EL BARROCO ITALIANO Y SU ESPLENDOR EN EL S. XVIII

ITALIA Y EL ESPLENDOR BARROCO EN MANOS DE UN DIRECTOR EXCEPCIONAL

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El concepto de barroco en artes plásticas está ligado en todos los que hayan estudiado algo de historia de arte al siglo XVII pero en música hay que decir que el esplendor de este estilo se extiende al siglo siguiente al menos en su primera mitad y esto se da especialmente en Italia aunque como veremos esto no está exento de complicaciones y de relaciones con las demás artes y el pensamiento como veremos al hablar de cómo se entendió la obra de Pergolesi en París. El caso es que el programa de esta mañana reúne dos de las obras del barroco italiano vocal más importantes y desde luego favoritas del público en todo el mundo. Este es un programa de los que no se deben programar cada cierto tiempo porque nos ponen en contacto directo con las grandes obras del repertorio que es como se tienen que escuchar en una sala de conciertos y en directo.

A esto añadiremos que el concierto de este domingo está dirigido por un director excepcional cuya vinculación con Zaragoza es ya conocida y que disfruta de una eterna juventud yo creo que provocada por su íntima relación con la música de Mozart, hablamos de Neville Marriner. Hay que decir que en efecto repertorio como el de este concierto es defendido hoy ya habitualmente por orquestas con instrumentos originales que han hecho un trabajo amplio de décadas en recuperar el sonido y la articulación del barroco con unos logros excepcionales, hablamos de los Harnoncourt o en la propia tierra de Marriner Gardiner; pero no es menos cierto que la claridad en las interpretaciones barrocas de Marriner es intachable y está lejos de excesos que acercan al barroco al romanticismo… Recordemos que se trata de un director que ha hecho de Mozart su auténtico “modus vivendi” y quien respira bien a Mozart respira bien la música sea de la época que sea y este concierto será una prueba de ello acompañado además por solistas de probada solvencia, por los excelentes músicos de la Orquesta de Cadaqués con la que mantiene una estrecha relación y con el Coro Amici Musicae de nuestro auditorio que se entrega al 100% en manos del maestro británico.

PERGOLESI, DE NÁPOLES A PARÍS… EN TODOS LOS SENTIDOS.

Hay algunos casos de compositores que han fallecido tan jóvenes que queda en el capítulo de la imaginación la cantidad de obra que podrían haber hecho y por donde hubiera ido su creatividad. En ese “top five” figurarían como no Mozart y Schubert y dos compositores que murieron aun más jóvenes pero que han dejado algunas obras que se continúan interpretando, es el caso del español Arriaga y del napolitano que nos ocupa hoy Giovanni Battista Pergolesi del cual por lo menos hay dos obras que se siguen interpretando, su ópera bufa ‘La Serva Padrona’

 Giambattista Pergolesi, a pesar de morir a los 26 años es considerado a veces  como el padre de la ópera cómica aunque hoy sabemos que bebió y sintetizó una larguísima tradición que Antonio Florio ha puesto en valor. Las  obras de Pergolesi se caracterizan por sus ritmos afilados, sus melodías encantadoras y su escritura vocal ingeniosa y llena de carácter. Y a pesar de lo dicho no cabe negar que fue un compositor de gran importancia en el desarrollo de la ópera cómica italiana en el siglo 18, haciendo una contribución singular durante una carrera muy breve.

 Pergolesi Estudió música en Jesi y cuando tenía dieciséis años, fue invitado a estudiar en el Conservatorio dei Poveri di Gesu Cristo (Conservatorio de los Hombres Pobres de Jesucristo) en Nápoles. Aquí Pergolesi, llamado en el Conservatorio “Jesi”, estudió música, composición y canto durante cinco años. Sus estudios fueron pagados por un aristócrata local de Jesi que se había interesado en la destreza del joven. Su técnica en el violín y su habilidad para improvisar fueron ya destacadas por sus maestros en el Conservatorio.

Un año después de entrar en el conservatorio su  familia sufrió un duro golpe cuando se madre murió y su dote desapareció. Su padre sufrió una pérdida de ingresos, y la familia entró en un período muy difícil.

