DE VIVALDI A SCHÖNBERG

FICHA DEL CONCIERTO

Orquesta de Cadaqués, Nuria Rial, soprano. Carlos Mena, contratenor. Coro Amici Musicae. Director del Coro Andrés Ibiricu. Neville Marriner, director. Obras de Schönberg y Vivaldi. Segundo concierto del ciclo de abono de Grandes Conciertos de Primavera.

NECESIDADES DE LAS ACADEMIAS (O DE CÓMO ROMPER CON ELLAS SUPERÁNDOLAS)

Son varios los momentos de la historia en que un artista genial ha necesitado demostrar su valía en un determinado estilo, en un determinado canon académico antes de hacerlo añicos. De alguna manera se trata de decir, rompo un estilo no porque no sepa desarrollarlo sino porque se me queda pequeño, porque lo he llevado a su límite y mi creatividad lo desborda. En el plano de las artes plásticas me viene enseguida a la cabeza el ejemplo del aragonés más universal que en 1870 y justo con motivo de su entrada en la Real Acedemia de Bellas Artes de San Fernando pintó un Crucificado que se atenía con total perfección a los cánones del Cristo Barroco español; como bien es sabido Goya después rompió la pincelada, puso al borde la figuración y sembró los caminos de la pintura contemporánea como ningún otro pintor lo hizo.

Pues bien el caso de Schonberg y su Noche Transfigurada no está lejos de un ejercicio de este tipo y forzando un poco la comparación el del Gloria de Vivaldi también. Schonberg en esta obra y en sus monumentales Gurre Lieder se situa a la vez a la cabeza y en el límite del lenguaje posromántico dejando el camino abierto o casi forzando los cambios de lenguaje que el mismo junto a sus compañeros de la escuela de Viena iban a desarrollar. Vivaldi no era un músico revolucionario o al menos no pretendidamente, su interés estaba más bien del lado mundano y fue una figura que aunó como nadie el respeto a cierta tradición con los cambios moderados que se creatividad le iba dictando pero justo podemos decir también que el Gloria que ocupa la segunda parte de este concierto está en un límite al igual que el Cristo de Goya, está en el límite entre la pura música de liturgia y la música de liturgia entendida como espectáculo. El marco del ordinario de la misa por un lado parece quedársele pequeño y por eso trabaja sobre un Gloria que es ya más una pieza de concierto que una pieza para el culto pero aun así en varios momentos como veremos hay un uso explícito y claro de las formas puramente eclesiales y provenientes de una tradición musical anterior a él.  Estamos pues frente a un concierto con dos obras muy diferentes que casi abren y cierran universo pero que se pueden ver desde el horizonte común de cómo afrontar (casi como actitud vital) los cambios en el arte y en la vida.

LA NOCHE QUE PREPARA EL AMANECER

Autoretrato en Azul. Arnold Schönberg. 1910

Autoretrato en Azul. Arnold Schönberg. 1910

El primer dato que nos puede llamar la atención al hablar de La Noche Transfigurada es lo bajo que es su número de opus, el número 4, tan sólo precedido en la producción del vienés por tres lieder si bien la versión orquestal que se escuchará en es concierto es posterior.

Compuesta originalemente para sexteto de cuerdas (dos violines, dos violas, dos violonchelos) y terminada en diciembre de 1899, Verklärte Nacht (ese es su título en alemán) fue estrenada en la capital austriaca el 18 de marzo de 1902 por el Cuarteto Rosé con la participación de los instrumentistas de la Orquesta Filarmónica. Lo primero que tenemos que decir es que se trata de una obra  de un compositor de 25 años plenamente educado en la tradición germana con los caminos que habían transitado hasta Brahms y Wagner. Un factor importante a destacar es el carácter teóricamente programático de la obra que se inscribir en el campo de la música de cámara en la estela de los dos Sextetos de Brahms pero que a la vez se inspira en un texto, idea más propia del campo sinfónico (los grandes poemas sinfónicos de Richard Strauss, absoluto colofón de esta forma estaban ya escritos en esta fecha). Como él propio autor precisó, Schoenberg se puso a componer en esta época “poemas sinfónicos en un solo movimiento, dándoles las dimensiones de las obras de Mahler y de Strauss que yo tomaba como modelo… Este período alcanzó su punto culminante con Verklärte Nacht y Pélleas und Mélisande.” Teniendo quizás como único posible precedenta a Smetana en su Cuarteto “Mi vida” (1876), Schoenberg llevó un intento de unión entre dos extremos que el romanticismo se había cuidado de separar el carácter programático (es decir la inspiración poética) y la música de cámara. Volviendo al compositor hablando sobre su sexteto, en un texto de 1950 nos hizo notar que, al hacer esto, la obra había “ganado en cualidades que pueden también satisfacer a un oyente que no sepa qué es lo que ella pretende describir o, en otras palabras, ofrece la posibilidad de ser entendida como música pura”. De alguna manera se abre aquí un viejo debate, el del condicionamiento de la música. ¿Se debe predisponder mediante un texto poético que nos haga esperar ciertas cosas o se debe dejar escuchar la música en su pureza? Aquí en todo caso dejamos el texto en que se inspiró Schonberg y es elección de cada uno si leerlo o no y si buscar sus huellas en la música o no.

