DEUTSCHES SYMPHONIE ORCHESTER BERLIN

El blog del Auditorio de Zaragoza amplia a partir de hoy sus contenidos. Aparte de la información sobre los conciertos del Ciclo de Introducción a la Música a partir de esta entrada se incluyen las notas al programa a los conciertos del Ciclo de Grandes Conciertos de Primavera.

FICHA DEL CONCIERTO.

Desutches Symphonie Orchester Berlín, Jean-Yves Thibaudet, piano. James Conlon, director. Obras de Wagner, Bernstein y Dvorák. Concierto inugural del Ciclo de Grandes Conciertos de Primavera

LA IMPORTANCIA DE CONSTRUIR UN PROGRAMA

Es verdad que lo que más se vende, lo que en letra más grande figura a la hora de programar un concierto, son los intérpretes, orquesta, director y en el caso que nos ocupa también solista pero bien también es cierto que cuanto más tiempo se lleva como aficionado se empieza a tener más en cuenta los programas y en ese aspecto podríamos hablar de que hay programas bien y mal construidos, cosas que cuando las ves te hacen apetecible un concierto y otras que te dan francamente pereza.

Si digo todo esto es porque creo que el programa que nos presenta en este concierto la Orquesta Sinfónica Alemana de Berlín es un programa bien construido y apetecible a un amplísimo rango de melómanos, desde el que agradece el puro repertorio hasta el que espera un cierto grado de novedad pasando por quien no quiera dejar pasar las conmemoraciones pertinentes. Empezamos con Wagner uno de los dos centenarios destacados del 2013 del que en este tipo de programas abundarán sus obertura como la que oiremos. Después viene el punto de novedad con una obra poco interpretada de uno de los grandes del XX, Bernstein, una obra además a caballo entre el mundo de la sinfonía y el mundo del concierto que encima contará con la presencia de uno de los solistas “de moda” de los últimos años, amen de gran pianista. Y para acabar una obra de repertorio, decir de repertorio es poco, habría que decir que la novena de Dvorak es una de esas sinfonías ineludibles entre los clásicos populares… podría decir que la última vez que la oí me daba pereza sobre el papel pero al  redescubrirla en directo, y en especial al empezar a sonar el precioso sólo de corno inglés que abre el tiempo lento, agradecí que se hubiera programado.

EMPEZAMOS CON EL ANIVERSARIO

Wagner

La importancia de Wagner en el mundo de la ópera y de la música en general creo que requiere poca justificación hoy en día. Baste con decir que pocos compositores guardan “clubs de fans” (si se me permite la frivolización) tan acérrimos como los wagnerianos que al igual que los miembros de una religión cuentan con su lugar de peregrinación (en este caso Bayreuth). Pero más allá de estos fenómenos cabe señalar sin duda a Wagner como la figura central de la historia de la ópera alemana, su culmen y una figura que llevará el romanticismo musical en su expresión dramática al límite, a partir del cual sólo cabía su disolución. Dicho esto diremos que abre el concierto el Wagner más amable, el de la única comedia de su madurez Los Maestros Cantores, en la que el compositor nos plantea mediante la trama un debate entre la tradición y las reglas académicas y la conciencia creativa libre. Wagner sin duda se identifica con Walter el defensor de esa libertad creativa pero a la vez muestra su respeto hacía la gran música que lo ha precedido y a quienes la han conservado, que en este caso sería Hans Sachs. Los Maestros Cantores es una ópera sobre la música, un momento de autocomplacencia en el que Wagner al final se muestra como el orgulloso heredero de la gran tradición musical alemana cuya primera gran figura era el propio Bach.

Y el preludio que oiremos con su tono amable y solemne es una buena expresión de esto.Se trata de una pieza de concierto brillante, favorita del público desde su estreno y que ha tenido vida aparte del resto de la ópera desde entonces. Está compuesta en forma de sonata pero de forma muy libre y es del tipo de obertura que  anuncia algunos de los temas o motivos más importantes que luego se oirán en la ópera. Comienza con el motivo solemne de los maestros cantores  (el gremio protagonista y que le da época a la obra) en la resplandeciente tonalidad de Do mayor.

Después viene un segundo tema de carácter más lírico que adelanta pensamientos sobre el amor y el arte. El tercer tema pertenece otra vez a los maestros cantores. Cuando suene más adelante en el transcurso de la obra el gremio se dirigirá, el día de San Juan, con  su bandera y escudo, junto con todos los demás gremios hacia el campo donde se celebrará la fiesta. Mucho más tarde aparece un tema de amor. En el transcurso de la obra se convertirá en la coda de la «canción del premio».

