UN GRANDE EN GRANDES REPERTORIOS

Dutoit

La verdad es que junto a las figuras de Claudio Abbado y Sir Neville Marriner,  Charles Dutoit es la otra gran figura directorial de este ciclo y les confieso que este concierto por orquesta, repertorio y director pone los dientes muy largos a quien escribe las notas de este blog.

Dutoit tiene ya toda la carrera hecha, con décadas de trabajo con prácticamente todas las grandes orquestas del mundo, fue famoso su matrimonio con la pianista Marta Argerich pero sobre todo ha dejado ya un importantísimo legado discográfico que ya es parte de la historia y que le he llevado a tener un disco de platino (por su versión del Bolero de Ravel absolutamente de referencia) dos grammy y el premio mundial del disco.

Y el caso es que Dutoit es uno de los mas grandes directores pero a la vez tiene un aspecto que lo diferencia sin ningún tipo de complejo de todos ellos. Todos los grandes suelen centrar sus carreras y su discografía en el gran repertorio centro europeo, y quien dice centro europeo en este caso dice alemán prácticamente, pues bien Dutoit es un gran especialista en los “otros” repertorios europeos y entrecomillo lo de otros porque quiero evitar cualquier referencia al exotismo… son repertorios tan centrales como el alemán y es la historiografía germanófila la que ha querido situar el centro en su música y lo demás como periferias. Dutoit, suizo de nacimiento, ha centrado su carrera discográfica en la música francesa y rusa de la que ha dejado versiones que pueden ser consideradas de referencia ( su Ravel y su Stravinski por ejemplo) pero también ha sido un gran especialista en repertorios italianos (sus conciertos de Paganini con Accardo son más que notables también) y no podemos olvidar su dedicación a la música española. Con respecto a la música de nuestro país decir que en décadas en las que las orquestas españolas podían no estar consideradas a la altura, Dutoit grabó con su orquesta de aquellos años (la espectacular Sinfónica de Montreal, esa orquesta con lo mejor de las orquestas norteamericanas y lo mejor de las europeas) obras centrales del repertorio español como ‘El sombrero de tres picos’ en una grabación que creo que nos ha sido superada aun en la discografía; su cercanía a esta obra viene de lejos ya que de hecho fue el quien dirigió el estreno de este ballet en la ópera de Viena a petición del mismísimo Karajan. Sea como sea la carrera de Dutoit nos lo indica como un auténtico mito de la dirección que se presenta en Zaragoza con su orquesta actual, una de las tres míticas orquestas londinenses y lo hace con un programa en el que no sólo aborda una obra clave del repertorio francés (Saint Saëns) sino que se enfrenta a dos obras de ese repertorio centroeuropeo que ha tocado una infinidad de veces pero que no ha sido el centro de su carrera discográfica. Tengo que reconocer que me apetece especialmente oir la 1ª de Mahler ; su Mendelshonn será interesante, su Saint Saéns será de libro (con el potente chelo de Adolfo Gutierrez), pero su Mahler promete estar cargado de detalles, de ese tipo de cosas, que hacen una versión algo para ser recordado durante muchos años por los melómanos.

EN EL CENTRO DEL REPERTORIO

El programa que nos presentan los londinenses y Dutoit es de libro, de esos que apetecen sobre el papel y que además están bien construidos objetivamente, una gran sinfonía de repertorio tardoromantico, un gran concierto (no demasiado escuchado a la postre) y una obertura. El concierto comenzará con Mendelssohn, un músico que por su trayectoria vital en principio parece romper los tópicos, era de una familia acomodada y no tuvo una vida personal tempestuosa sino que se pudo dedicar a la música con relativa tranquilidad. Eso si, si responde a otros importantes aspectos de la época romántica; para empezar es paradigmático su interés por el pasado musical y es bien conocido su trabajo de recuperación y reestreno de la obra de Bach y para seguir decir que se relación con el hecho literario y con los viajes son también paradigmáticamente románticos y justo con eso tiene que ver la obra que abre el programa.