  La noche transfigurada de Richard Dehmel
Una pareja camina por la desnuda y fría arboleda;
la luna los acompaña mientras ellos contemplan
cómo su luz recorre la silueta de los espigados robles.
Ni una sola nube oscurece el firmamento
sobre el que se prolongan las negras copas de los árboles.
La voz de ella revela:
llevo un niño dentro de mi, y no es tuyo;
camino junto a ti, condenada
por haber traicionado profundamente mi propio ser.
Yo ya no creía en la felicidad,
pero mantenía el deseo de engendrar una vida
solo por la dicha y el anhelo de ser madre.
Pero, frágil, permití que mi cuerpo lo abrazara un extraño
quedando embarazada de él.
Y ahora la vida se ha vengado,
justo cuando te he encontrado a ti.
Ella avanza abatida,
con los ojos perdidos en una luna
que inunda de luz su oscura mirada.
La voz le él dice:
ese niño que llevas dentro no ha de ser una carga para tu alma.
¡Mira con qué brillo se ilumina el universo!
En todo hay un resplandor,
y mientras tú y yo surcamos a la deriva este frío océano
una llama fluye de ti hacia mí, y de mí hacia ti.
La misma que transfigurará a ese hijo
que llevas dentro.
Te inundará mi luz,
para que nazca de ti y de mi.
Él pasa una mano abrazando sus caderas,
mientras sus alientos se entremezclan con el aire.
Dos personas caminan por la elevada y límpida noche.
(Adaptación al castellano: Polo Vallejo)

Verklärte Nacht

Zwei Menschen gehn durch kahlen, kalten Hain;
der Mond läuft mit, sie schaun hinein.
Der Mond läuft über hohe Eichen,
kein Wölkchen trübt das Himmelslicht,
in das die schwarzen Zacken reichen.
Die Stimme eines Weibes spricht:

Ich trag ein Kind, und nit von dir,
ich geh in Sünde neben dir.
Ich hab mich schwer an mir vergangen;
ich glaubte nicht mehr an ein Glück
und hatte doch ein schwer Verlangen
nach Lebensfrucht, nach Mutterglück
und Pflicht – da hab ich mich erfrecht,
da ließ ich schaudernd mein Geschlecht
von einem fremden Mann umfangen
und hab mich noch dafür gesegnet.
Nun hat das Leben sich gerächt,
nun bin ich dir, o dir begegnet.

Sie geht mit ungelenkem Schritt,
sie schaut empor, der Mond läuft mit;
ihr dunkler Blick ertrinkt in Licht.
Die Stimme eines Mannes spricht:

Das Kind, das du empfangen hast,
sei deiner Seele keine Last,
o sieh, wie klar das Weltall schimmert!
Es ist ein Glanz um Alles her,
du treibst mit mir auf kaltem Meer,
doch eine eigne Wärme flimmert
von dir in mich, von mir in dich;
die wird das fremde Kind verklären,
du wirst es mir, von mir gebären,
du hast den Glanz in mich gebracht,
du hast mich selbst zum Kind gemacht.

Er fasst sie um die starken Hüften,
ihr Atem mischt sich in den Lüften,
zwei Menschen gehn durch hohe, helle Nacht.