Durante este tiempo comenzó a componer Pergolesi. Mucha de la música de cámara y conciertos para violín a los que nunca se les ha atribuido fechas definitivas y que se publicaron póstumamente, en su mayoría fueron escritas probablemente en este primer momento creativo. Es reseñable en este tiempo su drama sagrado, La Conservatione di San Guglieme d’Aquitania (1731)  que al parecer estrenaron sus compañeros en un monasterio napolitano.

También compone en este momento el  intermezzo cómico, Il Maestro di Musica, que fue un gran éxito y llamó la atención de los tres hombres que se convirtieron en sus protectores: el príncipe de Stigliano, el Príncipe de Avellino , y la Maddaloni Duke. En 1732, se convirtió en maestro de capilla del príncipe de Stigliano.

Con estos poderosos partidarios, Pergolesi fue invitado a repetir su éxito teatral en la corte de Nápoles. Compuso la ópera La Sallustia (libreto después de Alessandro Apostolo Zeno Severo), y un nuevo intermezzo cómico, Nerino e Nibbia. Estos se estrenaron en Nápoles en enero de 1732. La ópera tuvo éxito, pero no el intermezzo, y su música se ha perdido.

El año siguiente no fue muy bueno para Pergolesi. Su padre murió y su ópera Ricimero y su intermezzo Il Geloso Schernito sufrieron el rechazo del público. Decidido a probar suerte fuera del teatro, Pergolesi cambió a la música instrumental, componiendo más de 30 sonatas para violín y contrabajo para el príncipe de Stigliano. Veinticuatro de estas sonatas fueron impresas en Londres mucho después de la muerte del compositor. También escribió música sagrada en su tiempo, incluyendo una misa para conmemorar el legado del terremoto que devastó Nápoles, en la primavera de 1731, que tuvo grandes elogios en su tiempo pero desde entonces ha perdido.

El intento de volver al teatro, Pergolesi  Lo Frate ‘Nnamorato es una obra con sabor puramente napolitano,  fue estrenada el 27 de septiembre 1732 y fue recibida con gran entusiasmo por el público.

 Un año más tarde, el 28 de agosto de 1733 se estrenó la ópera seria, Il Prigionier  acompañada de su intermezzo cómico La Serva Padrona. La ópera seria tuvo cierto éxito, pero La Serva Padrona se convertiría en el  intermezzo cómico más famoso de la época, llegando a ser separado de su posición original en apoyo de la labor seria, y ganó fama internacional, sobre todo en París.

La serva padrona pasó a ser todo un símbolo y se repuso (sin la ópera seria)  en París por los “buffi” italianos. Una nueva representación en 1752 por la misma compañía, coincidió con un creciente sentimiento de animosidad hacia la música francesa, por lo que junto con la otra “ópera buffa” que completaba el programa fueron la involuntaria causa de la famosa “guerre des Bouffons” en la que músicos y escritores tomaron partido a favor o en contra de las músicas italiana y francesa.

Una vez acabados sus estudios, Pergolesi pasó a ser “maestro di capella” del Príncipe de Stigliano en 1732, para  posteiormente entrar al servicio del Duque de Maddeloni, donde prosiguió la composición de ópera y música sacra que eran ejecutadas con suceso más próximo al fracaso.

En febrero de 1736, Pergolesi cayó gravemente enfermo de tuberculosis, retirándose al monasterio de Pozzuoli cerca de Nápoles. Fue allí donde compuso, entre otras obras, el Stabat Mater que nos ocupa, por encargo de la Cofradía de “San Luigi di Palazzo” de Nápoles. Su amigo y antiguo maestro, Francesco Feo, lo visitó en repetidas oportunidades, vio la obra, pero se negó a opinar sobre la misma. Se supone que a Pergolesi se le abonaron 10 ducados por la partitura, pero es dudoso que alguna vez le fueran pagados.

En 1736, a los 26 años, Pergolesi murió de tuberculosis, y sus escasas posesiones fueron vendidas para pagar sus exequias. Fue enterrado en una fosa común de Pozzuoli -cerca de Nápoles-. Moría el hombre y nacía el compositor a venerar.