‘Las Hebridas’, también conocida como ‘Las Gruta del Fingal’ es nombrada como obertura pero una de las cosas que la hace importante en la historia es que es uno de los primeros casos en que se compone una obertura como pieza de concierto meramente independiente, realmente no abre ninguna obra por lo que podemos decir que abre el camino a lo que será a obras como la ‘Obertura Trágica’ de Brahms que seguirán esta línea de piezas sinfónicas breves en un solo tiempo pero que tampoco tienen ese referente literario que cabe esperar en un poema sinfónico.

Al cumplir veinte años y animado por su padre,  Mendelssohn viajó a Gran Bretaña en abril de 1829 en un viaje que tenía carácter profesional ya que  realizó una serie de conciertos promocionales que fueron muy bien acogido por el público inglés, pero que tuvo algo también de viaje romántico de fascinación y encuentro con la naturaleza..En julio se dirigió hacia Escocia, donde conoció  al escritor Walter Scott, símbolo literario escocés por excelencia y autor de Ivanhoe o de La Novia de Lamermoor (base de la Lucia de Donizetti). Escocia fascina sobremanera a Mendelssohn inspirándole para la composición de su Sinfonía nº 3 “escocesa” que terminaría trece años más tarde. En los numerosos escritos que realizó mientras se alojaba allí comentó el paisaje brumoso, las nieblas y sombras que inundaban todo hasta la desolación. Allí también oyó historias sobre una famosa “cueva musical” situada en una isla cercana.  Parece ser que el 7 de agosto, junto con su amigo, el escritor Karl Klingemann, Mendelssohn visitó un archipiélago, llamado Las Hébridas, situado en la costa oeste formado por más de 500 islas en busca de esa cueva; cuando llegó a la isla de Staffa,  su imponente “Gruta de Fingal” lo sobrecogió.

Cuando Mendelssohn visitó el archipiélago, una melodía se dibujó en su mente. Melodía que enviaría por carta a su hermana Fanny con el siguiente texto: “Para lograr que comprendas hasta qué punto me han afectado las Hébridas, te envio lo siguiente, que vino a mi cabeza allí.”

Al día siguiente, visitó la conocida Gruta de Fingal que, en tiempos de Mendelssohn, era un cueva marina de basalto de 11 metros de altura y 60 de profundidad (en la actualidad tiene 20 de alto y 82 de profundidad). Su techo abovedado, el movimiento de las olas chocando contra sus paredes y el eco,  generaban melodía mágicas en esa catedral natural. Mendelssohn  parece ser que quedó fascinado con su visión y los sonidos sobrecogedores y esa melodía que había compuesto cobró mayor sentido. La melodía, de 21 compases, fue escrita en formato pianístico y sería ésta la melodía germen con la que Mendelssohn compondría su famosa Obertura de Las Hébridas.

En el invierno de 1830, en Roma, Mendelssohn terminó la partitura titulada en un primer momento “La isla solitaria”. Esta composición tenía mucho contrapunto, no sonaba tal como el compositor la imaginaba, por lo que fue simplificada en una segunda versión más ágil en 1832 donde primaba más la insinuación que la evidencia. De propias palabras de Mendelssohn, “la obra debía volar, tener mar y gaviotas”. La versión definitiva recibió el nuevo nombre de “Las Hébridas” y el subtitulo de “La Gruta de Fingal” y se estrenó ese mismo año en Londres en un concierto dirigido por él mismo y donde también se estreno la obertura de “El sueño de una noche de verano”.

