la más joven de los cuales el zar toma como su esposa antes de partir hacia la guerra. Las otras dos hermanas arden en celos, y con la ayuda de una anciana Babarikha, traman su venganza. En ausencia del zar, su esposa, la zarina da a luz a un hijo, Gvidon, pero las hermanas y la anciana hacen llegar la falsa noticias al zar de  que el recién nacido es un monstruo. Las órdenes zar, muy sutil él, al recibir la noticia son que su esposa y su hijo sean arrojados al mar.

Los dos náufragos, no obstante,  son arrojados a tierra por un mar benévolo en la isla de Buyan. Cuando los dos aparecen en la isla, el hijo ha crecido milagrosamente, convirtiéndose en un hombre joven. Él  joven sale  en busca de alimentos y en esa búsqueda se encuentra con un cisne encantado por un cometa. Como recompensa por librarlo del encantamiento, el cisne crea una ciudad para Gvidon y lo pone al frente de su gobierno, pero con el tiempo y a pesar de todo en el joven crece la nostalgia. El cisne, para aliviar la melancolía del príncipe, lo transforma en una abeja para que pueda visitar la corte de Saltan y de paso picar en la nariz a la vieja culpable de sus desgracias.

Ni siquiera el viaje a su tierra natal logra disipar el desaliento del príncipe. Sólamente después de que él  expresa el deseo de una novia en lugar de su viejo hogar  encuentra la paz. El cisne se revela a sí mismo como una hermosa princesa, una princesa que demuestra ser la compañera perfecto para Gvidon. Se casan, y la ópera termina con la visita del Zar Saltan que está muy contento de ver de nuevo a su esposa y, por primera vez, conoce y reconoce a su hijo recién casados.

Como vemos la historia es fantástica y supone el marco perfecto para la brillante escritura orquestal de nuestro compositor que juega con colores y texturas sonoras como solo él sabe hacer… los tres milagros y la introducción que oiremos marcan perfectamente esta línea y el espíritu de la ópera dando una muestra más de que el espíritu de la ópera como género no cae, ni puede recaer únicamente, en la voz humana.

EL OTRO GRAN CONCIERTO DE CHAIKOVSKI

Si hace pocas semanas Luganski con la espectacular Orquesta de la Radio de Finlandia nos reconcilizaron de un modo tan preciso como brillante con el maravilloso primer concierto de piano de Chaikovski, esta semana les toca a Belkin y la orquesta rusa acercarnos y hacernos disfrutar del no menos maravilloso concierto para violín del genio ruso.

En el verano de 1877, Chaikovski  se comprometió  en el desastroso matrimonio que duró menos de tres semanas y dio lugar a su colapso emocional y posterior intento de suicidio. Huyó de Moscú para visitar a  su hermano Modesto en San Petersburgo, donde se recuperó, retomó las fuerzas musicales y descubrió que podía encontrar consuelo en su trabajo. Pasó el otoño y el invierno  terminando su cuarta sinfonía y la ópera Eugenio Oneguin. Los hermanos decidieron que viajar fuera de Rusia sería un bálsamo adicional para el espíritu del compositor, y emprendieron viaje hasta que se instalaron en Clarens en el Lago Ginebra, en Suiza más o menos a mediados del año.

En Clarens, Chaikovski ya había comenzado a trabajar en una sonata de piano cuando fue visitado por Joseph Kotek,  joven violinista de talento que había sido estudiante en una de sus clases de composición en el Conservatorio de Moscú, que trajo con él una partitura de la recientemente compuesta Symphonie Espagnole para violín y orquesta del compositor francés Edouard Lalo. Ellos trabajaron sobre la pieza, y Chaikovski estaba tan emocionado por las posibilidades de una obra para violín solista y orquesta que dejó a un lado la sonata para piano en gestación y de inmediato comenzó el trabajo de composición de este concierto. Trabajó con rapidez, completando el actual movimiento lento en un solo día, cuando decidió descartar un intento anterior. (Esta obra abandonada terminó como la primera de las tres meditaciones para violín y piano, op. 42.) A finales de abril, la obra fue terminada. Tchaikovsky envió el manuscrito a Leopold Auer, un amigo que dirigía el departamento de violín en el Conservatorio de San Petersburgo y que también era violinista en la Corte del Zar, con la esperanza de contar con él el estreno de la obra.  Con un gran disgusto por parte del compositor, Auer devolvió la pieza como “intocable”.