La obra como hemos podido leer está escrita a partir de este poema de Richard Dehmel  que nos narra el diálogo de una situación de amor al límite entre un hombre enamorado y una mujer que le confiesa estar esperando un hijo de otro hombre: así, la música se puede entender como un comentario de los sentimientos expresados, y no como ilustración de una acción determinada, en ese sentido el carácter de obra programática no queda en entredicho pero sí difuminado. En la tonalidad principal de re menor -tonalidad “fetiche” de grandes compositores vieneses -, la forma sigue puntualmente la del poema, en cinco partes encadenadas: 1) Situación de la pareja ante el tradicional claro de luna (muy lento); 2) Confesión de la mujer (más animado), con la presentación del tema principal. La frase, evidentemente la que más cargada de expresión dramática está, acaba dando lugar a un largo desarrollo cuya cima de intensidad corresponde a un diálogo atormentado entre las cuerdas graves y las agudas; 3) La espera de la reacción del hombre, corto período de transición basado en la vuelta del tema de la introducción, pesadamente martilleado. termina simbólicamente en la alejada tonalidad de mi bemol menor: 4) El paso a la segunda mitad de la obra se hace mediante un deslizamiento armónico hacia un re mayor luminoso: en una textura de gran transparencia (murmullos de las cuerdas con sordina), aparecerá el segundo tema principal.  Esta cuarta parte, que corresponde a la respuesta del hombre cuyo amor sale triunfante de la prueba, prosigue en un largo dúo que desembocará en una nueva cima apasionada, con el retorno del primer tema “transfigurado” por el modo mayor. Finalmente, una larga coda, que constituye la quinta sección, da fin a este oscuro himno a la naturaleza que nos habla de la posible redención por el amor, tema este que sin duda le hace enlazar con Wagner y con varias de sus óperas.

Parece ser que  el estreno provocó, según el autor, un escándalo memorable pero esta ‘Noche Transfigurada’ se hizo famosa en un breve lapso de tiempo y esto fue además acrecentado al hacer Schoenberg un arreglo para orquesta de cuerdas en 1917 (revisado en 1943) que es el que oiremos hoy a las compactas cuerdas de la Orquesta de Cadaqués bajo la analítica y siempre clara batuta de Sir Neville Marriner.

LA GRAN OBRA CORAL DEL PRETTE ROSSO

La figura de Antonio Vivaldi es una de esas figuras que auna tantas facetas y que da tanto de si que nunca se habla lo suficiente de él y siempre quedan cosas y música suya por descubrir. En las últimas décadas pasó por momentos en que era poco más que el autor de las archifamosas ‘Cuatro Estaciones’ pero el movimiento de recuperación, cuando llegó a Italia nos hizo descubrir un compositor riquísimo en obra y sobre todo con una producción operística muy importante por descubrir. Vivaldi supo ser cura, virtuoso del violín, compositor y maestro de iglesia y a la vez empresario operístico. Sin duda aunque su obra se situa en el barroco su figura anuncia un nuevo tiempo que en otras artes y en el propio pensamiento se estaba dibujando ya a inicios del siglo XVIII. Y en todo caso si alguien tuvo la tentación de denostar la figura de Vivaldi como compositor hay un dato que debería callar cualquier boca y es que Johann Sebastian Bach lo estudió, lo admiró y compuso teniéndolo en cuenta más de una vez.

Vivaldi nació el 4 de marzo de 1678 en Venecia. Comenzó su formación musical  con su padre, que era violinista en la catedral de San Marcos. Entre los años 1693 y 1703 estudió para sacerdote con los padres de San Gimingano y tras su ordenación,se hizo con el cargo de maestro de violines en el Ospedale della Pietà, un hospital de niñas huérfanas, donde la música tenía un papel fundamental. Trabajó allí como director musical y profesor hasta 1740. Hay que decir que la visión de la música como espectáculo ya estaba presente en  los conciertos públicos dados por las niñas huérfanas bajo la dirección de Vivaldi que  fueron fundamentales en la vida musical de la  Venecia del momento. Simultáneamente  el compositor escribió conciertos y oratorios para las representaciones semanales, con los que obtuvo gran reconocimiento. A partir de 1713 también trabajó como compositor y empresario de óperas en Venecia y viajaba a Roma, Mantua y otras ciudades para supervisar las representaciones. Entre los años de 1729 y 1733 visitó Viena y Praga; y entre 1733 y 1735 compuso varias óperas para el Teatro Grimani.