La obertura de Mendelssohn  supone un avance dentro del género musical por dos motivos.Como decíamos de alguna manera  es de los primeros poemas sinfónicos, es decir, música que evoca algo extra-musical, en este caso, el paisaje escocés de Las Hébridas tratando de crear una atmósfera capaz de trasladar al oyente las mismas sensaciones experimentadas allí por el compositor. Como dice el musicólogo Marc Vignal  “Es el primer gran cuadro marino de la música romántica”. El otro motivo es que con esta obra, como hemos dicho Mendelssohn iniciará la moda de llamar obertura a obras que en realidad no son preludios de ninguna obra mayor, consagrando este género como un ente independiente.

Sin duda La Obertura de las Hébridas se encuentra entre las grandes obras maestras de Mendelssohn, y la podemos considerar una obra completamente de madurez  teniendo en cuenta la temprana edad de su autor (23 años) cuando la compuso. El mismísimo Wagner, que era un reconocido enemigo musical de Mendelssohn, no puedo dejar de alabar la genialidad de la obra.

EL GRAN CONCIERTO DE CHELO

Para dar una primera idea de la importancia del primer concierto para chelo de Saint Saëns podríamos decir que grandes compositores como Rachmaninov o Shostakovich lo consideraban el mejor concierto para este instrumento; sin duda se trata de uno de los grandes conciertos del repertorio para este instrumento que es piedra de toque imprescindible para cualquier chelista que se precie; se trata de una obra que auna un fuerte carácter romántico con ese punto de virtuosismo que tango gustaba y sigue gustando hoy al público.

Podemos afirmar que Saint-Saëns  siempre supo, con bastante determinación, el tipo de música que quería componer. Una de las cuestiones estéticas básicas que llevó a la práctica es la de no romper con la tradición musical que había heredado de generaciones anteriores (eso hace que presentar este concierto con Mendelssohn precediéndolo sea especialmente coherente). Sin embargo, en un rasgo aparentemente contradictorio, Saint-Saëns dedicó notables esfuerzos a la promoción de toda una generación de compositores franceses, muchos de los cuales fueron más temerarios, innovadores e imaginativos que él mismo. Estos trabajos de promoción se iniciaron un año antes de que el propio compositor francés comenzara a escribir su Primer concierto para violoncello, justo al concluir la guerra franco-prusiana de 1870. Después del armisticio, que resultó humillante para la derrotada Francia, surgió una especie de necesidad natural de rescatar el maltratado orgullo francés que ya sabemos que es bastante grande. Parte de esa necesidad se cubrió con un renacimiento de la propia cultura del país. Apenas unos meses después de terminada la guerra (en la que Saint-Saëns sirvió a Francia al igual que Bizet y Fauré), Saint-Saëns y Romain Bussine fundaron la Sociedad Nacional de Música, una organización cuyo fin primordial era el de promover a una nueva generación de compositores franceses. Debido al propio desarrollo de la vida musical, en ese momento en particular la ópera, tan querida a los franceses y en especial a los parisinos,  dejó de ser el único interés de los compositores, de modo que la Sociedad Nacional de Música dedicó sus esfuerzos principalmente a la promoción de una nueva escuela de música instrumental representada por las obras de compositores como Franck, Lalo, Chausson, D’Indy, Fauré, Chabrier, Lekeu, Duparc, Debussy y otros. El mismo Saint-Saëns contribuyó a este movimiento y, aprovechando el nacimiento de importantes orquestas sinfónicas, escribió una serie de obras (principalmente poemas sinfónicos) que en su momento dieron credibilidad a esa nueva escuela francesa de música instrumental. Al año siguiente de la fundación de la Sociedad Nacional de Música, y como parte de su contribución al movimiento musical de su país, Saint-Saëns comenzó a escribir su primer concierto para violoncello. La obra, terminada 1872, se estrenó el 19 de enero de 1873, con la Orquesta del Conservatorio de París y la actuación de Auguste Tolbecque, su ilustre primer violoncello, como solista. Dedicado al propio Tolbecque, que había encargado la obra,  el Concierto para violonchelo nº 1, op. 33  tiene la particularidad de encadenar los tres movimientos en uno solo, revistiendo al conjunto de la obra la forma de un amplio allegro de sonata: exposición y desarrollo (primer movimiento, interludio central y re exposición), y recapitulación (movimiento final). En este sentido, es notable la habilidad de Saint-Saëns para pasar de un movimiento a otro con sutileza y eficacia. El primer movimiento presenta dos temas, con un desarrollo poderosamente expresivo. El segundo, de un carácter íntimo, adopta el ritmo de un minueto. Hacia el final del último movimiento, Saint-Saëns retoma algunos temas del tiempo inicial y, con ellos, construye una coda en la que el solista va ascendiendo hasta llegar finalmente a la enrarecida región de los armónicos, que protagonizan lo que sin duda es el momento culminante de la composición, tanto en lo que se refiere al lenguaje musical empleado como por la dificultad técnica que debe vencer el solista. Si al final de la obra Saint-Saëns utiliza este recurso, que en su tiempo era poco usual, en el inicio mismo del concierto rompe parcialmente con la añeja tradición de la extensa introducción orquestal: después de un sólido acorde de la orquesta, el solista entra de inmediato con el material temático fundamental de la obra. Hacia el año de 1902, treinta años después de haber escrito esta obra, Saint-Saëns compuso su Segundo concierto para violoncello, que no ha alcanzado ni mucho menos la popularidad del primero. Como ya hemos apuntado compositores como Shostakovich y Rachmaninov, consideraron este concierto como el más grande de todos los conciertos escritos para violonchelo y desde su estreno no ha dejado de ser tocado por los grandes violonchelistas que han querido dejar su versión de una obra tan central para este instrumento.