No es tan sorprendente pues, que un compositor que  vivió  solamente hasta los 26 años sea recordado sólo por dos obras: el ‘Stabat Mater’ y La Serva Padrona’ las únicas obras de Pergolesi regularmente interpretadas hoy (con excepción de alguna música de cámara de dudosa autenticidad). De todas maneras, durante los años que siguieron a su muerte, su música fue muy popular ya que manuscritos de sus obras circularon extensamente, editores de todas partes sacaron a luz tantas de sus composiciones como les fue posible, y una verdadera fiebre de Pergolesi se extendió por toda Europa influenciando a la nueva música que por entonces se producía. Y en base a eso podemos decir que nuestros compositor no fue ajeno al cambio gradual del Barroco al estilo “galante” y la obra que abre este concierto es un buen ejemplo de ese cambio.

El Stabat Mater de Pergolesi muestra una curiosa mezcla de estilos. La obra se inicia con un movimiento marcadamente expresivo -Stabat Mater- en el antiguo estilo barroco. Pergolesi le pone fin en el mismo estilo con un conmovedor y contrapuntístico coro de “Amén”. Pero su afinidad con la ópera cómica se hace evidente en el carácter de movimientos tales como el dúo “Quando Corpus”, Nº 12, y las arias “Quae moerebat”, Nº 4, y “Eia Mater”, Nº 7, realmente operísticas.

Mientras el Nº 8, “Fac ut ardeat”, apunta al Barroco, “O quam tristis”, Nº 3, tiene la misma atmósfera de la música sacra de Mozart, con sus delicados adornos armónicos.

Mientras la técnica de Pergolesi de escribir bajos contínuos es producto de su formación, su lenguaje armónico y frases melódicas muestran que en la simplicidad de su estilo operístico, Pergolesi supo encontrar elementos posibles de ser usados con gran efecto en una obra sacra. Por los datos que tenemos a nadie parece haber perturbado la diversidad de estilos en su estreno.

La obra fue un encargo de la Cofradía con objeto de reemplazar al Stabat Mater de Alessandro Scarlatti, que previamente, se cantaba todos los Viernes Santos. Su popularidad  que el propio Bellini la calificó de “divino poema di dolore”.

No se nos olvida comentar que el ‘Stabat Mater’ (“Estaba la Madre”, en latín) es una secuencia que viene del gregoriano y que está atribuida al papa Inocencio III y al franciscano Jacopone da Todi. Se la data en el siglo XIII. Comienza con las palabras Stabat Mater dolorosa (“estaba la Madre sufriendo”). Al fin y al cabo se trata de una oración que medita sobre el sufrimiento de María, la madre de Jesús, durante la crucifixión de su hijo. Veamos la letra en latín y en la traducción libre de Lope de Vega.

Texto latino[]

Stabat Mater dolorosa

Iuxta crucem lacrimosa,

Dum pendebat filius.

Cuius animam gementem

Contristatam et dolentem

Pertransivit gladius.

2.

O quam tristis et afflicta

Fuit illa benedicta

Mater unigeniti

Quae maerebat et dolebat.

Et tremebat, cum videbat

Nati poenas incliti.

3.

Quis est homo qui non fleret,

Matrem Christi si videret

In tanto supplicio?

Quis non posset contristari,

Piam matrem contemplari

Dolentem cum filio?

4.

Pro peccatis suae gentis

Jesum vidit in tormentis

Et flagellis subditum.

Vidit suum dulcem natum

Morientem desolatum

Dum emisit spiritum.

5.

Eja mater fons amoris,

Me sentire vim doloris

Fac ut tecum lugeam.

Fac ut ardeat cor meum

In amando Christum Deum,

Ut sibi complaceam.

6.

Sancta mater, istud agas,

Crucifixi fige plagas

Cordi meo valide.

Tui nati vulnerati

Tam dignati pro me pati,

Poenas mecum divide!

7.

Fac me vere tecum flere,

Crucifixo condolere,

Donec ego vixero.

Juxta crucem tecum stare

Te libenter sociare

In planctu desidero.

8.

Virgo virginum praeclara,

Mihi jam non sis amara,

Fac me tecum plangere.

Fac ut portem Christi mortem,

Passionis eius sortem

Et plagas recolere.

9.

Fac me plagis vulnerari,

Cruce hac inebriari

Ob amorem filii,

Inflammatus et accensus,

Per te virgo sim defensus

In die judicii.

10.

Fac me cruce custodiri,

Morte Christi praemuniri,

Confoveri gratia.

Quando corpus morietur

Fac ut animae donetur

Paradisi gloria.

Amen.

