DE LOS HÉROES Y SUS MÚSICAS

FICHA DEL CONCIERTO:

Joven Orquesta de Bandas sonoras. Antonio Lajara, director. Obras de Rozsa,  Jones y Edelman, Zimmer, Silvestri y Ballard, McNeely, Kamen, Hermanos Sherman y Jarre. Domingo 20 de enero, 11,30 Horas. 2º Concierto del Ciclo de Introducción a la Música. Auditorio de Zaragoza.

LA MÚSICA DE BANDAS SONORAS  ¿UN GENERO APARTE?

En el mundo de las artes nos gusta mucho clasificar, por estilos, por géneros, por épocas y así poder poner etiquetas rápidas a las obras. Así no nos puede extrañar que dada la importancia del cine en el siglo XX se hable de la música de cine, de las bandas sonoras, como un género independiente. Vamos a analizar hasta qué punto se puede hablar de música de cine como género musical independiente. Lo primero que le podríamos exigir a un género es que tenga unas ciertas reglas, un cierto comportamiento común que a su vez lo diferencie del resto de los géneros. ¿Lo tiene esto la música de bandas sonoras? Pues si respondemos en modo amplio tendríamos que decir claramente que no pues ese nombre recoge músicas de carácter completamente diferente lo miremos por donde lo miremos. Pero si cerramos un poco el círculo la respuesta puede ser muy diferente. Yo me atrevería a decir que si existe un lenguaje común construido en torno a la gran industria norteamericana del cine que en su primer momento además contó con un buen número de compositores provenientes de Europa. La base del género la podríamos situar así en los años 50 y 60 del pasado siglo y es verdad que a partir de ahí se construye un género con unas bases comunes mínimas que podríamos fijar aquí y que serían: partituras basadas en la estructura tradicional de la orquesta sinfónica con tendencia en muchos casos a cierta grandilocuencia y a marcar muy claramente, con muy poca ambigüedad el “estado anímico” de la escena.

Se nos podrá decir que decir esto es decir poco y que existen centenares de ejemplos que se salen de este concepto y se nos dirá con razón pero también es verdad que bajo el paraguas que hemos establecido caben prácticamente todas las bandas sonoras que han pasado a la categoría de clásicos, desde las de Miklos Rozsa que abrirá el concierto de hoy hasta las más recientes de John Williams que pudimos oír en el Ciclo de Introducción a la Música del pasado año.  Y eso sí, análisis aparte merecen las bandas sonoras de la factoría Disney que también ha sufrido una interesante evolución a lo largo de los años.  Pero para hablar un poco de esas grandes bandas sonoras, de esas que ya están en el repertorio como casi todas las que oiremos este domingo veamos de donde vienen…

¿DE DONDE VIENE TODO?

¿Saben de dónde bebieron muchos de los compositores clásicos del cine de Hollywood? Pues en buena parte de la música romántica y postromántica europea. El caso de la inspiración en Gustav Holst por parte de John Williams que vimos el año pasado es muy evidente pero si miramos un poco más en profundidad podremos incluso decir que la música de cine norteamericano bebe en buena parte de la música rusa de inicio del siglo XX.

 El cine soviético contó en sus películas con la participación de los compositores más relevantes de su tiempo y si, muchas de las películas duermen en el limbo de los justos, las bandas sonoras han sobrevivido en forma de suites o se han reconvertido en forma de melodías populares.

 Dentro de la idiosincrasia soviética, la música para el cine reunía todos los condicionantes de un comportamiento “ortodoxo”: el compositor quedaba subordinado a una estructura mayor, era una herramienta estupenda para la propaganda de la ideología comunista y exigía un lenguaje sencillo y al alcance del pueblo. Es por esto que los compositores más cuestionados por el régimen fueron los que más se afanaron en escribir música para el cine. Además, el trabajo en la industria del cine era uno de los mejores pagados dentro de la estructura económica soviética y permitió a los músicos gozar de unos ciertos privilegios: tanto Shostakovich como Schnittke se compraron sus primeras casas en el centro de Moscú gracias al cine.

Por otro lado, la música para películas les servía de laboratorio para otros proyectos y muchas de las melodías eran reutilizadas más adelante en otras obras. La música para estas obras estaba inspirada habitualmente en música folclórica o en cantos revolucionarios.