UNA DE LAS GRANDES PRIMERAS DE LA HISTORIA

La presencia de Mahler en las salas de concierto  en España se ha ido generalizando progresivamente a partir de los años 80 y creo que hay que romper el mito absolutamente simploide de que Mahler fue descubierto para España por cierto político que ocupo un altísimo cargo en el gobierno en esa década. La normalización de la presencia de Mahler se debió más bien a un verdadero acercamiento a Europa también en ese plano, eso por un lado y por el otro también hay que decir que esta década es la de inauguración de importantes auditorios como el Nacional o el Palau de Valencia que permitieron que todas las sinfonías de Mahler pudieran ser escuchadas en condiciones. Zaragoza por su parte se incorporó a la “normalidad mahleriana” con la apertura de nuestro auditorio y podríamos decir que nuestro auditorio en cierto modo  acabó de cumplir su mayoría de edad cuando se hubieron interpretado todas las sinfonías del compositor bohemio… muchos serían los hitos Mahlerianos a destacar pero nos quedamos con dos fechas históricas para esta casa, el concierto de inauguración de la Expo de 2008 con la 2ª Sinfonía como protagonista con Zubin Metha y el estreno en nuestra ciudad de la 8ª, la conocida como “de los mil” dirigida por Valeri Gergiev; en ambos caso Amici Musicae el coro de esta casa fue protagonista destacado. Sin duda este concierto será un nuevo hito en la joven historia “mahleriana” de nuestra ciudad.

En 1884 Mahler inició la composición de la que sería su Primera sinfonía, la cual estrenaría, tumultuariamente, en Budapest en 1889, apenas unos días antes de la muerte del archiduque Rudolph y de Maria Vétsera, en Mayerling. Los avances como compositor tienen el contrapunto de la tristeza por la muerte de su padre, Bernhard Mahler, en febrero de 1889; la desdicha de la pérdida de su madre Marie Hermann, en octubre del mismo año, y antes de finalizar el año la muerte de su hermana Leopoldina, aquejada de un tumor cerebral.