Fue Adolf Brodsky, un ex colega de Chaikovski en el Conservatorio de Moscú, quien aceptó por primera vez el reto de tocar este concierto. Después de haberlo trabajado según sus palabras, durante dos años, finalmente se sintió suficientemente seguro como para darle a la obra un intento, y convenció a Hans Richter para incluirlo en los conciertos de la Filarmónica de Viena en 1881. Brodsky debió sentir que estaba en una especie de cruzada durante la preparación de la actuación. Sólo había un único ensayo general asignado para el nuevo trabajo, y la mayoría del tiempo se fue en la corrección de las partes, que contenían infinidad de errores de los copistas. Richter quería hacer recortes en la pieza. La  música orquestal no le gustaba. Brodsky merece desde luego el reconocimiento del mundo de la música para su firmeza en la defensa del concierto en medio de todas estas adversidades. Cuando se llevó a cabo la actuación, el público mostró su acuerdo, y lo aplaudió. La pieza en sí, sin embargo, fue duramente criticada. La andanada de la crítica fue dirigido por ese poderoso decano del conservadurismo vienés, Eduard Hanslick, cuyo prepotencia (“La música que apesta en el oído”) irritó a Chaikovski hasta el día en que murió. A pesar de su recepción inicial, Brodsky se mantuvo dedicado al concierto, y lo tocó a lo largo de Europa. El trabajo pronto comenzó a ganar popularidad, al igual que la música de Chaikovski en general, y se ha convertido en uno de los conciertos más famosos de la literatura. Es una nota lateral revelador que Leopold Auer, quien había rechazado inicialmente la obra, con el tiempo llegó a incluirlo en su repertorio, e incluso enseñó a sus estudiantes, algunos de los cuales – Seidel, Zimbalist, Elman, Heifetz, Milstein – se convirtieron en los más grandes exponentes del concierto en el siglo 20.

El concierto se abre en silencio con una melodía introductoria. Un anticipo del tema principal de pronto aparece en los violines, alrededor de la cual un crescendo rápido se monta hasta el comienzo del solista. Después de algunos compases no acompañados, el violín presenta el encantador tema principal del movimiento. Después de una repetición elaborada de esta melodía, se da una transición que finalmente involucra a toda la orquesta y el solista tiene la primera de muchas oportunidades para la exhibición pirotécnica. El segundo tema es el comienzo de una larga acumulación dinámica y rítmica que conduce al desarrollo del tema principal con la orquesta completa. El solista pronto roba de nuevo la atención con saltos espectaculares y cuerdas dobles. Las declaraciones de estado de ánimo casi de ballet van dando paso a una cadencia brillante que funciona como un enlace a la recapitulación. La flauta canta el tema principal  antes de que el violín se haga cargo, y todos se sigue el orden de la exposición. Una coda estimulante pide no menos de cuatro aumentos de tempo, y el movimiento termina en un remolino brillante de la energía rítmica.

El movimiento lento comienza con un coral para instrumentos de viento que se escucha de nuevo al final del movimiento para servir como un marco alrededor del cuadro musical que constituye el movimiento. En el lienzo de esta escena se muestra una conmovedora melodía entonada por el violín que nos trae a la memoria el toque quejumbroso de un violinista gitano. El finale se une al movimiento lento sin  pausa. Con el espíritu y la fuerza de un apuesto cosaco Trepak, el final vuela por medio del vertiginoso espectáculo  que brinda el solista  en pasajes de gran agilidad y velocidad. Al igual que el primer movimiento, ésta también corre hacia su clímax final, casi pareciendo que se quiera levantar a los oyentes de sus butacas. Después de tocar el estreno del Concierto, Adolf Brodsky escribió a Chaikovski que el trabajo fue “maravillosamente hermoso.” Estaba en lo cierto.

No podemos terminar los comentarios de esta primera parte sin mentar la interesante relación dialéctica y de respeto entre los dos compositores. Fue en noviembre de 1887,  cuando Chaikovski llegó al Conservatorio de San Petersburgo, y pudo asistir a varios de los Conciertos Sinfónicos Rusos. Uno de ellos incluía una interpretación completa de su Primera Sinfonía, subtitulada Sueños de invierno, en su última versión. Otro concierto estuvo protagonizado por el estreno de la Tercera Sinfonía de Rimski-Kórsakov en una versión revisada. Rimski-Kórsakov y Tchaikovski intercambiaron correspondencia antes de la visita y pasaron mucho tiempo juntos en esa época, también en compañía de Glazunov y Liádov. Aunque Chaikovski ya había sido un huésped habitual en casa de Rimski-Kórsakov desde 1876,94 y que se ofreció a organizar el nombramiento de Rimski-Kórsakov como director del Conservatorio de Moscú, esto supuso el comienzo de una relación más cercana entre ambos. «En cuestión de dos años», escribe Rimski-Kórsakov, «las visitas de Chaikovski se volvieron mucho más frecuentes».