 Shostakovich, probablemente el sinfonista más importante del siglo XX,  comenzó a trabajar como pianista de un cine mudo y, según cuenta la leyenda, le echaron porque se reía tanto con las películas que muchas veces se olvidaba de tocar. Para el cine solamente Compuso 36 bandas sonoras. Shostakovich escribía una música sencilla y poco elaborada en sus películas. Consideraba que la música en el cine no debía acompañar la acción sino encumbrarla y darle una nueva dimensión (vemos que probablemente estamos también ante uno de los primeros teóricos sobre la relación entre cine y música).  Por eso muchas veces su música contrasta con la imagen. Cuenta su hija Galina: “Cada vez que le encargaban a mi padre la música de alguna película, recibía una especie de plan de trabajo que incluía una relación de las escenas cinematográficas y su duración. Y aquella vez se marchó a Bolshevo, dejándose en Moscú la hoja del plan de trabajo. Tuvo que llamar a casa; encontré el papelito en su escritorio y me puse a dictar: “Bien, ¿ya lo tienes anotado? Trolebús en una calle de Moscú: seis minutos… Silencio blanco: tres minutos…” Lo del “silencio blanco” (una estepa nevada) le divertía especialmente porque decía: “¿Cómo quieren que exprese musicalmente ese “silencio blanco”?”. Simple modestia nos atrevemos a decir, sólo hay que escuchar el segundo movimiento de su concierto número dos para piano (que por cierto oiremos en este ciclo el segundo domingo de febrero) para saber cómo debe sonar una estepa nevada.

Otro de los autores claves de esta época en la Unión Soviética fue Sergei Prokofiev que a pesar de haber escrito solamente seis bandas sonoras, son las más populares, sobre todo por su asociación con el gran genio ruso del cine Sergei Eisenstein para el que escribió las bandas sonoras de “Alexander Nevski” e “Iván el Terrible” (1944) . Frente a la música de Shostakovich, la escritura para el cine de Prokofiev es mucho más elaborada y profunda.

Pero damos ya el salto a Estados Unidos donde  entre los primeros grandes compositores para bandas sonoras podemos destacar nombres de origen europeo que o bien beben de las fuentes que acabamos de citar o bien al menos comparten raíces con ellos, de estos años 30 caben citar a Dimitri Tiomkin, Franz Waxman o un poquito más tarde Bernard Herman . Los tres son de origen europeo y al último de ellos costará poco ubicarlo diciendo que es el compositor (por poner su música archiconocida) de la banda sonora de Psicosis y su famoso tema de las cuchilladas en la ducha.

Una vez Max Steiner, también compositor de origen europeo explicó; “En aquella época, en las películas dramáticas se usaba la música únicamente cuando lo exigía el guion. Entre los productores, directores y músicos dominaba siempre el miedo a que les preguntaran de dónde salía la música. Por eso no ponían nunca música, a menos que pudiera explicarse por la presencia de una orquesta, fonógrafo o radio, que ya estaba especificado en el guion”. En 1933, con la película King Kong, Steiner demostró lo que se podía llegar a hacer con una partitura original totalmente sincronizada con las imágenes del film.

UN RECORRIDO POR BRILLANTES PANTALLAS

El programa del concierto que nos presenta la Joven Orquesta de Bandas Sonoras nos propone un recorrido cargado de sorpresas (no se nos anuncian qué fragmentos de cada banda sonora se tocarán en el concierto) y con muchos saltos, ya que visitaremos algunas bandas sonoras de Disney (con décadas de diferencia entre ellas), absolutos clásicos según el modelo comentado antes (abren y cierran respectivamente Ben Hur y Lawrence de Arabia) y en medio un ramillete de bandas interesantes que quizás tienen en común estar adscritas al género de aventuras en un sentido amplio… lo que está claro es que en este concierto no nos van a acompañar ni grandes miedos ni amores de esos a los que la música y el cine convierten en eternos.

Como decíamos abre el desfile Ben Hur, película a que la palabra clásico viene como anillo al dedo. Si la película en si sirve para ejemplificar un género: el péplum o historia grandilocuente de la antigua Roma su banda sonora sirve de modelo exactamente para lo mismo y desde luego el trabajo de Miklos Rozsa marca un antes y un después en este tipo de bandas sonoras y será imitada hasta la saciedad. Sus fragmentos épicos con profusión de metales contrastados con melodías extendidas  en las escenas más tranquilas han conseguido lo que pretendían e incluso más: solo con oírlas nos transportamos a la antigua Roma, obviamente no a la de verdad sino a la recreada por los clásicos del cine. De su compositor sí que diremos que es un compositor de escuela absolutamente clásica, europeo que estudió en Leipzig con todo lo que ellos conlleva y que tuvo amistad con Arthur Honneger. Rozsa de la mano de su también amigo y compatriota húngaro Korda dio el salto a Hollywood y allí realizó una carrera brillantísima con 16 nominaciones y tres premios Oscar conseguidos, uno de ellos por la película que aparece en este concierto. Rozsa pues nos sirve perfectamente para hacer la transición que comentábamos antes entre Europa y el cine norteamericano.