Aun se añaden otros motivos, otros de los llamados  “Leitmotiv” que desempeñan un papel luego, durante la acción. Wagner trabaja con ellos igual que haría un compositor sinfónico con sus temas melódicos: los desarrolla, los une, los superpone, a la manera del polifónico siglo  (el XVI) en que transcurre la acción, formando contrapuntos. Pero el resultado no es pesado; todo es alegre, nítido, radiante, humano, amable, comprensible, cordial y al final del preludio es difícil no sentirse confortado por una música tan brillante y positiva.

EL BERNSTEIN MÁS PROFUNDO

Nos vamos a acercar enseguida a una obra de unos de los personajes más fascinantes del mundo de la música del siglo XX hablamos de Leonard Bernstein. De Bernstein podemos empezar por destacar lo completo de su figura musical; sin duda es uno de los grandes directores del siglo XX (sus versiones de Mahler, por poner un ejemplo, son para muchos referencia) aparte de un notable pianista y desde luego un interesantísimo compositor; como tal hay que decir que Bernstein supo adaptar su capacidad melódica a los diferentes entornos, su música se acomodaba en su momento y ahora tanto al mundo del musical como al de un repertorio sinfónico de concierto como el que oiremos hoy.

Desde su debut al frente de la Filarmónica de New York, en noviembre de 1943 hasta su nombramiento como Director de la citada formación en 1957, Bernstein desarrolla la parte más fecunda de su labor compositiva, fundamentalmente en el marco del teatro musical neoyorquino. Las obras de esta época   representan el esfuerzo de Lenny  (así se le conocía en el mundillo musical) por desarrollar música que abarcara desde los  campos más clásicos  hasta los más comerciales de la música hollywoodiense o de Broadway. En cualquier caso la música desarrollada por Lenny bebe de su conocimiento clásico, del ballet, del teatro, de la ópera, así como del teatro popular, del jazz, de la música popular y de la idiosincrasia americana, aunque como veremos en esta obra nunca olvidó sus raíces judías.

Las influencias clásicas estaban impregnadas en Lenny por músicos clásicos como Mitropoulos, o Copland, Blitzstein. Pero New York era mucho New York y las influencias de la vida y de los amigos de su etapa en la gran ciudad americana tuvieron mucho peso en las ideas compositivas de Lenny. Personas como Jerome Robbins, el propio Kazan, y otros muchos más tuvieron un peso específico en el desarrollo musical de esta etapa aportando ideas nuevas y alma americana. Y Lenny supo aprovechar todas estas aportaciones dotándolas de su propio carácter y vitalidad.

El repertorio que más se sigue interpretando hoy en día de Bernstein es ese repertorio más cercano a Broodway por eso se agradece especialmente que se incluya en el programa una obra ajena a ese mundo.

 Leonard Bernstein fue preguntado en una ocasión sobre  sus orígenes judíos y su relación con sus primeras experiencias musicales  y el gran músico respondió así: “Creo que cada músico, independientemente de lo original que sea, lleva en sí toda la música que ha escuchado, todo lo que ha estudiado, y, por supuesto, uno también es el resultado de su niñez, de su pasado cultural, racial, étnico, social…uno es una combinación de muchas corrientes. Y es lo mismo en un escritor, en un pintor, en todos. Mi padre era un hombre que estudiaba el Talmud. Él era un gran lector de la literatura hebrea, de modo que siempre me rodeó un sentimiento hebreo hacia las cosas; era así, simplemente, hasta el punto que de joven era para mí un placer y no un deber asistir al Templo. Sin dudas, estas cosas están muy arraigadas en mí, pero también tengo otras influencias….

 Mi música más temprana fueron Bach y Chopin. El jazz también ha sido muy importante en mi formación musical.  Gershwin era mi ídolo; recuerdo que cuando él falleció fue muy doloroso para mí, yo tenía unos 18 años…aun cuando desde que estudiaba piano escuchaba en la radio el jazz, luego trabajé en una banda de jazz para seguir pagando mis lecciones de música, tenía 12 años y mi padre no aprobaba mi afición y no quería dar una aportación muy fuerte para mi formación musical, entonces yo mismo debí pagar mis estudios…

 El jazz ha sido una influencia muy fuerte, como la liturgia hebrea…sin dudas estas son dos cosas muy arraigadas en mí”.  “En mi tarea de compositor están presentes todos los compositores que he escuchado y que he amado, desde los motetes del siglo XIII hasta cosas de Stravinski o Aaron Copland…” –así se expresaba Leonard Bernstein al referirse a su propia obra y a las influencias que recibió durante sus primeros años de formación. Y continuó:

“….Evidentemente Bach, Schumann, Brahms, Beethoven, Ravel, todos son el resultado de otros compositores: Bach es el resultado de Schütz, Beethoven viene de Haydn, de Mozart, de Bach. Schumann es el resultado de oír además a Beethoven…Stravinski se puede reflejar en todos, en Pergolesi, en Mozart, en Ravel…en “La consagración de la Primavera. Uno es la suma de todos los compositores que le han precedido más algo que es único, una identidad propia; o sea, en mí hay una gran influencia jazzística y de la liturgia hebrea, de músicos del siglo XII, de Stravinsky, Bach, Chopin; pero además soy Bernstein. Soy la música que amo, más yo mismo”.

 “La edad de la ansiedad” fue estrenada por el mismo Leonard Bernstein, en 1949, pero en 1965 le hizo una revisión agregándole las intervenciones del piano en el Epílogo. La sinfonía está basada en un poema de W. H. Auden, sobre el cual Bernstein diseña un discurso de música programática, un tanto elemental y demasiado conceptual para la expresión musical.

Aparte de esto, es una obra interesante, para gran orquesta y un pianista de suma agilidad, precisión y vigor. El mismo Bernstein tocó la versión original y Philippe Entremont, la revisión.

Y LA GRAN SINFONÍA

Y todo concierto sinfónico que se precie termina con una gran sinfonía y la que nos presenta en este concierto no me cabe duda que  la novena de Dvorak, llamada del nuevo mundo, ocuparía un lugar destacado en el top ten del repertorio sinfónico más tocado en el mundo. Se podría hacer una larga antología de todos los usos que se han dado a los temas de esta sinfonía y no sólo a uno sino a todos, empezando por el famoso sólo de corno inglés del tiempo lento, siguiendo por el potente inicio del movimiento final etc… ¿Cuáles son las claves del éxito, de que esta sinfonía sea favorita del público en todo el mundo? Pues me permito apuntar dos. Por un lado formalmente la sinfonía está absolutamente dentro de la “ortodoxia sinfónica beethoveniana” y por otro lado posee una inspiración melódica impresionante. Alguien podría echar de menos en estos motivos una alusión al sobrenombre de la sinfonía, a ese calificativo “del nuevo mundo” y con cierta razón pero hay que decir que el carácter americano de la obra es un elemento muy tamizado y para probar esto y de paso acercarnos a cómo empezó la sinfonía su trayecto en el público vamos a ver que dijo el New York Times de la sinfonía tras su estreno:

“La obra se abre con una lenta, solemne y misteriosa introducción, indicativa de la ignota vastedad del Nuevo Mundo, que nos conduce al primer tema, anunciado por la trompa, con las particularidades melódicas y rítmicas usadas por el negro. Una melodía subsidiaria es entonada en el registro grave de la flauta y ritmo de las viejas danzas de las plantaciones esclavas. El segundo tema del movimiento también es introducido por la flauta de color del ébano… en él oímos la cálida voz del negro, siempre listo para la danza, pero con una nota presente de tristeza. El movimiento entero palpita de flexible emoción y energía, más cercana a la de la gente americana que a la africana, una música que crece de nuestro suelo, que deleita nuestros oídos y permanece en nuestros corazones.

 El adagio incorpora una enorme tristeza teñida de desolación. El suave murmullo de las cuerdas acompaña la maravillosamente dolorida voz del corno inglés. La melodía es original, pero tiene el patético espíritu del folk-lore negro. Es una idealizada canción esclava sobre la quietud de la noche en la pradera, cuando el espíritu de conquista dejaba su estela de sangre, sudor, agonía, y huesos blanqueados. En su mitad hay una curiosa idealización de un canto indio, bello y extraño, y un pequeño tema staccato con trinos y diálogos de cuerdas y vientos que pueden representar la vida animal de la pradera.

 El scherzo es de estilo clásico, sin abandonar las relaciones interválicas y figuras rítmicas que conducen el sentimiento general de la sinfonía.

 El allegro final es magnífico en su vigor y amplitud, liderando los metales hacia los turbulentos acordes del resto de la orquesta. Su desarrollo, ingenioso y encantador, tiene gran parecido a Yankee Doodle, aunque el doctor Dvorak ha declarado que esto no ha sido intencional. A través de este último movimiento el compositor hace uso de material ya escuchado anteriormente, lo que proporciona carácter y unidad a la obra, que finaliza con la dignidad y victorioso poderío acorde al sentimiento americano ”.

