LA DEFINICIÓN DE LA ORQUESTA DE CÁMARA

FICHA DEL CONCIERTO

Concierto de la Orquesta de Cámara de la Unión Europea. Guy Button y Laura Virtanen, violines. Giovanni Barbato, concertino. Obras de Vivaldi, Purcell, Mozart, Bach, Schubert y Tchaikovski. Domingo 24 de febrero. XXXIII Ciclo de Introduccion a la Música

Hasta la aparición del movimiento historicista de recuperación de los instrumentos y las formas de articular y sonar en el barroco eran las orquestas de cámara las depositarias de un repertorio que es verdad que sino llega a ser por ellas se hubiera dejado de tocar. Es verdad que se “perpetraron” auténticos desatinos que desdibujaban por completo el barroco pero también es verdad que hay grabaciones históricas de los grandes violinistas de los conciertos de Bach o Vivaldi que merecen la pena la escucha aunque sólo sea por oir a estos grandes.

 Por otro lado también hay que decir  que estas orquestas de instrumentos modernos tienen otra ventaja que en principio las de instrumentos originales parecen no poder hacer, hablamos de hacer conciertos que mezclen el repertorio barroco con el repertorio para orquesta de cuerdas posterior, un repertorio rico del que, eso sí, se tiende a repetir las mismas piezas. El concierto de este domingo es pues un ejemplo de lo que siempre ha sido el repertorio de las orquestas de cámara clásicas: una primera parte barroca y una segunda parte basada en el repertorio de cuerdas del siglo XIX. La variedad en el programa está desde luego garantizada.

EL CONCIERTO BARROCO Y UN PAR DE JOYAS

 La primera parte del concierto es abierta y cerrada por dos de los más grandes conciertos barrocos para instrumentos, en este caso para dos violines ambos. Vivaldi y Bach no están tan alejados como podamos suponer por sus orígenes y firman dos piezas de alto nivel que enseguida se convirtieron en una golosina para todos los grandes violinistas.

Y como si de algo cíclico se tratase el concierto se abre con Vivaldi que cerró con su Gloria el concierto anterior. Yo creo que para seguir dando la importancia que se merece a Vivaldi debería bastar con dar dos datos: el primero la ingente cantidad de música que compuso:  unas 770 obras, entre las cuales se cuentan 477 conciertos y 46 óperas y el segundo dato: Johan Sebastian Bach utilizó muchos de sus conciertos para recomponerlos con otros instrumentos.

La figura de Vivaldi está justamente relacionada con la ciudad de Venecia. Allí se le llamaba “il prete rosso” literalmente “el cura rojo”,  por su color de pelo, y eso sí, cura era, estaba consagrado y utilizó esta consagración para poderse dedicar a la música sin problemas, entre otros, en un sitio fascinante como debía ser el Ospadale della Pieta, una especie de orfanato femenino donde Vivaldi  daba clases de viola a las alumnas y tenían un famoso coro. Lo que no parece tampoco es que fuera un sacerdote modelo e incluso tuvo alguna relación muy cercana con alguna cantante. En 1737 fue acusado de no decir misa siendo sacerdote, pero él se defendió alegando su asma; sin embargo, su enfermedad pulmonar no le impidió viajar por toda Europa..

El concierto que vamos a oír hoy pertenece a la primera etapa compositiva de nuestro autor, que fue la de la adquisición de una fama europea en el terreno de la música instrumental con la publicación, de dos colecciones revolucionarias de conciertos para violín: L’estro armonico en 1711 (al que pertenece este concierto para dos violines), seguido de La Stravaganza en 1714. Estas obras novedosas superaron las innovaciones de Torelli y Albinoni, y le garantizaron un gran éxito  que se tradujo, en su impresión inmediata  en Londres y París.

Torelli y Corelli, entre otros, habían planteado el diálogo entre solista y orquesta, como un “balance de fuerzas” entre el grupo de solistas y el acompañamiento o “ripieno” y eso se denominó Concerto Grosso. Por el contrario fue Vivaldi quien estableció una estructura compacta y orgánica del diálogo solista-orquesta, consolidando el concierto con solista o Concerto “per Soli”.