ben-hurY de ahí pasamos a los años noventa y a una película pura y dura de aventuras. El último Mohicano del director Michael Mann con Daniel Day Lewis como protagonista. De esta banda sonora decir que el director tuvo una primera idea respecto a la banda sonora y era hacerla en base a música electrónica pero enseguida se dio cuenta de su error. En los noventa está ya demasiado grabado en el imaginario colectivo que una película de aventuras debe estar acompañada de grandes melodías sinfónicas para ser creíbles… fijémonos que lejos puede quedar la música en formato sinfónico de una historia de indios  (o de la antigua Roma) y que cerca la tenemos en nuestra cabeza gracias al cine. El caso es que el cambio por parte del director del tipo de banda sonora que quería hizo que Trevor Jones no pudiera asumir todo el trabajo en el tiempo que se requería y se contrató a Trevor Jones para hacer algunos de los temas necesarios. Obviamente esto provocó que la banda sonora tuviera la firma de los dos y por lo tanto no pudiera ser nominada a un Oscar que de otro modo hubiera tenido muchas posibilidades de obtener, aun así la película se llevó el Oscar al mejor sonido. Como veremos sus temas también encajan en buena parte dentro del concepto general que hemos explicado al inicio de esta entrada.

Y después nos vamos a Disney pero a un Disney de la época moderna, de los años noventa y que encima fue compuesto por uno de los compositores de bandas sonoras más prolíficos de las dos últimas décadas. Curiosamente con Zimmer vamos a tener la ocasión de comparar en el concierto dos obras que además se separan poco en el tiempo El Rey León de 1994 y La Roca de tan solo dos años después. Y la inclusión de estas dos obras en el concierto sí que nos sirven perfectamente para analizar todos los factores que pueden convertir a un compositor de bandas sonoras en un compositor de éxito y yo diría que son 4 relacionadas entre sí. La primera es sin duda ser un compositor prolijo… en Hollywood no cabe el esperar a una banda sonora, el trabajo no sólo tiene que ser bueno sino que tiene que ser rápido de modo que un compositor pueda escribir en un año hasta 6 bandas sonoras (Zimmer en 2008). El segundo factor es ser versátil como compositor. No cabe ceñirse a un género y hay que saber componer con facilidad tanto para comedia, para un musical o para drama o aventura; de Zimmer son por poner dos ejemplos extremos las bandas sonoras de The Call of Duty o de Paseando a Miss Daisy. Y por último dos cualidades más ya estrictamente musicales: la primera ser un gran melodista, tener esa facilidad para crear una melodía directa y sencilla (no por eso menos válida, ojo, al  contrario) que llegué al público rápido y que sea capaz de identificar la película entera o alguna situación o personaje de la misma y por otro lado hoy en día es importante ser un compositor que se mueva cómodo en la composición puramente orquestal pero que sepa también moverse con facilidad en otros lenguajes desde las propias canciones (hay que pensar que El Rey León sigue teniendo una gran vida como musical en Broodway y en teatros de medio mundo) hasta las músicas electrónicas de todo tipo. Pues bien si cogemos este coctel tenemos a Hans Zimmer autor de decenas y decenas de bandas sonoras, creador de tremendos éxitos como los que oiremos hoy y versátil hasta los niveles que ya hemos comentado. Conociendo estos factores se entiende bien su presencia en el programa de este concierto con dos obras de carácter tan diferente.

Y para cerrar la primera parte del concierto se ha escogido una película que supone otro ejemplo de trabajo también bastante prototípico en el mundo del cine norteamericano el de una relación estable (llamémoslo así) entre un director y un compositor y dentro de este tipo de relaciones pocos directores han sido tan fieles a un compositor como Robert Zemeckis lo ha sido a Allan Silvestri con el que ha trabajado desde ese clásicos de aventuras que es Tras el corazón verde hasta en películas que se consideran hoy auténticos clásicos como Forrest Gump por la que fue nominado a los Oscar. Con la película que aparece en el programa estamos ante un género tan definido como la película infantil navideña para la cual la música cumple todos los requisitos melódicos y de orquestación pero sin embargo esta banda sonora nos sirve para rescatar la otra gran raíz de la música de cine de Hollywood que aún no hemos citado y que desde luego tiene gran importancia, hablamos del jazz; en este caso la formación de Silvestri es la de un músico de jazz y aunque sea capaz sin problemas de orquestar una melodía en formaciones más sinfónicas donde mejores frutos dará será cuando esté en su mundo natural que es el del jazz que incorpora con comodidad en la mayoría de sus partituras fílmicas