Durante las mencionadas visitas y sobre todo en público, Rimski-Kórsakov se ocultaba tras una máscara de simpatía. En privado, la situación se le antojaba complicada emocionalmente y le confesó sus miedos y temores a su amigo, el crítico musical moscovita Semión Krúglikov. Estaba fresca en el recuerdo la tensión entre Chaikovski y Los Cinco sobre las diferencias en sus filosofías musicales; tensión tan aguda que Modest, el hermano de Chaikovski, comparó su relación en esa época como «la de dos Estados vecinos y amigos […] preparados cuidadosamente para encontrarse en terreno neutral, pero guardando celosamente sus intereses particulares». Rimski-Kórsakov observaba, no sin evitar sentirse irritado, como Tchaikovski cada vez era más y más popular entre sus propios seguidores. Esta envidia personal se tornó también en profesional, dado que la música de Tchaikovski ganaba popularidad entre los compositores del Círculo Beliáyev y permaneció en conjunto más exitosa que la suya propia. A pesar de todo, cuando Chaikovski asistió a la fiesta de celebración del santo de Rimski-Kórsakov en mayo de 1893, este le preguntó a Chaikovski personalmente si querría dirigir cuatro conciertos de la Sociedad Musical Rusa en San Petersburgo durante la siguiente temporada. Tras pensárselo detenidamente, aceptó. Su muerte repentina a finales de 1893 evitó que cumpliera con su compromiso en su totalidad, no obstante, en la lista de obras que había pensado dirigir se contaba la Tercera Sinfonía de Rimski-Kórsakov. Rivalidad y respeto parece que no estuvieron reñidas en la relación de estos dos grandes compositores tan diferentes.

ESE GRAN EJERCICIO DE ORQUESTACIÓN

Mussorgsky compuso Cuadros de una exposición como piezas para piano, en junio de 1874. Ravel hizo su transcripción orquestal en el verano de 1922 Para Serge Koussevitzky, quien llevó a cabo el estreno de la osrquestacion el 22 de octubre de ese mismo año, en París. La orquesta de Ravel  es muy brillante compone de tres flautas y dos flautines, tres oboes y corno Inglés, dos clarinetes y clarinete bajo, dos fagotes y contrafagot, saxofón alto, cuatro trompas, tres trompetas, tres trombones y tuba, Glockenspiel, campanas, xilófono, triángulo, maracas, látigo, caja, bombo, tambores,platos, plato suspendido, xilófono, celesta, dos arpas, y cuerdas.

Cuando Víctor Hartmann murió a la edad de treinta y nueve años, poco sabía que las imágenes que dejó atrás el legado de una carrera mediocre como artista y arquitecto viviría. La idea de una exposición con la obra de Hartmann vino de Vladimir Stassov, el influyente crítico que organizó un espectáculo en San Petersburgo en la primavera de 1874. Pero fue Modest Mussorgsky, tan conmocionado por la muerte inesperada de su querido amigo, que se propuso hacer algo de esta pérdida. “¿Para qué un perro, un caballo, una rata tengan vida”, parafraseando Rey Lear “,  criaturas como Hartmann tiene que morir?”

 Esto le dio a  Mussorgsky dio la idea para una serie de piezas para piano que representaban al compositor “itinerante a través de la exposición, ya sin prisa, ahora con brío, con el fin de acercarse a una imagen que había atraído su atención y, a veces, lamentablemente, pensando en su difunto amigo. “Mussorgsky trabajó fervientemente durante la primavera, y el 22 de junio de 1874 terminó Cuadros de una exposición. Sin dida Mussorgsky tuvo una impresión exagerada sobre la importancia artística de Hartmann (como amigos a menudo), pero esta partitura  ha garantizado a Hartmann un lugar en la historia que su arte por sí solo nunca podría haber logrado. No hay constancia de una ejecución pública de los `Cuadros` en el curso de la vida de Mussorgsky, y el compositor ni siquiera tocó la obra en su extensa gira de conciertos 1879, tal vez  por encontrarla demasiado personal para presentarla en el escenario. Rimsky-Korsakov fue nombrado albacea de la herencia musical de Mussorgsky y fue el encargado de publicar y sacar a la luz el manuscrito.