Esto es lo que publico el New York Times en su diario del 17 de diciembre de 1893, tras el estreno de la 9ª Sinfonía de Antonin Dvorak. Esta sinfonía es de algún modo la primera gran conclusión  de su tránsito por el país norteamericano, donde se había trasladado con el fin de dirigir el nuevo Conservatorio Nacional de Música, una peculiar y modélica escuela de composición que mantenida mediante el mecenazgo, no solo era gratuita para los alumnos sin recursos, sino que en ya en ese tiempo daba cabida a la mujer e incluso a personas formalmente todavía discriminadas como los negros y otras minorías étnicas.

Todo esto nos dibuja un marco adecuado para acercarnos a la recurrente pregunta de cuánto de americano hay realmente en esta sinfonía. Creo que lo primero que tenemos que decir que por la fecha no se podía hablar todavía de música ‘norteamericana’ como tal pues ese constructo desde luego donde se dibuja con trazo firme como tal es en el siglo XX, a partir de ahí si cabe preguntarse si hay fuentes populares de inspiración en Dvorak y cuanto de ellas están en Estados Unidos y cuanto en su añorada Chequia.

Dvorak estaba desde luego muy habituado a trabajar al aire libre como los pintores de su tiempo, apoyado en su flocklore natal: “Todos los grandes músicos han tomado prestado de las canciones populares. Yo mismo he ido a las más simples, medio olvidadas melodías de los campesinos bohemios… desarrollándolas con todos los recursos de los ritmos modernos, contrapunto y colores orquestales”.No obstante hay que decir que el inicio de los primeros trabajos para esta sinfonía  parece ser que se realiza solamente tres meses después de su llegada a Nueva York, con lo cual cabe deducir que no podría haber tenido un contacto directo con el entorno rural norteaméricano y menos aun con el sur y sus plantaciones (que algunos han querido ver en el origen de la obra) salvo quizás por lo que sus alumnos del conservatorio le hicieran llegar; por lo que respecta  al mundo indígena,  no está documentado otro contacto que la asistencia a las representaciones que un tal Buffalo Bill hace del Salvaje Oeste en el Madison Square Garden.

 Podemos afirmar que formalmente la construcción y la técnica de la sinfonía están dentro de la estrica ortodoxia postbeethoveniana (como en otras de sus sinfonías) y que la reminiscencia temática cíclica (con un tema principal retornando dramáticamente en cada uno de los siguientes movimientos) enfatiza el tratamiento sinfónico como un todo. Pero asi mismo podemos decir que, eso sí, Dvorak compuso esta obra en el espíritu folklórico local adoptando elementos melódicos como los modos pentatónicos o menores naturales, ritmos en ostinato y sincopados, acompañamiento pedal, etc. ¿Ese sería pues el carácter americano de la obra? Pues podemos decir que si pero diciendo a la vez que todos estos aspectos son compartidos con la música de su Bohemia natal.  Además el trabajo de orquestación se realizó íntegramente en un entorno muy concreto, el de una comunidad completamente integrada por inmigrantes checos, alejada de cualquier contacto con la cultura nativa o de habla inglesa, donde Dvorak pasó sus vacaciones de verano, completamente integrado en esta comunidad en la cual ocupaba por poner un ejemplo el papel de organista.

De alguna manera pues esta es la sinfonía del nuevo mundo de ese nuevo mundo llamado Norteamérica que cuya identidad ¿Y cuál no? está construida en base a la mezcla de muchas identidades, sin duda Dvorak aportó la suya propia que desde entonces paso a ser americana sin el más mínimo reparo. En todo caso además a veces las cosas son muchos más simples de lo que parecen y esta sinfonía no está nada lejos de las que la preceden. El propio Dvorak preguntado por el nombre no tuvo el más mínimo reparo en afirmar : “La llamé así porque era mi primer trabajo en América”. Hoy sin duda la obra es patrimonio de América… y de la humanidad en general.

Y para terminar, permítanme un juego que pocas veces se puede hacer.. y es recomendarles la escucha de nuestra última obra dirigida por el compositor de la que la antecede en el programa. Como hemos dicho Bernstein aparte de compositor era un inmenso director y norteamericano como nadie; por ello la escucha de su versión de la Sinfonía del Nuevo Mundo de Dvorak es un ejercicio de lo más recomendable y que encontrarán sin problema en los canales de internet de distribución y reproducción musical

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