Así, la mayor aportación del músico veneciano fue el desarrollo del Concierto para Solista, estructurado por intervenciones “per Soli”, Ripieno y Bajo continuo que a diferencia de su antecesor, el concierto grosso, logra un desarrollo contrapuntístico y armónico más fluido, así como partes solistas más complejas en las que se concentra el desarrollo interpretativo y técnico.

Y en esa línea cabe situar también la obra que cerrará la primera parte, El Concierto para dos violines o Doble Concierto para Violín (BWV 1043).  Se trata posiblemente de una de las obras más famosas y reconocidas de Johann Sebastian Bach y considerada una de las obras maestras del Barroco. Bach la compuso en Leipzig entre 1730 y 1731, probablemente para ser interpretada por el Leipzig Collegium Musicum. También existe como un arreglo para dos clavicémbalos, transpuesta a la tonalidad de Do menor (BWV 1062).

 El concierto es una muestra magistral de diálogo entre los dos solistas y de estos con el grupo instrumental. El segundo movimiento, el celebre Largo ma non tanto es uno de esos momentos absolutamente inspirados de Bach en los que el ripieno se limita a tocar acordes que acompañan un maravilloso y sentido diálogo entre los dos violines. Como decíamos  se pueden encontrar versiones de este concierto en manos de todos los grandes violinistas que además aquí aprovechaban la ocasión para tocar juntos, lo cual tampoco es muy habitual. No obstante nosotros vamos a dejar el segundo movimiento en una versión con instrumentos originales para que se pueda comparar con la versión con instrumentos modernos que se oirá en el auditorio

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 Y completan la primera parte dos obras breves pero intensas una también fruto del pleno barroco y otra fruto ya del puro clasicismo. Son dos pequeñas joyitas que tienen en común ese carácter de pequeño fragmento, lento en ambos casos,  que no es desgajado de ninguna obra.

La ‘Chacona’ de Purcell es heredera de un tipo de danza de origen español que se extendió por toda Europa a lo largo de los siglos XVI y XVII y que desarrolla un tema melódico al que se aplican variaciones en el bajo, quizás la chacona más famosa escrita jamás sea la que cierra la segunda partita para violín solo de Bach, pero esta de Purcell no anda lejos y a pesar de que tampoco se toca demasiado goza de cierta popularidad por sus usos extramusicales.

La obra  fue compuesta hacia 1680 por un imberbe londinense llamado Henry Purcell. Por aquel entonces los teatros  antes de las funciones propiamente dichas comenzaban sus representaciones con música instrumental, interpretada fuera de escena y presumiblemente con cierta relación anímica con el drama subsiguiente. Estas piezas tenían que ser de poco tamaño y proporcionaban distracción para el público que llegaba temprano para reservar su asiento, y servían a la vez de advertencia para los actores que la obra comenzaría en breve. Se consideraban una parte autónoma hasta el punto que los espectadores podían retirarse tras su audición con devolución del importe de las localidades. Aunque su origen es incierto, se cree que Henry Purcell (1659–1695) compuso esta chacona en este escenario, con el aspecto práctico de su construcción en secciones, con la posibilidad de indefinidas repeticiones, o por el contrario, con una rápida conclusión una vez que la audiencia estaba preparada.