La idea de orquestar los Cuadros evidentemente nunca se le ocurrió a Mussorgsky. Pero ha intrigado a muchos músicos desde su muerte. Los primeros que se lanzaron fue el alumno de Rimsky-Korsakov, Mikhail Tushmalov, cuya versión fue llevada a la vida (y probablemente mejorada) por el propio maestro. En 1915, Sir Henry Wood, un conductor británico eminente, orquestó una versión que fue popular hasta que  Maurice Ravel dio a conocer su orquestación en 1922.

Aunque Ravel trabajó de la edición de Rimsky-Korsakov  su versión orquestal lejos de esta versión la supera en la brillantez de sus colores y su gran ingenio. Ravel ya se había mostrado sensible al estilo de Mussorgsky por su colaboración con Igor Stravinsky en una edición de Khovanshchina en 1913, y, por la mayoría de sus obras orquestales que comenzó como partituras de piano, el proceso de la transcripción era una segunda naturaleza para él. Ravel se mantuvo lo más fiel posible al original, y sólo en el último movimiento, ‘La Gran Puerta de Kiev’ añade algunas notas de su propia mano.

El éxito de la edición de Ravel inspiró aún más esfuerzos, entre ellos uno por Leopold Stokowski que fue popular durante muchos años aun

También se ha instrumentado para banda de rock, grupo de metales, guitarra acústica, acordeon, e incluso re-escrito para piano por Vladimir Horowitz. (Esencialmente una transcripción para piano de la orquestación de Ravel, una traducción de una traducción, que al final se aleja mucho estilísticamente de Mussorgsky). Pero si algo está claro es que la orquestación de Ravel sigue siendo la instrumentación más interpretada y lo es con total justicia.

Mussorgsky eligió once de las obras de Hartmann para su conjunto de piezas para piano. Era dueño de los bocetos de Samuel Goldenberg y Schmuyle, que se combinaron en un solo cuadro, la mayoría, aunque no todos, del resto de las obras estaban en la exhibición de Stassov. Algunas de las imágenes originales han desaparecido desde entonces. (De las cuatrocientas  obras que está documentado que se expusieron de Hartmann menos de un centenar han salido a la luz, y sólo seis de los de la partitura de Mussorgsky se pueden identificar con certeza.)

Mussorgsky habla de esta obra como de “una serie de  un álbum,” lo que implica un azar, una colección ad hoc de miniaturas, pero el resultado es un conjunto de diseño coherente, organizado en torno a un tema recurrente el ‘Promenade’ (paseo) que sirve de hilo conductor para avanzar a partir de piezas cortas para un largo, majestuoso final, con la creación de una especie de efecto de crescendo como el de Carnaval de Schumann. Mussorgsky no  tenía nada en contra de las formas convencionales de la anterior época clásica”Yo no estoy en contra de las sinfonías”, escribió una vez: “sólo  de los sinfonistas, conservadores  e incorregibles”.

No sabemos cuando Mussorgsky se decidió por el diseño general de su serie de cuadros, pero una carta que le escribió a Stassov sugiere que él había trabajado al menos en los primeros cinco en orden, y al parecer tenía todo el conjunto en la mente cuando empezó.

Mussorgsky comienza con un paseo marítimo, lo que le lleva a la galería y luego lo acompaña mientras camina por la habitación, lo que refleja un cambio en el estado de ánimo de una imagen a otra. (A pesar de su considerable gordura, Mussorgsky, aparentemente fue un rápido caminante, de modo que el paseo marítimo está marcado  como allegro, en lugarque andante [Italiano para “caminar”] y Mussorgsky fue preciso en sus indicaciones de tempo. Veamos un poco el resto de los cuadros.

1. Gnomus. El dibujo de Hartmann, que ya se ha perdido, era un árbol de Navidad ornamentado en con una especie del cascanueces, un gnomo en cuya boca se pone un hueso para roer  (la nuez)”, según el comentario de Stassov en el catálogo. La música de Mussorgsky, con sus pasos torpes, armonías extrañas y melodías resbaladizas, sugiere  los “movimientos graciosos” del gnomo y “chillidos salvajes.”