 Cuando Mahler presentó su Primera Sinfonía, en el segundo mes de su segunda temporada como director de la ópera de Budapest, el trabajo no fue considerado como una sinfonía, sino que se presentó bajo el título  de “Poema Sinfónico en dos partes,” y se presentó con  cinco movimientos, uno más de lo que escuchamos en los actuales conciertos. La primera parte comprendía los dos primeros movimientos como los conocemos ahora, pero separados por un Andante, que Mahler finalmente quitó de la partitura.  La segunda parte se componía de los dos últimos movimientos, encabezado. El estreno no se puede decir que fuera un éxito, hubo algunos abucheos y aplausos corteses, y el crítico Viktor von Herzfeld, uno de los amigos cercanos de Mahler, no dejaron que la amistad  interviniera en su juicio que fue muy duro con  una diatriba que resumió con la observación, “Todos nuestros grandes directores … han reconocido de sí mismos con el tiempo, o se ha demostrado, que no eran compositores …. Este es el caso de Mahler también. “

 El movimiento que se fue más polémico en su momento fue  la marcha fúnebre que comienza con el contrabajo entonando una variante de tono menor de una melodía familiar (la canción infantil conocida en francés como “Frère Jacques” y en alemán como “Bruder Martin “) y procede a través de una cadena de motivos exóticos, ritmos y colores como nunca  se habían escuchado o imaginado en una sinfonía anteriormente. En este movimiento se quisieron destacar enseguida las influencias judías y gitanas. Una de las canciones de la segunda sección del movimiento, que Mahler había utilizado en 1884 para “Die zwei blauen Augen”, el último de sus cuatro Lieder eines fahrenden Gesellen (“Canciones de un Caminante”), es prácticamente idéntica a un tema litúrgico judío que era muy conocido en Europa central en el momento, y puede representar un recuerdo infancia por parte del compositor. Sea cual sea su origen, este tema  debe haber sido la parte mas comprensible del movimiento de la  Marcha fúnebre para los primeros espectadores de la obra.

Pero veamos cómo llegó Mahler a Budapest y tendremos el marco de nacimiento de esta obra. A pesar de que era muy joven aun, Mahler no estaba satisfecho con su puesto en Leipzig como asistente de la ópera, por más que fuera asistente de un colega veterano pero que tenía un gran prestigio  como Artur Nikisch. El compositor seguía buscando un puesto mejor y seguía tratando de encontrar obras interesantes que pudiera dirigir en Leipzig. Se presentó una oportunidad en 1886, cuando conoció al barón Karl von Weber, nieto del compositor Karl María von Weber, cuya música Mahler admiraba mucho. Weber tenía en su poder los esbozos de la ópera cómica inconclusa de su abuelo Die drei Pintos. Se le preguntó a Mahler si estaría interesado en terminar la obra.

Al principio Mahler dudó, Weber había esbozado la música apenas para siete de los 17 números del libreto y gran parte de la música que había escrito aparecía en una taquigrafía indescifrable. Sin embargo Mahler estudió los esbozos y descubrió que podía leer esta escritura, así que aceptó el proyecto. Se mantuvo reacio a componer su propia música para la ópera, excepto donde fuera absolutamente inevitable. Así que incorporó música de otras piezas de Weber. Se obsesionó con la obra, incluso hasta el punto de desatender sus deberes como director. Pero el proyecto fue positivo para él. Hizo que concentrara sus energías en la composición, aunque se tratara de escribir la música de otra persona. Además, el interés del mundo musical en la producción venidera de Die drei Pintos demostró ser un gran impulso para la carrera de Mahler.

Prácticamente todos los días iba a la casa del barón y de la señora de Weber, para tocar en el piano lo que había completado. Entre Mahler y el barón empezó a crecer una amistad y algo más que una amistad entre el compositor y la señora de Weber. Se inició entre ellos un tórrido affaire. Aunque ella era siete años mayor que Mahler y tenía marido y tres hijos, consideró seriamente la posibilidad de fugarse con el músico. Los amantes temían un escándalo, pero cada uno de ellos consideraba al otro irresistible.