Y entre la selva barroca que puebla toda esta primera parte nos encontramos con una esplendida campiña clásica que es el Adagio KV 411de Mozart. Esta obra originalmente está escrita para dos clarinetes y dos corni de basetto ( instrumento similar al clarinete pero más grave) y es una pieza impresionantemente sobria y profunda que enlaza claramente con el carácter masónico de su compositor, ya que de hecho fue escrita para la ceremonia de ingreso de Mozart en la propia logia masónica. Está documentado que Mozart (católico y que también compuso música liturgica), solicitó ingresar en la francmasonería por medio del barón Otto Freiherr von Gemmingen-Hornberg, maestre de la logia “Zur Wohltataigkeit” (“De la Caridad”). Fué iniciado como aprendiz masónel 14 de diciembre de 1784 en la logia “Zur gekronten Hoffnung” (“La Esperanza Coronada”) de Viena (y en teoría con ese motivo de estrenó la obra que oiremos hoy). Unos meses después, con motivo del pase al segundo de los niveles dentro del escalafón de la logia de su padre, Leopold Mozart, en 1785, compuso  “Gesellenreise” (“El viaje del compañero”). Y el 22 de abril de 1785, Mozart y su padre fueron exaltados, en la misma ceremonia, al grado de Maestro Masón. Dos días después de este acto Mozart y su padre acudieron a una recepción con honores al Gran Maestro, el célebre botánico Ignaz Born, en la logia “Zur gerkronten Hoffnung”. Con motivo de tal visita Mozart presentó su nueva cantata “Die Mauererfreude” (K. 471). A la mañana siguiente, Leopold partió hacia Salzburgo. Padre e hijo no se volverán a ver nunca.

DÁNDOLE VUELTAS AL CLASICISMO Y EL FOLKLORE (DENTRO DEL ROMANTICISMO)

Una opción relativamente fácil a la hora de abordar esta segunda parte hubiera sido el incidir en la complicada vida, bien propia del artista romántico, que tuvieron nuestros dos compositores. Schubert murió con 31 años de una enfermedad venérea tras una juventud en la que nunca llegó a vivir de la música y Tchaikovski vivió también una atormentada vida en la que el éxito como compositor se vio acompañado de mucho dolor emocional y que además acabó de una manera nada clara (o cólera o suicidio esas son las opciones) pero resulta que las dos obras que ocupan esta segunda parte del programa son obras esencialmente positivas y además románticas en esencia si, pero no ajenas a una tradición musical anterior al romanticismo y con ciertos aspectos provenientes del folklore, eso si destilados por las manos de dos de los grandes genios musicales del siglo XIX.

Franz Schubert es uno de esos personajes que como ya hablamos de Pergolesi (mucho mas aun en este caso) no podemos imaginar cuanta música maravillosa nos hubiera dejado en caso de no morir con 31 años. Su obra es ya ingente, 9 sinfonias, cuartetos de cuerda,  impromptus y sonatas para piano y algún otro instrumento, un buen número de óperas, música coral y religiosa y sobre todo el más bello corpus de canciones de concierto (líder) jamás compuesto. Sin duda con Schubert estamos en uno de los músicos más destacados inmediatamente posteriores a Beethoven y que además transita por el camino abierto por el de Bonn, desarrollando la forma sonata hacia el romanticismo y colocándose a la cabeza de este movimiento en Alemania junto a Brahms, Schumann y Mendelsohn. A los once años Schubert entró como cantor en la Capilla Imperial en Viena. Allí fue alumno de Antonio Salieri (el supuesto archienemigo de Mozart) y, gracias a la orquesta de la escuela, para la que escribió sus primeras sinfonías, se familiarizó con la música de Haydn y de Beethoven  Coincidiendo con su ingreso en el colegio imperial, el compositor, todavía niño empieza a dar sus primeros pasos sobre el pentagrama: un Lied sin palabras , una Fantasía en sol mayor para piano a cuatro manos, un Cuarteto de cuerda en sol mayor, de atribución dudosa, unos Movimientos para Cuarteto de cuerda.  En el internado, en el que la actividad musical es notable gracias al entusiasmo de su director, Innocenz Gal, pronto, a impulsos de Josef von Spaun, que más tarde sería uno de losmejores amigos de Schubert, se crea una pequeña orquesta,que dirige Wenzel Ruzicka y en la que nuestro artista ocupa enseguida el puesto de primer violín. Se introduce así cada vez más en el mundo de la música y descuida paulatinamente las demás disciplinas. Y compone sobre todo compone y no poco: durante esos años da a la luz diversas obras para cuerdas solas, entre ellas sus primeros seis Cuartetos. Y explora, sobre el teclado también, juega con el mundo de la danza instrumental y, con la vista puesta en los cuatro arcos, compone 5 Minuetos con 6 Tríos D 89, un Minueto en re mayor D 86y la obra que nos ocupa hoy las 5 Danzas alemanas con 7 Tríos y Coda D 90.