Versión de Lope de Vega

La Madre piadosa estaba

junto a la cruz y lloraba

mientras el Hijo pendía.

Cuya alma, triste y llorosa,

traspasada y dolorosa,

fiero cuchillo tenía.

2.

¡Oh, cuán triste y cuán aflicta

se vio la Madre bendita,

de tantos tormentos llena!

Cuando triste contemplaba

y dolorosa miraba

del Hijo amado la pena.

3.

Y ¿cuál hombre no llorara,

si a la Madre contemplara

de Cristo, en tanto dolor?

Y ¿quién no se entristeciera,

Madre piadosa, si os viera

sujeta a tanto rigor?

4.

Por los pecados del mundo,

vio a Jesús en tan profundo

tormento la dulce Madre.

Vio morir al Hijo amado,

que rindió desamparado

el espíritu a su Padre.

5.

¡Oh dulce fuente de amor!,

hazme sentir tu dolor

para que llore contigo.

Y que, por mi Cristo amado,

mi corazón abrasado

más viva en él que conmigo.

6.

Y, porque a amarle me anime,

en mi corazón imprime

las llagas que tuvo en sí.

Y de tu Hijo, Señora,

divide conmigo ahora

las que padeció por mí.

7.

Hazme contigo llorar

y de veras lastimar

de sus penas mientras vivo.

Porque acompañar deseo

en la cruz, donde le veo,

tu corazón compasivo.

8.

¡Virgen de vírgenes santas!,

llore ya con ansias tantas,

que el llanto dulce me sea.

Porque su pasión y muerte

tenga en mi alma, de suerte

que siempre sus penas vea.

9.

Haz que su cruz me enamore

y que en ella viva y more

de mi fe y amor indicio.

Porque me inflame y encienda,

y contigo me defienda

en el día del juicio.

10.

Haz que me ampare la muerte

de Cristo, cuando en tan fuerte

trance vida y alma estén.

Porque, cuando quede en calma

el cuerpo, vaya mi alma

a su eterna gloria. Amén.

LA GRAN OBRA CORAL DEL PRETTE ROSSO

La figura de Antonio Vivaldi es una de esas figuras que auna tantas facetas y que da tanto de si que nunca se habla lo suficiente de él y siempre quedan cosas y música suya por descubrir. En las últimas décadas pasó por momentos en que era poco más que el autor de las archifamosas ‘Cuatro Estaciones’ pero el movimiento de recuperación, cuando llegó a Italia nos hizo descubrir un compositor riquísimo en obra y sobre todo con una producción operística muy importante por descubrir. Vivaldi supo ser cura, virtuoso del violín, compositor y maestro de iglesia y a la vez empresario operístico. Sin duda aunque su obra se situa en el barroco su figura anuncia un nuevo tiempo que en otras artes y en el propio pensamiento se estaba dibujando ya a inicios del siglo XVIII. Y en todo caso si alguien tuvo la tentación de denostar la figura de Vivaldi como compositor hay un dato que debería callar cualquier boca y es que Johann Sebastian Bach lo estudió, lo admiró y compuso teniéndolo en cuenta más de una vez.

 Vivaldi nació el 4 de marzo de 1678 en Venecia. Comenzó su formación musical  con su padre, que era violinista en la catedral de San Marcos. Entre los años 1693 y 1703 estudió para sacerdote con los padres de San Gimingano y tras su ordenación,se hizo con el cargo de maestro de violines en el Ospedale della Pietà, un hospital de niñas huérfanas, donde la música tenía un papel fundamental. Trabajó allí como director musical y profesor hasta 1740. Hay que decir que la visión de la música como espectáculo ya estaba presente en  los conciertos públicos dados por las niñas huérfanas bajo la dirección de Vivaldi que  fueron fundamentales en la vida musical de la  Venecia del momento. Simultáneamente  el compositor escribió conciertos y oratorios para las representaciones semanales, con los que obtuvo gran reconocimiento. A partir de 1713 también trabajó como compositor y empresario de óperas en Venecia y viajaba a Roma, Mantua y otras ciudades para supervisar las representaciones. Entre los años de 1729 y 1733 visitó Viena y Praga; y entre 1733 y 1735 compuso varias óperas para el Teatro Grimani.