A pesar de las tensiones que estaba provocando en el hogar de los Weber, Mahler continuó con su práctica de llevarles el estado actual del trabajo en curso, para que lo aprobasen. Sin embargo, una vez que la ópera estuvo terminada, fue la Primera Sinfonía lo que interpretó para los Weber. Una noche llegó a casa de ellos a medianoche, llevando el primer movimiento recientemente terminado. Fue al piano y los Weber se colocaron a ambos lados de él para ayudarle a tocar las ocho octavas del La que inician la obra. Más tarde el compositor recordaba: “Los tres nos sentíamos felices y animados. No creo haber experimentado otro momento tan agradable con mi Primera Sinfonía. Luego salimos juntos, llenos de felicidad.”

El barón von Weber ignoró todo lo que pudo lo que estaba sucediendo entre su esposa y el compositor, pero finalmente perdió la cordura. Un día, mientras se encontraba en un tren camino a Dresden, emprendió una loca tanda de disparos. Afortunadamente no hirió a nadie con los repetidos disparos de su revólver a los reposacabezas de los asientos.

Mahler tuvo una pelea con el gerente de la ópera de Leipzig y se quedó sin trabajo. A pesar de la fama que le había reportado Die drei Pintos, le resultó difícil obtener un nuevo puesto, en gran parte debido a su escandalosa relación con Marión von Weber. También tuvo problemas al tratar de arreglar una presentación de la recientemente terminada Primera Sinfonía, que la mayoría de los directores consideraba demasiado moderna. La respuesta a ambos dilemas llegó en 1888, cuando Mahler, a la edad de 28 años, fue nombrado director principal de la Opera Real de Budapest.

Después de un año en la capital húngara, pudo dirigir la sinfonía.  Como hemos comentado la recepción fue fría. La primera mitad melódica fue razonablemente bien recibida, pero la marcha fúnebre burlona y el final turbulento presentaron problemas para el público conservador. Al final hubo algunos abucheos y la crítica reaccionó como hemos dicho.

La obra fue originalmente catalogada no como sinfonía sino como poema sinfónico en dos partes. En esa versión, la primera parte contenía tres movimientos y la segunda dos. A pesar de llamarla poema tonal, aparentemente Mahler no tenía en mente ningún programa particular. Aunque después del estreno empezó a pensar que algo denominado poema sinfónico debía tener una historia, así que le agregó una. Más tarde abandonó esa idea, sin embargo, y decidió que la obra era realmente una sinfonía.

El movimiento conocido como Blumine fue finalmente desechado (aunque hoy se haya recuperado en algunas interpretaciones). Mahler consideró que no era suficientemente sinfónico. De hecho, había sido tomado de cierta música incidental que había escrito anteriormente para una obra teatral. Durante un largo tiempo ese movimiento se consideró perdido, pero apareció en 1959 y en ocasiones ha sido interpretado como parte de la sinfonía. La opinión de los críticos está dividida, pero la mayoría de los comentaristas cree que el compositor estuvo en lo correcto al eliminarlo. Otros señalan que existen importantes lazos temáticos entre este movimiento y el final.

Esta sinfonía no fue realmente la primera de Mahler. Hay evidencias de que anteriormente compuso por lo menos otras cuatro y que sus manuscritos pueden haber sobrevivido hasta la Segunda Guerra Mundial. Es desafortunado que esas obras tempranas fueran destruidas, pero por lo menos el hecho de conocer su existencia contribuye a explicarnos la maestría propia de la experiencia que se hace evidente en la Primera Sinfonía.

Y queremos despedir estas notas con un regalo para los lectores que a su vez es un homenaje a nuestro director…. Como al inicio hemos apuntado Dutoit es el gran director de su generación en música francesa y dentro de la música francesa es el gran intérprete de Ravel… tanto ha sido así que Dutoit, europeo y norteamericano como pocos, se permitió hacer este vídeo, iconoclasta y expresionista con el Bolero de Ravel. Verlo antes del concierto nos ayudará a comprender lo grande de este director, verlo después seguro que nos sorprende tras su Mahler.

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