En este concierto oiremos una versión para orquesta de cámara, que al final en cierto modo no deja de ser una ampliación del cuarteto y que en este caso incluso puede venir bien a la hora de paladear el aire danzable de estas pequeñas piezas, fechadas por Deutsch el 19 de noviembre de 1813 e incluidas en el mismo manuscrito que contiene los Minuetos D 89, con una indicación (Vol. II) que deja suponer que posiblemente Schubert escribió otras colecciones similares no conservadas en la actualidad. Las partes de este D 90 se escuchan habitualmente, de acuerdo con lo establecido por M. J. E. Brown, en el siguiente orden: Danza nB 1 en do mayor, Tríos en la menor y do mayor, Danza nB 2 en sol mayor, Tríos en sol mayor y mi menor, Danza nB 3 en re mayor, Trío en re mayor, Danza nB 4 en fa mayor, Danza nB 5 en do mayor, Tríos en do mayor y do mayor, Coda en do mayor. De concepción menos ligera y de aire algo más lento que los Minuetos D 89, en estas páginas resplandece, no sin ciertas sombras, el Schubert espontáneo, transparente, alegre, que experimenta ya dentro del espíritu de la variación continua que caracterizará más adelante a gran parte de su producción. El segundo Trío de la Danza B 1 en su versión original para cuarteto tiene un acusado protagonismo de la viola solista sostenida levemente por las otras cuerdas, algo poco habitual en el compositor, como señala Brigitte Massin, que apunta la probabilidad de que lo escribiera para su diversión personal, ya que era él quien usualmente tañía este instrumento en combinaciones de este tipo.

Y cerrará el concierto la archifamosa serenata para cuerdas de Tchaikovski. Incluso quienes crean que no la conocen si han asistido a conciertos de orquestas de cámara con cierta asiduidad al empezar a sonar es muy posible que descubran que si les resulta familiar, en especial su vals, que cuando la obra no está en el programa suele ser bis favorito entre los intérpretes.

Como decíamos antes la vida de nuestros compositores de esta segunda parte no fue fácil en ningún caso pero si el problema se Schubert fue un problema más visible de falta de dinero y enfermedades venéreas el caso de Tchaikovski es otro prototipo de infelicidad, al éxito de su música y una notable tranquilidad económica se contrapuso una vida interior de  azarosa y turbulenta. La precoz muerte de su madre, cuando él tenía  sólo 14 años, su temperamento inestable e hipersensible y su homosexualidad que ni él mismo ni la sociedad en la que vivió podrían aceptar le ocasionaron profundos problemas psicológicos. Nuestro compositor luchó contra su condición y en su juventud aspiraba a formar una familia, para intentar lograr así la serenidad que le faltaba. Incluso mantuvo, en 1868, un noviazgo con la soprano belga Desirée Artôt, pero ella se casó con un barítono murciano de su compañía, llamado Mariano Padilla Ramos. Años más tarde, en 1877, se enamoró de él una alumna suya, Antonia Milinkova, que tampoco debía tener un temperamento muy equilibrado. El músico la rechazó, pero ella lo amenazó con suicidarse, si no la aceptaba y, finalmente, contrajeron un matrimonio tan desastroso que, pocos días después, fue él quien intentó acabar con su vida, arrojándose a las aguas heladas del río Neva. En el periodo que siguió a este desgraciado acontecimiento, que acentuó, aún más, el carácter depresivo del músico, apareció otra mujer, que actuó como ángel benefactor, tanto en el aspecto económico, como en el espiritual. La acaudalada y culta viuda Nadia von Meck, admiradora de su obra, inició con el compositor una relación exclusivamente epistolar. El carácter romántico e idealizado de esta relación bien hubiera valido para una de las óperas de nuestro autor; jamás se conocieron en persona y aun así la viuda rica mantuvo al compositor a partir de ese momento