El siguiente ejemplo es de otro gran profesional de la música para cine que además en este caso ha trabajado profusamente para televisión hablamos de Joel McNeely y su banda sonora para la segunda parte que Disney sacó de Peter Pan en 2002 en DVD. Hay también un aspecto en la biografía del compositor que nos hace entender enseguida una buena parte de su trabajo. McNeely ha compaginado la composición con la dirección y grabación de música de bandas sonoras anteriores a él. Dos han sido sus referentes por un lado, uno más cercano, el archiconocido John Williams y por otra parte el clásico Bernard Herrmann. Del primero toma su tendencia a la brillantez, esos metales que lucen y ensalzan el espíritu, del segundo su capacidad para crear situaciones, para ponernos en ese punto de “algo va a pasar” que tan bien utilizaba Herrmann en las películas de Hitchcock.

Y nuestro siguiente héroe (pasamos del pequeño Peter Pan al ladrón bueno de los bosques Robin Hood) tuvo la fortuna de tener a uno de los músicos de trayectoria más abierta de todos cuantos están presentes en el programa de este concierto. Michael Kamen tiene una diferencia fundamental respecto al resto de los compositores… los demás se han criado musical y cinematográficamente en el cinematográfico Los Angeles y Kamen es un músico neoyorkino con todo lo que eso significa. Se formó en la Julliard, una de las grandes escuelas y luego a lo largo de su carrera tuvo la ocasión de trabajar con músicos de todo tipo desde el genial Leonard Bernstein hasta músicos del pop más simple como Brian Adams pasando por artistas de culto en el mundo del jazz como Herbie Hancoock. Al final todo esto da un tipo de artista diferente a lo escuchado hasta ahora, más cercano a una sensibilidad pop que puede ayudar mucho también en el acercamiento al gran público sin perder calidad.

Y tras ellos nos encontramos con dos compositores con sello propio… Al principio hemos dicho que el caso de las bandas sonoras clásicas de las películas de Disney era caso aparte, pues aquí lo tenemos representado en este caso con los famosos temas de El Libro de la Selva. Sin duda dos de los protagonistas de ese estilo de música Disney que acompaña a todos los clásicos de los años sesenta son los hermanos Shermann, que son una auténtica institución en Estados Unidos. Todos sin saberlo hemos canturreado alguna de sus canciones y generaciones y generaciones hemos vivido con bandas sonoras tan importantes como la de Mary Poppins o la que se oirá en este concierto de El Libro de la Selva. Si en cualquier película de las que hemos ido comentado la música tiene un papel central enmarcando y acompañando a la acción aquí estamos un paso más allá: la música está en el mismo centro de la acción, es protagonista fundamental y marca el ritmo narrativo de la película. Aquí la clave no son tanto ya los fragmentos sinfónicos sino canciones sencillas y efectivas cuya letra pueda ser cantada por los espectadores al salir del cine… seguro que al decir esto les están viniendo a la cabeza esas melodías celebres.

Y para terminar volvemos a un héroe de los de antes, caballero, gentleman y con su banda sonora bien famosa como debe ser. Hablamos de Lawrence de Arabia de Maurice Jarre. Curiosamente un nuevo compositor europeo, de formación clásica y que trabajó con el mismísimo Pierre Boulez es quien triunfa al final con algo tan sencillo y tan complicado a la vez como un “leit motiv” es decir una melodía conductora que se repite en bastante momentos de la partitura y que enlaza directamente con una situación (un amor) o un personaje, como es este caso. Apuesto a que muchos de ustedes, los que conozcan la película, cuando hayan leído el nombre habrán tarareado en sus cabezas esa melodía… ¿Y si les digo Doctor Zhivago? ¿A qué les pasa lo mismo? Pues bien las dos melodías son de Maurice Jarre y justo estas dos bandas sonoras fueron las que le hicieron ganar sendos Oscar. Hay que decir que Jarre sabe desarrollar un tema, jugar con él y además era un orquestador notable pero desde luego sin esa invención melódica que al menos dos veces en su vida fue tan brillante probablemente hoy no estaríamos hablando de él.

Sin duda es un buen final para el programa de este concierto ya que demuestra que cuando hay calidad e inventiva melódica una banda sonora puede convertirse sin querer en una fuerte seña de identidad de la película e incluso en lo más conocido de ella…

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