Los conciertos de Vivaldi se convirtieron  rápidamente en modelo de su género en toda Europa e influyeron en el estilo de los compositores contemporáneos, incluidos aquellos de mayor edad. Vivaldi es un compositor de obra muy vasta que incluye más de 500 conciertos, 70 sonatas, 45 óperas y música religiosa como oratorios, misas y motetes. Su música religiosa se acerca claramente a algo que ya hemos apuntado con Pergolesi es decir  al estilo operístico de la época. Más de 300 de sus conciertos están escritos para solista (220 para violín y otros para fagot, violonchelo, oboe y flauta).

También escribió concerti grossi, 25 para dos violines, 32 para tres o más instrumentos y algunos concerti de ripieno (para orquesta sin solistas). Fue un violinista de primera talla, llegando a asombrar al público por su técnica; a partir de esto estableció una de las características básicas del concierto de los siglos siguientes: la figura del virtuoso.

Como decíamos Vivaldi es uno de los primeros compositores cuya obra fue difundida con gran rapidez por toda Europa de modo que influyó en muchos de los compositores del momento como comentábamos en el caso de Bach.

 Pocas de las composiciones de Vivaldi para la iglesia pueden ser fechadas sobre la base de la evidencia escrita o estilística y es el caso  del Gloria RV 589  cuyo origen permanecen sin clarificar por completo (por lo menos otra composición de este título ha sobrevivido, y una tercera está aparentemente perdida). El trabajo pudo haberse iniciado durante el primer periodo de actividad de Vivaldi en el Ospedale de la Pietá, o pudo haber sido el Gloria escrito en el año 1725 para el matrimonio de Luis XIV de Francia, aunque la presencia de dos solistas femeninas, soprano y alto (en este caso interpretado por el contratenor Carlos Mena) tiende a sugerir las condiciones de interpretación en el Ospedale de las niñas.

Este Gloria no es parte de una misa sino que se trata de un trabajo independiente, una composición cíclica de un diseño amplio consistente en doce movimientos. Estilísticamente, eso si,  es similar a una misa de concierto. Los oboes y las trompetas imparten un esplendor festivo a los movimientos externos y al Quoniam, mientras que los otros movimientos, son interpretados por los solistas o por el coro, acompañados por cuerdas con un bajo continuo. La única excepción es el centro de la composición, el Domine Deus, compuesto en modo más austero para soprano, oboe y continuo.

Se trata al igual que el Stabat Mater de Pergolesi de una obra que recoge elementos de la tradición barroca pero que los trasciende en una obra que está lejos de un concepto restringido de la música de iglesia y no demasiado lejano del mundo de la ópera, mundo al que al final nuestros compositores estaban muy cercanos… barroco, si, pero lírico y compuesto en pleno siglo XVIII.

La letra del Gloria es la siguiente:

Gloria in excelsis Deo

Et in terra pax hominibus bonae voluntatis.

Laudamus te,et in terra pax hominibus 

Benedicimus te,

Adoramus te,

Glorificamus te,

Gratias agimus tibi propter magnam gloriam tuam,

Domine Deus, Rex caelestis, Deus Pater omnipotens.

Domine fili unigenite, Jesu Christe,

Domine Deus, Agnus Dei, Filius patris,

Qui tollis peccata mundi, miserere nobis.

Qui tollis peccata mundi, suscipe deprecationem nostram.

Qui sedes ad dexteram Patris, miserere nobis.

Quoniam tu solus sanctus,

Tu solus Dominus,

Tu solus Altissimus, Jesu Christe,

Cum Sancto Spiritu in gloria Dei Patris. Amen.

Gloria a Dios en el Cielo,

y en la Tierra paz a los hombres que ama el Señor.

Por tu inmensa gloria,

Te alabamos,

Te bendecimos,

Te adoramos,

Te glorificamos,

Te damos gracias,

Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre Todopoderoso.

Señor Hijo Único, Jesucristo.

Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre,

Tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros,

Tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestras súplicas,

Tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros,

porque solo Tú eres Santo,

solo Tú, Señor,

solo Tú, Altísimo Jesucristo,

con el Espíritu Santo en la Gloria de Dios Padre. Amén.

Como “regalo” final de esta entrada podemos dejar una muestra de cómo el maestro Marriner afronta este repertorio que tiene grabado y que puede servir de estupendo prologo para la escuchar de un concierto que promete ser más que interesante.

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