Fue en  el año 1880 coincidiendo con este periodo de relativa tranquilidad en lo emocional, cuando Tchaikovsky se puso manos a la obra con la composición de una de sus obras más populares: la nostálgica y a la vez optimista ‘Serenata para orquesta de cuerdas’. El estreno se produjo el mismo año, en un concierto privado del Conservatorio de San Petersburgo. En 1881 se presentó al público en la capital imperial y, en 1882, en Moscú. Desde entonces, esta ‘obra menor’ del gran compositor ruso, sigue conmoviendo a los oyentes por la melancólica belleza de su melodía. Estilisticamente habría quien querría enmarcarla como una obra cercana a los nacionalistas rusos, a los famosos cinco porque tiene un tema ruso en su movimiento final pero soy de los que piensa que la música de Tchaikovski es profundamente europea y una prueba fehaciente del carácter europeo de esta obra es la inclusión del mas paneuropeo de los bailes, el vals que tan bien dominó Tchaikovski y aun diría más el ruso está recreando en el lenguaje de su momento las serenatas de cuerda de Mozart al que el compositor, como músico inteligente veneraba.

EPÍLOGO SOBRE LOS CATÁLOGOS.

Como este ciclo es didáctico me permito aclarar algo que muchos aficionados conocerán de sobra pero que seguro que otros no conocen. Para ordenar y catalogar las obras generalmente se utiliza el número de opus (obra en latín), es decir detrás de cada obra viene algo como “op. 88” , eso significaría en principio que es la obra 88 en orden cronológico de composición o edición aunque luego los criterios y excepciones sean múltiples. Pero hoy otros compositores cuya obra no se cataloga por número de opus y en este concierto tenemos algunos de los más significativos:

Para Bach  se usa el BWV (Bach-Werke-Verzeichnis, Catálogo de las obras de Bach en alemán) que fue creado por el musicólogo alemán Wolfgang Schmieder (1901-1989) en 1950. Su título completo es Thematisch-systematisches Verzeichnis der musikalischen Werke von Johann Sebastian Bach (Catálogo temático sistemático de las obras de Johann Sebastian Bach), y fue publicado en Leipzig en 1950, y en 1990 se publicó una segunda edición corregida y ampliada. Lo más original de este catálogo es que no es cronológico sino por tipo de obra con lo cual un número BWV bajo no significa per se una obra temprana sino mas bien una cantata (que ocupan hasta el número 200).

Para Mozart las siglas son K o KV y se dice de Köchel y el número que sea… El catálogo Köchel (Köchel Verzeichnis, en alemán) fue creado por Ludwig von Köchel en 1862 y enumera las obras musicales compuestas por Wolfgang Amadeus Mozart en teoría en orden cronológico. Este catalogo ha sido revisado en varias ocasiones y la revisión mas importante la hizo Alfred Einstein que reubicó una gran cantidad de obras en el lugar que se estimó correcto, con el expediente de agregar una letra al número original, para no alterar el número propio de Köchel.

Complejo es también el caso de Schubert que sí que utilizó en algunas obras el número de opus, pero no en todas con lo que el número más fiable es de nuevo el del catalogo de un compilador en este caso es el catálogo Deutsch, por Otto Erich Deutsch que se suele poner con una simple D. Parecido es el caso de Vivaldi para el que podremos encontrar el número de opus o la indicación RV por el catálogo que realizó Peter Ryom en 1973. Como ven todo un mundo que ha conllevado el trabajo de grandes musicólogos y en el que le sinvito a ir entrando.

 

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Una respuesta a “LA DEFINICIÓN DE LA ORQUESTA DE CÁMARA

  1. Hola Juan Carlos. Del excelente concierto de ayer me quedé con las ganas de conocer el título del primer bis que intepretaron. ¿Me podrías decir qué obra era?
    Muchas gracias

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