2. El Castillo Viejo. Dos dibujos de castillos medievales aparecen en el catálogo, ambos esbozadados mientras Hartmann estuvo en Francia, justo antes de conocer a Mussorgsky. La música sugiere una canción trovadoresca cantada delante del castillo. La melodía de Mussorgsky, que Ravel encomienda  al saxo alto, está claramente en deuda con la música popular rusa, a pesar de la procedencia del castillo.

3. Tuileries: Hartmann vivió en París el tiempo suficiente para llegar a conocer el famoso parque con sus jóvenes pendencieros y sus enfermeras.

4. Bydlo. Stassov describe un carro polaco (“Bydlo” es  la palabra polaca para el ganado) tirado por bueyes. Aunque Mussorgsky quería la pieza para comenzar fortissimo-“entre los ojos”, como le dijo a Stassov-Rimsky- Korsakov cambió a una apertura pianissimo seguido de un crescendo para crear la ilusión de la acercarse a la compra y la banda de rodadura de los cascos.

5. Ballet de los polluelos en sus cáscaras. Hartmann diseñó el vestuario para el ballet, Trilbi, en 1871. La música representa una escena en la que “un grupo de niños y niñas, alumnos de la escuela de teatro, vestido como canarios, corretea en el escenario. Algunos de los pajaritos llevaban sobre sus vestidos de grandes cáscaras de huevo pareciendo corazas “.

6. Samuel Goldenberg y Schmuyle. Mussorgsky poseía estos dos dibujos titulados “Un Judio Rico con un Sombrero de piel ” y ” Un Judio pobre “, a la que dio los nombres propios. Hartmann, cuya esposa era polaco, visitó Sandomierz, en el sur de Polonia, en 1868, y pintó escenas y personajes en el ghetto judío, incluyendo a estos dos hombres, así como Bydlo. Mussorgsky comienza con el comandante Goldenberg.

7. El mercado en Limoges. Hartmann hizo más de ciento cincuenta acuarelas de Limoges en 1866, incluyendo muchos cuadros de género. Al margen de su partitura’, Mussorgsky trae la escena a la vida: “¡Buenas noticias! M. de Puissangeout acaba de recuperar su vaca. . . Madame de Remboursac acaba de adquirir un nuevo y hermoso conjunto de dientes, mientras que la nariz del señor de Pantaleón, que se encuentra en su camino, es más que nunca el color de una peonía “.

8. Catacumbas: Sepulcrum romanum. Hartmann, un amigo, y una guía con una lámpara van a explorar el París subterráneo, la acuarela de Hartmann es una pila de cráneos.

Promenade: Con mortuis en lingua mortua. Al final de las catacumbas, Mussorgsky escribió a lápiz en su manuscrito: “Con mortuis en lingua mortua” (Con la muerte en una lengua muerta), que marca el inicio de esta interpretación melancólica del tema de Promenade de nuevo.

 9. La cabaña con patas de gallina (Baba-Yaga). Hartmann dibujó un reloj de bronce y esmalte en la forma de la choza de la bruja Baba-Yaga. Mussorgsky no se centra en el reloj, sino en el Baba-Yaga misma, que, según la literatura popular rusa, vivía en el bosque en una cabaña sobre patas de gallina, lo que le permitía girar para hacer frente a cada víctima que se se acerca.

10. La Gran Puerta de Kiev. Hartmann entró con este diseño en un concurso para una puerta de entrada a Kiev que fue finalmente cancelada por falta de fondos. Hartmann modeló su puerta  basándose en el tocado tradicional de las mujeres rusas, con el campanario con forma de casco de los guerreros eslavos. La pieza de Mussorgsky, con sus magníficos climax y campanas repicando, encuentra su máxima realización en la orquestación de Ravel.

Y esta será la pieza que concluirá (al menos de modo oficial) la Temporada de Grandes Conciertos de Primavera de este año así que a modo de anticipo del concierto y de regalo fin de temporada dejamos un vídeo de la Gran Puerta de Kiev en una versión espectacular en la que Valeri Gergiev dirige a la Filarmónica de Berlín con su campana grande incluida. Por cierto en las primeras tomas del vídeo se ven a dos colaboradores habituales del Conservatorio Superior de Aragón: Gavor Tarkovi, trompeta y Wenzel Fusch, clarinete… que lo disfruten.

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