Los conciertos de Vivaldi se convirtieron  rápidamente en modelo de su género en toda Europa e influyeron en el estilo de los compositores contemporáneos, incluidos aquellos de mayor edad. Vivaldi es un compositor de obra muy vasta que incluye más de 500 conciertos, 70 sonatas, 45 óperas y música religiosa como oratorios, misas y motetes. Su música religiosa se acerca claramente a algo que ya hemos apuntado con Pergolesi es decir  al estilo operístico de la época. Más de 300 de sus conciertos están escritos para solista (220 para violín y otros para fagot, violonchelo, oboe y flauta).

También escribió concerti grossi, 25 para dos violines, 32 para tres o más instrumentos y algunos concerti de ripieno (para orquesta sin solistas). Fue un violinista de primera talla, llegando a asombrar al público por su técnica; a partir de esto estableció una de las características básicas del concierto de los siglos siguientes: la figura del virtuoso.

Como decíamos Vivaldi es uno de los primeros compositores cuya obra fue difundida con gran rapidez por toda Europa de modo que influyó en muchos de los compositores del momento como comentábamos en el caso de Bach.

 Pocas de las composiciones de Vivaldi para la iglesia pueden ser fechadas sobre la base de la evidencia escrita o estilística y es el caso  del Gloria RV 589  cuyo origen permanecen sin clarificar por completo (por lo menos otra composición de este título ha sobrevivido, y una tercera está aparentemente perdida). El trabajo pudo haberse iniciado durante el primer periodo de actividad de Vivaldi en el Ospedale de la Pietá, o pudo haber sido el Gloria escrito en el año 1725 para el matrimonio de Luis XIV de Francia, aunque la presencia de dos solistas femeninas, soprano y alto (en este caso interpretado por el contratenor Carlos Mena) tiende a sugerir las condiciones de interpretación en el Ospedale de las niñas.

Este Gloria no es parte de una misa sino que se trata de un trabajo independiente, una composición cíclica de un diseño amplio consistente en doce movimientos. Estilísticamente, eso si,  es similar a una misa de concierto. Los oboes y las trompetas imparten un esplendor festivo a los movimientos externos y al Quoniam, mientras que los otros movimientos, son interpretados por los solistas o por el coro, acompañados por cuerdas con un bajo continuo. La única excepción es el centro de la composición, el Domine Deus, compuesto en modo más austero para soprano, oboe y continuo.

Se trata al igual que el Stabat Mater de Pergolesi de una obra que recoge elementos de la tradición barroca pero que los trasciende en una obra que está lejos de un concepto restringido de la música de iglesia y no demasiado lejano del mundo de la ópera, mundo al que al final nuestros compositores estaban muy cercanos… barroco, si, pero lírico y compuesto en pleno siglo XVIII.

La letra del Gloria es la siguiente:

Gloria in excelsis Deo,

et in terra pax hominibus bonae voluntatis.

Laudamus te,

Benedicimus te,

Adoramus te,

Glorificamus te,

Gratias agimus tibi propter magnam gloriam tuam,

Domine Deus, Rex caelestis, Deus Pater omnipotens.

Domine fili unigenite, Jesu Christe,

Domine Deus, Agnus Dei, Filius patris,

Qui tollis peccata mundi, miserere nobis.

Qui tollis peccata mundi, suscipe deprecationem nostram.

Qui sedes ad dexteram Patris, miserere nobis.

Quoniam tu solus sanctus,

Tu solus Dominus,

Tu solus Altissimus, Jesu Christe,

Cum Sancto Spiritu in gloria Dei Patris. Amen.

Gloria a Dios en el Cielo,

y en la Tierra paz a los hombres que ama el Señor.

Por tu inmensa gloria,

Te alabamos,

Te bendecimos,

Te adoramos,

Te glorificamos,

Te damos gracias,

Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre Todopoderoso.

Señor Hijo Único, Jesucristo.

Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre,

Tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros,

Tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestras súplicas,

Tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros,

porque solo Tú eres Santo,

solo Tú, Señor,

solo Tú, Altísimo Jesucristo,

con el Espíritu Santo en la Gloria de Dios Padre. Amén.

Como “regalo” final de esta entrada podemos dejar una muestra de cómo el maestro Marriner afronta este repertorio que tiene grabado y que puede servir de estupendo prologo para la escuchar de un concierto que promete ser más que interesante.

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